Ya probé panocha
Hace casi dos años, mi prima Gaby me propuso hacer un trío MHM con mi tío Efraín y ahora descubrí qué me importaba de ese trío…
Para quienes no han seguido mis relatos, les contaré que Efraín es el hermano menor de mi mamá. Él y mi tía Ofelia, también hermana de mi mamá, cogían desde pequeños, y aún lo siguen haciendo. Cuando mi tía ya andaba de novia, también hacía el amor con su novio y salió embarazada de Gaby, razón por la cual se casó.
Desde el principio, mi tía creyó firmemente que Efraín era el padre de Gaby y se lo dijo después a mi tío, quien no le creyó. Gaby a los cinco años, vio por primera vez cómo cogían mis tíos Efraín y Ofelia y, en algunas posteriores, Gaby se masturbaba al escucharlos o verlos y varias veces se dio cuenta el tío Efraín. A los doce años mi prima lo sedujo para que la desvirgara y, en ese entonces les quedó claro a ambos que eran padre e hija y, a partir de entonces sólo cogían con condón a petición del tío.
Por otra parte, mi prima ya jugaba con los primos al doctor y al papá y la mamá desde los cinco años y, además de mamar y ser mamada, había sido penetrada analmente, pero fue su papá quien la estrenó por la vagina a petición de ella. Ahora, ya en la menopausia, acepta el semen de todos sin peligro de embarazo.
Mi tío Efraín, desde su adolescencia, es de los parientes más querendones de la familia. Pocas hermanas, primas, tías y sobrinas se han escapado de su servicio amoroso. A varias nos atiende con regularidad o al menos con cierta periodicidad.
Hace un mes me habló mi prima preguntándome qué día podría visitarme para tomar unos tequilas, pero sin mi marido.
–¡Uh! Mi marido está ausente en las mañanas, sale a las siete de la casa y es temprano para que tomemos, pero dime a qué hora vienes y desayunamos muy bien antes de libar –propuse.
–¿Te parece bien el miércoles? ¿A qué hora desayunas? –preguntó
–¡Perfecto! Nos vemos pasado mañana a las ocho, aquí en la casa –Acepté.
Al colgar me quedé recordando la última vez que nos vimos. Hace medio año de eso, Gaby me contó que cuando mi hija visitó a su padre en Los Ángeles –lugar donde me casé con mi primo Felipe, la concebimos y la parí–, ella sedujo a su papá desde la primera noche mamándole la verga y estuvieron cogiendo toda una semana. Todo ello se lo contó Felipe a Gaby mientras disfrutaban lo que practicábamos con gusto los primos desde que éramos niños. “Ya sabes cómo es Felipe: siempre se coge a todas las parientes que se lo piden.
“¡Pero Felipe es su papá!”, exclamé. “¿Y eso qué? A todas las tías se las cogió su padre, es decir, tu abuelo se cogió a tu mamá. Es una práctica extendida en la familia. Además de Lucy, Adriana, Gloriela, Asunción, yo, ¡y a saber cuáles otras más!, tuvimos a nuestro padre entre las piernas”, dijo, y me sentí muy triste porque yo me quedé con las ganas de coger con mi papá y me puse a llorar a moco tendido.
“¿Qué te pasa? No se va a acabar el mundo porque a Lucy le guste coger tanto como a ti y a mí, ni porque ella se haya tirado a su papá. ¿Acaso tú no te tiraste a tu papá?”, enfatizó y yo me lamenté llorando con más fuerza y grité “Yo no”. Pero no te pongas así, coger con los padres es algo muy frecuente en la familia, no nos limitamos a hermanos o primos”, señaló abrazándome para reconfortarme.
“¡Lloro porque yo no lo hice con el mío! Incluso me hubiera sentido feliz de que me embarazara” externé y continué llorando. También Gaby me acarició más y me besó la cara. “Yo también quise lo mismo, pero mi papá se negó y siempre usó condón conmigo o eyaculaba afuera antes de mi menopausia”. Se quedó callada, pero me abrazó más fuerte presionando su pecho con el mío e instintivamente deslice mis tetas en las suyas. “Yo siempre me reprimí, y cuando hice un plan de seducción, mi padre murió de un infarto sin que yo lo pudiera llevar a cabo”, dije y lancé otro grito volviendo al llanto.
“No llores, prima preciosa”, me decía entre lamida y lamida con las que enjugaba mis lágrimas. Seguramente también Lucy deseaba lo mismo ya que no quiso que su padre usara condón, y ante un reclamo de Felipe ella le mintió asegurándole que usaba DIU. Felipe le creyó, pero después comprobé con Lucy que ella le mintió porque nunca había sentido la tibieza de una venida de hombre y, en sus propias palabras, ‘qué mejor que la de mi papá para mi primera vez’. Al menos ella sí hizo el intento…”
Gaby me siguió consolando con caricias y besos, los cuáles fueron cada vez más atrevidos hasta meterme la lengua en la boca mientras me acariciaba las tetas y las nalgas por debajo de la ropa. Gaby sabe cómo calentar a cualquiera, pues me acosté sobre ella y la besé tallando mi pubis en el suyo. Esa vez suspendimos el morreo porque llegó la tía Ofelia, quien sólo dijo “Hola” y se siguió de largo.
