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Infidelidad, Intercambios / Trios

Un precio muy alto (2)

Continuación…
En los siguientes días mientras se hacían los preparativos de la dichosa fiestecita, aunque me costaba y me dolía reconocerlo, termine de comprobar que mi mujer realmente sentía deseo sexual hacia Abel. Quizá era un deseo similar al que yo sentía por Brenda, solo que nacido de una manera diferente, en mi caso, Brenda me gusto desde el primer instante en que la vi mientras que, en mi mujer, de alguna manera que a la fecha no alcanzo a comprender, el odio y desprecio que sentía hacia Abel en algún punto se convirtió en deseo, aunque me daba cuenta que mi mujer seguía sintiendo ese desprecio también despertaba deseos puramente sexuales.

Como dicen, no hay fecha que no llegue ni deuda que no se pague y dos semanas después estábamos en una quinta que habían rentado a las afueras la ciudad, era enorme, tenía alberca, jardín, sala etc. No podía faltar la música, cervezas y comida. Todo transcurría más tranquilo de lo que yo esperaba. Abel parecía mantenerse a raya y es que con tanta gente alrededor pensé que sería imposible que Abel y mi mujer se quedaran solos, pues además de la familia, había amigos de Abel, de mi cuñada etc. Etc.

Pero los imprevistos siempre pasan y a eso de la 1am, me pidieron que acompañara a mi suegro y otras personas, para traer hielos y más cervezas. No hubo manera de negarme porque yo era de los más sobrios, no había tomado casi nada para no cederle terreno a Abel en las intenciones que tenía.

A regañadientes salí con el grupo hacia la tienda más cercana que estaba como a 5 o 10 minutos ya entre ida y vuelta, para mi buena o mala suerte la tienda ya había cerrado, y la siguiente opción era llegar a la ciudad, pero entre ida y vuelta fácilmente haríamos de entre 30 y 50minutos. Como ya sabrán le avisaron a Abel y luego todos se pusieron necios en ir hasta la ciudad por más cervezas, yo no quería alejarme tanto tiempo pues sabía que era justo lo que Abel quería, me negué y entonces uno de los muchachos me quito la llave y se ofreció a manejar, pero entonces yo tendría que regresar caminando. Sin más opción encamine de vuelta por las calles de terracería casi corriendo.

Unos 15 minutos ya estaba de regreso a la quinta, como iba agitado me quede afuerita, me asome dentro y vi que todo seguía igual que cuando me fui, unos bailaban, otros bebiendo en sus mesas, otros más ya dormitando y algunos niños estaban en la alberca.

Apenas me cruce con mi cuñada le pregunte por su hermana, pero desentendida me dijo que debía estar en el tocador o dentro de la sala, mi cuñada también estaba bebiendo, pero estaba muy al pendiente de sus niños que estaban en la alberca, no se movía de la mesa más cercana a la alberca. A primera vista tampoco ubique a Abel y un escalofrió me recorrió. Me dirigí al baño de hombres y allá tampoco estaba. No quería parecer desesperado y por eso pregunte a uno que otro, sobre el paradero de Abel, siempre de manera tranquila y discreta, nadie lo había visto.

Uno de los niños seguramente me escucho preguntar y entrometiéndose me dijo con inocencia

-hace rato vi que llevaba unas ollas hacia allá_ dijo señalando al fondo de la quinta, era un área que estaba en construcción.- ¿solo? _ le pregunte de inmediato.

-mm… sí_ me dijo desentendido, pero otro niño que se acercaba agrego_ creo que le andaba ayudando a una señorita de vestido floreado.

Al oírlo quise salir corriendo ya que mi mujer justo esa noche usaba un vestido primaveral de color oscuro y estampado floral. Disimulé mi prisa, pero al más mínimo descuido me dirigí hacia el patio y luego doble hacia aquella área en construcción.

El área tenía poca iluminación, había madera y escombros por todos lados, avance sin mucha precaución había unos cuartos en obra negra, y yo avance hasta llegar a una puerta, era un cuarto que parecía terminado, gire la perilla, pero tenía seguro, avance otro pasillo más llegando hacia un área sin salida, regrese de nuevo y avance por un pasillo reducido, estaba lleno de basura y olía muy mal, evidentemente muchos iban a orinar ahí y quizá a hacer otras cosas cuando los baños se saturaban.

Pasando el pasillo había un patio trasero y tres puertas, me dirigí a la primera, pero antes de llegar me detuve en seco porque desde la ventana más cercana me llego un sonido nítido y muy fácil de reconocer, era un gemido de mujer, apenas me acerque escuche susurros, era una voz ronca y una voz aguda mezclándose con jadeos. La ventana estaba entreabierta, cubierta solo con una cortina vieja.

