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Infidelidad

Qué salida la de anoche!!

Por lo general yo me dejo, siempre «me atienden», y aquella noche me atendí yo!!. Esta historia la dejé registrada después de casi 2 meses de lo ocurrido. No me la podía sacar de la cabeza. Las imágenes se me repetían en todo momento y en todo lugar. Mi vista se me iba involuntariamente al entre.
Qué salida la de anoche!!!                                                   (Concepción, Chile, 05/2009)

 

Generalmente en las íntimas reuniones «me hacen», pero aquella noche …»me hice».

 

Por lo general yo me dejo, siempre «me atienden», y aquella noche me atendí yo!!.

 

Esta historia la dejé registrada después de casi 2 meses de lo ocurrido.

No me la podía sacar de la cabeza. Las imágenes se me repetían en todo momento y en todo lugar.

Mi vista se me iba involuntariamente al entrepierna de hombre que se cruzara. Ya no tenía filtro para seleccionar clase social.

 

Esa noche salí con unos amigos; amigas y amigos, éramos 15 personas, es un grupo de una ex oficina, y fuimos al Tijuana, bar, pub, restaurante y disco. Me anduve cargando a los tequilas margaritas, pero nunca tanto para que se me borre la Tele.

Lo pasamos súper bien, bailé o bailamos todos con todos y de todo, hasta el “Koala”. Estuvimos dándole cerca de las 2 de la mañana.

 

En aquellos tiempos que yo pertenecía a esta oficina, llegó un chico a buscar trabajo, y quedó. Al tiempo nos fuimos dando cuenta que yo le gustaba, y siempre era muy atento conmigo. Yo siempre le ayudaba en todo, le dábamos consejos. Era de escasos recursos, pero era muy, pero muy esforzado y aprendía muy rápido todo lo que se le enseñaba, tenía una gran facilidad de asimilar toda información, y estas personas así, con capacidades sin límites de aprender, pero escasa en recursos monetarios, merecen un gran apoyo, por lo menos es mi forma de pensar.

 

Hugo vive totalmente solo en este mundo, siempre me pedía consejos y los acataba todos.

Yo le ayudé hasta con unos muebles que le quedó de una herencia. La casa era de su madre, le ayudé a vender todos los viejos muebles y me dejó que yo eligiera los nuevos.

Es muy humilde pero honrado y muy esforzado.

 

Yo me retiré de esa oficina, ya hace 3 años, de ahí que no lo veía. Y ahora ha ascendido bastante en el trabajo, muy bien vestido, de terno, vehículo, estudios.

Su casa la arregló mucho más, pero sigue solo. Igual tiene una que otra minita por ahí, pero solo son para entretenerse, nada estable, por lo que cuenta.

 

Su carácter es fuerte, el tiempo que ha estado solo lo ha hecho madurar más rápido de lo normal, acostumbrado a manejarse y a defenderse solo, es medio malgenio, no medio sino harto.

 

A la hora de la retirada del Tijuana, se ofreció a llevarme a mi casa, fuimos a dejar a 3 amigos más primero, y luego me fue a dejar a mí. Íbamos ya rumbo a mi casa y me cuenta de los cambios que hizo en su casa, con todos los consejos de diseño de ambiente que le había dicho yo. Fui yo quien rogó que diéramos la vuelta para ir a ver esos cambios. Hugo siempre ha sido súper respetuoso con todos, en especial conmigo, nunca se ha sobrepasado. Tres veces se me había declarado cuando trabajábamos juntos, me decía que era su amor platónico.

 

Resumiendo, fuimos (por decisión mía) a su casa, que queda algo retirado de la urbe, en un sector muy sencillo. Realmente estaba muy bonita, lo felicité por su gran logro, y celebramos con una champaña. Las burbujas se me subieron, más los tequilas… ufff. Y…cosa extraña en mí… me colgué de su cuello, fue un sentimiento muy extraño, pero bonito, siempre lo sentí como casi a un hermano, fue un abrazo un poco más íntimo, y él respondía tímidamente, hasta que le tomé sus manos…

y las hice que me abrazaran con fuerza, hasta q llegaron los besos, ahí me lo comí hasta con zapatos, pero seguía un poco reprimido, me decía que era para no pasarme a llevar, que yo estaba bajo el efecto del alcohol. Lo convencí que no era así.

