Mi esposa, mi alcahueta
Lujuria y complicidad en un oscuro matrimonio.
Mi esposa me reclama. Está caliente y, hoy, me busca.
Eso ocurre cuando algo la excita especialmente. Tras 20 años casados y 5 de pareja abierta ambos solemos ir cubiertos y saciados, lo que no significa que jodamos con ganas entre nosotros de vez en cuando.
– ¿Sabes? El coño de Sussy es jugoso y delicioso.
Sussy es la dueña de una herboristería del barrio. Una hembra en sazón que, sabemos, tiene también pareja abierta.
– Me alegra que me lo digas, zorra bollera. Sabía que Sussy es viciosa, pero no que fuera tortillera.
– Anda, ven, me dice mi mujer. Cómeme el coño y te lo contaré todo.
Así que era eso. La golfa de mi esposa se cepilla a una hembra del barrio y ahora quiere presumir.
– Come coño, cabrón, cornudo, hijo de puta. Dale a tu mujercita lo que se tiene que buscar fuera porque eres un maricón medio impotente… Mmmmmmmmmmmmmmmm… Cerdako, marrano, puto de mierda… Come chocho… Come chocho sucio…
Y se lo como. Cuando se me corre en la boca le clavo mi verga y la sacudo con ganas hasta correrme en sus tetas. Entonces, ofrendo a los dioses y, más relajados, le pido que me cuente.
– Fue sencillo, me dice mi esposa. Estábamos las dos solas en la tienda, era casi la hora de cerrar. Sussy lucía un escotazo de morirse y yo la miraba de arriba a abajo sin ningún disimulo ¿Quién es el afortunado que te va a disfrutar?, le dije picarona. Ella se rio y repuso que no era afortunado, sino afortunada. La mujer de un socio de su marido, que le había tirado los tejos en más de una ocasión. En ese momento me imaginé a ese pedazo de mujer revolcándose con otra hembra y se despertó en mí una furia salvaje. Me abalancé sobre ella y le metí mi lengua hasta la garganta, mientras sobaba sus maravillosas tetas. Ella me paró un momento, echó el cierre y se volvió hacia mí. Resulta que en la trastienda tiene un mini picadero y allí nos entrelazamos, abrazamos, mordimos y jodimos de lo lindo. Al final, nos saciamos y nos juramos amor eterno.
– ¿Eterno, zorra? Eso es mucho tiempo.
– Ja, ja, ja… Sí, pero nos medio enamoramos y eso nos puso mimosonas ¡Hostia! Que teníamos escocidos el chocho y los pezones del lotazo que nos dimos.
Imaginar a esas dos hembras revolcarse en la trastienda me pone de nuevo a tono, así que jodo de nuevo el chocho de mi esposa. Le doy durante casi una hora, llevándola varias veces al desmayo, al borde de la muerte. Ofrendamos de nuevo.
– Perfecto. Te has jodido a alguien del barrio. Eso significa que también Sussy ha de ser mía.
– Sí, responde mi esposa, es lo pactado entre nosotros. Te la traeré a casa para que la jodas, aunque la tenga que arrastrar del coño.
– Amén.


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