La enfermedad de mi abuela
La primera vez que vi a mi abuela desnuda ocurrió la semana pasada y no fue una situación para nada cómoda. .
La primera vez que vi a mi abuela desnuda ocurrió la semana pasada y no fue una situación para nada cómoda.
Mi abuela siempre fue una mujer muy recatada, vamos, que era casi una beata, como no lo sabré yo, si prácticamente ella fue quien me crió desde los nueve años de edad, cuando mis padres murieron en un accidente de coche.
El día en cuestión me encontraba descansando sin preocupaciones, sentado en el sillón jugando videojuegos junto a Manuel, mi mejor amigo, en ese momento ella salio del baño con una vaporosa toalla tapándose la cintura, mientras dejaba sus orondas protuberancias al aire.
Mi primera reacción fue de sorpresa, se paseaba frente nuestro de un lado a otro como si no nos viera sentados allí, pero no, ella nos saludo y se dirigió a su habitación, como si no pasara nada, como si vistiese un grueso abrigo.
Mi segunda reacción también fue de sorpresa, como ya dije, nunca la había visto desnuda y la impresión de ver su cuerpo sin prendas encima fue grande, más aún, cuando me percaté que no estaba nada mal para sus setenta y tres años de edad, la gravedad habían afectado sus voluminosas tetas semejantes a ubres lecheras, sin embargo, sus gruesos pezones marrones rodeados de areolas de un intenso rosado, luchaban por permanecer erguidos.
Quedé pasmado luego de ver semejante panorama.
- Colega ¿Qué le pasa a tu abuela? – dijo Manuel asombrado.
- No tengo idea – respondí de la misma manera.
- ¿Viste eso?
- ¿El que? – repliqué.
- Sus colosales tetas, no están nada mal, con gusto se las chuparía hasta sacarles leche.
- Oye, que es mi abuela.
- ¿Y?…no me digas que tú no pensaste lo mismo, si mi abuela las tuviese así de buenas, ya verías como se las dejo.
Luego de escuchar las palabras de mí amigo y estar, en parte, de acuerdo con él, vino mi tercera reacción, la cual fue de preocupación. Hacía ya meses que mi abuela se comportaba extraña, olvidadiza, confundida y este espectáculo era lejos el más extraño hasta ahora pero, no hice nada. Debí haberlo hecho pero no, me quede creyendo que pudo ser un lapso mental, y continuamos el debate de, que le haríamos a nuestras abuelas, mientras seguíamos con la partida.
Manuel y yo nos conocemos desde que llegue a vivir con mi abuela, él es nieto de una vecina y buena amiga de ella, fue precisamente mi abuela la que me animó a jugar con él y ser su amiguito, para ese entonces yo tenia nueve años y Manuel diez.
Ahora yo tengo diecinueve y él veinte, no somos muy diferentes en apariencia por eso, en muchos lugares nos confunden con hermanos. Yo mido un metro setenta y siete, cabello negro y ojos marrones, mi estado físico es tonificado ya que me gusta jugar básquetbol. Por el lado de Manuel, el mide un metro ochenta, también de pelo negro corto y ojos marrón al igual que los míos, le gusta levantar pesas por ello, él es más fuerte y musculado.
En cuanto al ámbito sentimental. Yo no he tenido grandes experiencias sexuales: tengo una novia desde hace un tiempo pero, más allá de unos cuantos besos y sobajeos no hemos llegado a más, en cuanto a Manuel; es un salido degenerado, y cuando dijo que seria capaz de follarse a su propia abuela si estuviera tan buena como la mía pues, le creo.
No fue hasta tres días después cuando, tras llegar de la Uni y luego de abrir la puerta, nos quedamos petrificados con Manuel viendo como mi abuela, sentada en el sofá, completamente desnuda se masturbaba placidamente, gimiendo con los ojos cerrados.
El primero en reaccionar fue mi amigo que, sin pudor alguno se le acerco hasta pararse frente a ella, observando detenidamente como la anciana se pajeaba.
Yo le seguí intentando detenerle, me acerqué junto a él parándome frente a mi abuela.
Con el sonido de mis pasos ella abrió lentamente los ojos mirándonos con cara lasciva.
- Hola Toto, que bien que llegas – me dijo abriéndose con ambas manos el coñito, acariciando suavemente la ensortijada capa de vello que cubría su pubis.