“Seguro que viene de estar con Efraín, tiene cara de estar aún en el Nirvana, dijo Gaby, por cierto, ¿sigue en pie lo de tirárnoslo juntas?” preguntó. “Pensé que alguno de ustedes ya no quería” contesté. “Pues después de sentirte hoy, sí quiero, me gustas más, y la verga de mi papá nos dará diversión adicional” afirmó, refiriéndose al trío MHM que queríamos hacer hace tiempo con el tío Efraín. Me dio una magreada más que yo le correspondí con un beso de lengua en la boca.
Al recordar los cariños y besos con Gaby, me calenté acariciándome la panocha. “¡Me vale madres si soy lesbiana!” grité en voz alta.
El martes en la noche me bañé y me encamé a Gerardo. Fueron tres ordeñas, incluida la del mañanero a las seis de la mañana del miércoles. Me levanté para hacerle el desayuno a mi amasio, ya desde hace quince años, pues no me divorcié de Felipe de quien me separé después de cinco años.
Cuando estaba haciendo el desayuno, sentí el leve escurrimiento en la entrepierna y pensé que sí me daría tiempo para bañarme antes de que llegara Gaby.
–¿No vas a desayunar conmigo? –preguntó Gerardo–. ¡No salgas conque te volviste a poner a dieta!
–No necesito ponerme a dieta, me basta con estar menos obesa que tú para estar segura que no me veo mal ante tus ojos –le dije melosamente y, poniéndome atrás de él, me abrí la bata para que saltaran mis tetas y me puse su cabeza entre ellas…
–¡Mi amor, tú sí sabes que eres muy bella! Nadie lo objetaría al ver tus lindas chiches… –aseguró moviendo si cabeza de un lado a otro–. Desayuna, mi amor.
–Al rato lo haré, invité a mi prima Gaby a desayunar aquí. Quedó de llegar a las ocho –le dije y se puso a mamar y acariciar mis tetas–. ¿A poco te echarías otro palo, aunque fuera rapidito? –pregunté bajando mi mano para acariciar su miembro.
–Me tardaría mucho. Me acabas de deslechar, mejor cuando regrese…
–Con una mamada se pondrá al tiro para darme gusto, aunque no sueltes semen… –le dije y bajando el cierre de su pantalón.
–¡No, no seas cochina! –gritó separándome la mano de su amorcillado pene, cuando me iba a agachar para mamárselo–. ¡Ya te he dicho que eso no me gusta!
–¡Pues no sabes de lo que te pierdes! Es delicioso sentir una lengua recorriendo el sexo, o cuando te sorben para sacarte el semen… –dije poniendo una cara arrecha.
–¡Pues conmigo no lo vas a hacer! – dijo enfático y respondí con un gesto de aceptación y añadí “Sí, contigo no…”
Me miró con cara de duda y sonreí mirándole la frente a mi cornudo. Hubo tiempo para que terminara de desayunar y que concluyéramos en paz. Cuando se fue, subí a lavarme la cara y ponerme del perfume que Gaby me trajo de Brujas hace tres años. Bueno, lo compró para ella, pero me lo regaló en un cumpleaños porque no tenía otra casa a la mano. Obviamente ya no quise bañarme, porque traía un perfume más convincente entre las piernas por si Gaby se ponía tan cachonda como en diciembre. Si eso pasaba, lo mejor era tampoco usar ropa interior debajo de mi bata, me dije calentándome al recordar…
–¡Qué puntualidad! –le dije a Gaby cuando le abrí la puerta–, las ocho en punto…
–En esa hora quedamos y cumplo –contestó.
Durante el desayuno nos actualizamos sobre los vínculos familiares. No nos veíamos desde la boda de su hija.
–¿Cómo le ha ido a Lucy como esposa? ¿Ya tiene encargo para París? –preguntó–, porque mi hija ya está con pancita y en unos meses seré abuela.
–¡Felicidades! No, mi hija insiste en esperar y su marido está de acuerdo. Y tu hijo, ¿cuándo se anima a casarse? –pregunté.
–¡Uh, no hay para cuando! Ahora que no tiene a su hermana en casa, anda fuera con frecuencia. Ya no regresa a casa al salir del trabajo, ahora es un verdadero pitosuelto –aseguró y confirmé que suponía–. Él se quedó triste porque Lucy, desde antes de casarse ya no le hacía caso. Ahora ya tampoco tiene a su hermana para desahogarse.
–¿Mi hija era quien le ayudaba en ser feliz? –pregunté.
