Mi marido me compartió con el director (contado por el marido)
El marido cuenta como hace un trío con su esposa y el director de la escuela .
Nunca imaginé que la fiesta del Día del Maestro terminaría así.
Llegué al salón del brazo de mi esposa Angélica. Ella estaba espectacular con ese vestido negro largo que se pegaba a su cuerpo blanco. La abertura en la pierna izquierda subía hasta la mitad del muslo, dejando ver sus piernas torneadas cada vez que caminaba. Sus nalgas firmes y paradas se marcaban sutilmente bajo la tela, y yo sabía que debajo solo llevaba una tanga diminuta de encaje negro, porque con esas caderas anchas cualquier otra ropa interior le molestaba.
Desde el principio noté cómo el director Francisco la miraba. Ese hombre bajo, obeso y con lentes gruesos no disimulaba nada. Cada vez que Angélica pasaba cerca, sus ojos la desnudaban sin vergüenza: bajaban por sus pechos medianos, se detenían en la abertura del vestido y se clavaban en su culo. Al principio me encabroné. Sentí la sangre hervir en las venas. ¿Cómo se atrevía ese gordo a devorar a mi mujer de esa forma?
Pero conforme avanzaba la noche, algo extraño pasó dentro de mí. Las copas, la música lenta y ver cómo Francisco no apartaba la mirada de las nalgas de Angélica empezaron a provocarme una excitación oscura. En lugar de enojo, sentí morbo. Mi polla comenzó a endurecerse cada vez que lo veía relamiéndose los labios mientras ella caminaba.
Poco a poco los profesores se fueron yendo. Cuando quedamos solo nosotros tres en el salón, Angélica se acercó a mí con las mejillas sonrojadas por el vino y me susurró al oído:
—Amor, ya vámonos… estoy cansada.
Yo no respondí con palabras. Deslicé mi mano por debajo de la mesa, metiéndola por la abertura del vestido. Mis dedos subieron por su muslo suave y caliente hasta llegar a la tanga, que ya estaba completamente empapada. La acaricié despacio, presionando el encaje contra su clítoris hinchado mientras le murmuraba al oído:
—Mira cómo te mira el director… No le quita los ojos a tu culo. ¿Sientes cómo te desea? Apuesto a que ya tiene la polla dura solo de imaginarte doblada.
Angélica soltó un suspiro bajito y movió ligeramente las caderas contra mis dedos. Yo seguí:
—Está duro por ti, mi amor… Imagínate esa mirada babosa mientras te folla. Imagina cómo te abriría esas nalgas firmes…
Sentí cómo su coño se mojaba aún más en mis dedos. En ese momento supe que ella también estaba cachonda con la situación.
Cuando insistió en que nos fuéramos porque ya solo quedaba el director, yo ya tenía otros planes. Le pedí un último baile. Ella aceptó a regañadientes.
A medio baile, Francisco pasó a nuestro lado devorando el culo de mi esposa con la mirada. Fue entonces cuando le dije:
—Director, tengo que ir al baño. ¿Puede bailar un rato con mi esposa?
Francisco aceptó sin dudar, con los ojos brillantes de deseo. Yo no fui al baño. Fui al DJ y le pedí la canción más sensual que tuviera. Luego me escondí detrás de una columna y observé.
Ver cómo Francisco se pegaba a Angélica me puso la polla como piedra. Gracias a su baja estatura, su bulto erecto quedaba exactamente a la altura del coño de mi mujer. Se frotaba descaradamente contra ella, presionando su pancita contra su vientre.
No aguanté más. Me acerqué por detrás, pegué mi cuerpo al de Angélica y coloqué mi polla dura exactamente entre sus nalgas firmes, empujándola hacia adelante para que sintiera también la verga del director. Ella dio un pequeño respingo y soltó un suspiro cuando sintió la polla de Francisco clavándose justo contra su vagina húmeda.
—No se vaya, director —le dije con voz ronca—. Un baile más y nos vamos.
Los tres quedamos pegados en un sándwich caliente y sudoroso. Yo besaba su cuello, le acariciaba la cintura y luego agarré las caderas del director para pegarlo más. Le guiñé un ojo, dándole vía libre. Subí las manos y apreté los pechos medianos de mi esposa mientras la falda del vestido subía poco a poco.
Bajé el cierre del pantalón de Francisco. Su polla mediana pero gruesa saltó erecta. Empezó a frotar su glande contra la tanga empapada de Angélica. Yo le ordené que lo besara y ella obedeció, besando al director con lengua mientras yo le bajaba la tanga.
La excitación era brutal. La senté sobre la polla del director en la silla. Ver cómo mi mujer montaba esa verga gruesa, subiendo y bajando con sus nalgas firmes chocando contra sus muslos gordos, me volvió loco.
Luego la puse de rodillas frente a él. Angélica se metió la polla del director en la boca y la chupó con ganas. Después giraba la cabeza y me besaba a mí, compartiendo el sabor de esa verga en su lengua. Lo hizo varias veces: mamaba al director y luego me besaba, una y otra vez, mientras yo la veía con morbo puro.
Finalmente la coloqué otra vez sobre Francisco. Mientras ella lo cabalgaba con fuerza, yo me puse detrás, le separé las nalgas y metí mi polla gruesa en su coño ya lleno. Los dos la follamos al mismo tiempo, estirando su vagina caliente.
Francisco fue el primero en correrse. Con un gruñido empujó profundo y descargó chorros calientes de semen dentro del coño de mi esposa. Sentí cómo su vagina se llenaba.
Eso me volvió loco. Empujé con fuerza mi polla dentro de ella, batiendo el semen del director con mis embestidas. Angélica gritó de placer al sentir las dos semillas mezclándose dentro de su coño. Su orgasmo fue tan fuerte que su vagina se contrajo violentamente alrededor de mí.
No aguanté más. Me corrí también dentro de ella, soltando mi carga espesa y caliente. Nuestras dos semillas se mezclaron completamente en su vagina palpitante, rebosando y escurriendo por sus muslos torneados.
Cuando por fin nos separamos, Angélica tenía el coño abierto, rojo y lleno de semen mezclado que goteaba abundantemente. Me miró con una sonrisa lujuriosa, todavía jadeando, y supe que esa noche había despertado algo oscuro y delicioso en los tres.
Y yo… yo nunca me había sentido tan excitado en mi vida.



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