Dentro estaba oscuro, pero con la iluminación que entraba por las grandes ventanas se veía lo suficiente y cuando me asome despacio quise que la tierra me tragara ahí mismo. Realmente es imposible de describir lo que siente ver a la mujer que amas con otro hombre, estaban arrodillados sobre una cama improvisada, abrazados totalmente desnudos mientras Abel inclinándose un poco le comía las tetas y luego se besaron con intensidad.

Respiraban sumamente agitados como si acabaran de correr un maratón. Yo estaba petrificado viendo como se besaban. Las manos de Abel se aferraron a las nalgas de mi mujer y lentamente le hizo dar la vuelta. Mi mujer se dejó guiar colocándose en la cama en posición perrito, apoyo sus manos en el colchón, pero Abel le susurro pidiéndole que se inclinara más en la cama, que se apoyara con los codos, quedando con su cola levantaba. Nunca lo hubiera esperado, pero sin pretenderlo mi pene reacciono en un instante. En esa posición mi mujer se veía riquísima, su cinturita, sus nalgas, sus piernas, su pelo regándose, sus tetas. Mi pene palpitaba al verla.

Detrás de ella estaba Abel, desnudo y preparándose. Se coloco detrás de mi mujer acariciándole las caderas, desde donde los observaba y con la poca iluminación no se podía ver mucho, sin embargo, supe que esa mano de Abel entre los dos cuerpos, era para guiar y colocar su pene que ya hurgaba entre los labios vaginales de mi Gaby, debió frotar la cabeza de su pene sobre la raja de mi esposa y ya enfilado quito su mano, la tomo por las caderas y lentamente empujo hasta que la pelvis y nalgas de mi mujer chocaron, se escuchó un gemido ahogado que inundo la habitación. Abel se quedó dentro de mi mujer mientras le acariciaba las piernas y las caderas.

-uuffggh estas bien apretada cuñadita_ escuche que le murmuraba con una voz cargada de excitación.

No sabia si era la primera penetración o ya estaban cogiendo antes de que yo llegara, pero lo que si sabía era que la verga de Abel estaba bien adentro de mi esposa, se lo estaba clavando hasta el fondo, el infeliz estaba sintiendo la calidez de esa rajita que hasta ese día solo yo había disfrutado, mi mujer nunca había estado con otro hombre, yo era su único hombre y en un altar juro que así seria de por vida, pero llego Abel, y con su verga hizo pedazos esa promesa. Ya no había marcha atrás, su verga estaba dentro, “estas bien apretada” le había dicho con una voz llena de excitación.

No sé qué sentía, pero yo estaba temblando con la garganta seca, mi corazón latía errático, acelerándose y a la vez queriéndose detener. Abel comenzó a moverse despacio, se salió un poco y arremetió haciendo que mi mujer gimiera entrecortado, repitió el proceso haciendo que se oyeran mas gemidos, entraba y salía con ritmo.

-mmgh dios cuñadita… estas bien estrecha_ volvió a murmurar Abel aferrándose a esa cinturita

Mi pene reaccionaba dentro de mis calzoncillos y a la vez derrame algunas lagrimas de dolor. El infeliz lo había logrado, se estaba cogiendo a mi mujer, y al poco rato, la pelvis chocaba contra el trasero en clara señal de que la verga entraba completamente, la escena era brutal y los gemidos que mi Gaby emitía eran auténticos, nunca me había sentido acomplejado de mi verga hasta ese instante. Cuando estaba con sus amigotes, Abel siempre se jactaba de tener una verga grande, gruesa y cabezona. Sentí escalofríos pues de ser cierto, mi mujer debía estar sintiendo la diferencia de tamaños.

Poco a poco Abel iba cada vez más rápido, y esa mezcla de dolor, envidia, miedo y placer que yo sentia se multiplico. Vi como mi mujer se retorcía aferrándose a las sábanas, como si quisiera huir gateando hacia el frente, Abel la jalaba hacia su cuerpo golpeándola, arremetía con más rapidez haciendo que se escuchara típico sonido de golpeteo. Yo nunca había podido cogérmela así, de perrito, muchas veces lo intentamos y no pudimos.

En ese momento comprendí que si Abel podía moverse con total libertad era porque realmente tenía una verga grande que podía moverse dentro y fuera sin salirse. Ya lo había leído en alguna parte, que, si el pene era chico podía estarse saliendo a cada rato, solo que yo me aferraba a la idea que simplemente mi mujer y yo no sabíamos adaptarnos en la cama.

De pronto el golpeteo de pelvis se intensifico, el típico sonido de aplausos, chac, chac, chac se escuchaba mientras Abel arremetía sujetando a mi mujer por la cintura, impulsándose para machacarla por detrás, y entonces, mi mujer levanto la cara expresando junto con un chillido.

