La Novia de mi Hermano Mayor Parte 1
Esta es la historia de cómo logré seducir a la novia de mi hermano mayor cuando éste le pidió que fuera mi niñera mientras él acompañaba a mis padres a visitar a mi abuelo por el aniversario del fallecimiento de mi abuela. Sin duda, uno de los mejores días de mi vida..
Me llamó Daniel, y esta historia ocurrió cuando tenía como 8 años. En aquel entonces medía como 1.07 metros, algo bajo comparado con mis compañeros de la escuela, pero lo verdaderamente importante estaba escondido en mis pantalones, normalmente no sería un pene enorme, pero el hecho de que tuviera 16 centímetros en las piernas a esa edad era lo que verdaderamente monstruoso. Descubrí el mundo sexual a una edad muy temprana, un error de mi papá provocó que descubriera el porno con apenas 6 años, y poco después me di cuenta de que mi pene era más grande de lo que debería para mi edad. Me curtí de porno a escondidas de mis papás, nuca fui especialmente morboso en público, sino que sabía disimular bastante bien mis conocimientos, pero eso no quitaba que viera con ojos lascivos a cuanta mujer sexy se me atravesara.
En aquel entonces vivía en Jalisco junto con mis padres y mi hermano mayor Santiago, que en ese entonces tendría unos 22 años. Durante el mes de diciembre, mis padres suelen visitar a mis abuelos que viven en un pueblito de Oaxaca. Normalmente, desde que tengo memoria, solíamos ir solo en las fiestas de navidad o como mucho durante la pascua por lo largo que era el viaje, además de que yo aún era un pequeño y que soportar a un niño quejándose del aburrimiento por más de 12 horas seguidas de carretera en auto no era nada divertido.
Sin embargo, cuando mi abuela falleció un año antes de que ocurriera esta historia, mis padres, como un detalle de empatía hacía mi abuelo, solían irlo a visitar al menos una vez al mes, aunque sea solo para charlar un día antes de volver a casa, pero cuando se cumplió un año de haber fallecido mi abuela, él estaba especialmente susceptible, así que mis padres planearon un viaje completo hasta Oaxaca de toda una semana para hacerle compañía en esas fechas.
Originalmente íbamos a ir todos a visitarlo, pero yo ya estaba bastante harto de hacer ese viaje todos los meses, y me negué diciendo que no me gustaba nada el viaje tan largo que hacíamos en carro, además de que el abuelo siempre estaba triste cada vez que íbamos y ni siquiera me ponía atención, pues su favorito siempre fue mi hermano Santiago a pesar de que yo era el menor. Al final no lograron convencerme y simplemente cedieron, yo ya estaba emocionado pensando en todo lo que podría hacer estando solo en la casa, justo cuando me dijeron que me pondrían una niñera hasta que regresaran. Traté de disimular mi desagrado, si estaba con una niñera casi era mejor ir al viaje, ella sería aún más estricta que mis padres, que supongo que es lo que ellos querían, pero me mantuve fuerte finalmente consiguieron una niñera.
La mañana en que se iban a ir, finalmente conocí a mi niñera, que resultó ser la novia de mi hermano Santiago, Sarah, una chica que lo dije entonces y lo digo ahora, esta que se muere de buena, en ese entonces tenía 21, mediría unos 1.65 metros, de piel morena, con ojos cafés y cabello rizado castaño, unos labios gruesos y una nariz pequeña, pero eso no era lo importante, lo que me interesaba eran sus pechos y trasero, tenía unos pechos copa D que se notaban a kilómetros por más que tratara de esconderlos en camisas recatadas, y ni hablar de su trasero, no era exageradamente grande como sus pechos, pero la carne que tenía, la tenía muy bien puesta, unas nalgas bien redonditas lo suficientemente grandes como para voltear a verle el trasero en la calle, que después descubriría lo suaves y moldeables que pueden ser. Ella siempre vestía de manera tímida, tratando de esconder sus atributos al resto del mundo, pero eso no quitaba que todos la vieran lujuriosamente cada vez que se la encontraban por más cosas que ella tratara de hacer para evitarlo.
Como sea, ella sería mi niñera durante esos nueve días que mis padres y mi hermano estuvieran fuera. Al parecer, Santiago le había rogado que me cuidara mientras estábamos fuera para no tener que contratar a una niñera a la que no le tuvieran tanta confianza, ella finalmente aceptó con la condición de que le pagaran como si fuera un trabajo de verdad y le dejaran suficiente dinero para cuidarme sin muchos problemas. Algo que mis padres aceptaron con gusto.
— Te cuidas Dani, no molestes mucho a Sarah, que nos contará todo lo que hagas. —Dijo mi mamá mientras besaba mi mejilla.
