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Infidelidad, Orgias

Los guajolotitos

Hace unos días surgió una discusión en el chat con mis amigas sobre las infidelidades con productos concebidos. Mar dijo que publicaría algo después de indagar más, por lo que decidí hacer lo mismo, aprovechando una reunión de mujeres que tuve..
Varias de mis amigas decidimos tener una reunión de destrampe, sólo de mujeres, donde tomaríamos y fumaríamos mariguana sin inhibiciones. Dije “sólo de mujeres”, pero, cuando habíamos terminado y dormían casi todas, Martha se comenzó a sentir mal y llamamos a su amante Raúl para que viniera por ella, pero eso lo cuento al final.

Cuando estábamos en plena chacota, y yo un poco pasada, debido al calor, nos fuimos quedando en ropa interior, algunas sin brasier que es lo más molesto, introduje el tema de los hijos fuera del matrimonio.

–Casi todas estamos o estuvimos casadas, algunas tenemos hijos, pero todas hemos probado las relaciones extramaritales –dije como preámbulo.

–Tú eres la más experimentada en esos asuntos, no te hagas pendeja –interrumpió Martha arrastrando las palabras y le dio un jalón a su bacha.

–Quizás, pero algunas no se quedan tan atrás… –aclaré.

–Ya, en serio. ¿A cuántos te has tirado? –me preguntó Olga, la menor de todas con casi cuarenta años.

–No recuerdo, pero han sido como a cien –confesé.

–¡Puta, pareces tener costumbre de macho! ¡Son un chingo! –exclamó Olga ante mi respuesta.

–Esos ¿dentro de tu matrimonio? ¿Qué pasó antes o mientras estuviste separada de Saúl –inquirió Paula con sorna.

–Aunque no lo crean, Saúl fue quien me desvirgó, antes de casarnos, claro y sólo con él tuve coito desde entonces hasta un año y medio después de casarnos –precisé.

–¡No seas mentirosa! –profirió Paula sumamente alterada– Yo te conocí en la prepa y todos los muchachos andaban tras de ti por chichona y bonita. No pocas veces, en los paseos que hacíamos al bosque, te perdías con alguno. Seguramente a Felipe sí te lo tiraste, o al “Geronte”. No me vengas con cuentos –precisó exaltada.

–Sí me los tiré, y a otros dos de la prepa, pero fue después, cuando ya estaba casada. Sí, nos perdíamos en el parque de las Fuentes Brotantes, pero además de besos sólo hubo manoseos y mamadas de chiche –comenté.

–Será… Los muchachos decían que eras una calientavergas –concluyó Paula.

–Cuando Saúl y yo estuvimos separados, porque nos íbamos a divorciar, sólo tuve relaciones con los dos amantes que ya tenía y continuaron en ese estatus después que regresé con mi marido. Sí, hubo otros tres o cuatro más que probé entonces, y dos de ellos sigue en mi lista de machos habituales… –presumí y hubo murmullos de sorpresa.

–¿Quiénes te hicieron hijos? –me preguntó Olivia directamente– pues con tanta acción…

–Mis dos hijos son de mi marido. Después de mi último embarazo usé un DIU, aunque… tal vez mi hija no sea de Saúl, pero no es seguro. De cualquier manera, mi esposo la registró a su nombre y ya no requerí saber más. ¿Alguna de ustedes empolló a un “guajolotito” que no fuera del gallo reglamentario? –terminé preguntando, Ana y Orquídea bajaron la vista.

–Yo estaba en el mismo caso que tú, no sabía si mi primer hijo fuera de mi marido o no –dijo Ana soltando el llanto–. Años después supe que el padre no era él.

–¡Anda! ¿Y qué dijo el cornudo? –preguntó Magda antes de zumbarse de un trago el resto de su tequila.

–No, él no lo sabe ni lo intuye, el niño aprendió a ser como él, incluso hice las pruebas de ADN sin que mi esposo se enterara. Las hice pues yo tenía la duda, debido a que, en el mes previo a la boda, tuve “despedidas y felicitaciones” de tres exnovios, además de tener sexo con mi futuro marido, y perdí la regla desde el primer mes –y Ana continuó llorando a moco tendido.

Al menos Ana había salido de la duda respecto a su marido, y quizá lloraba por no saber cuál de los otros tres era el padre. Eso pensé, ya que, en mi caso, si hiciera pruebas y mi hija no fuera de Saúl, tendría que ser de Roberto, mi primer amante pues sólo con ellos dos tuve sexo en esa época.