Dejando ver aquella gruta de placer empapada, hilillos de un liquido traslucido se deslizaba hasta llegar a su agujerito trasero, entre aquellos gruesos labios de su vulva se dejaba ver un clítoris erecto y descapuchado. Para ese momento estaba empalmado como un burro manadero y podía ver como Manuel también lo estaba, con la única diferencia que yo veía a mi abuela en una actitud delirante mientras que él, lo único que veía era una hembra con una vagina de buen ver, abierta y puesta a su disposición, entonces, se agachó entre sus pierna y lamió degustando aquellos jugos.
Miré a mi abuela con algo de temor, pensé que podría molestarse conmigo y ponerme una hostia del siglo por lo que Manuel se había atrevido a hacerle pero, no. Todo lo contrario, entornó los ojos y soltó un lujurioso suspiro,
Manuel me lanzo una mirada maliciosa y continuó atacando sin piedad esa apetitosa pepita de placer.
Cuando le llegó el primer orgasmo, advertí como contraía, espasmódicamente, tanto su vagina como su ano. A diferencia mía, mi amigo vio la oportunidad de follársela.
Ya tenía los pantalones abajo, la polla fuera y apuntando a su gruta sagrada cuando tomé conciencia de lo que estaba ocurriendo y quise detenerle pero, ya para ese momento, le ensartaba los veinte centímetros de polla de un golpe. Mi abuela soltó un gritito para luego acompañar el embiste con melódicos gemidos.
Estaba alucinado, sin poder creer lo que pasaba, veía absorto como mi abuela, recostada en el sofá, era follada por mi amigo en una cadencia endemoniada entre bufidos de placer. En un momento, ella estiró su mano izquierda mientras me miraba con cara de lujuria
- Tu amigo es muy impetuoso – dijo moviendo sus dedos
Entendí lo que quería, por lo que estiré mi mano y sostuve la suya, en ese instante Manuel arreció su mete y saca sosteniéndose de los apoyabrazos. Me arrodille junto a ella sujetando con firmeza su mano al tiempo que acariciaba suavemente su cabello, era lo más bizarro y excitante que nunca había vivido.
Las enormes tetas de mi abuela se agitaban violentamente por las acometidas de mi amigo, su respiración se entrecortaba y apretando con fuerza mis dedos se corrió en una sucesión de fuertes espasmos, Manuel resistió dos ó tres embistes más antes de correrse como bestia dentro de coño de la anciana.
- Eso fue de locos colega – dijo Manuel desmontando a mi abuela
- Te das cuenta lo que has hecho – le recriminé
- Yo si pero, ella parece que no – respondió indicándome a la mujer que estaba despatarrada en el sofá supurando lefá
Sin quererlo, mi mano se deslizo por sus cabellos hasta llegar a sus tetas perladas de sudor, las que acaricie limpiándolas. Cuando me recompuse vi a Manuel mirándome con cara artera.
- Por qué no te la follas tú ahora.
- No digas tonterías y ayúdame a llevarla a la ducha— respondí.
Luego de ducharla, dejarla en la cama durmiendo y esperar que Manuel se fuera a la suya, fue cuando me senté a meditar todo lo sucedido, ya más tranquilo me di cuenta de algo que en su momento, por la excitación y lo fuerte, no me percaté. Mi abuela me llamó Toto, ese era el apodo con el que ella llamaba a mi abuelo de cariño, ya que este le fascinaba el mago de oz, ella creía que yo era Enrique, mi abuelo.
Fue ahí cuando pensé que lo mejor era llevarla al medico.
El tour de médicos especialista concluyo luego de dos semanas en el despacho del doctor Rivera, cuando, en un tono casi sepulcral dijo:
- Carlos, lo que tú abuela tiene es un tipo de demencia senil.
Obviamente el diagnostico me consternó. Apesadumbrado por la salud de mí querida abuela lo único que atiné a pensar fue…me cago en la puta, como esa vieja de mierda llegó a enfermarse de eso. No tengo un duro para contratar quien la cuide, ahora me veré obligado a congelar la universidad para cuidarla yo mismo, todos mis planes se irán a la mierda por culpa de mi abuela
- Has dicho algo? – preguntó el doctor Rivera.
- No –, respondí mecánicamente, dejando que el buen doctor continuara con su cátedra sobre la dichosa enfermedad. — Dije eso en voz alta? – pensé confundido.
- Mira Carlos, como te decía: lo que tú abuela tiene es un tipo de demencia senil. Para ser exactos su nombre es demencia frontopemporal y se caracteriza por una hipersexualidad – indicando a mi abuela quien, se acariciaba el pezón de la teta izquierda sentada en una silla a mi lado y frente al doctor Rivera – la desinhibición sexual como la que presenta la señora Maribel es una clara indicación de ese padecimiento, desgraciadamente, por ser una enfermedad degenerativa no tiene cura, lo que podemos hacer es prescribirle medicamentos de forma paliativa.
