Las anfitrionas (COMPLETO)
Una pareja lésbica, reciben a Miguel, un niño estudiante mexicano, en su hogar a través de un programa de intercambio. Una noche de alcohol revela deseos ocultos de las mujeres creando una perversa felicidad..
Miguel no podía creerlo… estaba volando en avión! Sonó la señal del cinturón de seguridad y al chico de apenas 13 años se le encogió el estómago, aunque el avión ya estaba nivelado. Apoyó la frente contra el plástico frío y vibrante de la ventanilla, mirando hacia abajo, hacia las nubes que parecían montículos de delicioso merengue… Hace unos días, era solo Miguel, el niño que dibujaba en los márgenes de sus cuadernos y ayudaba a su madre a amasar la masa de pan antes de ir a la escuela. Al siguiente, era el becario de un programa de intercambios internacionales
Todo el proceso le había parecido un sueño: los exámenes, la entrevista donde una mujer de traje lo evaluó, su frenético equipaje. Ahora, con el zumbido de los motores en los oídos, el sueño se sentía aterradoramente real… Tenía las manos húmedas. No sabía qué esperar de Portland, Oregón, ni de las dos mujeres, Eleanor y Jenna, cuya foto de ellas guardaba en su teléfono… Una familia anfitriona conformada de dos mujeres aprobadas por ambos gobiernos
Él simplemente sabía que estaba muy, muy lejos de casa
Las horas se disolvieron en el zumbido del aire acondicionado… Siempre había preferido las canciones inglesas, estadounidenses sobre todo, la letra no siempre tenía sentido, pero la pronunciaba de todos modos, practicando su lenguaje. Su profesor de inglés lo había llamado «avanzado para su nivel», así que podía mantener una charla sin congelarse con un nativo inglés…
Entonces llegó al destino… Ya en el aeropuerto, siguió el flujo de gente a través de la aduana hasta la sala de llegadas, con las correas de la mochila clavándose en los hombros. Observó los rostros con carteles, con el corazón latiendo nerviosamente contra sus costillas… Entonces la vio. Una mujer de pelo corto y oscuro, con un corte preciso y definido, tenía un gafete en el pecho con letras bien legibles que decía «Miguel»… Llevaba una chaqueta color carbón sobre una camisa blanca impecable, el tipo de ropa que solo había visto en ejecutivos en las películas. No sonreía, pero su mirada estaba fija… Cuando sus miradas se cruzaron, asintió brevemente
-¿Miguel?- preguntó con voz clara y directa. »
-Soy Jenna, el vuelo estuvo bien? Vamos al coche- Tomó su maleta con ruedas sin esperar respuesta
Miguel rápidamente notó que no era fría, era eficiente, de charlas sin muchos detalles, el respondió con respuestas básicas, no se atrevió a devolverle las preguntas
El chico la siguió, el coche era una elegante camioneta oscura, reluciente. Parecía caro, Jenna cargó su maleta en la parte trasera. Era alta, quizá de un metro setenta y algo, y su postura era erguida, casi rígida. Era guapa, con un aire delicado, pómulos altos, mandíbula firme, maquillaje sutil, parecía una mujer con mucho que hacer.
El viaje fue tranquilo… Jenna condujo por la autopista y después de unos veinte minutos, habló sin apartar la vista de la carretera:
-Ellie, Eleanor, está en casa preparando la cena. Ha estado emocionada toda la semana. Espero que te guste la casa. No es la gran cosa, pero es cómoda… Tu habitación está lista por si lo primero que quieres hacer es descansar-
-ooh… Entiendo, está bien!- Miguel simplemente asintió, mirando los suburbios verdes y empapados por la lluvia pasar borrosos ante la ventana
-Ya llegamos, Miguel-Jenna estacionó el auto en una casa de un exuberante jardín
No apagó el motor, salió y ayudó a Miguel con sus maletas, el niño la siguió por un corto sendero de piedra hasta la puerta. En cuanto Jenna la abrió, una ráfaga de aire cálido, con un ligero olor a ajo asado y algo dulce lo envolvió
Una mujer apareció, secándose las manos con un paño de cocina metido en el delantal. Era más sencilla y mayor que Jenna, su cabello era una mezcla de oscuro y plateado, estaba recogido hacia atrás, su rostro era más redondo, con líneas de expresión alrededor de los ojos, su cuerpo era más rellenito y curvilíneo, se veía bajo un sencillo vestido verde. Tenía un rostro amable, y un busto grande y acogedor, era naturalmente hermosa… Eleanor de 52 años
-Tú debes ser Miguel! Qué alegría conocerte por fin en persona!- dijo con una voz cálida y gentil
Su suave mano se posó en el hombro de Miguel, ligera y brevemente, no quería incomodarlo
-Debes estar cansado… Tú habitación está en el piso de arriba, pusimls un escritorio porqué Jenna dijo que te gustabmencionar… puedes acomodar tus cosas y en un momento bajar para comer-
-Gracias… Por invitarme, quiero decir. Y por el escritorio-
-Vaya, Miguel… Tu inglés es muy bueno-
Justo entonces, Jenna se acercó, se había quitado la chaqueta, dejando al descubierto el elegante corte de su camisa.
-Bien, cariño, tengo que volver a la oficina, el proyecto está casi por finalizar- dijo Jenna, suavizando un poco el tono al mirar a Ellie
-¿Segura que no puedes quedarte a comer?- preguntó Ellie con expresión esperanzada
-No puedo. Compraré algo de camino… Te veo esta noche, amor… Tú también, Miguel- Jenna se inclinó y le dió a Ellie un beso rápido y firme en los labios
Los ojos de Miguel se abrieron apenas un poco. Bajó la vista rápidamente hacia sus zapatos. Había visto la foto de ellas, claro, Pero verlo… un beso así, tan normal y casual, el sabía de parejas del mismo sexo, por supuesto. Pero ver a dos mujeres mayores,. era diferente ahora saberlo, no eran amigas, no eran hermanas, no eran «comadres», eran pareja! Sintió una extraña mezcla de curiosidad sin saber qué pensar
En su ciudad en México, un beso así entre dos mujeres no se daría en una puerta a pleno día… Había oído chistes de chicos mayores o homofobia de parte de los aún más mayores, sabía lo que significaría en su pueblo una relación así… Las miradas, los chismes que acabarían en algo más cruel. Los riesgos que correrían simplemente por tomarse de la mano en el zócalo. Pero aquí, en aquella casa tranquila con aquel gran jardín, era solo… una despedida. Normal. Se preguntó si alguna vez habrían tenido problemas por ello, si alguien les habría tratado mal. Mirando la paz de la calle, lo dudaba, allí parecían seguras. Más que libres….
La primera semana transcurrió… Las clases de Miguel eran en línea, sus sesiones en la mañana de video en vivo con sus maestros y clases de inglés pregrabadas del programa… Pasaba las mañanas en el nuevo escritorio de su habitación, con la ventana mirando hacia la tranquila y verde calle. Sus días rápidamente adquirieron el ritmo que dictaban las dos mujeres. Ellie era su compañera constante. Le traía un platito de fruta a media mañana y le preguntaba por sus clases, almorzaban juntos, cosas sencillas como sándwiches y sopa, y Ellie le preguntaba sobre su familia, sus dibujos, cómo eran los árboles en Oaxaca. Era fácil hablar con ella… Su presencia era tranquila, y siempre parecía saber cuándo necesitaba un poco de espacio.
Jenna era más distinta. Salía temprano y llegaba tarde, generalmente con la mochila de su portátil colgada del hombro. Sus interacciones eran breves pero centradas.
«¿Qué tal la escuela, Miguel?», «¿Terminaste el módulo de historia?». Era directa, pero no cruel. Aprendió que era ella quien mantenía el jardín tan perfecto, y a veces la veía afuera los fines de semana, arrancando maleza con concentración
Era jueves por la tarde. Miguel estaba terminando su última tarea del día cuando Ellie lo llamó desde abajo
-Miguel, preparé té… baja si quieres!-
Bajó y la encontró en la mesa de la cocina, con una taza humeante delante y un plato de galletas
-Siéntate, siéntate- dijo ella, acercándole el plato -Dime, ¿qué tal el día?- Hablaron un rato de sus clases, y luego Ellie preguntó:
-Y tu madre… ¿dijiste que tiene una pastelería?-
-Sí, se llama La Dulce Esperanza. Hace de todo, conchas, empanadas, pasteles de tres leches… Suelo ayudarla- Los ojos de Miguel se iluminaron al hablar
-Qué maravilla, Miguel… Es toda una habilidad saber trabajar con la masa. Es como química y arte a la vez. Me encanta hornear, pero soy más cocinera que pastelera jeje… Quizás puedas enseñarme algo mientras estás aquí- Ellie sonrió con cariño
La conversación derivó, y Miguel le preguntó sobre su vida…Ellie explicó que había pasado veinte años como profesora de historia en una universidad, casada con un hombre llamado David, con quien había criado a una hija.. David había fallecido repentinamente hacía 8 años, un infarto, sin previo aviso… El dolor la había vaciado. Se había tomado una licencia de la docencia, incapaz de estar frente a aulas llenas de jóvenes cuyo futuro se extendía infinitamente por delante… Entonces quiso rediseñar el jardín, algo vivo que pudiera cuidar sin recuerdos amargos… Jenna había sido recomendada por un colega. Llegó a su casa con botas de trabajo y una camisa bien planchada, una cinta métrica sujeta al cinturón, haciendo preguntas prácticas sobre el drenaje y la exposición a la luz solar… Ellie se encontró solicitando reuniones que excedían las que requería el proyecto… Simplemente Jenna la hizo reír de nuevo. Le hizo desear cosas… Pasaron 3 meses de consultas semanales antes de que alguna de las dos reconociera lo que estaba sucediendo…
Ellie mencionó que Jenna nunca había ocultado sus preferencias, había sido abierta sobre sus relaciones pasadas con mujeres desde sus primeros encuentros… Para Ellie, la comprensión llegó más lentamente, desarrollándose a lo largo de los días de café compartido y planes para el jardín… Había amado a David, lo había lamentado sinceramente. Esto era diferente, no un reemplazo, sino una expansión, una puerta que no sabía que estaba cerrada hasta que Jenna la abrió… Su hija se sorprendió, pero la apoyó. Ellie se jubiló anticipadamente, eligiendo esta vida en lugar de aquella… Se mudaron juntas hace tres años y compraron esta casa con su amplio terreno para que Jenna la remodelara..