–En mi caso –intervino Orquídea–, cuando estábamos casados y habíamos tenido un hijo, nos dio por acudir a las fiestas swinger. En una de ellas hubo de todo, además de alcohol y mota, y subió la euforia sexual. Los condones fueron relegados y se armó la orgía. No sé a cuántos me tiré y cuántos más me cogieron mientras les mamaba el pito a otros, pero quedé embarazada. Yo creo que todos los hombres colaboraron pues, modestia aparte, yo era la más bonita y de mejor cuerpo.

–¿Por qué no abortaste? Eso es lo apropiado si no lo querías –preguntó Magda en tono recriminatorio.

–Para ti y otras será así, para nosotros no. Decidimos ser responsables con las consecuencias y tuvimos una hija a quien amamos mucho. No estamos arrepentidos –concluyó Orquídea muy orgullosa de sus creencias y comportamiento.

–Sí, los dogmas eclesiásticos pesan mucho –intervino Paula, quien es psicóloga en un centro de salud–. A lo largo de los años he atendido a mujeres a las que, por calientes, o por producto de una violación, resultaron embarazadas. La mayoría, no se lo confesaron al marido porque no estaban dispuestas a abortar.

–Es natural que las que cogieron con otro por calientes, no se lo dijeran al esposo, ¿verdad, Tita? Menos si quedaron encintas, al fin que quizá sí fuera del marido –externó Olga con mala leche.

–En mi caso fue diferente. Por una parte, Saúl sí sabía de Roberto, mi amante. Sí, cogí solamente con Roberto casi un mes seguido, a veces usábamos condón y otras él se salía antes y me lanzaba el semen en la panza o en las nalgas. Alguna ocasión, o quizá dos, me volvió a penetrar poco después, pero sin eyacular –expliqué.

–¡Ahí está!, aún quedaba semen en el conducto y se depositó en la segunda metida que te dio –señaló Olga.

–Sí, años después supe de esa posibilidad, pero justamente cuando iba a regresar a casa, después de las vacaciones, me llegó el sangrado del período. Por ello no me despedí “adecuadamente” de Roberto, ni permití que Saúl me tomara hasta que concluyó el sangrado que fue leve y duró dos días –precisé.

–¿Entonces cuál es tu duda? ¿Porque el bebé nació a los ocho meses y no a los nueve? ¿Fue un sangrado que se detuvo porque ya estabas encinta? A veces pasa, no entiendo otra forma.

–Precisamente así pudo ocurrir, al menos es lo que nos explicó el ginecólogo y por eso mi duda. Saúl lo supuso también y aceptó a la niña como suya, aunque no completamente porque al niño se refiere como “mi hijo” y, a veces, a ella se refiere como “tu hija”, afortunadamente nunca frente a ella ni ante otros –dije soltando el llanto.

Olivia, quien ya estaba en pelotas, se acercó a mí acariciándome y me ofreció de su canuto. “Fuma, mi niña, alégrate”, dijo y me acarició las tetas mientras yo fumaba. Lo sentí como una muestra de solidaridad, más que sus deseos por mí ya que también le gustan las mujeres. Seguí fumando y ella me comenzó a mamar las chiches delicadamente. Yo sentí rico y la tomé de la cabeza para que me mamara con más enjundia. Todo iba bien, pero de repente, Marta se comenzó a sentir mal: no podía respirar bien. ¡Todo se volvió un caos! Ana le habló de inmediato a Raúl, la pareja de Martha para que acudiera. Paula preguntaba a gritos “¡Cuál es el bolso de Martha!”. Gran confusión. Llevamos a Martha a la cama, quien pedía su inhalador a voces entrecortadas. Llegó Paula y se lo aplicó. De inmediato Martha se tranquilizó y tomó el inhalador asiéndolo fuertemente.

Ya estábamos calmadas y Paula nos explicó que se dio cuenta que Martha era asmática, por eso preguntaba a gritos dónde estaba el bolso de Martha. Todas estábamos alrededor de la cama mimando a Martha, cuando sonó el timbre de la casa. Nos preguntábamos quién podría ser a esa hora.

–Ha de ser Raúl –dijo Ana–. Yo le hablé, y salió a abrir en ropa interior.

–¿Cómo estás, mi amor? –le preguntó Raúl a Martha, haciendo caso omiso a las que andábamos enseñando tetas y otras hasta con los pelos al viento.

