Nuestra relación secreta de intercambio (1 Parte) – La Iniciación
La primera entrega de una historia que vivimos con mi esposa y nuestra pareja de amigos más cercana. El morbo aumenta a medida que descubrimos la posibilidad de romper las reglas y entregarnos al placer. Dos parejas que descubren que el sexo puede ser más que algo para dos. Narración para compartir .
Luego de pensarlo bien durante los últimos meses, he decidido compartir no una historia, sino una experiencia que nos cambió la vida. Si es para bien o para mal, lo veremos en el camino. Lo cierto es que hay oportunidades que muchos desean pero solo pocos nos atrevemos.
¿Recuerdan cómo se siente cuando se mezcla el peligro y el deseo? Pues de eso se trata lo que les voy a contar. Un encuentro de sentimientos y emociones que dan como resultados decisiones inexploradas en una vida cotidiana clasificada como normal o rutinaria y en ese descubrir también encontrarnos con expresiones como: infidelidad, voyeur, cuckold, intercambio, swinger y otras que en español o inglés nos llevan a lo mismo.
Tengo 33 años, 4 más que mi esposa. Nos conocimos en la universidad, cuando yo cursaba mi último año de Ingeniería Industrial y ella estaba a mitad de carrera de Administración de Empresas y Contabilidad. Fue por pura casualidad, puesto que es la hermana de un compañero de clase con el que poco había tenido contacto hasta ese momento. Ocurrió mientras participamos de un debate espontáneo de cosas simples y sin importancia en la zona social de la universidad y ella le acompañaba.
En algún momento intervino con una respuesta cargada de humor y sarcasmo que hizo que nos fijaramos en ella procediendo a integrarla en nuestras próximas discusiones huecas con las que pasamos tragos de cerveza y ocio.
Salí con Isabella (ese es su nombre), un par de semanas para convencerme que ella era la mujer para sentar cabeza y formar un hogar. Éramos muy jóvenes, ella aún más, pero nos ganó el amor y a penas terminó su carrera nos casamos.
Permítanme contarles quién es Isabella: una mujer de un humor increíble, hace amistades muy fácilmente, honesta y en cierto modo, una niña grande, deseosa de atención y muy detallista. No tiene secretos, por lo menos, no los tenía. Su manera de hablar es siempre contundente, con un carácter que refleja firmeza pero sin dejar de ser toda una dulzura. Mide 1.70 mts, ojos café que al sol directo se tornan miel, piel trigueña como cualquier mujer colombiana de la Región Andina, cabello castaño claro, con ondulaciones a la altura de su rostro. Uñas no tan largas pero muy delicadas, busto talla 34, una cadera tallada justo a la medida para el disfrute de la vista masculina, su ropa interior en panty S es un espectáculo, todo le luce, todo antoja, todo provoca.
Nos enfocamos en nuestras metas personales, decidimos darle prioridad los primeros años de matrimonio a hacer realidad todo lo que soñamos y postergamos tener hijos. Nos ha ido muy bien. Trabajé un tiempo como contratista y luego formamos una empresa pequeña con Alejo, mi amigo desde la universidad. Hemos logrado proyectos interesantes. Alejandro fue deportista durante su juventud, como la mayoría de muchachos en Colombia que sueñan haciendo goles, sudando y celebrando en un estadio. Pero le ganó la típica lesión de rodilla, pero como era bueno con los números terminó estudiando lo mismo que yo en la universidad.
Alejo se casó (vaya sorpresa, pensábamos que nunca lo haría por su estilo de vida de Don Juan), año y medio después que Isabella y yo lo hiciéramos. Gabriela llegó a su vida para poner fin al imperio de la promiscuidad y soltería. Ella es la hija menor de una familia sobresaliente de médicos en la ciudad, Gabriela es la típica mujer que nació con un proyecto de vida organizado por sus papás, pero no renegó de ello, solo que en lugar de medicina, estudió para ser odontóloga. De las buenas que conozco, ella sin duda la mejor. Su tez blanca se impone en contraste con su cabello lacio, oscuro y largo, bien cuidado, pelo a pelo, siempre suelto, siempre brillante. Madruga a entrenar al gimnasio, trotar con Alejandro o nadar en la piscina de su casa. Tampoco tienen hijos, pero sí dos perros que son el amor de su vida.
Gabi es hermosa, sus labios son rosados, cada pliegue de su piel se torna un poco más oscuro, sus pijamas dejan entrever unos pezones rosados y pequeños, ya se imaginarán el resto.