-Algunos piensan que cambié… No es así. Simplemente finalmente me vi con claridad- dijo la mayor, removiendo su té
Miguel asintió, procesando la situación…
-¿Quizás… podríamos hacer un pastel para cuando Jenna llegue a casa? Digo, que tal disfrutar lo bonito que la han pasado comiendo un rico postre-
-Ay, Miguel, qué idea tan bonita! ¿Qué tipo de pastel hacemos?- El rostro de Ellie se iluminó al instante
-Mmm… Bueno, mi favorito es el pastel envinado, es el qué más rico me sale- dijo, con el nombre en español ya que no sabía como pronunciarlo
-¿Un pastel en vino? Suena delicioso. Seguro que a Jenna le encantaría después de un largo día de trabajo… Y no creo que un poco de alcohol destilado le haga daño a un niño en crecimiento. Vamos. ¿Tienes la receta?-
La tarde transcurrió entre el aroma dulce de la harina, el azúcar y el fuerte perfume del Ron que Miguel había vertido en la mezcla. La cocina se convirtió en un desastre sin preocupaciones, harinas espolvoreadas sobre las narices, huevos rotos con torpeza y risas constantes. Ellie, lejos de ser una instructora rígida, resultó ser una juguetona. Mientras batían la masa, Miguel guiaba las manos de Ellie, corrigiendo suavemente su técnica pero animando cada paso con dulzura enseñandole sus conocimiento en la repostería
Cuando el pastel salió del horno, dorado y esponjoso, Ellie tuvo una idea… Sabía perfectamente que a Jenna le encantaba terminar sus días tensos con una copa de vino tinto robusto, y vió la oportunidad perfecta para fusionar ese gusto de alcohol con el postre, Mientras el bizcocho aún estaba tibio, tomó una botella de Ron que tenían guardada
-Miguel, cariño… A Jenna le va a fascinar esto, un poquito más de espíritu no le hará mal a nadie, jeje-
Dijo Ellie con un guiño pícaro, vertiendo un generoso chorro de alcohol sobre la superficie del pastel hasta que este comenzó a absorberlo como una esponja.Miguel la miró y alzó las cejas
-¿No es mucho?- preguntó, dudoso
-Nah… Confía en mí, así le gusta- Miguel se encogió de hombros. Si ella lo decía… Al final era su pareja, ella sabría. Además, no iba a contradecir a la dueña de la casa
Guardaron el pastel y limpiaron la cocina entre los dos. Después se sentaron en la sala, Ellie con otro té y Miguel con un vaso de leche. Hablaron de cosas sin importancia, ella le preguntó sobre los mercados de su ciudad, él le describió los colores, los puestos de chapulines, las señoras vendiendo mole negro en cubetas enormes. Ellie escuchaba con genuina fascinación, haciendo preguntas de vez en cuando…
El reloj marcó las siete, después las ocho. Miguel empezó a bostezar. Ellie revisó su teléfono un par de veces
-Ya no tarda- dijo tranquilamente
A las ocho y cuarto se oyó el sonido de unas llaves en la puerta y el ruido seco de una mochila cayendo sobre el recibidor
-Ya llegué- la voz de Jenna sonó cansada desde la entrada
Ellie le sonrió a Miguel
La mayor se levantó rápidamente y fue hacia la entrada. Jenna estaba soltándose los botones superiores de la camisa, con el cabello ligeramente desarreglado por primera vez desde que Miguel la conoció…
Ellie se acercó y Jenna la tomó por la cintura, inclinándose para besarla, no fue un beso rápido , fue uno más profundo, con lengua, sus manos apretando suavemente la cadera de Ellie
-Mmm… qué día tan largo- murmuró Jenna contra sus labios
Ellie se apartó apenas unos centímetros, susurrando
-Amor… Miguel está en la sala- Jenna parpadeó. Soltó un suspiro corto por la nariz soltandola
-Claro- dijo en voz baja, pasándose una mano por el cabello para recomponerse
El tipo de tensión acumulada después de un día agotador que solo quería descargarse en privado con Ellie. Pero Miguel estaba sentado en su sofá…
Se enderezó, recompuso su expresión y caminó hacia la sala con paso firme
-Miguel, Que tal el día?- le dijo
-Bien, solo hice mis tareas y ayudé a Ellie en la cocina- respondió Miguel con naturalidad, sin dejar traslucir que había visto el beso anterior…
-Siéntate, amor, que te tenemos una sorpresa. Miguel hizo un pastel especial para ti- anunció la mayor con orgullo, señalando el pastel en un plato sobre la mesita de la sala
Jenna arqueó una ceja y una pequeña sonrisa, genuina pero contenida, curvó sus labios. Se quitó el saco y lo dejó sobre el respaldo del sofá antes de tomar asiento
-¿En serio? Gracias, Miguel. Huele increíble- dijo, tomando un tenedor
El chico las observó de nuevo. La tensión inicial de Jenna se disipó al probar el primer bocado empapado en alcohol, cerrando los ojos un segundo por el sabor intenso. Eran tan distintas: una responsable y trabajadora, la otra cálida y hogareña, pero encajaban perfectamente… A pesar de lo extraño que seguía siendo para él ver a dos mujeres mayores actuando como matrimonio, no pudo evitar sentirse cómodo. Nadie le juzgaba, nadie le pedía explicaciones; solo estaban ahí, compartiendo un pastel por la noche, era bonito
Jenna tomó otro bocado, masticó despacio y sus ojos se movieron brevemente hacia Ellie… El ron estaba ahí. Ellie sostuvo su mirada con una sonrisa inocente, removiendo su té. Jenna no dijo nada, simplemente tomó otro bocado más grande.
Ellie cortó una porción para Miguel y otra para ella misma, acomodándose en el sofá con el plato sobre las rodillas
-Está muy bueno, Miguel, en serio- dijo Jenna, esta vez con más calor en la voz
-Es la receta de mi mamá, casi siempre lo hacemos para las fiestas en casa- respondió el chico
-¿Y ella te enseñó todo esto?- preguntó Jenna
-Sí, desde chico. A veces me quedaba dormido en la pastelería esperándola terminar jaja- dijo Miguel riendo levemente
Ellie soltó una risa suave y Jenna esbozó otra sonrisa pequeña. Siguieron conversando sin prisa, con el televisor apagado y solo el sonido de los tenedores contra los platos llenando la sala tranquila
La conversación fluía con naturalidad, hasta que Jenna, limpiándose una migaja de la comisura de los labios, cambió el tono sin previo aviso. Sus ojos oscuros se clavaron en Miguel con esa intensidad analítica que usaba para evaluar terrenos difíciles.
-Oye, Miguel… siendo tan joven y estando lejos de casa por primera vez… ¿ya tienes novia allá en Oaxaca? ¿O quizás alguna chica aquí te haya llamado la atención?-
La pregunta cayó pesada en la sala, directa y sin filtros.
Ellie casi se atraganta, tosiendo suavemente mientras miraba a su pareja con reproche
-Jenna! Qué manera de preguntar… No creo que un jovencito como él debería de tener novia- murmuró la mayor sonrojada…. Negó con la cabeza
-No, no… soy muy chico para eso todavía creo. Y además, apenas conozco gente aquí- respondió con una voz serena evitando mirarlas a los ojos directamente. Jenna asintió lentamente, aceptando la respuesta pero dejando una sonrisa que sugería que no terminaba de creérselo del todo..
El alcohol comenzó a hacer efecto con sorprendente rapidez… Ellie sintió primero un calor agradable en las mejillas, seguido de una ligera pesadez en los párpados que la hizo recostarse más contra los cojines del sofá, soltando una risa más alta y despreocupada de lo habitual ante un comentario de Jenna sobre rocas que parecían genitales… Miguel notó cómo la habitación daba vueltas suavemente si giraba la cabeza muy rápido, dejó el tenedor a un lado, decidiendo prudentemente no comer más, aunque el pastel era tentador
Jenna, sin embargo, pareció florecer con el alcohol. La rigidez de sus hombros desapareció por completo. Se quitó los zapatos y recogió las piernas bajo su cuerpo en el sofá, adoptando una postura que jamás hubiera permitido frente a un invitado sobria… Su voz se volvió más grave y arrastrada, y sus ojos, normalmente escrutadores, brillaban con una diversión relajada mientras observaba a Ellie
-Creo que subestimé la potencia de este pastelito, está delicioso…-murmuró Jenna, estirando un brazo para acariciar distraídamente la rodilla de Ellie, un gesto posesivo y público que antes habría evitado
-¿Vas a dejar eso? Se va a desperdiciar- Jenna señaló con el tenedor la porción en el plato de Miguel…
Ellie negó suavemente, poniendo una mano sobre el brazo de su pareja.
