Un precio muy alto (1)
Conocí a la hermana de mi concuño Abel. La desee desde el primer momento y un día, con su ayuda logre cogérmela, a cambio, el maldito de mi concuño terminó cogiéndose a mi esposa. .
Me llamo Ivan, ahora tengo 27 años. Mi mujer se llama Gabriela, es un año menor que yo, de complexión, es bajita de estatura con un cuerpo exquisito sin tantas curvas, pero si bien formada. Nos casamos hace 3 años, y acabamos de tener a una linda bebita
Por otro lado, Abel es el marido de mi cuñada Paola, es decir, la hermana de mi mujer. El tipo ronda los 35 años y desde que lo conocí me cayo mal, por mal hablado, hosco, machista. De los tipos que siempre esta tomando cervezas hablando de futbol o de cosas con doble sentido.
Desde que lo conocimos ya hace algunos años, ni Gaby ni yo comprendíamos porque mi cuñada Paola siendo tan bonita había elegido a un tipo asi como marido, y más cuando nos dimos cuenta que además de todo lo anterior, Abel coqueteaba con cuanta mujer se le cruzaba. Mi mujer muchas veces intento hacerle ver a su hermana que Abel no le convenia, pero como resultado, ellas terminaron peleadas.
En fin, cada quien seguía con vida, pero ya casi 2 años, las cosas dieron un giro. Mis suegros organizaron una cena familiar por motivos navideños y entre los invitados, Abel llego con una invitada, su hermana Brenda, de uno 17-18 años. No era la chica mas bonita ni de cara de ni cuerpo, pero tenia algo que a mí me atrajo a primera vista. Llevaba un vestido color beige bastante corto, escotado y provocativo que incluso incomodó a más de un invitado. Era difícil no mirarla y esa fue mi perdición, si bien mi mujer no noto las furtivas miradas que yo le diría a Brenda Abel si se dio cuanta y ya entrada la noche, me descubrió mirándola.
-si no fuera mi hermanita, por dios, que ya la hubiera pasado por las armas_ hablo de golpe a mis espaldas
El susto que me dio al descubrirme me saco de estupor. Intente disculparme, pero el continuo.
-ya, ya, hombre, no pasa nada. No hay nada de malo en mirar, y es que mi hermanita esta como para alzarle ese vestidito_ dijo sin ningún respeto_ y tiene un noviecito tan enclenque que de seguro ni siquiera sabe satisfacerla.
Aquella noche no paso nada, excepto que me sentí bombardeado por Abel con sus comentarios. En aquella cena navideña mi mujer y su hermana limaron ciertas asperezas y por en ende a partir de ese momento comenzamos tener más cercanía con mi cuñada Paola, y por ende con Abel y su hermanita. Yo seguía sintiendo esa extraña atracción hacia esa chica, me gustaba su voz, sus gestos, su cuerpo de jovencita y para rematar siempre que la veíamos o llevaba una minifalda, un shorcito o un minivestido. No era enamoramiento lo que sentía, mas bien un deseo meramente sexual.
Un día, en casa de mi cuñada, las miradas que muchas veces le dirigí a escondidas, tuvo respuesta, Brenda me miro, me sostuvo la mirada y luego creí ver que me sonreía, desvié la mirada, pero de ahí cada que la miraba descubría que también me sonreía coqueteando conmigo. No debí entrar en ese juego, pero lo hice sin darme cuenta y no paso mucho para que tuviéramos el primer contacto, un saludo, un comentario, un simple cruce de palabra. Ahí me di cuenta que realmente me coqueteaba, lo peor fue que Abel me descubrió, tenia ese don de aparecerse y sorprenderme. Primero fue un comentario, luego un consejo y finalmente algo directo y crudo.
-si quieres, te puedo ayudar para que te veas a solas con mi hermanita… en mi casa_ propuso de golpe
-no, no, no como crees_ dije con miedo
-en serio, tengo trabajo pendiente en la casa y ocupo ayuda… una tarde tu vienes a ayudarme, pero resulta que yo no estoy, pero mi hermanita si… solita… esperándote… y en minifalda… lo demás dependerá de ti… ¿Qué hay de malo en eso? Nada, una simple casualidad.