- Que quiere decir eso doctor… ¿que no se recuperara?, ¿Cómo puedo cuidarla entonces si se intenta masturbar cada cinco minutos? – pregunté consternado.
- Efectivamente, no podemos curarla pero, podemos mantener los síntoma a raya, para eso usaremos tres medicamentos; uno para reducir la perdida de memoria, el otro para contener su deseo sexual y el ultimo para mantenerla lucida.
- Pero doctor…si manteémonos a mi abuela en la “realidad” no es suficiente para detener su “fogosidad”?
- Desgraciadamente, no, tenemos que atacar los dos síntomas por separado, si detenemos solamente su hipersexualidad podría no reconocerte, ni siquiera saber cual es su nombre, por el contrario, si controlamos su deterioro cognitivo su “fogosidad” se vería intacta.
- Si – dije preocupado — entiendo.
Tres horas después salí de la consulta médica cabreado, mucho más pobre de lo que entre y con una pila de medicamentos.
Al llegar a casa Manuel me asalto con preguntas sobre la enfermedad de mi abuela. No tuve otra opción que contarle todo, desde que ingresamos a la consulta, que exámenes le hicieron, cual fue el diagnostico y que tratamiento le confirieron. Al final, revisando los medicamentos se marchó porque tenía que ayudarle a su propia abuela.
Por fortuna la medicina hizo efecto casi de inmediato. Al par de días ya no tenía cambios de humor, no se comportaba extraña y por supuesto, no volvió a deambular desnuda por casa para desilusión de mi amigo que quería repetir la sesión anterior.
Los meses pasaron sin mayor sobresalto. Mi abuela se mantuvo notoriamente estable todo ese tiempo.
Desgraciadamente tal como predije, congelé mi carrera y me dedique a cuidarla día y noche, por muy estable que permaneciera tenia que mantenerla vigilada.
Todo hasta un caluroso día de verano. Esa mañana debía gestionar el pago del seguro de mi abuela, pagar facturas médicas y otros asuntos que me correspondía encargarme.
Por todo aquello me demoraría a lo menos seis horas, ese era mucho tiempo para dejar a la anciana sin vigilancia y como mis opciones de asistencia son limitadas, no encontré más alternativa que pedirle ayuda a Manuel.
- Ya llegué, – dijo Manuel tocando el timbre – divina a quien me encontré.
- No sé, a quien?
- Tu vecina, la señora Alba – responde con una mueca – estaba muy insistente por saber como se encontraba tu abuela.
- Esa señora siempre me da escalofríos – respondí.
- Quiere follarse a tu abuela.
- Habla en serio.
- Que? no sabias? – preguntó – esa vieja es bisexual, cuantas veces no ha intentado ligar con mi abuela.
- Pero, tiene esposo.
- Claro y se montan unan orgías en las noches – ríe.
- Deja de joder – respondo reconociendo que caí en su broma – tengo que irme, te dejo.
- Sin problemas colega, yo la cuido – dijo mi amigo revisando los medicamentos – tengo que darle algo de esto?
- Si…que bueno que preguntas, aquel de la etiqueta verde, tiene que ingerir uno a las tres y el rojo a las cuatro y media pero creo que para entonces ya habré llegado.
- Ya va, pierde cuidado que yo la atiendo – dijo mirando en dirección a la cocina – ¿no es así señora Maribel, que yo la cuido?
- Cierto Manuel…ve sin pendiente Carlos, voy a estar bien – gritó mi abuela de la cocina.
- ..gracias por todo colega.
- No, gracias a ti.
Las palabras de Manuel me dejaron preocupado, a que se refería con ese “gracias a ti”. Desgraciadamente no podía pensar mucho más en ello, tenia que cumplir con los pendientes que eran de carácter de urgencia por lo que, aclaré mi mente y proseguí con mis obligaciones además, ya no podría clavársela a mí abuela, ella estaba tan lucida como siempre.
Volví de hacer los pagos y unas compras alrededor de las cuatro de la tarde, todo sin grandes novedades, tengo que reconocer que cuando atravesé la puerta de mi casa fue con algo de temor, ya veía a Manuel en el sillón con mi abuela cabalgando su polla.
Largué un extenso suspiro de alivio cuando me los encontré sentados visionado una película, Casablanca para ser exacto, la favorita de ella.
Desgraciadamente toda la tranquilidad terminó abruptamente una mañana, a la semana y media después. Mi abuela se levantó con un calzoncito de anciana y sus tetorras balanceándose libres como globos cargados de agua, sorprendido la observé con la boca abierta. Regañándola la obligué a ponerse algo de ropa encima.