— No queremos regresar y enterarnos que hiciste un desastre, ¿quedó claro Daniel? —Me advirtió mi papá, él nunca había sido del tipo que daban gestos, pero, aun así, se me acercó a darme un abrazo.
— No molestes a Sarah, ¿entendido? —Santiago me amenazó mientras abrazaba y daba un último beso a su novia antes de ayudar a mi papá con las maletas y subirse al coche.
Todos nos saludaron desde el coche antes de arrancarlo y desvanecerse en la calle. Sarah inmediatamente se esfumaron agarró mi mano y entramos a la casa, cerró la puerta tras de sí y me dirigió una sonrisa.
— No te preocupes tanto por las amenazas de tus papis, vamos a divertirnos mucho hasta que estén de vuelta —Dijo inclinándose hacía adelante, llevaba una camisa roja con cuello de tortuga y mangas largas que solo acentuaba sus pechos aún más, pero que no dejaba ver absolutamente nada, además, llevaba unos jeans que luchaban por contener su gran trasero, pero que tampoco dejaban ver nada, ni siquiera las líneas de su ropa interior.
El primer día no pasó gran cosa, vimos algunas películas en la sala y comimos pizza, incluso jugamos con la consola de mi hermano un rato. Por la noche, cenamos cereal y vimos caricaturas en la televisión hasta que Sarah me dijo que era hora de dormir y me llevó a la cama y arropó, cuando estaba a punto de irse y vi su trasero bambolearse cerca de la puerta, la calentura me ganó y dije sin pensar una frase que había escuchado mucho en el porno.
— Mamá siempre me da un beso de buenas noches… ¿puedes dármelo tú? —Dije pasando saliva, ella me miró con ojos cariñosos antes de asentir y acercarse a mí, se inclinó sobre mí, lista para besar mi mejilla, pero desvié la cara al último momento para que nuestros labios se encontraran.
El beso fue rápido, nada más que un piquito, pero suficiente para dejarme deseando más. Ella pareció sorprenderse un poco, pero finalmente se recuperó del aturdimiento y me dio un beso más en los labios, tan corto como el primero, sin sentimiento ni nada de por medio, debió creer que mi mamá me besaba así y simplemente se adaptó. Después de eso acarició mi cabello antes de irse. Inmediatamente salió de mi cuarto, corrí a cerrarlo con seguro y fui hasta mi mesa, algo tan simple como eso me había calentado mucho, así que, usando mi Tablet, busqué una actriz porno que se pareciera a Sarah para masturbarme, no tardé mucho en encontrarla, y cuando terminé, finalmente me fui a dormir.
El día siguiente era sábado, así que Sarah no se preocupó por despertarme, me levanté hasta las 11 del mediodía y salí a desayunar, Sarah me recibió con huevos revueltos con jamón y jugo de naranja. Ese día no fue muy diferente al anterior, solo por una cosa, y es que yo le tenía muchas más ganas que el día anterior, así que todos los gestos sensuales, por más mínimos que fueran, como agacharse a recoger algo o estirarse para alcanzar algo de la alacena, hacían que mi pene se pusiera erecto y tuviera que esconderlo con cuidado de que no lo viera, no aún. Esperé hasta esa noche, cuando Sarah, mientras veíamos una película, me dijo que debía bañarme, como seguramente le había pedido mi madre. Yo normalmente habría ido sin rechistar, pero necesitaba que ella estuviera en el baño conmigo y viera mí pene de manera natural, tal vez no consiguiera nada, pero no hay peor intento que el que no se hace, así que me negué una y otra vez, diciendo que mamá siempre me bañaba, aunque ella había dejarlo de hacerlo desde que tenía 6.
Finalmente, Sarah accedió y fue conmigo hasta el baño, me desvestí dándole la espalda hasta quedar solo con ropa interior, y me volteé para mostrarle el enorme bulto que se formaba en mis calzoncillos. Escuche como pasaba saliva, y sus ojos entornaron antes de que soltara una risa contenida, creyendo que era una broma y que había puesto algo en mi ropa interior, se agachó hasta tener su cara cerca de mi entrepierna y bajo mis calzoncillos, encontrándose, literalmente de cara, con mi pene, que salió y se estrelló contra su rostro. Su expresión se contorsiono mientras mi polla descansaba en su rostro, respiraba con dificultad mientras trataba de abrir la boca y decir algo, respiraba con dificultad, se había quedado congelada en la escena.
Finalmente, y luego de algunos segundos, ella tosió y tomó mi pene con sus manos, se lo quitó de la cara y se puso de nuevo de pie, colorada desde pies a cabeza, volteó a otro lado mientras mantenía la mirada en alto, como si estuviera recapitulando lo que acababa de pasar. Finalmente, volvió a mirarme, con una expresión medio crispada mientras trataba de sonreír.