-Amor, creo que ya comiste suficiente- intervino con tono maternal
-No pasa nada, un poco más no me hará daño- insistió Jenna, encogiéndose de hombros con despreocupación tomando el pastel de Miguel para comérselo
Miguel miró el pastel y luego a las dos mujeres. El ambiente era cálido, demasiado cálido. Aprovechando la confianza que el alcohol había generado en la sala, decidió preguntar lo que le daba curiosidad desde hacía días
-Oigan… ¿siempre han vivido así? Quiero decir… ¿nunca ha sido difícil para ustedes estar juntas, siendo dos mujeres? En mi pueblo la gente podría pensar distinto…-
-Es solo amor, Miguel. Lo demás no importa cuando tienes a la persona correcta al lado.. y no, no hemos vivido alguna mala experiencia juntas- respondió Ellie con ternura, acariciando el dorso de la mano de Jenna sobre su rodilla
Jenna soltó una risa ronca y negó con la cabeza, dando otro bocado al pastel empapado en ron
-Bueno, no siempre fue tan idílico. Recuerdo a un tipo idiota en una fiesta de bodas… Se nos acercó tambaleándose, nos miró de arriba abajo como si fuéramos un plato del menú y nos preguntó descaradamente si necesitábamos un «hombre de verdad» para completar el trío- contó Jenna con sarcasmo, imitando la voz grave del desconocido
-Dijo que éramos un desperdicio sin él- Ellie puso los ojos en blanco, aunque sonreía
-Fue ridículo. Le dijimos que se largara antes de que le tirara encima mi copa de vino. La gente a veces piensa que nuestra relación es un espectáculo o una fantasía para ellos, no algo real… Pero tú ya sabes la verdad, ¿verdad, Migel? Que esto es solo nosotras dos, sin necesidad del deseo de nadie más…-
Ellie se cubrió la boca con la mano, mirando a Miguel con los ojos abiertos…
-Dios mío, Jenna… hay un niño de 13 años sentado ahí mismo!- exclamó, con las mejillas completamente rojas ante la vergüenza
-Tiene 13, no es un bebé- respondió Jenna con una sonrisa, sin el menor arrepentimiento
Miguel simplemente miró su vaso vacío de leche, sin saber exactamente dónde poner los ojos, Jenna dejó el plato sobre la mesita y se recostó hacia Ellie, deslizando un brazo por detrás de sus hombros, se inclinó levemente hacia ella, rozándole la sien con los labios
-No es mentira, Ellie. Somos mujeres atractivas y es normal que los estúpidos hombres nos miren o tengan esas ideas de nosotras…- dijo Jenna con total naturalidad mientras miraba a su pareja con desafío juguetón
Ellie negó con la cabeza, visiblemente incómoda por la dirección que tomaba la conversación frente al chico..
-No creo que sea tan así, Jenna. No todos piensan en eso… Miguel es un niño bueno por ejemplo, no tiene esa clase de… pensamientos-
Jenna ladeó la cabeza, clavando sus ojos oscuros directamente en Miguel con una intensidad repentina que lo hizo enderezarse en el sofá…
-¿Ah, no? Vamos a probarlo entonces. Dime, Miguel, cuando ves a Ellie con esa blusa escotada o aquel día cuando me viste saliendo de la ducha con solo una toalla… ¿nunca se te ha ocurrido algo raro? Sé honesto, nadie se va a enojar-
El silencio se hizo pesado en la sala. Miguel sintió cómo el calor le subía por al cuello, atrapado entre la curiosidad embriagada de Jenna y la mirada juzgona de Ellie, quien esperaba desesperada que él negara todo para salvar la inocencia del momento…
El adolecente tragó saliva, sintiendo la garganta seca. La verdad era que sí las había mirado…. No podía evitarlo. Ellie, con esa blusa y pantalón que se ceñía a su cintura antes de expandirse sobre sus caderas anchas, tenía unos pechos grandes y pesados que se movían ligeramente cada vez que reía o se inclinaba para servir el té, su piel blanca mostraba algunas marcas del tiempo, pero sus curvas eran invitantes, maternales y extrañamente femeninas al mismo tiempo… Jenna, por otro lado, era toda tensión y líneas definidas bajo su camisa entreabierta; sus piernas largas y torneadas cruzadas en el sofá, el corte preciso de su cabello oscuro que enmarcaba una mandíbula firme, y esa postura que hacía que incluso sentada pareciera dominante…
Nunca había fantaseado con eso, realmente no. Eran mujeres mayores, casi de la edad de su tía más vieja… Pero las palabras de Jenna, cargadas de ese tono directo y el alcohol en su sangre, empezaron a sembrar imágenes intrusivas en su mente… Se preguntó, por un segundo fugaz y prohibido, cómo se sentiría tocar esa suavidad en el vientre de Ellie o esa firmeza en los muslos de Jenna. Sacudió la cabeza rápidamente, avergonzado
-No… yo solo las veo como…-
-Como qué, Miguel?- insistió Jenna por el alcohol
-Como… no sé, personas normales, una bonita pareja- terminó él torpemente
Jenna soltó una risa baja y miró a Ellie con ese brillo específico en los ojos que Ellie conocía demasiado bien y que claramente le decía que se avecinaba algo
-Una bonita pareja… qué diplomático- murmuró Jenna, dejando caer su mano desde el hombro de Ellie hasta su cintura, apretando suavemente
-Jenna…- advirtió Ellie en voz baja, mirando a Miguel de reojo
-Solo voy a demostrar mi punto, amor- respondió con calma,
Se inclinó hacia Ellie lentamente, sin apartar los ojos de Miguel ni un segundo, como midiendo su reacción, tomó la barbilla de Ellie con dos dedos y la besó despacio, con más intención que antes, su mano se deslizaba por su cadera curvilínea…
Miguel se quedó completamente inmóvil, con el vaso vacío todavía en la mano, sin saber absolutamente dónde mirar
Jenna sentía algo encendiéndose por dentro que no tenía que ver únicamente con el ron… Era la combinación de todo. El alcohol corriendo por su sangre, Ellie tan suave y linda entre sus manos, sus caderas anchas y ese cuerpo voluptuoso que conocía de memoria… Y Miguel ahí, sentado, con sus trece años y sus mejillas rojas sin saber donde meter los ojos.. la situación era pervertida, lo sabía. Ese ambiente extraño la estaba poniendo caliente de una manera que su vida ordenada y estructurada raramente le permitía sentir… Ese jugueteo prohibido, esa pequeña audiencia involuntaria… Sus dedos apretaron con más firmeza la cadera de Ellie mientras profundizaba el beso, deslizando la lengua
Ellie se apartó bruscamente, limpiándose los labios con el dorso de la mano, completamente colorada
-Jenna, para- susurró con firmeza pero sin enojo real, sus ojos moviéndose rápidamente hacia Miguel con evidente vergüenza
-Miguel, cariño… perdona a esta mujer, el ron le hace cosas terribles- dijo Ellie acomodándose la ropa, intentando recuperar la compostura mientras Jenna sonreía
Ellie se puso de pie con un movimiento algo torpe, alisándose la blusa larga sobre sus caderas mientras murmuraba algo sobre preparar las sábanas limpias y revisar si había dejado la estufa encendida… Necesitaba escapar de la tensión que llenaba la sala antes de decir o hacer algo de lo que se arrepintiera mañana con la resaca… En cuanto sus pasos sonaron subiendo las escaleras, el silencio cayó pesado entre los dos restantes. Jenna no se movió de su lugar, por el contrario, se estiró como una gata satisfecho, cruzando una pierna sobre la otra, dejando que la tela de su pantalón se tensara sobre sus gruesos muslos…
Sus ojos oscuros, ahora brillantes y sin filtro, se clavaron directamente en los del chico, estudiando cada microexpresión de su rostro ruborizado. Una sonrisa, cargada de malicia y alcohol, curvó sus labios pintados.
-Bueno… ahora que la policía moral se ha ido, sé sincero, Miguel. ¿Te gustó lo que viste? No mientas, no me digas que no te importó verme meterle la lengua a la boca a Ellie así-
Miguel apretó el vaso entre las manos, mirando la mesita un momento antes de responder..
-Son… muy bonitas las dos. Y se ven bien juntas, como una buena pareja-
-Ve al punto-
-Sí… sí me gustó- El chico levantó la vista. El alcohol le había quitado suficiente filtro como para no poder sostener la mentira cómoda
Jenna no dijo nada por un segundo, solo lo miró con esa expresión satisfecha de quien acaba de ganar una apuesta consigo misma. Tomó uno de los últimos trozos de pastel del plato y lo comió despacio afectandose más por el alcohol
-Eso pensé- murmuró finalmente
Su expresión se volvió repentinamente seria a pesar del brillo en sus ojos. Se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas, reduciendo la distancia entre ambos
-Ella fue feliz con un hombre durante más de veinte años, Miguel. Tuvo una hija con él.. A veces pienso que estar conmigo es solo… comodidad. Compañía para no estar sola. Hemos tenido sexo, sí, pero sé que ella conoce el peso de un cuerpo masculino sobre el suyo. Sé que ella me ama como yo a ella… pero me pregunto si alguna vez, cuando estamos en la cama, echa de menos eso. Si le hace falta algo que yo no puedo darle por más que lo intente-
La mujer pasó una mano por su cabello corto, luciendo vulnerable por primera vez en la noche, dejando caer la máscara de seguridad que usualmente proyectaba.