–Sí, ya ves que los primos y los hermanos se divierten mucho entre ellos, pero Lucy empezó a distanciarse mucho, más cuando mi hijo le pidió que se casara con ella –reveló sobre algo que yo ignoraba.
–¿Eso quiere decir que Lucy solamente lo usaba sexualmente? –pregunté azorada.
–Pues como no podía casarse con su hermana a quién él quería más, decidió que tu hija era la mujer esperada y, al ver que la cosa iba en serio, Lucy dijo no. De por sí, ella siempre le exigía el uso del condón… –explicó sacándome de dudas.
–Usar el condón está bien, ¿qué le ves de malo? –pregunté.
–No tiene nada de malo, pero a veces no hay a la mano y la calentura puede ser mucha y sólo queda el coitus interruptus, pero tu hija no confiaba. A propósito, no sé si mi próximo nieto vaya a ser doble nieto, pero eso ya no es bronca mía… –aseguró apagando su cigarro en el cenicero,
–Bueno, no sería el primer caso en la familia… Y mientras no haya pruebas, más vale suponer que es hijo del marido –expuse displicente.
–Pues sí, ya ves mi caso, solamente te lo conté a ti. Además, mi mamá creía que no, hasta que se puso a hacer cuentas… Te aseguro que, si Lucy no le hubiera exigido el condón a mi hijo, seguramente tú ya serías abuela –afirmó y yo me estremecí.
–Vamos, no te ha ido mal con tú papá, ni a mí con él –dije para que sola recordara el trío que teníamos pendiente–. Vamos a la sala para echarnos un trago de tequila.
–¡Ay mana, a ver si no nos empedamos! –Señaló al ponerse de pie y yo la abrecé.
–¿Qué tendría de malo? Estamos en mi casa –dije y me acerqué más en el trayecto para sentir su pelo y verificar que no se bañó hoy.
Nos sentamos, serví el Tequila y nos tomamos el primer caballito de un tirón. Al poco rato ya estábamos entonadas.
–El Tequila no me emborracha fácilmente, pero me causa algunos desajustes –dije abriendo un poco la bata dejando al descubierto la parte central de mi pecho.
–¡Guau! ¿También te pone caliente? –preguntó, abriéndome más la bata dejando descubierta una de mis tetas.
–Sí, exactamente –dije, poniendo mi cara de puta, y me abrí más la bata para que se saliera la otra chiche.
–Las tienes muy hermosas –dijo y se abalanzó a mamármelas.
Mientras Gaby chupaba, yo le abrí la blusa y me di cuenta que ella tampoco traía sostén, así que me puse a acariciarle el pecho. Ella se quitó por completo la blusa y ahora fue mi turno para mamar.
–Hueles muy bonito. ¿Es el perfume que te regalé? –preguntó al cambiar de teta.
–Sí, por eso me lo puse, aunque también traigo restos de la crema de mi marido…
–Estamos igual, me vestí después del mañanero –dijo y me quitó la bata para irse con la cara hacia mi vagina donde aspiró profundamente.
–Yo también quiero olerte –le dije levantándole la falda y vi su mata. ¡Tampoco traía bragas!
De inmediato nos acostamos en posición de 69 para darnos lengua. Gaby, al igual que yo, traía las chorreaduras del atole que hizo con el marido y se las limpié gustosamente con la lengua. Ella hizo otro tanto con mi entrepierna. Seguimos con las chupadas de clítoris y labios. Vinieron los orgasmos continuos y abrevamos los flujos que emanaban abundantemente hasta que quedamos exhaustas y nos sentamos para besarnos, confundiendo nuestros sabores y el de los maridos.
–Desde diciembre me quedé con las ganas de probar tu vagina. Bueno, en realidad, mi deseo surgió cuando le mamé la verga a mi papá después de que te cogió, ¡nunca me había sentido así! Por esa razón le propuse lo del trío, para ver si de esa manera lograba tener tu panocha en mi boca.
–Yo también me quedé con las ganas de avanzar contigo hace medio año. En verdad no sé por qué, pero esas caricias me dejaron claro que… –ya no pude terminar ya que Gaby se abalanzó otra vez sobre mí y me dio otro beso donde nuestras lenguas se enroscaron como dos serpientes cuando hacen el amor.
–He cogido con varios hombres, pero nunca me había sentido atraída por una mujer. ¿A ti te gustan las mujeres? –sentí su pregunta como un golpe para el que no tenía respuesta.
–Tampoco me había preguntado eso antes de diciembre. Incluso esa noche, mientras que mi marido se despachaba con mi cuerpo, yo pensaba en ti, pero no podía separar si eras tú como mujer o era la liga familiar y nuestras costumbres infantiles…–no pude terminar de hablar ante su interrupción.
–…También de adultos, no me digas que Efraín es el único pariente que te tiras.
–Bueno, sí ha habido otros, pero no otras, ni tampoco no parientes.
Entre Tequila y Tequila nos volvíamos a acostar en 69, pero también las lenguas recorrieron toda la piel, principalmente los pezones.



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