Lo cierto es que entre ellos y nosotros hemos desarrollado una confianza y una amistad especial. A veces por trabajo nos reunimos en mi casa y duramos hasta tarde o simplemente nos quedamos todos a dormir en la sala mientras vemos tandas de series en tv.
Todo cambió hace 2 años.
Esta vez, en la casa de Alejandro, cuando decidimos preparar una parrilla mientras que las chicas se bañaban en la piscina (alberca para mis amigos de méxico). Él y yo comenzamos recordando los años de desorden e irresponsabilidad afectiva que tenía Alejo con las mujeres.
– ¿Y qué? ¿qué se siente tener bozal y cadena puesta? le pregunté mientras destapaba una cerveza.
– Hombre Santiago – me dijo- como siempre, un tipo serio mi hermano (sarcasmo), usted porque hace esos comentarios. Me dijo serio, en voz alta, sabiendo que su esposa e Isabella estaban atentas. Luego se rio y procedió:
– Como ella no aparecía, me dediqué a buscarla de flor en flor (risas)
Las chicas escucharon y Gabi respondió con ironía:
– Por lo menos yo no fui de sapo en sapo besando en busca de mi príncipe.
– Bueno ya, mejor hablemos de su santidad Santiago – dijo Alejo -, un tipo ejemplar, que solo tiene ojos para Isabella… Isabella para aquí, Isabella para allá, dominado lo tienen.
– Jajajaja bueno eso no lo puedo ocultar, contesté.
Alejandro entonces susurró: es que con Isa cualquiera.
Hice un silencio, no supe si lo decía en broma o si era una expresión honesta. Pensé que era una broma, sin embargo me quedó dando vuelta su comentario, teniendo en cuenta su vida de Don Juan. Nunca antes habíamos opinado algo sobre nuestras esposas, todo era fiesta, risa y trabajo, mucho trabajo y un cariño sincero.
¿Habría visto a mi Isabella con otros ojos en algún momento? Algo se activó en mí ¿eran celos?
Acto seguido se levantó y comenzó a servir la carne. Ese día nos bañamos hasta que se hizo de noche. Ya con unas cuantas cervezas encima bailamos un par de vallenatos, hablamos de política, fútbol, dólares y luego jugamos dominó (juego de mesa). En ese momento comenzamos a jugar apostando dinero, la chicas no quisieron apostar y se retirarón a hablar de series coreanas y quién sabe cuánta cosa más.
Tenía ya un par de horas dando vuelta en mi cabeza aquel comentario, así que lancé una pregunta directa:
– Alejo, creo que nos casamos bien, es decir, creo que elegimos buenas esposas ¿no te parece?
– Hombre Santiago, sí, para que le voy a negar, las muchachas son únicas, hay que cuidarlas. El día que yo falte, cuideme a Gabi, el día que usted falte, yo atiendo a su mujer. Es decir, la cuido, no vaya a pensar mal.
– Menos mal hace la aclaración, le dije, porque ya estaba pensando que era mejor que faltara usted para yo cuidarle la mujer. Reímos.
– Sabe qué sí le voy a decir con confianza, de todos los hombres que existe, hombre a usted le confiaría mi esposa, de panas.
Guardé silencio porque pensé que ya el alcohol estaba haciendo efecto. Pero fijé mis ojos en Gabriela y por un momento la vi, no como amiga, la esposa de mi mejor amigo, sino como posibilidad de algo más. Su piel ligeramente cubierta por un bikini pequeño, sus ojos claros, el cabello que fácilmente podría ser lo único que vestiría cada noche en su cama.
Una erección se preparaba y comenzaba a tomar fuerza, en eso Alejandro chasquea los dedos y me reclama:
– Hey, hey, espero que esos ojos de ingeniero estén tallando a la sra Isabella.
– ¿Tengo opción?
– Quién sabe, de todo hay en el mundo
– En serio creería que yo miraría a la mujer de mi amigo?
– Ya lo dijo, la mujer. La mujer es mujer y usted es un hombre, tan hombre como yo
– Si, pero una cosa es…
– ¡Es la misma cosa hermano! ¿cuál es el problema? El problema sería que no me mire la mujer y piense que escogí mal a mi esposa.
– Entonces usted si ha visto de otra manera a la mía?
– La verdad o una excusa?
– Huevón, la verdad!
– Isabella es un mujeron Santi, si usted no fuera mi amigo, le coqueteaba.
– Y Gabi?
– Mijo, por eso es que los clientes nos dan en la cabeza, usted tan inocente. Con una mano atiendo una y con la otra a la otra
– Mucho perro, le dije entre risas
Para ese momento ya no había el mismo ambiente, algo cambió, por primera vez hablábamos de lo atractivas que eran nuestras esposas y eso, entre celos y gusto, alimentaba las ganas de seguir el tema.