-¿Crees que una mujer de su edad podría extrañar a un hombre incluso amándome a mí?-
Miguel abrió la boca y la cerró de nuevo. No tenía ni idea de qué responder a algo así. Era demasiado para un chico de trece años sentado en un sofá a las nueve de la noche con algo de alcohol en la sangre…
-No me sorprendería que a veces Ellie extrañara sentir un pene dentro… no solo frotarse conmigo o usar juguetes conmigo, porque eso está bien y todo pero…me pregunto cómo se sentirá para ella- siguió Jenna
La imagen llegó sola a la cabeza de Miguel sin que él la invitara… Las dos mujeres entrelazadas en posición de tijeras, los cuerpos sudados sobre las sábanas… Ellie desnuda con esas grandes caderas y sus gordas tetas y pesadas rebotando con cada movimiento, su vientre blando rozando contra los muslos firmes de Jenna… sus coños húmedos frotándose directamente, resbalosos y calientes, las caderas de ambas empujando rítmicamente una contra la otra buscando fricción… Ellie mordiéndose el labio con los ojos cerrados, sus dedos aferrando las sábanas…
Miguel se removió incómodo en el sofá, cruzando las piernas discretamente
-Yo nunca he estado con un hombre… siempre fui lesbiana, desde que tengo memoria. Nunca me interesó. Pero a veces me pregunto… cómo se sentirá tener algo real adentro. No solo los dedos de Ellie, ni su lengua, ni el vibrador que tenemos guardado en el cajón… algo diferente-
Jenna lo dijo con una naturalidad desconcertante, mirando el techo como si simplemente estuviera pensando en voz alta…
Entonces bajó la vista y sus ojos se detuvieron en el regazo de Miguel. Una sonrisa lenta se dibujó en su rostro…
El chico quiso moverse pero era demasiado tarde para disimular…
El alcohol era el responsable de todo esto. Sin él, Jenna jamás habría abierto esa puerta, jamás habría dicho nada de esto frente a un niño de trece años… Su filtro habitual, ese muro práctico y profesional que mantenía todo en orden, estaba completamente disuelto en ron y pastel… Y Miguel, con sus trece años y su poca experiencia, tampoco habría permitido que esas imágenes se quedaran tan cómodamente instaladas en su cabeza sin sentir vergüenza inmediata
-Vaya, Miguel…- murmuró Jenna
La mujer sentía algo que no reconocía del todo en sí misma… No era atracción hacia él exactamente, no de esa manera. Era algo más retorcido y específico que eso… Tener a un jovencito ahí sentado, con una erección evidente bajo el pantalón, esa presencia masculina joven e inexperta en su sala… le daba una sensación de control que la encendía de una manera extraña y nueva… El poder de saberlo así, de haberlo llevado a ese estado solo con palabras…
-Sabes qué… prefiero pensar que es Ellie quien lo necesita más, no yo- dijo inclinándose ligeramente hacia adelante -Que ella en el fondo desearía a alguien como tú. Joven, sin complicaciones…-
-Y si yo fuera heterosexual… me fijaría en muchachos como tú cuando crecieran un poco. Eso sí te lo digo.. Tienes algo, no sé qué es todavía, pero lo tienes- Sus ojos lo recorrieron brevemente de arriba abajo
Miguel parpadeó, confundido por el giro repentino de la conversación. Su mente aún procesaba los comentarios anteriores sobre la atracción física y las dudas de Jenna…
-No entiendo… ¿de qué habla? -preguntó, Jenna soltó una risa corta, seca y directa, sin rastro de vergüenza.
-Quiero decir que deberías follarte a Ellie, cogertela! -dijo con una claridad brutal, como si estuviera discutiendo el clima o asignando una tarea doméstica
-Ella necesita eso. Un hombre de verdad, joven, con sangre caliente. Alguien que la llene como yo no puedo. Tú eres perfecto para eso-
El chico se quedó helado, con la boca entreabierta, incapaz de articular palabra ante la propuesta descarada que flotaba en el aire cargado de alcohol y tensión sexual
La realidad de la situación era absurda si se pensaba fríamente… Un chico de trece años de Oaxaca, sentado en un sofá de Portland, ligeramente mareado por el ron de un pastel, con una arquitecta paisajista de 43 años proponiéndole acostarse con su pareja de 52… Ninguna parte de eso era normal. Su cabeza lo sabía perfectamente aunque el alcohol nublara los bordes de ese pensamiento…
Las mejillas le ardían. Las manos le sudaban. Y su cuerpo seguía respondiendo de manera completamente independiente a lo que su cerebro intentaba procesar…
-Yo… no creo que deba- dijo finalmente, con la voz algo ronca,, pensando en Ellie arriba haciendo las camas con total inocencia
-No creo que esté bien… ella es… ustedes son pareja. Y yo soy… soy un niño- La última palabra le salió más pequeña de lo que pretendía
-Eso quedaría entre nosotros tres, nadie más- dijo Jenna en voz baja, deslizándose del otro extremo del sofá hasta quedar a su lado, su muslo rozando el del chico…
-Sé perfectamente que eres un niño, Miguel. Por eso mismo… no puedo dejar pasar esto. Piensa en Ellie… esa mujer hermosa, Esas caderas entre tus manos. Esas tetas sobre tu cara… La has mirado, no me digas que no. Sabes exactamente de lo que hablo ¿Como se sentirá su vagina? Te adelanto que es una mujer muy humeda…- Su voz era grave y pausada, cada palabra calculada a pesar del alcohol. Se inclinó hacia él, su hombro rozó el suyo, su perfume mezclado con el ron del pastel llenando el espacio entre ambos…
-Ellie te adora. Te cuida como si fueras suyo… ¿no quisieras devolverle algo que ninguna mujer le ha dado en años?-
Miguel tenía la garganta seca y la cabeza dando vueltas lentas…La duda era genuina, su conciencia empujaba en una dirección mientras su cuerpo empujaba en la otra completamente…
-Jenna, yo no sé si…-
No terminó la frase. La mano de Jenna se posó sobre su regazo con una presión suave, sus dedos largos y finos encontrando el bulto bajo la tela del pantalón… Lo acarició despacio, sin prisa, estudiando su reacción…
Miguel se quedó en shock. La respiración se le cortó en la garganta. Sus manos aferraron el cojín del sofá a ambos lados de sus caderas…
-Por favor- suplicó la borracha
El chico exhaló despacio por la nariz, cerrando los ojos un segundo. Su cuerpo tomó la decisión antes que su cabeza… Se dejó estar, sin moverse, sin apartarse, permitiendo que la mano de Jenna siguiera donde estaba
-No pierdes nada, Miguel… Ellie es una mujer preciosa. Los hombres la han deseado toda su vida, desde que tenía tu edad hasta ahora… Su cuerpo… muchos hombres darían lo que fuera por estar donde vas a estar tú esta noche- Sus dedos fueron al cierre del pantalón del chico con una destreza tranquila… Miguel no se movió
El botón cedió. Jenna metió la mano con cuidado y sacó su pene semierecto, envolviéndolo sin apresurarse…
Comenzó a mover su mano arriba y abajo con buen ritmo, sintiendo cómo se endurecía completamente entre sus dedos
-Ves… sabía que no te ibas a arrepentir- murmuró mirándolo a los ojos, con una sonrisa satisfecha mientras seguía moviéndose..
Miguel apretó la mandíbula, completamente rendido
Miguel sintió una descarga recorrerle la espalda cuando la mano de Jenna comenzó a masturbarlo… El calor de esa palma adulta, áspera por el trabajo pero suave en el tacto era algo que obviamente nunca había sentido.
Para Jenna, la excitación era embriagadora y casi dolorosa. Sentir esa juventud palpitando entre sus dedos le provocaba un vértigo moral que solo aumentaba la lubricación en su vagina. No era atracción hacia el chico en sí, sino el poder absoluto de manipular la situación, de romper todas sus propias reglas en la seguridad de su sala… Ver cómo el niño aceptaba, cómo su inocencia lo bajo su control, le daba una sensación de deseo que nunca había experimentado ni siquiera tanto con Ellie.
Era la primera vez para la mujer en su vida que tocaba un pene real; toda su experiencia sexual se limitaba a mujeres y juguetes de silicona…No tenía una referencia clara de cómo debía sentirse la textura venosa o el calor contra su piel, pero al notar cómo las caderas de Miguel comenzaban a elevarse involuntariamente buscando su mano, supuso que lo estaba haciendo bien.
-¿Entonces qué dices? ¿Te la vas a follar? -preguntó ella, sin detener el movimiento
Miguel tenía los ojos cerrados y la cabeza echada hacia atrás, incapaz de formular un pensamiento coherente más allá del placer físico que le recorría la columna… La resistencia se había disuelto por completo bajo el tacto experto aunque novato de la mujer
-Sí… sí voy a hacerlo -logró decir con la voz algo quebrada
Los pasos de Ellie bajando las escaleras se detuvieron en seco al llegar al último escalón. Desde allí, la vista era innegable.. su pareja, con la mano metida en los pantalones del chico que acababan de alimentar y cuidar, moviéndose sobre el pene expuesto de Miguel. El sonido de la cremallera abierta y la respiración entrecortada del adolescente llenaron el silencio de la casa.
Ellie se llevó ambas manos a la boca, los ojos muy abiertos por la incredulidad y un shock que le impedía gritar o moverse. Jenna, sin embargo, no retiró la mano ni intentó cubrir al chico. Al ver a su pareja parada solo le sonrió. Se puso de pie despacio, dejando a Miguel jadeando y semi-desnudo en el sofá, y caminó hacia Ellie con esa seguridad que recuperaba incluso rota moralmente.
-Mira lo que tienes debajo de tu propia nariz, cariño… un muchachito dispuesto a darte justo lo que te falta. ¿No es perfecto?- dijo Jenna
Ellie quiso decir algo pero ningún sonido salió… sus manos temblaban ligeramente sobre sus pechos, incapaz de procesar la imagen de su esposa tocando a un niño, Jenna no esperó respuesta, tomó el rostro de Ellie entre sus manos, manchándola con los fluidos del pene de Miguel
-Shh, no pienses tanto, amor. Solo míralo- dijo antes de besarla con fuerza, empujando su lengua dentro de la boca de Ellie para silenciar cualquier protesta que intentara formarse. El beso fue profundo y posesivo, lleno del sabor a ron y deseo crudo..
Cuando se separaron, Jenna sonrió, acariciando la mejilla sonrojada de su pareja.
