Trampeando a mi mujer
Ella miraba las fotos y gemía como una loca mientras yo no paraba de bombear su coño..
Mi mujer lo sabe y eso la excita, lo sé. Sabe que me gustaría ver cómo se la follan otros mientras me masturbo mirando. Hemos visto muchas películas del tema masturbándonos juntos o follando mientras la veíamos. Por más que insisto, nada.
Una noche estaba en la cama hablando con un amigo y compañero de trabajo que mi mujer no conoce. Mi mujer salió del baño hacia la cama vestida sólo con el tanga. Me oyó decirle a mi compañero al despedirme que “anda si tú ya la has visto”. Colgué y mi mujer me preguntó que a qué me refería.
-Nada, que le he dicho a Carlos cómo ibas y me ha dicho que le envíe foto y le he dicho que él ya te ha visto desnuda.
Le acaricié los pezones que los tenía duros.
-¡Pero bueno! ¿Vas dando mis fotos a cualquiera?- Preguntó un poco molesta.
-No, mujer, no. Ya sabes que yo no paso nada. Simplemente las vemos y nos pajeamos juntos. Él me enseña a su mujer y yo la mía.
Seguí acariciando los pezones que cada vez estaban más duros.
-¿Y no os da vergüenza hacer eso juntos?
– Que va, es súper morboso. Además nos contamos lo que os haríamos y uffff.
-Sois unos cerdos.
-¿Quieres verle en Instagram?
Le puse en el móvil su perfil y le dejé que mirara las fotos. Carlos era fuerte, más o menos como yo, misma altura y bien parecido. En eso me ganaba. Comencé a acariciar el coño depiladito de mi mujer y ella sonrió.
-Está buenorro, ¿eh?
-Mmm… sí, sí que lo está.- Dijo sonriendo.
Le mostré fotos de su mujer, cuerpo de gimnasio, buen culo, guapa.
-Anda, la de veces que te habrás pajeado viendo este culo.-Me dijo gimiendo. Mis dedos se introdujeron en su vagina húmeda.
Ella se detuvo en una foto de Carlos y su mujer haciéndose un selfie en la playa. Él estaba encima de ella y sonreían.
-¿Te excita esta? ¿Te estás imaginando ser tú la que está debajo?
-¿Te gustaría que lo imaginase?
Respondí que sí y comenzó a decirme que podía sentir su polla queriendo entrar en su coño. Estaba dispuesta a dejar que lo hiciera allí, a mi lado. Me puse encima de ella, le aparté el tanga y se la metí entera.
-Oh, sí, sí,mmm… la tiene durísima joder…mmm
Ella miraba las fotos y gemía como una loca mientras yo no paraba de bombear su coño.
-Puta… te gusta cómo te folla para mí, perra.
-Joder, si, sí…mmm…
Me tumbé boca arriba y ella se montó encima cabalgándome mientras sostenía el móvil e iba pasando fotos.
-Puto, está buenísimo. Mmmm
Siguió cabalgando pero con más fuerza, mordiéndose los labios, moviendo las caderas adelante y atrás, a los lados hasta que hizo que me corriera dentro de su coño. Cayó encima de mí y le chupé los pezones. Ella cogió la almohada, se puso encima y comenzó a frotarse con ella mientras yo le pasaba fotos. Se corrió bien agusto y continuó masturbándose al ponerse boca arriba. Bien abierta de piernas. Se metía los dedos, se follaba el coño con fuerza, luego se masajeaba el clítoris hasta que volvió a correrse.
Al día siguiente, Carlos y yo nos quedamos solos en el gimnasio y en la ducha le conté lo que había pasado anoche. Se excitó tanto que me hizo contarlo de nuevo mientras se pajeaba. La tenía bien agarrada con la mano derecha y se la movía fuerte arriba y abajo. Luego cogió la esponja, la dobló alrededor de la polla y simuló que era el coño húmedo de mi mujer. La leche salía a borbotones de su polla. Le dije que teníamos que hacer algo. Ideé un plan y se lo expliqué. Estuvo muy de acuerdo. Al llegar a casa le expliqué a mi mujer lo que había pasado en el gimnasio y se excitó. Se reclinó sobre la mesa y me pidió que la follara por detrás y que pensara en la mujer de su amigo. Así hice mientras miraba fotos de ella. Ese culazo duro, mi polla dentro y ella gritando, insultando, gimiendo como una puta. Así la quería follar y mientras mi mujer diciéndome que le diera duro a esa zorra. Comencé a darle azotes en el culo y me corrí dentro a la vez que decía el nombre de la mujer de mi amigo seguido de un puta, zorra.
