Despedida de soltera de compañeros de mi esposa
Celebración termina en corridas internas e intercambios. .
Lo que pasó el viernes en la despedida de soltera de Leila fue increíble, y aquí les comparto esta experiencia. El viernes en la noche, mi esposa y yo nos vestimos para irnos donde Leila y su esposo, pues iban a hacer una pequeña despedida de solteros antes de su boda. Iríamos 4 o 5 parejas máximo; nosotros los conocemos hace relativamente poco tiempo, pero nos hemos compaginado mucho.
Mi esposa se puso un vestido largo ceñido al cuerpo que tiene, que resaltaba su lindo trasero; ella tiene sus caderas y sus senos pequeños, pero redondos y firmes. Como el vestido tiene un forro ligero por dentro, la convencí de que no se colocara ropa interior. Ella no quería, pero terminó complaciéndome y nos fuimos.
Llegamos y fuimos los primeros; Roberto nos abrió la puerta y nos invitó a sentarnos, nos trajo unos tragos, luego salió Leila y nos saludó. Charlamos un poco y de pronto Leila invitó a mi mujer a que se midiera el vestido de madrina del matrimonio que Leila le había mandado a confeccionar. Ellas se fueron para la habitación y nosotros para el balcón a tomarnos otros tragos.
Ya yo me imaginaba a mi mujer desnuda para medirse el vestido y a Leila viéndola; me excité mucho, pero oh sorpresa, cuando me doy cuenta de que el balcón da para una ventana de la habitación principal donde están ellas. Con precaución me asomo y veo a mi mujer desnuda colocándose el vestido; Leila solo tenía puesto un panti, le vi esas tetas paraditas y ese cuerpazo que tiene. De inmediato se me paró el miembro.
Roberto estaba en la cocina buscando los tragos y yo seguía mirando por esa ventana, cuando aparece Roberto y pregunta: «¿qué haces?». «No nada, mirando la vista», le dije. Se echó a reír y me dijo: «¿No has mirado para el cuarto?». Le dije sí y no te imaginas lo que vi. Él se asoma y ve a mi mujer ya quitándose el vestido, quedando totalmente desnuda; se le veían esas tetas y los pezones parados y ese coño semi depilado pero en triangulito. «Compadre, qué rica está Gaby», me dijo él, «mi mujer, qué cuerpo, qué cara, todo, mejor dicho».
A mí me molestó al principio, pero reconozco que luego me excité más cuando le dije lo mismo de Leila. «Te voy a confesar algo», me dijo, «nosotros queremos culiar con ustedes, ¿lo que quieran y como quieran?».
Ya no podía más, mi verga estaba que reventaba. Leila y mi mujer seguían en la habitación solas y desnudas, pues Leila se había quitado el panti para cambiarse. Leila no se aguantó y empezó a tocarle las nalgas a mi mujer; esta se inclinaba hacia adelante para pararle más el culo, y Leila feliz tocaba más y más las nalgas, hasta que bajó al coño y empezó a masturbarla, luego se agachó y empezó a chupar las nalgas, luego el anillo del ano donde dio lengua y bajó a su coño para chuparlo por un buen rato.
Yo me moría de ganas de ver desnuda a Leila porque es linda y lo estaba haciendo; el miembro se me iba a salir. Cuando Roberto, que también veía el espectáculo, se sacó del pantalón su verga larga y gruesa (claro, no tan larga como la mía, pero sí más gruesa), «¿qué haces?», le pregunté. «Masturbándome por esas dos, que tú no estás que te masturbas, sácatela y empieza», me dijo. Yo con un poco de pena pero con unas ganas aguanté, pero cuando veo que mi mujer acuesta a Leila y la abre de piernas y se le ve ese coño rico, me la saqué y empecé a masturbarme.
«Qué cosa tan grande», me dijo Roberto, «con razón tu mujer siempre quiere culiar contigo, tiene que gozar». Yo quería entrar y cogerme a esas dos mujeres, aunque sabía que Roberto quería culear a mi mujer. «¿Qué hacemos?», pregunté. «Desnudemos y entremos al cuarto con ellas», dijo él.
Listo. Cuando sonó el timbre, llegaron los otros invitados, pero era solo Luis, el novio de otra compañera de trabajo de ellas que habían invitado. «¿Y Marta?», le preguntamos. «Viene más tarde». «¿Qué hacemos, Roberto?», le pregunté, «¿cómo nos deshacemos de él?». «Metamos a Luis en el cuento», dijo Roberto, ya con varios tragos encima. «No aguanta porque ya van a ser dos que se cojan a una, y no sé si mi mujer acepte más con un novio de una compañera». «Tranquilo, que la que se va a comer a dos es Leila; esa es su fantasía y hoy se la cumplo».
Nos fuimos para el balcón y pusimos a ver a Luis; este con pena al principio, pero después se le quitó. Roberto fue el primero en desvestirse, luego yo y por último Luis; ese también estaba bien parado.