-Está duro como una roca y quiere hacerte feliz. ¿No ves lo perfecto que es? Solo deja de luchar contra esto y ve a darle lo que necesita… lo que tú necesitas- insistió, volviendo la cabeza para mirar a Miguel, quien seguía inmóvil en el sofá con el pene expuesto
Jenna entrelazó sus dedos con su amada y la guió hacia el sofá donde las esperaba el chico
Ellie se dejó llevar con pasos torpes… Su cabeza era un torbellino contradictorio. El alcohol le había aflojado los pensamientos lo suficiente como para no resistirse físicamente, pero no tanto como para ignorar lo que estaba pasando… Era un niño. Un niño que ella cuidaba. Un niño al que le había enseñado a usar la lavadora esa misma mañana…
Pero otra parte de ella, una parte enterrada bajo años de corrección y responsabilidad, miraba el cuerpo atlético del chico y su erección expuesta con una curiosidad que la avergonzaba profundamente… Hacía años que no veía un pene real… Y aunque amaba a Jenna con todo su corazón, había noches en las que sus dedos y su lengua no bastaban para llenar ese vacío específico que recordaba vagamente…
El alcohol le susurraba que no pasaba nada. Que era solo una noche. Que nadie lo sabría…
Jenna ejerció una presión firme pero suave en los hombros de Ellie hacia abajo hasta que sus rodillas chocaron contra la alfombra gruesa de la sala, justo frente a las piernas abiertas de Miguel. El chico contuvo el aliento, mirando desde esa nueva perspectiva cómo el escote de la blusa de Ellie se abría, ofreciendo una vista privilegiada de sus pechos palidos que subían y bajaban con su respiración…
-Jenna, por favor… no puedo hacer esto, es un niño, soy su tutora…- dijo Ellie en un susurro tembloroso, intentando levantarse, pero las manos de su pareja se posaron en su nuca, impidiéndole escapar, acariciando su cabello entrecano con una ternura engañosa…
-Shh, cariño, escúchame…- murmuró, inclinándose para besarle la oreja, su voz estaba goteando miel y veneno
-No estás haciendo nada malo. Estás cuidando de él de la forma más íntima posible. Mira lo mucho que te necesita… mira cómo te mira él. ¿No sientes ese calor? Ese no es miedo, Ellie, es destino… Eres una mujer que merece una buena verga, eres tan hermosa, tan deseable… incluso para alguien tan joven y puro como él. Imagina solo por un segundo… Miguel, puedes quitarte los pantalones, por favor?-
Dijo ella acercando el rostro de Elloe lentamente hasta que la punta del pene de Miguel quedó a centímetros de sus labios…
El olor la golpeó primero. Almizclado, joven, caliente… diferente a cualquier cosa que hubiera sentido en años. Un aroma masculino que despertó recuerdos enterrados en lo más profundo de su memoria… Las noches con un hombre, el control de su cuerpo sobre el suyo, la sensación de ser llenada…
Sus ojos se humedecieron. No de tristeza sino de una confusión abrumadora… Su cuerpo respondía de maneras que su moral rechazaba violentamente… Sentía la humedad creciendo entre sus piernas, sus pezones endureciéndose contra la tela de su bra, su respiración caliente rebotando contra la piel del niño…
Pero el alcohol le derretía las barreras una por una y el aroma de ese pene joven y duro le nublaba el juicio… Cerró los ojos y exhaló temblorosamente, su aliento cálido envolvió la erección de Miguel, quien gimió suavemente ante la sensación…
-Jenna… no puedo…- susurró, pero su boca estaba a milímetros…
-Chúpalo, Ellie. Hazlo por mí, hazlo por ti…- ordenó Jenna con voz estricta, guiando ese rostro maduro y sonrojado hacia abajo hasta que los labios de Ellie rozaron la punta sensible del glande..
El primer contacto fue un choque eléctrico para ambos.
Para Ellie, el sabor fue salado y terroso, completamente ajeno a lo que conocía. Sintió la textura venosa pulsando contra su lengua, una dureza viva que parecía tener voluntad propia… Una ola de vergüenza ardiente le subió desde el estómago hasta la cabeza, mezclada con una excitación culpable y prohibida que le hizo gemir bajo la boca llena… Su mente gritaba que se detuviera, que era incorrecto, pero su cuerpo, traicionado por el alcohol y años de abstinencia masculina, reaccionaba con una humedad desesperada en su coño. Sentirse útil, sentirse deseada de esa manera tan primitiva por un chico joven, rompía algo dentro de ella que ya no podía arreglar…
Para Miguel, la sensación fue abrumadora. Ver esos labios gruesos y maduros, esos mismos que le sonreían con dulzura mientras cocinaban, rodeando su verga
El niño se sentía en un sueño de lo inimaginable que estabapasando… Esa mujer ahora tenía su pene dentro de su boca caliente y húmeda, chupándolo con torpeza pero con una entrega que lo hacía temblar de pies a cabeza…
Los sonidos húmedos llenaban la sala mientras la cabeza de Ellie subía y bajaba guiada por la mano firme de Jenna en su nuca… El cabello grisáceo de Ellie le hacía cosquillas en los muslos cada vez que bajaba más profundo…
Jenna lo miraba directamente a los ojos con una sonrisa de satisfacción absoluta, como una directora de orquesta contemplando su obra maestra… Sus dedos se enredaban en el pelo de su pareja, marcando un ritmo lento pero constante
-¿Ves? Mírala… mira lo bien que te la chupa. Lleva años necesitando un verga…- le susurró a Miguel con esa voz grave y controladora
Jenna soltó a Ellie, y la cabeza de su pareja no se detuvo. Siguió subiendo y bajando por su cuenta, con un ritmo propio que se había vuelto más hambriento…
«Slurp, slurp» Los sonidos obscenos resonaban mientras Ellie se la mamaba con los ojos cerrados, completamente perdida en el acto, una mano apoyada en el muslo delgado del chico y la otra aferrando la base de su pene… Ya no necesitaba que nadie la guiara. Su cuerpo había tomado el control por completo, recordando movimientos que creía olvidados de otra vida…
Jenna se puso de pie despacio, contemplando la escena desde arriba con los brazos cruzados. Su pareja de rodillas, su blusa arrugada, sus grandes tetas bamboleándose con cada movimiento de su cabeza mientras le hacía una mamada a un niño de trece años en su propia sala…
-Sabía que lo necesitabas, amor- murmuró para sí misma, mordiéndose el labio inferior mientras sentía su propia ropa interior empapada
Entonces se inclinó y depositó un beso tierno en la frente sudorosa de Ellie, apartándole un mechón gris del rostro…
-Disfrútalo, te lo mereces..- le susurró con una dulzura que contrastaba con lo obsceno de la escena
Luego miró a Miguel, señalándolo con el dedo
-Y tú, no te quedes ahí como espectador… cuando estés listo, métesela. Hazla feliz jeje-
Dicho esto, Jenna se alejó hasta el otro extremo de la sala, dejándose caer en el sillón individual. Cruzó las piernas, tomó el plato con una rebanada de pastel de la mesita y cortó un trozo con el tenedor, llevándoselo a la boca con totalp naturalidad…
Desde ahí, a unos cuatro metros de distancia, tenía una vista perfecta de todo…
Jenna masticó despacio, saboreando el pastel mientras observaba a su mujer chupándole la verga a un niño en su sala de estar…
Ellie había perdido toda noción de quién era. La ex profesora universitaria, la anfitriona responsable, la tutora cariñosa… todo eso se había desvanecido bajo el peso de ese pene joven palpitando dentro de su boca…
Su lengua recorría cada centímetro con una devoción casi religiosa, lamiendo desde la base hasta la punta, deteniéndose para succionar la cabeza con los labios apretados mientras sus mejillas se hundían en una obscena demostración de sus labios… Hilos de saliva espesa le escurrían por la barbilla, cayendo sobre sus tetas que se sacudían…
Sus manos temblaban aferradas a los muslos del chico mientras tragaba más profundo, sintiendo cómo la punta le golpeaba el fondo de la garganta.. Se atragantó pero no se detuvo, volvió a bajar con más hambre, girando la cabeza para sentirlo desde otro ángulo…
Gemía con la boca llena, vibraciones que recorrían el pene de Miguel y lo hacían retorcerse… Su coño empapaba sus bragas bajo sus pantalones, apretando los muslos buscando toque mientras se entregaba completamente a ese sabor masculino que llevaba años extrañando sin admitirlo…
Era una mujer hambrienta devorando lo que le habían negado durante demasiado tiempo…
Las manos del chico se posaron temblorosas sobre el cabello de Ellie… Esas eran las mismas manos que dibujaban los mercados de Oaxaca, las mismas amasaban masa para bolillos… y ahora estaban sobre la cabeza de una mujer adulta que le chupaba el pene en la sala de su casa. Sintió un poder nuevo e intoxicante recorriéndole el cuerpo… la sensación de que esa mujer mayor, educada, hermosa, estaba ahí abajo por él, sirviéndole con la boca… empujó suavemente hacia abajo sin pensarlo, guiado por puro instinto animal, sintiendo cómo Ellie cedía dócilmente a la presión de sus manos…