La saqué y mi mujer se quedó reclinada. Vi sus dedos frotándose el coño y dejé que se masturbara en esa posición. Fue excitante verla masturbarse así, como si estuviera esperando a que viniera alguien a clavársela de nuevo por detrás. Seguro que si en ese momento hubiera aparecido Carlos no le hubiera importado que se la follase.
Llegó el viernes por la noche. La mujer de Carlos había salido de cena con las amigas. Mi mujer bajo al súper a por una botella de vino y nos la acabamos cenando. La llevé a la habitación y le dije que se desnudara. Ella me vio con unas esposas y una cinta negra.
-Uy, muchas 50 sombras de Grey has visto tú…
-Carlos me dijo el otro día que a su mujer le excitaba mucho que la atasen, así que he pensado que podríamos probarlo.
A ella le pareció bien, así que la esposé con las manos atrás y le puse la venda negra en los ojos. Se tumbó boca arriba y comencé a acariciarla suavemente. Ella se estremecía y gemía, sobre todo cuando llegaba a la zona del clítoris. Luego comencé a besarla, el cuello, la boca, las tetas. Estaba excitada, nerviosa por el silencio. Le abrí el coño y se lo lamí de arriba a abajo. Se lo follé con la lengua y los dedos. Ya lo tenía empapadísimo. Gemía mucho, estaba muy excitada, ya no aguantaba más y me pidió que la follase. Esa fue la señal. Carlos, que había subido cuando mi mujer fue a comprar, salió de debajo de la cama, desnudo y con la polla ya dura después de haber estado escuchando. Yo me aparté despacio, él se puso encima de ella y comenzó a acariciar su clítoris con la polla.
-Métela ya, joder, métela…mmm ¡Fóllame, cabrón!
Se la metió y ella gimió.
-Dale, dale, cabrón…mmm… me gusta…ohhh!
Aumentó el ritmo y ella cada vez estaba más excitada. Fue el momento en el que me acerqué y le quité la venda de los ojos. La expresión de su cara fue impagable. De repente se quedó congelada por un momento, mirándome, queriendo deshacerse de las esposas sin conseguirlo, queriendo quitarse de encima a Carlos, sin conseguirlo, mientras el seguía dándole duro. Yo estaba grabando todo y ella sabía que no nos íbamos a detener.
-Putos, cabrones…mmm…oooh… fóllame duro, perro. ¡Dale, joder!
Carlos me miró excitadísimo y la abofeteó. Lo que la excitó mucho. Me miró y gimió. Fue una mirada de placer, estaba disfrutando de la situación. Yo seguía grabando todo. La polla de Carlos hundiéndose hasta el fondo, los gemidos de mi mujer. Carlos la puso a 4 patas, le azotó varias veces el culo antes de metérsela hasta el fondo. Yo me puse delante y le ofrecí mi polla para comer. Acerqué el móvil a su boca para tener un buen plano de mi polla entrando en su boca. Carlos le agarró de las muñecas esposadas y le dio más rápido, lo que excitó mucho más a mi mujer que acabó corriéndose con mi polla metida en su boca, pero Carlos no paró, continuó más rápido hasta que se corrió dentro de ella, al poco vi a través de la pantalla del móvil mi leche cayendo por la boca de mi mujer. Carlos tenía la polla sobre el culo de mi mujer, aún palpitante. Le quitó las esposas y se quedó tumbada boca abajo, como con vergüenza.
Después se vistió y mirando a mi mujer desnuda, boca abajo, me miró sonriendo, guiñó un ojo y se fue. Ella se quedó inmóvil, sin decir nada. No me miró. Arqueó un poco las caderas y comenzó a masturbarse. En aquel momento supe que lo había disfrutado y que, seguramente, habría más momentos como éste. El vídeo lo utilizamos para recordar el momento y darle gusto al cuerpo. Ahora sólo queda hacer algo parecido con la mujer de Carlos.

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