Siempre me había dicho que le gustaban mis piernas, así es que… lo tiré al sofá, me arremangué un poco el vestido, hasta bien arriba de los muslos… y me senté cruzada sobre sus piernas, con las mías encogidas, y le volví a tomar sus manos, esta ves para que me acariciara las piernas… ahí cayó!! duro y porfiado hasta el último … a propósito de duro…cuando me senté sobre él… se le notaba haarto lo duro.

Sus manos empezaron recorrieron tímidamente mis piernas sobre mis suaves pantyhose. La cosa era hasta ahí, mi regalo era ese, que me tocara las piernas que tanto me las había alabado en los tiempos que fuimos colegas. Me supo tocar como los dioses y no pude contenerme, no pude mantener tanto tiempo las piernas juntas, es que alguna vez le conté que me fascinaban los masajes en las piernas y los pies sobre las pantyhose, y este que archiva todo lo que le decían supo aprovechar la información, por eso supo apretar bien los botones adecuados.

Rozó unas cuantas veces mi entrepierna, hasta que se dio cuenta de lo húmeda que estaba, y como no uso calzones o cuadros bajo las pantys queda súper sensible aquella zona, y al tocarme de lleno… mis manos inexpertas intentaron desabrochar su cinturón, cierre y demáses con excelentes resultados…Sí!!! yo fui!!!.

Su herramienta era para asustarse pero no para arrepentirse. Algunas caricias de parte mía y luego la sentada a lo “jinete”.

 

La sentada a lo jinete es:

  • él seguía sentado en el sofá, pero yo, de rodillas sobre el sillón, de frente a él, y sus piernas pasan por entremedio y debajo de las mías.

 

Sus manos estaban en mis muslos, acariciando mis pantys, muy tímidamente subían llevando a la rastra mi vestido, cada vez subían más y más, hasta llegar a enredarse en mi cintura. Sus manos ya no paraban de tocarme. Mi entrepierna ya estaba muy feliz y deseosa de encontrarse con aquel “amigo”. Mis líquidos no dejaban de fluir, dejando así al descubierto mi gran apetito por aquel fruto prohibido.

 

Yo solo atinaba a mirar hacia arriba con los ojos cerrados, para disfrutar y sentir al máximo mi balanceo sobre su pene que aún nos separaban mis pantyhose, mis manos estaban sobre las de él, como custodiándolas para que no se detuvieran. En un momento abrí los ojos y lo miré a la cara, tenía los ojos cerrados y se quejaba mucho, como aguantando la tortura más terrible, de pronto me sorprende que lo estaba mirando, estuvimos unos cuantos segundo en silencio y me dice que siempre había querido tenerme así, que me deseaba y que no me iba a dejar ir sin antes tenerme completa. Yo solo atiné a decirle, sin dejarlo de mirar: “solo disfrútame”.

En seguida del corto diálogo, pero apasionado, me toma de las caderas con gran fuerza y me jala hacia abajo, estrellándome con su pene, y con mi interminable balanceo rozábamos nuestras rozadas carnes al punto de rasgar mis pantys. Todo tenía una abundante lubricación que no era solo mía.

 

Al mirar hacia abajo, entre los dos, veía a cortos segundos asomarse su pene que luego se ocultaba nuevamente.

Mi mano derecha se lanzó en picada a capturar su pene para cuidar que no saliera de esa órbita. Mi mano izquierda buscó otra entretención, y se dirigió a uno de mis senos que, hasta el momento habían sido olvidados, sin desabrochar nada, sino, introduciendo mi mano por debajo del vestido que ya estaba arremangado en mi cintura. Las manos de Hugo no se hicieron esperar y las siguieron. Al darse cuenta que el sostén aún estaba abrochado, liberaron mis senos al aflojar el broche desde mi espalda. La sensación de libertad que sentí en ese momento fue un elemento más de placer, que me hizo tomar las manos de Hugo y hacerlas que me acariciaran bien. Los deseos que experimentaba ahí, hicieron que dejara las rudas manos en ese oficio y dirigir las mías a lo más importante, comerme ese fruto prohibido.