Ellie sintió los dedos del niño apretando su cabeza y algo se rompió definitivamente dentro de ella… No fue horror ni rechazo, fue alivio. Un alivio profundo y vergonzoso de sentirse sometida por manos masculinas otra vez, aunque fueran pequeñas e inexpertas… De ser guiada, usada, de no tener que pensar ni decidir… Solo abrir la boca y recibir… Sus ojos se humedecieron mientras dejaba que Miguel marcara el ritmo, relajando la garganta, rindiéndose completamente…
A lo lejos escuchó el tintineo del tenedor de Jenna contra el plato de pastel…
La atención de Jenna estaba completamente clavada en la escena que se desarrollaba a cuatro metros de distancia…
Cada sonido húmedo que producía la boca de Ellie le enviaba una punzada directa entre las piernas… Apretó los muslos cruzados, sintiendo su ropa interior completamente empapada pegándose a sus labios vaginales… Observaba cómo las manos pequeñas del chico guiaban la cabeza canosa de su pareja arriba y abajo…
Era la escena más depravada que había presenciado en su vida y ella misma la había planeado… Una arquitecta paisajista de cuarenta y tres años, sentada en su propio sillón comiendo pastel mientras veía a su mujer de 52 mamarle la verga a un niño mexicano de trece que se suponía debían cuidar durante un intercambio educativo…
Deslizó una mano discretamente bajo su pantalón de vestir, presionando sus dedos contra su clítoris hinchado por encima de la tela mojada de sus bragas… Se mordió el labio conteniendo un gemido mientras seguía mirando sin pestañear…
-Métesela ya…- dijo Jenna
Ellas y él deseaban eso, sexo…
Miguel quería saber qué se sentía estar dentro de una mujer… Su cuerpo adolescente ardía de curiosidad y lujuria, cada terminación nerviosa diciéndole que necesitaba más que esa boca caliente… Quería hundirse en algo suave y húmedo, sentir lo que los videos que había visto a escondidas en su teléfono solo podían sugerir…
Jenna quería presenciar el espectáculo completo… Ver a su Ellie abrirse de piernas para un hombre, confirmar sus sospechas de años, ver esa expresión en su rostro cuando algo real y de carne la llenara… Quería escucharla gemir diferente, de esa manera que sus dedos y su lengua nunca habían logrado…
Y Ellie… Ellie ya no podía mentirse. De rodillas, con la mandíbula adolorida y la saliva escurriéndole por el cuello hasta el escote, lo único que ocupaba su mente era sentir esa verga joven y dura abriéndose paso dentro de su coño hambriento… Quería que ese niño de trece años la montara como un animal, quería sentir su peso encima, su torpeza, su urgencia adolescente llenándola hasta el fondo…
Ellie soltó el pene de su boca con un «pop» obsceno y lo miró hacia arriba con los ojos vidriosos…
-Ya basta de juegos… Cogetela, Miguel!- ordenó Jenna desde su sillón, con la mano todavía entre sus piernas
Ambos obedecieron como si la voz de Jenna fuera la única autoridad que les dijera que esto estaba bien…
Ellie se puso de pie con las rodillas temblorosas, sus labios hinchados y brillantes de saliva… Sin mirarlo a los ojos, se desabrochó el pantalón y lo deslizó hacia abajo junto con sus bragas empapadas, revelando sus caderas anchas, su vientre gordito y suave, y su coño cubierto de vello oscuro goteando de excitación…
Se sentó en el sofá al lado de Miguel y abrió las piernas, exponiendo su vulva carnosa ante el chico…
Miguel se quedó paralizado mirando entre las piernas de Ellie… Era la primera vez que veía un coño real tan de cerca, tan abierto, tan mojado… No tenía idea de qué hacer, dónde poner las manos, cómo posicionarse…
-Yo…- balbuceó con la voz quebrada
-Ven aquí, cariño- susurró Ellie con esa voz maternal que usaba para enseñarle cualquier cosa, tomándolo suavemente de la mano para guiarlo entre sus muslos abiertos…
Miguel se posicionó entre los muslos gruesos de Ellie, apoyando una rodilla en el sofá… agarró su pene y lo alineó contra la entrada caliente que lo esperaba… Empujó hacia adelante sin técnica, sin ritmo, solo con la urgencia desesperada de un virgen…
La cabeza de su pene se deslizó dentro con una facilidad gracias a lo empapada que estaba Ellie… El resto siguió de golpe, hundiéndose hasta el fondo en un solo movimiento
-¡AHHH DIOS!- gimió Ellie con una fuerza que retumbó en toda la sala, echando la cabeza hacia atrás contra el respaldo del sofá mientras sus piernas se envolvían instintivamente alrededor del cuerpo del chico, atrapándolo dentro de ella
Sus paredes vaginales se apretaron alrededor de esa verga joven y dura como si quisieran devorarla… Años sin un pene adentro concentrados en un solo instante…
Miguel jadeó con la boca abierta, completamente abrumado por la sensación… Caliente, apretado, húmedo, vivo… Nada de lo que había imaginado se acercaba ni remotamente a esto…
-Ellie…!!- gimió el chico sin aliento
Miguel comenzó a moverse, empujando sus caderas hacia adelante y hacia atrás… Solo embestidas desesperadas que hacían que el sofá crujiera bajo ellos…
Resonaron los sonidos de su pelvis chocando contra el gran coño de Ellie… Ellie gemía sin control, aferrándose a los hombros delgados del chico con las uñas, su boca abierta dejando escapar sonidos que no había producido en décadas…
-¡Ah… ah… oh dios… ah!-
-Ellie, súbete la blusa. Que vea tus tetas- ordenó Jenna desde el sillón, con la voz entrecortada mientras sus dedos trabajaban dentro de sus bragas
Ellie obedeció sin pensar, jalando su blusa y su brasier hacia arriba con manos temblorosas… Sus grandes pechos cayeron libres, pesados y pálidos, con los pezones completamente erectos, sacudiéndose con cada embestida del chico…
Miguel se quedó hipnotizado mirando esas tetas enormes rebotando frente a su cara… sin pensarlo hundió su rostro entre ellas, sintiendo la suavidad cálida aplastándose contra sus mejillas mientras seguía embistiendo con fuerza…
-Así, chúpale las tetas, Miguel…- gimió Jenna desde lejos
Su lengua recorrió la piel suave y sudorosa de esos pechos enormes, dejando rastros húmedos de saliva sobre la carne blanca hasta que encontró uno de esos pezones gruesos que coronaban sus tetas…
Lo atrapó con los labios y comenzó a succionar con fuerza, como si buscara algo de ellos, tirando de la carne con la boca mientras su lengua giraba alrededor de la areola arrugada…
Los ojos de Ellie se pusieron completamente en blanco, su cabeza cayó hacia atrás como si le hubieran arrancado el alma del cuerpo… Un gemido gutural y animal escapó de lo más profundo de su garganta, un sonido que ni ella misma reconoció…
-¡OH DIOS MÍO… OH DIOS… NO PARES… NO PARES!- gritó envolviendo la cabeza del chico contra su pecho con ambas manos, aplastando su cara entre sus tetas mientras sus caderas se movían solas buscando más profundidad…
La combinación de esa boca joven succionando sus pezones sensibles y esa verga dura golpeándole el fondo la estaba destruyendo…
«Plap, plap, plap» se escuchaba entre los gemidos del trío
Una mujer cerca de estar en la tercera edad, con la blusa enrollada sobre sus tetas enormes que rebotaban sin control, las piernas abiertas y envueltas alrededor de un cuerpo que pesaba casi la mitad que ella… siendo follada en su propio sofá por un niño…
Casi cuarenta años de diferencia. Cuarenta años separaban esos dos cuerpos que ahora chocaban con buen ritmo… Ella tenía arrugas alrededor de los ojos, leves estrías en el vientre, canas en el pubis… Él nisiquiera vello en las axilas…
Y Ellie lo estaba disfrutando como nunca en su vida…
Cada embestida torpe del chico le arrancaba un gemido más fuerte que el anterior… Cada succión en sus pezones le enviaba corrientes eléctricas directas al clítoris… Su coño empapado se aferraba a esa verga con una codicia animal, apretando y soltando, sus jugos escurrían por sus nalgas hasta manchar el sofá…
Y todo esto porque su mujer, su amada Jenna, la persona que más amaba en el mundo, se lo había entregado en bandeja de plata… La había puesto de rodillas, le había metido una verga en la boca y ahora la observaba desde el sillón comiendo pastel mientras se masturbaba viendo cómo un adolescente le destrozaba el coño a su esposa…
Y a Ellie le encantaba. Le encantaba cada segundo.
Después de más de 15 minutos así, Miguel se detuvo jadeando, con el pecho subiendo y bajando rápidamente… Su cuerpo adolescente no tenía la resistencia para mantener ese ritmo, las piernas le temblaban del esfuerzo…
Ellie lo notó y con una ternura maternal que contrastaba con la situación, lo tomó de los hombros y lo guió para que se sentara en el sofá… El chico se dejó caer, con el pene empapado de los jugos de Ellie apuntando hacia el techo..