-a- a-aa-aaaayyyy Abel que rico se siente!… aaaaaaaahhhhhhh… aaaaaayyy Abel siento riquísimo… aaaahhhhhh

Senti tipo un escalofrió que me recorrido de pies a cabeza al oír su voz distorsionado de placer, mi pene palpitó dentro de mis calzoncillos al oir a mi esposa expresándose así. Ella jamás se había expresado así en la intimidad. Es verdad que estaba algo ebria y siempre que lo estaba, se mostraba más receptiva en la cama, mas desinhibida, pero en ese momento era como si estuviera transformada en otra mujer

-mmggh te dije que te iba a coger bien rico y tu tanto que te resistías _ le respondía Abel sin parar de moverse.

-aaaaahhhh… al fin lograste lo que tanto querías_ escuche que ella le respondia.

-uuuy ssiii cuñadita… al fin eres mía_ le dijo con su voz entrecortada de placer

La envidia se apodero de mi como nunca antes solo de imaginar el placer que debía estar sintiendo Abel de estarse cogiendo a su cuñadita, como el mismo lo decía. Estaba enterrando su verga hasta el fondo. De pronto se hizo una breve pausa y mientras recuperaban la respiración mi mujer hablo.

-mmgghh ¡ya-a ponte un condón! _ le dijo agitada, con una voz angustiosa y suplicando.  Claramente oí que le pedía que se pusiera condón, y eso solo significaba que el infeliz la había convencido de coger a pelo, sin protección.

Comprendí al instante lo que pasaba, era algo que nosotros hacíamos cuando de plano nos ganaba la calentura, iniciábamos a coger sin preservativo, como una manera de disfrutarnos plenamente, para tener mayor intimidad, para sentir esa conexión intima que solo se siente cuando el roce es piel con pie y los fluidos se comparten. Era algo que rara vez hacíamos, solo cuando estábamos muy excitados, lo hacíamos por unos momentos y cuando se acercaba el riesgo de que yo no pudiera controlar mi eyaculación, mi Gaby me obligaba a salirme y ponerme un condón para continuar con protección hasta el final.

Me dolió muchísimo escuchar que mi Gaby estaba llevando a cabo esa práctica tan nuestra e íntima con Abel. Me invadió una rabia, tristeza y una decepción inmensa escuchar que mi esposa se había dejado penetrar por Abel sin condón, porque el día que consultamos con una doctora, había sido muy clara, llevar a cabo esa practica reducía un poco el riesgo de embarazo, pero solo un poco, sabíamos que siempre existía el riesgo de un embarazo y lo aceptábamos, pero ahora, ese mismo riesgo lo estaba corriendo con Abel, riesgo de que el infeliz la dejara preñada, sin contar que con lo mujeriego que era podía contagiarla de algo. Era evidente que Abel no iba a ceder.

-uuffff mejor así cuñadita… así yo te siento y tú me sientes más rico_ le propuso el infeliz entre jadeos.

-aaaggghhh mejor ponte un condón… mmmgghhh… ¡no quiero quedar embarazada! _ suplico mi mujer

-oogh anda… relájate y disfruta… mgh te juro que no pasa nada_ le dijo y la abrazo por detrás tomándola por las bubis, ella respondió algo pero con el ruido que hizo la cama y los jadeos no logre entender, lo cierto es que pareció resignarse porque no insistió en que Abel usara protección, Abel seguía dentro de ella y así continuo, a pelo. Abel me había jurado que le dejaría la concha rezumando de su semen y ahora ya no me quedaba duda que realmente lo haría.

Abel la abrazó por detrás y con sus manos se aferro a sus bubis, continuo moviéndose y poco a poco el golpeteo de pelvis volvió a oírse junto con los gemidos de mi mujer, inhalaba y exhalaba como si le faltara el aire como si estuviera ahogándose, arañaba las sabanas con fuerza y luego se agacho en la cama hasta clavar su cara en unas almohadas, chillaba de placer mientras que Abel ahora la sujetaba por las caderas impulsándose, la vi temblar ahogando sus gritos en la almohada. Me quedo clarísimo que acaba de llegar un orgasmo increíble y justo en la posición perrito. Posición que jamás había experimentado conmigo.

Espere que hicieran una pausa mas no fue así, Abel empujo a mi Gaby hacia el frente haciendo que se recostara boca abajo sobre la cama, luego él repto sobre ella, masajeo sus nalgas con fuerza luego le tomo ambos glúteos separando las nalgas para dejar expuesto su rajita y ahí se dirigió para penetrarla, se recostó sobre mi Gaby y continúo haciendo su faena, bastaron unos pocos movimientos para que mi mujer gimiera de nuevo, vi como se aferraba con fuerza a las sabanas  y luego flexiono las rodillas, pataleando varias veces de manera ridicula, y con su voz quebrada de placer la escuche decir

 

– aaaaagghhh me vengo…. aaaaay queee ricooo… aaaaahhhh me vengo…. A-A-AA-AAAAAAHHHHHH_ expreso dos o tres veces seguidos exhalando de placer anunciando que se corria y luego fue un grito de placer el que emitio antes de clavar su cara en la almoada. Pataleaba flexionando la rodilla una y otra vez.