 

Me detuve con mi balanceo y enderecé mi cuerpo para bajarme las pantys, que solo llegaron hasta los muslos. Luego mi mano derecha toma su pene y lo inmoviliza, mi otra mano rodea su cuello para estabilizarme mejor,  flecto nuevamente mis piernas, echando hacia atrás mi trasero hasta tocar nuestras rozadas carnes. Hugo seguía acariciando mis senos, yo solo rozaba su pene contra mis ranuras, como si estuviese pintando, todo se deslizaba suavemente, era exquisito ese juego.

Después de unos dos minutos así, Hugo atina a rozarme uno de mis pezones y se me sale un gemido prolongado, descubre uno de mis puntos “G”, aprovechándose de este hallazgo, toca mis dos pezones y los empieza a frotar simultáneamente, ahí no aguanté más, ubico su pene en la entrada de mi vagina y me dejo caer de una sola vez, aferrándome bien al cuello de Hugo. El que se quejó más esta vez fue él.

El ritmo que teníamos era lento, pero intenso y bien marcado. No pasaron más de un par de minutos y él hace las consultas de rigor para estos casos fortuitos o no programados, y me pregunta si me estaba cuidando o tomando pastillas, sino para protegerse él. Yo por nada del mundo quería bajarme de ahí, por lo tanto, mientras me levantaba y me despegaba de él, le susurré al oído que no me cuidaba pero que no se preocupara. Al despegarme completamente de él, juego un poco más a pintar y ubico su pene en mi… otra parte. Ahora el apoyo era más importante, una mano en su hombro y la otra protegiendo o cuidando que no se saliera de lugar. Fueron como cuatro intento hasta que el quinto tuvo éxito. No entró del todo, pero lo suficiente para disfrutarlo y sentir que algo desordenaba mi interior. El ritmo siempre era lento. Teníamos un diálogo muy respetuoso, me hizo saber, en el poco tiempo que estuvimos juntos, todo lo que me deseaba en los 3 años que estuvimos trabajando.

 

Mis cabalgatas eran incompletas, cortas, pues no me atrevía a dejarme caer con todo mi peso sobre él, había algo de dolor. Las manos de Hugo seguían en mis senos, pero ahora sentía que me empujaban levemente hacia atrás, obligándome a desestabilizarme un poco. No conforme con eso, baja sus manos hasta mis caderas y las toma con gran energía y me marca bien todo el recorrido de mis cabalgatas, a ritmo lento, cargando fuerte hacia abajo. Teníamos un concierto de gemidos y suspiros casi incontrolados, iban poco a poco subiendo de tono. De pronto sentí el desalojo, se había escapado. La desesperación, las ansias y, porque no decirlo, la gran calentura que tenía, me hizo actuar rápidamente e introducirlo otra vez, pero antes, otras enérgicas pintadas o pasadas por mi vagina para volverlo a lubricar y facilitar el trabajo. Una vez de vuelta en su lugar, me fui dejando caer suavemente para no herir a nadie, llegamos al mismo punto de antes del desalojo, no me atrevía a caer con todo mi peso, no fueron más de veinte cabalgatas cortas cuando Hugo me empuja hacia atrás, desestabilizándome por completa, sólo aferrada a él por sus manos que me sujetaban desde las caderas y su pene que, en ese desequilibrio me hizo perder todo el control de mi cuerpo y hacerme caer de golpe. Mi gemido fue visceral, pero me aceleró todo lo que estaba sintiendo y sólo atiné a decirle que no lo dejara salir y que quería sentirlo.

Fueron no más de 3 cabalgatas con todo su pene en mi ano cuando siento unos fuertes apretones en mi cintura, acompañados de reprimidos gemidos y su gran choro caliente en mi interior. Bastó sentir su alta temperatura de su leche para experimentar mi primer orgasmo anal. Lo que nunca me habían hecho sentir mis otras incursiones.