–Ya estoy bien, mi amor, fue un severo ataque de asma –explicó Martha poniéndose de pie, antes de comenzar un beso y abrazo que se nos antojó a todas.

Olga llegó con dos caballitos de tequila, dándole uno a Martha y otro a Raúl. “Para el susto…”, dijo al dárselos. “Hasta el fondo”, les pidió Paula, colocando sus manos en la espalda de cada uno, pero fue bajando la que tenía sobre Raúl hasta llegar a las nalgas donde se las apretó cuando terminaron el trago.

–¡Uy, esto parece un harem! –exclamó Raúl viéndonos a cada una detenidamente y se le notaron las ganas en el bulto que creció bajo el pantalón.

–Ahora no quitarás el susto a nosotras… –le dijo Paula intentando desabrocharle el pantalón.

Martha se sonrió y le dijo “Es tu oportunidad, mi amor, me has dicho que algunas de mis amigas se te antojan” y procedió a quitarle la chaqueta y la camisa. Otras lo acariciaron y participaron en desvestirlo. Raúl estaba sorprendido, pero caliente. Al quedar desnudo, lo tiraron a la cama. “¡Tírenselo, muchachas!”, ordenó Martha y todos nos fuimos hacia él.

Paula se puso a chuparle el pene, Olivia y Magda se apropiaron de un testículo cada una y yo me senté en su boca.

–Prueba esta concha querido, dice mi marido y otros, que es muy sabrosa –le dije recorriendo el clítoris en su nariz.

Las manos de Raúl fueron a mis tetas y se refociló en ellas mientras me chupaba con toda la calentura que le provocaban las bocas de mis amigas. Martha miraba complacida cómo estábamos usando a su amante. Olga y Ana acariciaban el torso del macho. ¡Chupaba muy rico el majo!, y aumentó su furor al probar el flujo que me salía por el trenecito de orgasmos que me producía.

–¡Cómo que no sueltas leche, cabrón! A ver si así no te ordeño… –dijo Paula antes de montarse y cabalgarlo– No que no tronabas, pistolita… –dijo Paula al desmontarlo. Magda se fue directamente a la panocha de Paula que escurría el semen de Raúl.

Quedando satisfecha, me puse de pie, pero Raúl no me soltaba el pecho, aunque él estuviera jadeando al tratar de tomar aire. Comprendí que Raúl quería mamarme las tetas y se las acerqué a la boca, que la abrió lo más que pudo para abarcar los dos pezones al juntarme las masas. Ana pasó a ocupar el lugar que Paula había dejado, logrando erguir un poco el pene de Raúl para ensartárselo y, como no quería que se le saliera, en lugar de cabalgarlo se puso a mover circularmente el torso.

–Éstas no están tan grandes, pero también están ricas, dijo Olga, quitándome y poniendo una teta en la boca del macho.

Pasamos todas, fuera por la boca o por el pito, para osgarmear un poco. “¿Te violaron, mi amor? ¿No te gustó? ¿Estaban ricas las tetas de Tita? ¿Cuántas ordeñadas te hicieron? –le decía Martha acariciándolo y besándolo.

–¡Qué putas son tus amigas, mi amor…! –exclamaba en voz baja el macho violado y tendido con brazos y piernas abiertas.

–Ya que te repongas nos vamos… –le dijo Martha a su amado.

Nosotras nos fuimos a la sala, dejándolos solos en la recámara. Reímos y comentamos la violación tumultuaria que le habíamos hecho a Raúl. Los carrujos y los tragos volvieron a circular. Martha salió para vestirse y después, ya vestido, salió Raúl. Se despidieron y se fueron. Paula y Magda se pusieron a hacer un 69. Me dieron ganas de pasarles las tetas sobre el cuerpo a las lesbianas, bueno, bisexuales, más correctamente, pero me contuve. Quedamos dormidas en la alfombra hasta que la luz del día nos despertó.

Nos bañamos por turnos, desayunamos y nos despedimos.

–A ver cuando nos echamos en bola a otro. Por ejemplo a Saúl, quien casi todas queremos probarlo –dijo Paula y todas rieron lanzaron afirmativas.

Sólo sonreí para no mostrar mi enojo. “Mi puto es mío” me dije por dentro, pero sé que mi marido escoge con quién se acuesta y eso me enoja más que las bromas de mis amigas.

79 Lecturas/10 febrero, 2026/0 Comentarios/por Tita
Etiquetas: culo, hija, hijo, mayor, padre, semen, sexo, vacaciones
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