– ¡mggh que rico aprietas… uuufgg córrete cuñadita_ Le decía Abel mientras se movía despacio empujando sus cuerpos contra las nalgas de mi mujer. Se lo estaba clavando desde atrás y hasta el fondo. De nuevo espere que ahi terminara pero apenas unos segundos después Abel retomo el ritmo

Mi Gaby ahogaba sus gemidos en la almohada y el ritmo volvió a intensificarse, la cama rechinaba y rechinaba. Finalmente hicieron una pausa para respirar y mientras Abel le masajeaba las nalgas ella hablo:

-mgh júrame que nadie sabrá que me acosté contigo_ escuché que le pedía

-te lo juro… será nuestro secretito_ le respondió recostándose sobre mi mujer

De pronto y de manera abrupta Abel dejo de moverse e hizo que mi mujer se diera la vuelta para quedar boca arriba, maniobraron juntos y  Abel se coloco arriba, entre sus piernas y de nuevo fue a rellenar esa rajita con urgencia. Vi como mi Gaby lo abrazo entregándose a Abel, su cuñado, el marido de su hermana. Unos momentos después Abel tomo las pantorrillas de mi mujer y engancho para llevárselos a su hombro, ella coopero y amoldo el cuerpo curveándose dejando que Abel comenzaba a montarla. Chillo cuando sintió la verga hasta el fondo y exhalo con fuerza. Los gemidos aumentaron, pero esta vez también Abel resoplaba entrecortado, bufaba roncamente y no tenia que ser adivino para saber que se encarrilaba a terminar, mi Gaby también lo supo en instantes.

-mmg nooo Abel_ susurro débilmente diciendo su nombre.

-o-oogh siii Gaby_ le respondió

-nooooo Abel…te lo suplico… aaggg… !me vas a dejar embarazada!_ ella casi gritaba, se escuchaba que de nuevo estaba al borde de otro orgasmo.

Abel continuo moviéndose y mi Gaby seguía gimiendo entrecortado, pocas veces escuchaba esa respiración y esos sonidos, eran los mismos ruidos que hizo previamente, estaba a punto de volver a correrse y Abel lo sabía, seguía moviéndose empujando y yendo hasta el fondo, la punta de su pene debía estar tocando las puertas de su útero y se preparaba para vaciar su carga. Me dio la impresión de que mi Gaby lo iba a empujar con fuerza para sacarlo, pero contrario a eso, en un instante lo abrazo aceptando que se corriera dentro, se movieron un poco más y luego los dos debieron llegar al mismo tiempo, Abel bufaba como un toro mientras mi Gaby se retorcía abrazándolo con fuerza. No lo podía creer, pero estaba dejando que Abel eyaculara en sus entrañas.

Tal y como me lo dijo, el infeliz lo había logrado y yo había sido un ridículo testigo mudo. Bufaba como un toro y yo sabía que en ese instante chorros y chorros de semen inundaban el vientre de mi mujer, ella lo recibía, consciente o no, pero debía sentir los latigazos de semen y yo recordé que una vez, estando muy ebrios ella me dijo que se sentía bien rico cuando mi pene palpitaba dentro de ella bombeando leche y justo eso debía estar sintiendo en ese instante solo que le verga era de Abel.

Se quedaron quietos por un minuto y tal como a mí me había pasado con Brenda, casi enseguida debió llegar el arrepentimiento y la culpa, mi mujer se movió para que Abel se hiciera un lado, él cayó en la cama suspirando de placer y mi esposa se giró sosteniendo una sábana en su entrepierna, debía estar escurriendo de esperma. Mientras suspiraba de gusto y placer mi mujer se levanto a prisa murmurando muy por lo bajo:

-no, no, no… esto no puede ser. no, no, no…

Con mucha prisa recogió sus prendas  del piso y rápidamente se colocaba su vestido y yo comprendí que era hora de irme. Sali sin que nadie me viera y me quedé afuera de la quinta, unos minutos para luego fingir que venia llegando de fuera. Fui directo a la hielera y me vacié dos o tres cervezas casi de golpe, quería ahogarme, olvidar lo que acaba de ver. Ya mi mujer estaba ahí con los demás invitados evitando mirarme a los ojos.

 

7 Lecturas/17 de octubre de 2026/0 Comentarios/por Guxtare65
Etiquetas: amigos, baño, cogiendo, cuñada, cuñado, hermana, mayor, semen
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