 

No nos despegamos ni un milímetro, seguimos siempre despacio, pero ya con ritmo descontrolado. Yo no acostumbro a hablar mucho en estas situaciones, pero no se si lo pensé o si realmente me escuchó que por favor no parara. Mi éxtasis era gigante y largo, por nada del mundo quería bajarme de ahí. Y puedo confirmar que él estaba en lo mismo, pues sus flujos ya eran menos pero no dejan de salir, inundando todo mi interior, sentía correr algunos fluidos en nuestras piernas que ayudaron a lubricar los roses.

Yo aún colgada hacia atrás, sujetada de las caderas por sus fuertes brazos. Muy despacio siento que él empieza a abrir sus piernas haciéndome hundirme más. Su pene estaba todo adentro.

Todos los movimientos fueron disminuyendo rápidamente después de casi 2 minutos de mi primer orgasmo. Hugo no dice nada y sube las manos hacia la espalda, y me acerca a él abrazándome. Sin decirnos nada ni sacar nada de ningún lugar, nos quedamos abrazados con suaves caricias por unos 10 minutos. Luego de esta pausa tan reparadora e íntima, escucho bellas palabras que expresaban todo su deseo reprimido, olvidado, oxidado y casi extinguido que tenía conmigo. Palabras que nunca habían tenido tanto sentido como esa noche. Yo retribuí aquellas bellas palabras con mis besos más sinceros, besos que encendieron nuevas sensaciones e inspiraciones para los dos. En un momento, él se dejó besar y empieza a admirarme y a disfrutar de mis besos que eran interrumpidos por palabras que salían de mí con una sinceridad, haciéndole ver todo lo sentido hasta ese momento. Luego me interrumpe y me responde con besos más apasionados, besa mis labios, los muerde, besa mi pera y baja a mi cuello y hombros. Yo le entrego mis senos para sentir más sus labios y su exquisita forma de tomarme, abrazarme y sentirme muy protegida, pero las intenciones de él eran otras, no me di cuenta por sus besos, sino por su pene, que comienza a tomar temperatura y a expandirse en el mismo lugar de donde nunca salió.

No fui ambiciosa pero sí generosa con él. Merecido lo tenía, le hice sentir toda mi gratitud por esos grandes e inolvidables momentos. Me aseguré que esta vez sí me escuchara todo lo que tenía que agradecerle, no paré de hablarle y de besarle, mis senos fueron todo de él, tomé sus manos y me las llevé a mis nalgas para que él exprima todo su fruto y no deje nada afuera. Es mi primera vez que me siento como casi una putita.

 

Hugo y yo lo volvimos a disfrutar, él como la primera vez, y yo viéndolo a él como me tenía de nuevo. Y no fue tanto lo que tuve que esperar para sentir mis cavidades inundadas nuevamente, esta vez solo me dediqué a observarlo y sentirlo como me hacía suya nuevamente.

Dejé que vaciara hasta la última gota de amor de esa inolvidable noche. Estuvimos juntos unos minutos más sin movernos ni dirigirnos palabra alguna. Me levanté, busqué mis ropas y zapatos y nos fuimos.

En el viaje a mi casa no intercambiamos palabras, algunas miradas furtivas, pero el silencio fue la protagonista de este corto viaje.

 

Cuando un hombre trata así a una mujer es difícil negar el amor, pero desgraciadamente lo nuestro no podría ser, creo.

 

Para mi ha sido el orgasmos más largos e intensos, y por vía anal el único, hasta ahora.

Dejé de pensar que este tipo de orgasmo era un mito.

 

De esta historia a la fecha, han pasado 8 meses, he tenido otras incursiones y varias más con mi novio, pero no han tenido este sabroso final.

 

 

2 Lecturas/28 agosto, 2026/0 Comentarios/por PotroChancal
Etiquetas: amigos, anal, culo, hermano, madre, orgasmo, vagina, viaje
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