— Perdón, me sorprendí un poco, tienes un amiguito muy grande allí abajo… —Dijo mientras lo miraba, no despegaba los ojos ni siquiera para parpadear.
— Mamá también lo dice cuando me baña —Dije tratando de sonar lo más inocente posible, técnicamente no era mentira, mamá alguna vez había dicho que mi pene era muy grande, aunque fue cuando aún me bañaba hace al menos dos años, pero en ese momento, me serviría como cuartada— Dice que por eso tengo que lavarlo bien, pero ella no está, así que debes hacerlo tú.
Traté de sonar lo más infantil y convincente posible mientras ocultaba mi sonrisa, volteando a ver a la ducha para girar la llave de la regadera, aun de espaldas, escuchaba como Sarah respiraba entrecortada, parecía haber olvidado por completo que era la novia de mi hermano, lo que me venía increíble.
Cuando el agua comenzó a caer, volví a darme la vuelta para verla, sus mejillas estaban muy rojas, sus ojos muy entornados e inmediatamente pudo, los dirigió a mi polla, sus labios se abrieron un poco mientras inconscientemente los frotaba y lamía un poco.
— Bueno, quítate la ropa, sino la mojarás —Dije tentando a la suerte, pero no fue un gran riesgo, pues ella estaba tan perdida que sin dudarlo comenzó a deshacerse de su ropa, sacó su camisa por encima de su cabeza, dejando al descubierto su sostén, de un color beige y con bordados simples, del cual se deshizo justo después, dejando por fin libres sus enormes pechos, cuyos pezones estaban duros en ese momento, una buena señal. Poco tardó en bajarse lentamente los pantalones y arrojarlos lejos, pude ver en ese momento una pequeña mancha húmeda en sus bragas azules, estaba excitada.
En segundos tuve a la novia de mi hermano, quien era trece años mayor, desnuda y excitada frente a mí, ambos entramos a la regadera y cerramos el cancel de la regadera, ella, con movimientos erráticos y torpes comenzó a bañarme, frotó mi pelo con champú y usó la barra de jabón para frotar casi todo mi cuerpo, evitando en todo momento mi pene, que estaba completamente erecto por la situación, constantemente la escuchaba tragar saliva pesadamente, era obvio que en otras circunstancias, a pesar de su aparente actitud rectada y refinada, se habría aventado a tomar mi polla, pero que mi estatus como niño pequeño y hermano de su novio la hacían contenerse. Cuando ya había lavado todo mi cuerpo y solo quedaba mi miembro, ella dejó el jabón de lado y usando sus propias manos comenzó a frotar mi pene, desde la base hasta la punta, iba aumentando la velocidad poco a poco, yo nunca dije nada para no arruinar el momento, así que ella no paró por minutos enteros hasta que mi pene comenzó a temblar, sabiendo lo que significaba, ella aumentó el ritmo hasta que finalmente solté mi carga en sus pechos. Vi la tentación en sus ojos de tomarla, pero logró resistirse y lavarla con agua mientras terminaba de quitarme el jabón. Cuando acabamos, ella tomó dos toallas, me envolvió en una y se tapó solo hasta la cintura con otra, dejando sus pechos al descubierto hasta que llegamos a mi habitación, me dejó mientras ella misma se iba a cambiar.
Me vestí y la esperé unos minutos hasta que volvió, traía lo que supongo era su pijama, una camisa rosada de mangas cortas y un short rosa corto que acentuaba su trasero.
— Mi beso de buenas noches —Pedí inmediatamente ella entró por la puerta, sus ojos me escanearon mientras se acercaba, hasta que finalmente estuvo frente a mí, se sentó en mi cama y acercó sus labios lentamente a mí, cerrando los ojos.
Obviamente no desaproveché la oportunidad, la tomé por las mejillas y uní mis labios con los de ella. Ella no se negó, sino que incluso profundizó el beso, yo no tenía idea de cómo besar, así que ella fue quien dirigió el momento, uniendo sus labios con los míos con fiereza. El beso se extendió unos segundos hasta que ambos nos separamos, dejando una estela de saliva uniéndonos.
Sus ojos estaban extasiados, era obvio que estaba excitada, y mi pene de nuevo erecto demostraba que yo también.
— Mi pene otra vez está duro y duele, ¿puedes ayudarme? —Pregunté mientras ella, en apenas segundos, bajaba a toda velocidad mis pantalones y ropa interior para dejar libre mi polla de nuevo, acercó peligrosamente su cara hasta que sus labios rozaban mi eje.
Hasta Aquí la Parte 1.



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