A las 8:00 pm decidimos que era mejor ingresar a la casa, las chicas subieron a bañarse y cambiarse, nosotros nos sentamos en la sala mientras algo de salsa suave sonaba en el equipo de sonido.
– Sabe qué, no le creo – Le dije en tono desafiante –
– No me cree qué marica, me preguntó Alejandro.
– Que usted se metería con Isa
– Pana, ya sé por dónde va esto, usted lo que quiere es coquetear con Gabriela, lo conozco
– No, no, no, cómo se le ocurre
– Hay fresco hombre, piense que está en Las Vegas, me dijo
– ¿En Las Vegas? Eso qué quiere decir
– Hueva, lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas
– Estamos hablando de nuestras esposas ¿no?
– ¿El culo o las tetas?
– ¿¿Qué??
– ¿El culo o las tetas? qué fue lo primero que le vio a Gabi
– No…no sé, la cara, el cabello…
– No me crea tan marica parce, no sea tan princeso – replicó -.
No quería arruinar la amistad de años, además era mi socio, sabía que estaba en un terreno difícil, hablando de nuestras mujeres como si fueran
las compañeras de las que a veces nos sentamos a morbosear en la universidad.
– Es que nunca la he mirado con otros ojos sino como la esposa de mi amigo.
– Pregúnteme – me interrumpió –
– Le pregunto, ¿qué le pregunto? ¿cómo así?
– Pregunteme qué es lo que yo miraría de Isabella
Comencé a preguntarme si este hombre hablaba en serio, si estaba borracho, si quería aprovecharse de estar tomando para decir cosas con la excusa de las cervezas.
– ¿Qué es lo que el señor Alejandro Torrado miraría de mi esposa, pues?
– ¡La espalda!
– ¿La espalda? pregunté. Bueno, no hay lío con eso, a veces lleva buen escote en su espalda y se ve divina.
– La espalda, pero desde arriba, respondió rápido y con una cara de satisfacción.
Acto seguido se levantó del sofá, se giró y me lanzó las llaves de su camioneta.
– Entre la nave, me voy a bañar, ya vienen bajando las mujeres.
En ese momento caí en cuenta, mirar la espalda desde arriba significa tenerla en 4 mientras se la está comiendo.
Justo ahí, volvió el intento de erección. Pero aparecieron más preguntas. Ya estaba confirmando que mi amigo, mi socio, era capaz de meterse con mi esposa ¿ella sería tan capaz de corresponderle? ¿ella lo habría pensado en algún momento con él o con otro hombre?
Al regresar a la casa vi a las chicas preparando unos sándwich en la cocina. Alejando estaba organizando un poco la sala. Le regresé las llaves,
Isa me pide que suba a bañarme, entonces subo y mientras me incorporo en las gradas de las escaleras que recorren la sala a las habitaciones, decido ver a Gabriela, miro que está en un vestido holgado, como si fuera de playa, vaporoso, con flores amarillas y azules, pero deja pasar la luz, por lo que se nota su figura, no lleva sostén, eso está claro. Mi esposa tiene un vestido de tiras desde sus hombros, ajustado hasta la cintura, color café y que da apenas debajo de sus nalgas, no es de ella, es de Gabriela, se lo prestó porque Isa solo tenía pantalones y no quería sentirse tan apretada.
Me voy con esa imagen en mi mente. Mientras me baño, tengo la oportunidad de dejar en libertad mi erección. Se torna dura, fuerte, caliente, mi pene se me levanta y solo con pensar la idea de probar la piel de la esposa de mi amigo, imagino que ella posa sus manos en mi miembro, que lo aprieta, que siente las venas que lo recorren.
Hago una pausa, decido avanzar y vestirme pronto.
Al bajar, la mesa está servida, comemos algo y bailamos un poco más. En ese momento Alejo deja lucir una de sus ideas disruptivas pero tan oportunas para mí en ese momento:
– Amor, Santiago quiere que le enseñes a bailar bachata, claro está, si Isa no tiene problema con eso.
– Por mi no hay problema – replicó Isabella – con tal de que no me haga pasar pena.
– Ay no sean así con Santi – dijo Gabi –
Mientras yo me quedaba frío por esa propuesta sin saber qué se traía en mente Alejandro al ofrecerme a su esposa para bailar bachata. El punto es que acepté y durante unos minutos mi improvisada maestra de baile, intentaba que le siguiera el paso al tiempo que yo evitaba a toda costa una erección que era prácticamente inevitable. Entonces miraba al sofá y ahí estaba Alejo hablando muy de cerca a mi esposa, sonriendo o mejor, haciéndola reír, mientras ella recogía sus piernas cruzándolas sentada de lado a él. Alejo lograba que ella ignorara que yo, su esposo, estaba bailando muy pegado a otra mujer.
