Mi marido me compartió con el director (contado por la esposa)
La esposa cuenta como su marido la pone de pechito con su director .
Desde hace años el director Francisco me ha estado persiguiendo. Siempre intentaba cortejarme y seducirme en la escuela: me hacía cumplidos exagerados, me invitaba a salir “a tomar un café para hablar de trabajo”, me rozaba la cintura o la espalda “sin querer” cuando pasaba a mi lado. Yo siempre lo rechazaba con frialdad. Me daba asco. Ese hombre bajo, obeso, con lentes gruesos y esa pancita prominente me parecía repulsivo. Cada vez que me miraba con esa cara babosa sentía náuseas. Nunca imaginé que la fiesta del Día del Maestro terminaría conmigo siendo follada por él… y mucho menos que me encantaría.
Llegué al salón del brazo de mi esposo Luis, luciendo ese vestido negro largo que me quedaba tan bien. La abertura en la pierna izquierda subía hasta la mitad del muslo y cada paso hacía que la tela se moviera sobre mis nalgas firmes. Debajo solo llevaba una tanga diminuta de encaje negro, porque con mis caderas anchas cualquier otra ropa interior me molestaba. Sentía la mirada de varios profesores, pero sobre todo notaba la del director Francisco. Como siempre, me devoraba con los ojos.
Durante toda la noche intenté ignorarlo, pero era imposible. Cada vez que pasaba cerca, sus ojos se clavaban en mi escote, en la abertura del vestido y especialmente en mi culo. Al principio me incomodó, pero conforme avanzaba la noche empecé a sentir un calor extraño entre las piernas. Sabía que me estaba mojando.
Cuando casi todos se habían ido y solo quedábamos nosotros tres, me acerqué a Luis y le susurré:
—Amor, ya vámonos… estoy cansada.
Pero Luis no quiso irse. En cambio, deslizó su mano por debajo de la mesa y la metió por la abertura de mi vestido. Sus dedos subieron por mi muslo hasta llegar a mi tanga, que ya estaba empapada. Empezó a acariciarme el clítoris lentamente mientras me murmuraba al oído:
—Mira cómo te mira el director… no le quita los ojos a tu culo. ¿Sientes cómo te desea?
Sus palabras me encendieron. Sentí un escalofrío de placer y mis caderas se movieron solas contra sus dedos. Él siguió:
—Está duro por ti, mi amor… Imagínate esa mirada babosa mientras te folla.
En ese momento me di cuenta de que la idea de que el director me deseara tanto me estaba poniendo muy cachonda. Mi coño chorreaba sobre los dedos de Luis.
Cuando insistí en que nos fuéramos porque ya solo quedaba Francisco, Luis me pidió un último baile. Acepté a regañadientes.
A medio baile, el director pasó a nuestro lado devorando mi culo con la mirada. Luis le dijo que tenía que ir al baño y le pidió que bailara conmigo un rato. Me sorprendió, pero no dije nada.
Cuando Luis se alejó, Francisco se pegó a mí sin perder tiempo. Gracias a que es mucho más bajo que yo, su bulto erecto quedaba exactamente a la altura de mi vagina. Sentí su polla dura presionando directamente contra mi coño a través de la tela del vestido. Su pancita se aplastaba contra mi vientre y sus manos gordas me agarraban las caderas. Empecé a mojarme aún más.
De pronto sentí a Luis detrás de mí. Pegó su cuerpo al mío y colocó su polla dura exactamente entre mis nalgas firmes, empujándome hacia adelante. Sentí la verga caliente del director clavándose justo contra mi vagina húmeda. Di un pequeño respingo y solté un suspiro involuntario. El placer fue inmediato.
Luis dijo con voz ronca:
—No se vaya, director. Un baile más y nos vamos.
Los tres quedamos pegados en un sándwich caliente y sudoroso. Luis besaba mi cuello, me acariciaba la cintura y luego jaló al director para pegarlo más contra mí. Sentí cómo sus dos pollas me presionaban: una entre mis nalgas y la otra directamente contra mi coño. Mis pezones se pusieron duros como piedras.
Luis me subió la falda y me bajó la tanga. El director empezó a frotar su glande contra mis labios hinchados. Yo ya estaba perdida en el placer. Luis me ordenó que lo besara y obedecí. Besé al director con lengua mientras sentía su polla rozando mi entrada.
La excitación era insoportable. Me sentaron sobre la polla del director. Sentí cómo ese miembro mediano pero grueso entraba hasta el fondo de mi coño caliente. Empecé a montarlo con fuerza, mis nalgas chocando contra sus muslos gordos. Mis pechos rebotaban y yo gemía sin control.
Después Luis me puso de rodillas frente al director. Me metí su polla en la boca y la chupé con ganas, saboreando su sabor salado. Luego giraba la cabeza y besaba a mi marido, compartiendo el gusto de la verga del director en mi lengua. Lo hice varias veces: mamaba al director y luego besaba a Luis, una y otra vez. Me sentía como una puta y eso me excitaba aún más.
Finalmente me volvieron a sentar sobre Francisco. Mientras lo cabalgaba con fuerza, Luis se puso detrás de mí, me separó las nalgas y metió su polla gruesa en mi coño ya lleno. Los dos me follaban al mismo tiempo. Sentía mis paredes estiradas al límite, completamente llena de dos vergas.
Francisco fue el primero en correrse. Con un gruñido profundo empujó hasta el fondo y descargó chorros calientes y espesos de semen dentro de mí. Sentí cómo me llenaba el útero.
Eso me volvió loca. Luis empezó a follarme con más fuerza, batiendo el semen del director con su polla dentro de mi coño. Sentía las dos semillas mezclándose, chapoteando dentro de mí. El placer fue tan intenso que tuve un orgasmo brutal: mi vagina se contrajo violentamente alrededor de las dos pollas y grité de gusto.
Luis no aguantó más. Empujó profundo y se corrió también dentro de mí, soltando su carga espesa y caliente. Sentí cómo nuestras tres fluidos se mezclaban completamente en mi vagina: el semen del director, el de mi marido y mis propios jugos. Todo rebosaba y escurría por mis muslos en gruesos hilos blancos.
Cuando por fin se separaron, mi coño quedó abierto, rojo y chorreando semen mezclado. Me sentía usada, llena y completamente satisfecha.
Miré a mi marido con una sonrisa lujuriosa, todavía jadeando, y supe que esa noche había despertado algo perverso y delicioso dentro de mí.
Nunca me había sentido tan puta… ni tan viva



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