Entonces Ellie se montó sobre él cara a cara…
Se posicionó con las rodillas a cada lado de las caderas del niño, se dejó caer lentamente sobre su verga centímetro a centímetro, gimiendo mientras la sentía llenarla otra vez…
-Ahhhh… así está mejor, mi amor…- susurró con los ojos entrecerrados
Cuando llegó hasta el fondo, sus nalgas enormes descansaron sobre los muslos del chico… La diferencia de tamaños era obscena, el cuerpo voluptuoso de Ellie envolviendo completamente el cuerpo pequeño de Miguel… Sus tetas gordas quedaron justo frente a la cara del niño, Ellie comenzó a mover las caderas, cabalgándolo despacio al principio, luego con más fuerza…
Jenna sonrió desde su sillón, lamiendo los restos de betún del tenedor mientras observaba la escena con orgullo…
Ya no necesitaban sus órdenes. Ya no necesitaban su guía. Se habían entregado el uno al otro con una naturalidad que superaba cualquier expectativa que hubiera tenido cuando planeó todo esto…
Ellie cabalgaba al chico, sus caderas anchas subiendo y bajando con un ritmo que hacía temblar el sofá entero… Sus tetas pesadas rebotaban contra la cara de Miguel quien las atrapaba con ambas manos, apretando la carne suave entre sus dedos pequeños mientras chupaba un pezón y luego el otro…
-Mmngh… Miguel… más profundo… sí…- gemía sin pudor alguno, agarrando la cabeza del niño contra sus pechos mientras lo montaba con fuerza
Jenna se recostó en el sillón, metiendo la mano completamente dentro de su pantalón… Había creado esto. Había tomado a su esposa reprimida y a un niño virgen y los había convertido en amantes… Ellie ya era completamente de él y apenas llevaban minutos follando…
-Eso es, cariño… demuéstrale a Miguel lo que es una mujer de verdad- murmuró para sí misma
-Más… más… dame más…- decía Ellie, tenía la frente perlada de sudor, completamente perdida en el placer de esa verga llenándola una y otra vez…
Jenna se mordió los labios otra vez y deslizó su pantalón de un poco más abajo por sus caderas, lo suficiente para darle a su mano más espacio… Sus dedos encontraron su clítoris directamente, sin la barrera de la tela, y comenzó a frotarlo en círculos rápidos mientras sus ojos no se despegaban ni un segundo de la escena…
Podía ver todo desde su ángulo… La espalda sudorosa de Ellie, sus nalgas tragándose la verga del chico cada vez que bajaba, las manos pequeñas de Miguel aferradas a las caderas de su mujer, los dedos hundiéndose en la carne blanda…
-Mierda…- gimió Jenna bajito, acelerando el movimiento de sus dedos, sintiendo cómo su propio orgasmo comenzaba a construirse mientras veía a su esposa follarse a un niño de trece años…
Las manos de Miguel buscaron el gran culo de Ellie… Agarró sus nalgas con fuerza, hundiendo sus dedos pequeños en esa carne abundante que se desbordaba entre sus manos… Luego las abrió, separándolas completamente…
Jenna contuvo el aliento desde su sillón…
La vista era obscena. El ano estirado de Ellie quedó completamente expuesto, contrayéndose con cada embestida… Y justo debajo, la verga del chico aparecía y desaparecía dentro del coño carnoso de su esposa, brillante y empapada de jugos blanquecinos que se acumulaban en la base formando un anillo espumoso…
Cada vez que Ellie bajaba, sus nalgas abiertas tragaban esa verga hasta los huevos del chico, y cuando subía, Jenna podía ver cómo los labios vaginales hinchados de su mujer se aferraban al pene como si no quisieran dejarlo ir, estirándose obscenamente hacia afuera antes de volver a tragárselo entero…
-Qué puta eres, Ellie… qué hermosa puta eres…- gimió Jenna frotándose frenéticamente mientras observaba el ano de su esposa palpitar y el coño devorar esa verga adolescente
Jenna aceleró sus dedos sobre su clítoris, empapando la tela del sillón bajo ella mientras murmuraba entre gemidos entrecortados…
-Mierda… mierda… míralos… mira esa verga entrando en mi mujer…- Su mente divagaba entre el placer y la perversión de sus propios pensamientos…
-Qué afortunadas somos… un hombrecito en nuestra casa… con esa verga dura todas las noches… comiendo nuestra comida y follándose a mi esposa…- susurraba para sí misma mientras sus caderas se movían contra su propia mano
Imaginó las posibilidades… Miguel vivía con ellas. Dormía bajo su techo. Desayunaba en su mesa cada mañana. Y ahora sabía lo que se sentía estar dentro de Ellie…
-Esto no va a ser solo una vez… este niño te va a coger cada vez que él quiera- gimió apretando los dientes
Ellie seguía cabalgando sin escucharla, perdida en su propio mundo mientras sus tetas aplastaban la cara del niño…
-Va a follarte en nuestra cama… va a desayunar y luego te va a coger en la cocina… voy a ver cómo te llena el coño de leche todas las noches antes de dormir… mi esposa convertida en la puta de un niño de trece años…-
Entonces Ellie se detuvo, jadeando pesadamente con el cuerpo tembloroso y empapado de sudor… Se apoyó en los hombros de Miguel intentando recuperar el aliento, sus piernas ya no podían sostenerla en esa posición…
Miguel aprovechó el momento. Con una seguridad que no tenía 30 minutos atrás, empujó suavemente a Ellie para que se levantara… Ella obedeció, poniéndose de pie frente a él con
Miguel se puso de pie también, su verga empapada y enrojecida apuntando hacia Ellie…
Miguel tomó a Ellie por las caderas y la empujó hacia la mesita de centro… Jenna reaccionó en un instante, quitando el plato, los cubiertos y deslizando el pastel hacia un extremo con la rapidez de alguien que había estado esperando este momento…
Ellie cayó de espaldas sobre la mesita, sus tetas se desparramaron hacia los lados, su vientre blando subía y bajaba con respiraciones agitadas, sus piernas colgando abiertas por el borde donde Miguel se posicionó de pie entre ellas…
La mesita era perfecta. La altura le quedaba exacta al chico para penetrarla inclinandose solo unpoco…
Jenna se encontró de pronto con la cara de Ellie justo frente a ella, boca arriba, con los ojos vidriosos, el pelo gris revuelto y pegado a la frente…
Jenna la miró desde arriba, acariciándole la mejilla con dedos que todavía olían a su propio coño…
-Mírate nada más, cariño…- le susurró
-Jenna… yo…- Ellie abrió los ojos encontrándose con la mirada de su mujer al revés…
-Shh… solo disfruta-
Entonces Miguel empujó hacia adelante, hundiéndose de golpe dentro de ella otra vez…
-AHHH!- gimió Ellie, arqueando la espalda sobre la mesita
Miguel agarró las caderas de Ellie con fuerza y comenzó a embestirla sin piedad… La mesita crujía y se arrastraba centímetros con cada golpe, las patas raspaban el piso con la alfombra…
Las tetas enormes de Ellie rebotaban violentamente de un lado a otro, su carne se ondulaba con cada impacto… Sus piernas temblaban sin control mientras esa verga adolescente la perforaba…
Jenna sostenía el rostro de su esposa entre sus manos, acariciándole el cabello sudado mientras la miraba desmoronarse…
-Eres hermosa, mi amor… eres la mujer más hermosa del mundo…- le susurraba con ternura
Pero la cara de Ellie era pura obscenidad… Tenía la boca completamente abierta con la lengua afuera, un hilo de saliva escurriéndole por la mejilla, los ojos en blanco mostrando solo lo blanco mientras gemía como un animal…
-Mnngh…!! Jenna! Oh!!!-
-Shh… lo estás haciendo perfecto, cariño… déjalo que te use… déjalo que te rompa todita…- murmuraba Jenna besándole la frente mientras los gemidos de su esposa le vibraban contra los labios…
Jenna no pudo contenerse más… Se bajó el pantalón hasta las rodillas junto con sus bragas, revelando su coño perfectamente depilado y goteando…
Se inclinó hacia adelante, posicionando su entrepierna a centímetros de la cara de Ellie… Comenzó a frotarse el clítoris rápidamente, tan cerca que las gotas de su excitación caían sobre la cara de su esposa…
-Mira lo que me provocas viéndote coger con ese niño…- susurró Jenna
Ellie podía oler el coño de su mujer mezclándose con el sonido brutal de las embestidas de Miguel… Sacó la lengua intentando alcanzar los dedos de Jenna, buscando lamer lo que goteaba sobre ella…
-Ahh… Jenna… Jenna…- balbuceaba entre gemidos mientras
Los fluidos de Jenna le caían sobre la lengua extendida, sobre sus mejillas, mezclándose con su propia saliva… Jenna temblaba mirando hacia abajo, viendo la cara destruida de placer de su esposa bañada en sus jugos mientras un niño le destrozaba el coño al otro lado de la mesa…
-Voy a venirme viéndote, Ellie… voy a venirme en tu cara…-
Miguel observaba todo desde su posición entre las piernas de Ellie… La escena que tenía delante era algo que su cerebro de trece años nunca E imaginó…
La mujer que le preparaba el desayuno todas las mañanas estaba acostada sobre una mesita con la lengua afuera recibiendo los fluidos de su pareja en la cara mientras él la follaba… Y la mujer seria y formal que trabajaba en su escritorio con traje y el pelo perfectamente peinado estaba medio desnuda masturbándose sobre la cara de su esposa…
El alcohol había revelado quiénes eran realmente estas dos mujeres… Dos pervertidas hambrientas que solo necesitaban un empujón para desmoronarse…
Y él era ese empujón… Un niño que horneaba pan tenía a dos mujeres adultas retorciéndose de placer…
Esa realización lo golpeó como un rayo y sintió cómo sus huevos se apretaban, una presión caliente acumulándose en la base de su pene…
-Ellie… Creo qué…-
-Adentro, Miguel… échalo todo adentro!- gimió Jenna desde arriba, esa fué la señal para que Jenna se liberara
Los tres se vinieron casi al mismo tiempo…
Jenna fué la primera, apretando los dientes mientras su coño se contraía sobre sus propios dedos… Un chorro caliente de sus fluidos cayó directamente sobre la cara de Ellie, bañándole los labios abiertos, las mejillas, los ojos…
-MIERDA… ELLIE… AHHH!- gritó Jenna temblando sin control mientras se vaciaba sobre el rostro de su esposa…
Miguel fue el siguiente, hundiendo su verga hasta el fondo con una última embestida… Sus huevos se apretaron y descargó todo dentro de Ellie, sus chorros calientes de semen adolescente inundaron ese coño maduro que lo apretaba como un puño…
-ELLIE…!- gimió el chico
Y Ellie… El orgasmo de Ellie no vino de un punto físico específico. Fue mental. Fue sentir el semen caliente de un niño llenándola por dentro mientras los jugos de su amada mujer le bañaban la cara… Fue la combinación de lo prohibido, lo perverso y lo hermoso destrozándole cada neurona… Y el hecho de por fin tener una verga!