Desde luego que no acepte a la primera, pero su propuesta me carcomía cada que lo pensaba. Amaba a mi mujer, la adoraba y sin embargo, Brenda me causaba una obsesión enfermiza. Para no hacer el cuento largo, una noche simplemente acepte lo que Abel me proponía. Desde ese momento sentí como si acabara de firmar un cheque en blanco con el diablo, porque Abel no pedía nada en ese momento, pero si sabia que nada en este es mundo es gratis y que en algún momento tocaría pagar el favor.
Los días corrieron y parecía que nunca se daría la oportunidad, hasta aquella noche, recibí la llamada de Abel pidiéndome ayuda para hacer unas reparaciones en su casa, se aseguró de que mi mujer lo supiera para que no sospechara. Y así, unos días después y con un nerviosismo a tope llegue a casa de Abel. Tal como lo había prometido, Brenda salió a recibirme con un vestido muy corto que se le veía exquisita, charlamos un par de minutos y creo que yo jamás habría tenido le valor de tomar la iniciativa de proponerle algo, fue ella la que al verme indeciso sin saber que hacer, tomo el mando, se me vino encima con franco deseo sexual.
Ya iba excitado, pero cuando la tome por la cintura mi pene casi reventaba de lo duro que la sentía, sin mas nos fuimos arriba, a la recamara de Abel y mi cuñada. Aunque hubiera tenido todo el tiempo del mundo yo actuaba desesperado, quería tenerla, sentirla, saciarme de su cuerpo. Nos fuimos la cama y entre las prisas, los nervios y la excitación, avanzamos rápido, le quite el vestido y el brassier dejando a mi vista y tacto un cuerpecito que me ponía a mil, en menos de 5 minutos ya me colocaba un condón para penetrarla, caso temblaba de excitación y entonces me coloque entre sus labios vaginales y lentamente me deslice dentro de ella, esperaba sentirla estrecha, después de todo era jovencita, no fue así, resbale dentro sin problema alguno, estaba mojadisima y jadeo cuando se lo meti por completo. Luego me rodeo con sus piernas y me abrazo entregándose a mi entregándose gimiendo entrecortado.
Estaba muy mojada y yo entraba fácilmente sin tanta fricción, creo que eso mismo me hizo durar mucho más porque por más que me movía y me movía, me faltaba ese plus para correrme, ella hacia gestos gimiendo y entre esos gemidos la piel se me puso chinita cuando me empezó a susurrar:
-aaahhh no sabes cuanto te deseaba papacito… aaaahhh cógeme… aaahh soy tuyyaaa… aaahh cógeme papacito
Yo me sentía el rey del mundo y entonces, le di la vuelta agarrándola de perrito creyendo que con ella si podría hacer esa posición sin problema, pero me paso lo mismo que con mi mujer, y es que la posición perrito nomás no se me daba como mi mujer.
Siempre pensé que era mi mujer la que no sabía acomodarse en la cama, porque cada que intentaba darle, apenas me movía un poco mi pene se salía, por lo mismo, luego de un tiempo desistí de intentar esa posición con mi mujer. Esta vez con Brenda crei que se seria diferente, ella se inclinó en la cama y levanto el trasero recostándose boca abajo, yo me coloque por detrás y me enfile para penetrarla y cuando lo hice logre moverme un poco, pero no como yo quería, porque al igual que siempre, mi pene salía y resbalaba fuera, cada que intentaba acelerar para golpetear su trasero, mi pene resbalaba fuera.
Tuve que resignarme de nuevo a continuar con misionero o ella montándome. Por momentos me parecía que ella exageraba sus gemidos y sus gestos, no niego que era un verdadero placer cogerme a tan linda jovencita, pero como dije, me faltaba es plus para correrme, no se cuánto dure, 10, 15 o 20 minutos hasta que por fin sentí que me venia el momento, se me nublo la vista del placer cuando comencé a inundar el condón con mi semen. Y luego, como siempre pasa, me llego de golpe la realidad, la culpa, la incomodidad, y también unas palabras de consuelo por parte de ella.
-mgh estuviste increíble, estuvo riquísimo_ me dijo agitada y no sabía si lo decía sinceramente o por lastima
Dude que fuera cierto, quizá lo decía para consolarme, en fin, salí de ahí sintiendo como si hubiera dejado parte mi hombría y mi dignidad. Regrese a mi casa donde mi mujer ni sospecho que yo venia de coger con otra mujer.
Ahora que ya me había saciado con Brenda de algún modo ese deseo enfermizo disminuyo. Corrieron unas semanas sin novedades y bueno, creí que Abel jamás pediría un favor a cambio.