– Noooo te falta mover más esas caderas Santi – se burlaba Gabriela de mi –
– Es que es la cerveza mi Gabi, pero espere me reponga música es lo que te va a hacer falta-
– ¡Nuestro turno! dijo Alejando, poniéndose en pie mientras tomaba la mano de mi esposa y pasaban a la sala.
Lo que vino a continuación terminó de confirmar lo que estaba pensando, mi amigo le tenía ganas a mi esposa.
Su forma de moverse y de coquetearle era evidente, era tan evidente que Gabriela pensó que estaba jugando.
– ¡Eso amor! gritó ella y le aplaudió pensando que su esposo solo estaba jugando.
Isabella no lo vio así, teniendo en cuenta que ella sí notó que Alejo había tenido una erección mientras bailaban pero quisó hacer caso omiso del tema pensando que era algo espontáneo sin otras intenciones.
Ya eran las 11:00 pm, pasamos a tomar un par de sorbos de vino y por primera vez, hablamos cosas de cama. Ya saben, cuántas veces sería lo ideal hacerlo a la semana, destinos paradisíacos, la falta de ritmo de mi baile, en fin. Hasta que esta vez fui yo quien intervino con un comentario diferente:
– Se han puesto a pensar cómo sería nuestra vida si nos hubiésemos casado intercambiados, lo que quiero decir es, ¿qué tal si Gabi aquí presente fuera mi esposa y tú y Alejo vivieran juntos?
Nos miramos como cómplices y luego soltamos a reír, mientras hacíamos bromas sobre el tema, mencionandoe lo diferente que eran nuestras relaciones, las rutinas y hasta lo que acababamos de hablar de temas de cama.
– ¿Cómo te gustaría que te llamara? le dijo Alejo a mi esposa, ella entre risas y sonrojada no sabía qué responder.
– Yo simplemente le digo Mi Amor, y ya. – Intervine –
– No, muy simple, ella para mí será «Linda Bella» – Dijo Alejo acercándose a mi esposa
– ¡Cursi! – gritó Gabriela – ¡Eso parece sacado de Crepúsculo! ¿Quién eres, Edward?
Sentí en ese momento que hubo una conexión entre Alejo y mi esposa, no sabría explicarlo, pero tenía la corazonada que algo en ella se había despertado. Sin más y viendo la hora, llegó el momento de salir al balcón para respirar mejor y ver un poco la ciudad de noche. Su casa tiene una vista genial de la ciudad, ventaja de ese sector privilegiado donde las casas son construidas a gusto. Pero comenzó a lloviznar así que ingresamos de nuevo, esta vez Alejo apagó las luces blancas de la sala y encendió las cálidas de las dos lámparas de lectura que habían y los led de la cocina, recreando un ambiente muy acogedor, romántico y discreto.
Tomé a mi esposa por la cintura y comencé a besarla, tenía yo esa sensación rara entre celos y deseo luego de ver lo que había pasado con Alejo. Ella me correspondía en besos, cada vez más intensos y apretando mi cuerpo hacía ella. Olvidamos que estábamos en casa ajena y en compañía. Luego hicimos una pausa y le pregunté:
– ¿Qué piensas de todo «Linda Bella»?
Se puso a reír de manera nerviosa.
– ¿Yo y Alejo? Jajajajaja ni de bromas, con él nada es serio, la única que logró domarlo es Gabi, jajajaja no creas yo con Alejo.
Su risa nerviosa ya decía cosas sin mencionarlas. Para el momento tenía yo de nuevo mi erección y caí en cuenta de ello, por eso giré a ver a mis amigos para evitar que me vieran así, pero ahí estaban, en el Sofá, Gabi sentada en sus piernas mientras susurraban cosas, reían y se besaban. Isa me vio a los ojos y me dijo en broma:
– Más te vale que se te haya puesto dura por mi y no por ella.
– Obvio mi amor, te tengo ganas justo ahora.
– Mi amor no, yo soy «Linda Bella»
En eso se acerca Alejo con su esposa tomados de la mano y dice:
– Bueno, creo que ya fue suficiente mi amigo bailando con mi otra esposa, así que tome usted aquí la suya, o sea la mía, esta vez voy a estar con mi «esposa» Linda.
– ¡Upaaaaa! sonrió coqueta mi esposa
– Entonces yo me haré de aquel lado con mi «esposa» Gabi – repliqué –
Mientras tomábamos distancia en la sala de aquella casa grande, la luz tenue, la lluvia, el alcohol y el deseo, hicieron lo suyo.