Entramos al cuarto; Leila le estaba dando una chupada de coño a Gaby fenomenal. «¿Qué pasó?», dijeron. «Vimos todo desde la ventana y no aguantamos más, queremos unirnos a la fiesta». Leila, feliz, nos miró y le dijo a mi mujer: «¡Qué vergas tan grandes tenemos para nosotras!». Le preguntaron a Luis por Marta y respondió que como en una hora llegaba.
Mi mujer vino y me empezó a besar muy excitada, con sabor a coño; ¡qué ricura! Leila cogió la verga de Roberto y empezó a chuparla; Luis solo miraba, Leila no le quitaba la mirada a la verga de Luis, estaba grande, como 17 cm, más que la de Roberto pero un poco menos que la mía (20 cm).
Leila estiró su mano y agarró la verga de Luis, lo jaló de inmediato y empezó a chupar las dos vergas.
Mi mujer miraba de reojo la boca de Leila con esas dos pichas. «Quiero probarlas», me dijo. «Dale», le dije, y se agachó y se las metió en la boca. Leila se paró y yo la jalé para donde a mí, le di un beso, la puse en cuatro y la clavé con todas mis ganas.
Esa mujer gemía de placer; yo le decía al oído las ganas que tenía de culear, de enterrarle mi verga, de ponerla a chupar, de besarla y pasarle la lengua por todo el cuerpo; eso la excitó más. Roberto paró a mi mujer y la recostó a la pared, le agarró el culo y la penetró; ella me miraba.
No le gustó que Leila estuviera disfrutando conmigo. Luis se le acercó, ella le agarró la verga pero no se dejó clavar, luego lo mandó para donde nosotros. Leila empezó a chupársela a Luis mientras yo le daba duro. Roberto se vino para donde nosotros y me pidió que lo dejara clavar a Leila.
Yo me paré y me fui para donde mi mujer, empecé a besarla apasionadamente, a chuparle las tetas. Luis llegó, le abrí las piernas a mi mujer y este la penetró; ella gimió, Luis qué cosota, él empezó a embestir rápido, más rápido, ella gritaba hasta que se vino Luis sobre su coño. Leche, mucha leche tenía ese muchacho, más y más se venía. «Entiérramela, mi amor, que solo contigo me vengo», me dice mi mujer, y yo, claro, la cogí a darle duro.
Cuando estábamos culiando calientes, me preguntó: «¿qué te gustó culiar con Leila?». «Lo normal mi amor, no te preocupes que esta verga es tuya». «Dame, dame duro con mi vergota, papi», me decía. Roberto se vino en la boca de Leila, pero esta quería más verga, pues no estaba saciada y no había tenido un orgasmo.
Mi mujer empezó a pedirme más porque iba a tener un orgasmo, hasta que gritó de placer; «qué rico que me coges, papi», me decía.
Todos quedamos tendidos por unos minutos; mi mujer se fue a duchar porque llegarían los que faltaban, Roberto se fue para la cocina y Luis a vestirse. Le dije a Leila: «Yo no he terminado». «Yo tampoco», me respondió. «Te la quiero meter por el culo», le dije. Vamos. Empecé a meterle mi cabeza, luego el tronco y a darle verga; «qué rico coges», me decía. «Rápido, que no se den cuenta Roberto ni Gaby».
Le di por ese culo un rato, estaba que me venía pero se la quería enterrar por el coño, así que la volteé y se la metí por esos labios bien mojados hasta que tuvo su orgasmo.
Yo saqué mi verga y me vine en su boca, me sacó hasta la última gota de semen chupando mi verga, se tragó la leche y fue a la cocina a darle un beso a Roberto; este creía que el sabor que ella tenía era el del semen de él.
Nos cambiamos, mi mujer me vistió yo a ella y, cuando le puse el vestido sin ropa interior, le mostró el culazo de ella a Luis. La incliné y le dije: «mira esto». Él dijo: «qué culo rico», y se sacó el miembro ya erecto; se acercó a nosotros y empezó a pasarlo despacio por el coño y el ano de mi mujer.
Leila se lo cogió o chupó para lubricarlo y luego lo metió. «Ah, ah, ah, aha, ah, aha», decía mi mujer; «para, para», subió una pierna a la mesa y se abrió más de piernas. «Clavarme tú, mi amor», me dijo. Luis se quitó, yo la clavé, Leila empezó a chupar la verga de Luis y yo a culear a mi mujer.
Cuando sonó el timbre, «apúrate», dijo Luis; Leila lo masturbó y lo hizo terminar en la boca de ella, también le chupó la verga de una forma que le sacó la leche. Yo sí terminé dentro de mi mujer, chorreando la leche dentro de ella; «gracias, papi, tuve un orgasmo». Nos acomodamos y abrieron la puerta; era Marta y la otra pareja que venía para la reunión. Mi mujer me dijo que iba a salir sin ropa interior a las reuniones y quedamos en repetirlo, pero con la condición de que Luis integre a Marta, que también está muy buena.



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