Su espalda se arqueó sobre la mesita, su boca se abrió en un grito silencioso, sus paredes vaginales exprimieron cada gota de la verga de Miguel mientras todo su cuerpo convulsionaba…
Luego… silencio. Solo tres respiraciones agitadas llenando la sala…
Jenna se puso de cuclillas junto a la mesita, jadeando con una sonrisa pintada en su cara enrojecida… Todavía borracha, con el pantalón abajo y los muslos brillantes de sus propios fluidos…
Se inclinó sobre el rostro de Ellie, que yacía sobre la mesita con la cara empapada de una mezcla obscena de saliva, sudor y los jugos de Jenna… Le apartó un mechón gris pegado a la frente y la besó suavemente en los labios, saboreándose a sí misma en la boca de su esposa…
-Mi amor… mi hermosa Ellie…- susurró entre besos cortos y tiernos
Ellie apenas podía mantener los ojos abiertos, todavía temblando por los espasmos del orgasmo…
-Eres perfecta… eres lo más bonito que existe…- Jenna le besó la nariz, las mejillas mojadas, los párpados…
-Te amo…- susurró Ellie con los ojos lagrimosos
-Yo te amo más, tontita…- respondió Jenna besándola otra vez mientras Miguel seguía de pie entre las piernas de Ellie, sin saber exactamente qué hacer… Solo recuperando el aliento
Jenna entonces se paró, se subió el pantalón acomodándoselo en las caderas y se abrochó el botón… Se pasó las manos por el cabello, reacomodando su corte lo mejor que pudo…
Y como si nada hubiera pasado, recogió los platos sucios de la mesita esquivando el cuerpo de su esposa y de Miguel que seguían ahí… Tomó el pastel, los cubiertos, las tazas, las servilletas, y caminó hacia la cocina con pasos firmes…
Se dispuso a lavar los cubiertos en el fregadero mientras ahí seguían Miguel y Ellie…
Ellie acostada sobre la mesita con las piernas abiertas, la blusa enrollada sobre sus tetas, el coño goteando semen que escurría lentamente por sus nalgas hasta la mesita… Mirando al techo con los ojos perdidos, procesando lo que acababa de pasar…
Miguel de pie entre sus piernas, con su pene semi erecto todavía brillante, las manos colgando a los lados sin saber si debía moverse, hablar… Así que solo se recostó sobre el cuerpo de la mayor cerrando los ojos un momento
Después de unos minutos, la casa volvió a la normalidad como si nada hubiera pasado…
Ellie fue la primera en moverse. Se incorporó de la mesita con las piernas temblorosas, se bajó la blusa, se subió el pantalón sin molestarse en buscar sus bragas, le dió un besito en la mejilla al chico de buenas noches y se fué a su habitación
Miguel se vistió, subiéndose los pantalones y poniéndose la camiseta al revés sin darse cuenta… Fue al baño, se lavó la cara con agua fría mirándose al espejo sin reconocerse del todo, y caminó descalzo hasta su habitación de invitados donde se metió bajo las cobijas sin cambiarse…
En la cocina, Jenna terminó de secar el último plato, lo guardó en la alacena y apagó la luz… Para recoger la sala, limpió la mesita con un trapo húmedo, acomodó los cojines del sofá y apagó la lámpara del rincón…
Revisó que la puerta estuviera cerrada con llave como todas las noches, verificó las ventanas y caminó por el pasillo hasta su habitación…
Jenna entró… La lámpara de noche de Ellie todavía estaba encendida, proyectando una luz cálida sobre su figura acostada en la cama…
Ellie estaba ahí, con los ojos entrecerrados, agotada pero sin poder dormir del todo… Se había puesto su camisón de algodón pero ni siquiera se había duchado, simplemente se había dejado caer sobre las sábanas…
Jenna frunció el ceño levemente. Fue directo al baño, se quitó toda la ropa y la dobló cuidadosamente sobre el cesto antes de meterse a la ducha… El agua caliente le recorrió el cuerpo mientras se enjabonaba meticulosamente, eliminando todo rastro de sudor y fluidos de su piel… Se lavó el cabello, se lo secó con la toalla y se puso su pijama limpia, un conjunto de pantalón largo y camiseta de manga corta perfectamente planchado…
Se cepilló los dientes durante exactamente 3 minutos como siempre, se aplicó su crema de noche y finalmente se acostó junto a Ellie…
Deslizó su brazo alrededor de la cintura suave de su esposa, pegando su cuerpo al de ella, hundiendo la nariz en su cuello…
-Buenas noches, mi amor- susurró Jenna
-Buenas noches… Cariño, gracias por esto- murmuró Ellie apenas audible, acomodándose contra el cuerpo de su mujer
Jenna apagó la lámpara y la casa quedó en completo silencio…
Pasaron los días y estos tomaron una rutina agradable como siempre, Miguel se despertaba temprano con el olor del café y los huevos que Ellie preparaba en la cocina, desayunaban los tres juntos mientras Jenna revisaba sus planos en su tablet con el ceño fruncido y Ellie le preguntaba sobre sus sueños con genuina curiosidad…
Las mañanas las pasaba en un taller de dibujo del suburbio, donde ya había hecho un par de amigos que le pedían que les dibujara cosas en sus cuadernos. El inglés no era problema, años escuchando música en inglés le habían dado un acento raro pero funcional que hacía reír a sus compañeros…
Por las tardes dibujaba en el jardín que Jenna mantenía impecable, intentando capturar las hortensias de Portland con la misma destreza con la que dibujaba las flores de Bugambilia en su pueblo… Eran diferentes pero igual de bonitas…
A veces extrañaba a su familia. Extrañaba el olor de la pastelería de su mamá, las tortillas hechas a mano de su abuela, las bromas pesadas de su hermano… Pero una videollamada los domingos lo arreglaba todo. Su mamá le preguntaba si estaba comiendo bien y él le enseñaba los dibujos nuevos a su abuela que se ponía los lentes para verlos mejor en la pantalla…
Ellie lo trataba con un cariño maternal que lo hacía sentir en casa. Lo llevaba a conocer librerías, cafeterías, parques… Le explicaba la historia de Portland con esa pasión de profesora que nunca se le quitó… Y Jenna, aunque seria y ocupada, de vez en cuando le dejaba galletas junto a sus lápices de dibujo sin decir nada…
Jenna le había establecido reglas desde el primer día. Horarios para estudiar, para dibujar, para usar el teléfono… La ropa sucia va en el cesto, no en el piso. Los zapatos se dejan en la entrada, los platos se lavan después de comer, sin excepción. La cama se tiende antes de salir de la habitación…
Miguel al principio se resistía un poco, acostumbrado a la flexibilidad de su casa en Oaxaca donde su abuela lo dejaba hacer lo que quisiera… Pero Jenna no negociaba…
Pero no era solo rigidez. Jenna le revisaba las tareas del taller con atención genuina, señalándole errores con la misma precisión con la que revisaba sus planos de arquitectura… Le enseñó a organizar su tiempo con listas y prioridades, le explicó cómo funcionaban los impuestos en Estados Unidos cuando él preguntó por curiosidad, le corrigió la postura al sentarse a dibujar…
Y Miguel, sin darse cuenta, empezó a admirarla. Esa disciplina que al principio le parecía excesiva comenzó a darle estructura, algo que no sabía que necesitaba… Incluso empezó a tender la cama sin que se lo pidieran…
Un día Jenna lo encontró organizando sus lápices por tonalidad en el escritorio y lo miró con una media sonrisa casi imperceptible…
-Llegue-
Jenna abrió la puerta principal con las llaves en una mano y su portafolio en la otra… Dejó los zapatos en la entrada como siempre y caminó por el pasillo…
Entonces los escuchó…
Gemidos, el golpeteo rítmico de carne contra carne, el crujir de algo contra la barra de la cocina…
Caminó tranquilamente hasta la entrada de la cocina y se recargó en el marco de la puerta cruzándose de brazos…
Ahí estaba su esposa, inclinada sobre la barra de granito con la falda subida hasta la cintura, las tetas aplastadas contra la superficie fría, la boca abierta gimiendo sin control… Y detrás de ella, Miguel, de pie sobre un banquito que Ellie usaba para alcanzar la alacena alta, embistiéndola con fuerza mientras le jalaba el cabello con una mano, echándole la cabeza hacia atrás…
Ellie tenía los ojos entrecerrados y las manos aferradas al borde de la barra…
-Buenas tardes- dijo Jenna con total naturalidad
Ellie abrió los ojos de golpe encontrándose con la mirada de su mujer…
-Je… Jenna… llegaste temp… ¡ahh!- un gemido la interrumpió cuando Miguel empujó más profundo
Miguel se detuvo un segundo, pero Jenna le hizo un gesto con la mano…
-No pares por mí, chico… No quise interrumpirles- Jenna olfateó el aire y levantó una ceja…
-Huele delicioso… ¿qué están horneando?-
Miguel respondió sin dejar de embestir a Ellie, jadeando entre palabras…
-Un pastel… de tres leches… todavía le faltan… como treinta minutos…-
-Y decidiste aprovechar el tiempo- dijo Jenna con media sonrisa
-Sí señora…- respondió Miguel jalando más fuerte del cabello de Ellie
-Bien. Voy a tomar una siesta entonces… Me despiertan cuando esté listo el pastel-
Se dió media vuelta caminando hacia el pasillo, pero se detuvo un segundo mirando por encima del hombro… Ellie tenía los ojos completamente en blanco, la lengua afuera, babeando sobre la barra de mientras gemía incoherencias…
-Ahh… ahh… oh dios… Miguel… más fuerte… no pares… ¡NO PARES!-
Jenna caminó por el pasillo con una sonrisa tranquila en los labios… Su vida se había convertido en esto y no le molestaba en absoluto…
Llegar a casa y encontrar a su esposa siendo follada por un niño se había vuelto tan normal como encontrarla cocinando o leyendo en el jardín… Y lo más extraño era que Ellie nunca había sido tan feliz…
Antes de Miguel, Ellie era cariñosa pero contenida, siempre midiendo sus emociones, siempre guardándose algo… Ahora sonreía más, cantaba mientras cocinaba, se reía más fuerte, dormía mejor… Esa verga adolescente le había quitado un peso de encima que Jenna no sabía que cargaba…
Y a Jenna le bastaba con eso. Ver a su mujer feliz era suficiente…
Cerró la puerta de su habitación, se quitó el blazer, lo colgó perfectamente en el perchero y se acostó en la cama cerrando los ojos…
Desde la cocina todavía llegaban los sonidos…
-¿Te gusta así, verdad? Vieja puta… Todos estos años hambrienta de v
erga!- se escuchó la voz de Miguel
-SÍ! SÍ! ¡DAME MÁS! Soy una vieja puta adicta a tu pene- gritó Ellie
Jenna se acomodó la almohada sonriendo y cerró los ojos…
Aclaro qué la historia no se había subido al completo por un error de mi parte… Pueden preguntar por el canal de telegram! Dónde están un par de ilustraciones ^^
Mi Twitter/x: @venusdeee1


Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!