Solo sé que de la charla, las risas y el baile movido entre Alejo y mi esposa, quedó poco, de repente solo era la música de fondo, ellos dos bien juntos, moviéndose con pasos cortos, claramente algo pasaba. Lo noté yo, lo notó Gabriela.
– ¿Y esos qué? – me preguntó –
– Son marido y mujer, lo olvidas
– ¿Ah si? ¿Entonces nosotros también o qué?
– Me gustaría. – le dije mientras le daba un beso en la mejilla –
Pero no fue el único beso en esa sala justo en ese mismo momento, pues Gabriela se quedó fría e inmobil mientras sonaba la música:
– ¡Santiago! ¿qué está pasando?
Acto seguido miro al otro extremo de la sala, veo algo que atravesó mi pecho como un rayo y me desencajó por un momento, Alejo y mi esposa se besaban, era un beso extendido, suave, como liberado después de haber sido retenido por mucho tiempo. No supe qué hacer, sentí ira, celos y a la vez, deseo, morbo, placer, ganas de saber qué más podría pasar. En ese momento Gabi me llama por mi nombre:
– Santi…
Y se lanza a besarme. No fue un beso, fue EL BESO, una conexión espectacular, muy apasionado mientras ella sentía mi erección a la vez que se movía con intención de recorrerla. Pasé mi mano sobre una de sus nalgas, la sentí tonificada, amplia, dura, bien puesta, intenté subir su vestido pero justo en ese momento terminó la canción y debimos parar la calentura los 4.
Nos sentamos, hicimos como si nadie vio nada, que no había pasado nada. Aunque tratamos por unos minutos de llevar una conversación fue imposible, no podíamos mirarnos a la cara, había un poco de nerviosismo.
Solo duramos así unos minutos, nos levantamos con mi esposa y nos despedimos, acordando vernos de regreso el lunes para seguir nuestro trabajo en la empresa.
De camino a la casa, mientras manejaba trataba de hablar con naturalidad con mi esposa, pero el ambiente era denso, amigable, pero con tensión y yo quería que no fuera así, deseaba dejar las cosas claras y que no existiera sentimiento de culpa y pasar página rápido.
Cuando llegamos a casa, al cerrar la puerta no dude en hablar con mi esposa y tratar de dejar las cosas claras, señalando al alcohol por lo sucedido, así que corté el silencio y le dije:
– Amor, solo quiero decirte que…
– Shhh no digas nada – me interrumpió –
En seguida procedió a besarme, luego sin decir palabra, se arrodilló y me bajó la bermuda blanca, y comenzó a besar mi miembro, lo hacía con tal gana como si de ello dependiera su vida. Lo besaba, lo pasaba por su cara, de hecho, se acariciaba la cara con él, sentía el calor de mi verga en su lengua y le fascinaba, besaba la punta y luego bajaba hasta mis testículos, empujando mis piernas para que las abriera y así ella extender su lengua hasta detrás de ellos.
– Quiero que me comas ya mismo – me ordenó –
Esa noche lo hicimos con desesperación, yo sentía su cuerpo pero deseaba a Gabi, besaba sus tetas pensando en las de ella, quería que todo lo que hice con mi esposa lo estuviera viviendo con Gabriela.
Su vegina ya venía muy humeda de excitación, era obvio, había sido seducida por Alejandro y solo tenía en su mente el deseo de ser penetrada.
Levanté su falda, froté su clítoris en medio de dos de mis dedos, así de pie, ella se movía con fuerza pero lento, no pronunciamos palabra alguna por unos minutos, realmente fue una masturbación mutua en plena sala de nuestra casa.
La abracé y la levanté hasta la habitación, allí los besos no faltaron, pero tampoco los gemidos, la recosté en la cama y comencé a penetrarla mientras movía su cuerpo de una forma que antes no lo había hecho. Sentí un morbo intenso que me recorría todo el cuerpo, me aventuré en un momento a decirle algo al oído que hizo que gimiera sin pudor: ¿Así es como te gusta «Linda Bella»?
No hubo respuesta, solo gemidos y movimientos más fuertes, más humedad y deseo.
– Que puta eres, te gustaría que él te coma
– No pares amoorr – gritó-
Al día siguiente todo fue normal y rutinario, volvimos a ser la linda pareja de siempre y eso me dio paz.
Hasta el domingo, que recibí un mensaje de Alejandro que terminaría de dar vuelco a nuestra amistad entre los 4.
Pero eso lo contaré en la siguiente confesión.
El narrador de historias.

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