Una noche cenamos en casa de mis suegros, ya casi era una costumbre, cenar en familia cada dos meses aproximadamente. En esa ocasión, estaba un tío de mi mujer, era fumador y me ofreció un cigarrillo, yo no fumo normalmente, pero se lo acepte por cortesía. Subimos a la azotea para fumar platicando y luego no recuerdo ni porque me quede solo en la azotea, estaba dando unas caladas a mi cigarrillo cuando escuche ruidos por el lado del pasillo. Camine sin prisa para asomarme:
-… déjame en paz o te juro que se lo contare a mi hermana_ decía mi mujer con cierto enojo y en voz baja. Me percate que discutía ni mas ni menos que con Abel.
– ¡ho! ¡Ya sé lo que pasa! ¡estas celosilla! _ dijo Abel en tono burlón y yo no comprendía lo que pasaba.
-ja, ja, ¡estás demente! _ le dijo mi esposa e intento avanzar dentro de la casa, pero Abel la detuvo atravesándose.
-¡es eso! ¡estas celosita de Amalia! _ dijo sonriendo como un imbécil
– ¡tu estás loco! ¡no sé cómo mi hermana está con alguien tan nefasto como tú! _ le dijo ella con coraje intentando pasar.
– ¡es porque la tengo muuuuy satisfecha… y te lo puedo probar! _ escuche que le dijo de pronto y sin más aprovechando que mi mujer luchaba por pasar, Abel la arrincono hacia la pared.
-¡Abel… nooo…. Mmgghh… suéltam-mmggghh…. Mggghhhh….
Desde la azotea de donde yo observaba, me estorbaban las ramas de un árbol para ver con claridad, aun así, pude distinguir que intentaba besarla o que la besaba a la fuerza. En un segundo sentí el impulso de gritar o de salir corriendo para ayudar a mi mujer, pero detuve en el siguiente segundo, pues si armaba un escándalo mi desliz con Brenda podría salir a la luz. Se escucharon ruidos y la voz agitada de mujer suplicando
-mggh suéltame, mmggh noo_ escuche que mi mujer forcejeaba
-siente como me tienes cuñadita_ le dijo y cuando avanzaron un paso, me estremecí al ver que Abel tenía sus manos sobre las nalgas de mi mujer, la tenia bien agarrada y la apretaba y la estrujaba contra su paquete que ya debía estar endurecido, buena parte de su falda estaba alzada mientras ella luchaba intentando quitarse esas manos de encima.
-mmmg nooo… suéltame… mmfffhhh… alguien puede venir_ la escuché decir.
Sin duda estaba luchando, pero muy débilmente. Pudiendo golpearlo, morderlo o arañarlo, solo suplicaba ingenuamente. Abel se inclinó para intentar besarle el cuello y seria por inercia, pero vi que mi mujer arqueo su cuerpo hacia atrás permitiendo que Abel comenzara a acariciarle las piernas, vi sus manos subiendo por las piernas de mi esposa una y otra vez.
Había sucedió tan rápido que no supe en que instante mi mujer cedió y se dejaba manosear. Abel busco la cara de mi esposa y yo sentí que mi pulso se detenía cuando me llego el sonido acuoso que se escucha cuando dos bocas se comen con intensidad. Honestamente sentí como si un hierro ardiente se clavara en mi estomago al ver que mi mujer se besaba con su cuñado, no solo eso, las manos de Abel avanzaban por su cuerpo, casi la oi gemir de placer
Abel quise arrinconarla un poco más y entonces, se escuchó un sonido, seguido de un quejido ahogado, Abel se doblaba al tiempo que mi mujer salía corriendo hacia dentro de la casa reacomodándose la falda y la blusa, no vi cómo ni donde, pero lo había golpeado.
Yo seguía en shock con una rabia extendiéndose por mi cuerpo, y entonces pensé, este es el precio, el infeliz me puso a su hermana en charola de plata a cambio de seducir a mi mujer, claro que él nunca lo dijo abiertamente porque sabía que yo jamás aceptaría.
Me quede un instante más en la azotea, temblando sin saber que hacer, y cuando baje a la sala, me tuve que tragar lo que sentía cuando mi mujer vino a mi lado, sus manos temblaban de nervios, su cara estaba sonrojada y yo hice esfuerzos para no ir sobre Abel que también regresaba desde otra entrada. Venia junto a mi cuñada riendo y tomando de su cerveza.
Me dirigió una mirada de triunfo y no era para menos, acababa de darle una manoseada a mi mujer casi en mis narices. Incluso si yo lograba detener lo que pretendía, eso ya no borraba lo que acaba de pasar, el tacto de sus manos sobre las piernas y las nalgas de mi mujer, esa satisfacción de haber hurgado bajo la falda de su cuñada eso ya nada se lo quitaría.
Ya en la madrugada cuando regresamos a la casa mi mujer seguía como pensativa, como ida, intente intimar con ella pero se negó sin mayor tramite, no era algo nuevo, cuando le bajaba la regla, cuando estaba de mal humor o cansada, hacia lo mismo, solo que esta vez estuve seguro que fue por lo que paso con Abel. Me quedaba claro que ella me amaba y debía estar confundida por lo sucedido con Abel. Y yo estaba peor, decepcionado, dolido, y también arrepentido, nada de eso estaría pasando si no hubiera caído en la tentación con Brenda. Aparte de eso no podía dar crédito que mi mujer sintiera, aunque sea una pizca de deseo por un tipejo como Abel que ni siquiera era guapo. Mucho he oído que del odio al amor solo hay un paso, aunque en este caso, yo estaba seguro que no era amor, era deseo, y eso me hacia explotar la cabeza.
Pasaron unos días y Abel llego a mi casa con un pretexto, venia con Paola, ahora que sabia de sus intenciones, espere el momento y cuando se dio lo abordé y fui directo
-quiero que dejes en paz a mi mujer_ le exigí reuniendo valor.
– ¿dejarla en paz? ¿de qué hablas? _ pregunto haciéndose el tonto
– no te hagas el tonto, sé que la estas acosando_ le aseguré, aun quiso hacerse el desentendido, pero finalmente confeso.
– me parece que es un intercambio justo… ¡hermana por esposa! _ dijo con burla dejándome y agrego_ tú ya te cogiste a mi hermana y a cambio, yo me voy a coger a tu mujercita… a mi cuñadita… aunque esperaba que no te enteraras.
– ¡eso jamás! ¡Gaby jamás se enredaría contigo_ le dije con seguridad como si no supiera lo de aquella noche
– jajaja si tanto confías en ella… ¿a qué le temes? _ me dijo espetó
-solo déjala en paz_ le dije y quise dar por terminada la plática pero el me detuvo
-esta bien… pero entonces… le diré a todos lo tuyo con mi hermana… ¿sabes?… está embarazada, puede que él bebe sea tuyo_ me dijo y yo palidecí de golpe, en un instante hasta se me olvidaba que había usado condón. Me repuse y repliqué.
-si eso es verdad, él bebe no es mío_ dije con tranquilidad por fuera, pero con mucho miedo por dentro.
-jajaja me da igual de quien sea, pero si quieres que guarde tu secretito… vas a hacer como que no sabes que estoy seduciendo a tu mujer… si realmente te ama me va a rechazar y te aseguro que yo no la voy a obligar a nada.
Me di la vuelta sin saber que decir, me sentí acorralado y para colmo de males el motivo de su visita era para invitarnos a su casa para festejar su cumpleaños que se celebraría dos semanas. Yo sabía que entre más nos frecuentáramos, el riesgo de que mi mujer cayera en sus redes crecía de manera exponencial.
En esos días nomas no veía la salida, y ya desesperado, lo busqué e intenté persuadirlo, le ofrecí dinero, le ofrecí alguna otra cosa y no quiso nada más. Abel solo quería una cosa, cogerse a mi esposa, me lo dijo tal cual, me dijo que, para él, era una especia de venganza por que, desde siempre, mi mujer le aconsejaba a su hermana para que lo abandonara.
-me quiero coger a tu esposita para callarle la boca de una vez por todas, a ver si después de tener mi verga dentro sigue echándome tierra, le voy a probar que por mucho que me odie y me deteste… le voy a dejar la rajita rezumando de mi leche… porque eso sí… ni loco voy a usar condón con ella jajaja… espero que estén planificando porque te la voy dejar bien rellenita de verga y de leche.
Aun quise ponerme agresivo no tenia el valor, aun me mostré altanero y me aferre a la idea de que mi mujer no cedería, por dentro, ya me sentía resignado, no me quedaba de otra y cuando dijo lo del condón yo le dije con seguridad.
-entiende que Gaby jamás se acostaría contigo y mucho menos sin protección_
-Bueno, eso ya lo veremos…

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