Lo primero que encontré fue una camiseta de tirante con un rebajado escote y sin sujetador, ya dirás como se le marcaban sus gruesos pezones contra la delgada tela.
Salté sobre las botellas de medicamentos casi por instinto, no estaba seguro pero, podría jurar que algo tendrían, revisé la primera y suspiré aliviado, las capsulas eran las mismas. Me maldije por pensar mal por un instante.
Por mi cabeza pasaron mil y una explicaciones para lo que le estuviese ocurriendo a mi abuela, y la principal era que los medicamento ya no estaban haciendo efecto, con reparos tomé la decisión de llevarla al medico una vez más cuando, un extraño cosquilleo me recorrió la espina, revisé el segundo frasco de medicamentos y me di cuenta que las capsulas no eran las mismas; las líneas de color blanco, rojo y verde eran las mismas pero en diferente orden.
Me maldije por ser tan idiota, esa eran sus palabras, el cabrón de mi amigo cambio las capsulas sin que mediera cuenta pero, ¿Qué estará planeando?
Me quedé con la duda y ya estaba por llamarle y cubrirle con un rosario de insultos cuando, lo pensé mejor: al fin de cuentas, tal vez todo esto resulte interesante. Le seguiré la corriente por un tiempo a ver a donde me lleva y tal vez, de alguna manera retorcida, me desquitaría con mi abuela por ponerme en esta situación.
Claro que es una enfermedad, nadie planea enfermarse y es miserable de mi parte que culpe a mi abuela por algo que está más allá de su voluntad, pero, quien siente lastima por mí? Por todo lo que he sacrificar al cuidarla? Mi tranquilidad al tener que vigilarla día y noche, mis estudios al tener que congelarlos y por poner en riesgo mi relación con Alicia al no tener tiempo para dedicárselo a ella, quien tiene lastima por mí?
Que se jodan todos.
Si esto es lo que Manuel pretendía, le daría en el gusto, y comenzaría con llamarle por teléfono.
- Manuel?
- Que pasa colega – dijo mi amigo con entusiasmo del otro lado de la línea.
- Que tal si te bienes y jugamos, aquí tengo una pizza que no se comerá sola.
- Mantenla caliente que voy para allá – respondió.
Fui donde mi abuela que estaba en la cocina horneando yo que sé.
- No tienes calor con esta blusa— le pregunté levantándola por la espalda – quieres que te la quite?
- Gracias mi niño, eso estaría bien.
Se la quité levantándole los brazos y rozando suavemente sus pezones, ella soltó un gemido ahogado.
- Tienes unas tetas muy grandes.
- Lo sé, tú abuelo siempre me decía lo mismo – respondió sosteniéndolas con ambas manos – me las chupaba con tanto cariño.
- Así? – respondí lamiendo sutilmente sus pezones para luego aferrarme con mis labios, succionando enérgico una vez para luego soltarlos, esperando sus reacción.
- Si, más o menos.
- Manuel vendrá a pasar la noche conmigo, le he invitado a comer pizza no te importa verdad?
- Pizza? Tengo la comida hecha, para que quieres pizza?
- Era para que no te molestaras cocinando.
- No es molestia mi niño.
- Abuela, posiblemente también quiera chuparte las tetas, le dejarías?
- Claro – respondió despreocupada volviendo a sus quehaceres – lo que quiera, tú también quieres chupármelas?
- Estaría encantado de mamarte esas tetorras – dije con una risilla.
- Mamarme? Eso me gustaría, después de comer me sentare junto a ustedes para que me mamen los pechos como lo hacia tu padre cuando bebé.
Mi amigo llegó a los minutos después. Yo me encontraba ya sentado y comenzando una partida cuando la puerta de calle se abrió.
- Puedo pasar? – preguntó metiendo la cabeza.
- Entra ya colega.
Se sentó a mi lado y tomó el mando para entrar en el juego cuando, mi abuela apareció en el salón, en tetas se acerco a saludar a mi amigo con un par de beso en la mejilla.
- La comida estará en 20 minutos, no tarden o se enfriara – dijo mi abuela regresando a la cocina.
- Si señora Maribel, ya vamos – respondió mi amigo con una sonrisa de satisfacción.
- Ya vamos abuela
- Colega que ocurrió? – preguntó asiéndose el desentendido
- No sé, creo que los medicamentos no funcionaron después de todo.
- Mierda, que lastima.
- Si.
- Y… se te ha insinuado o algo?
- Abuela que quieres hacer después de comer? – pregunté gritando.
- Quería que me mamaran los pechos, si quieren? – preguntó.
- Por supuesto señora Maribel – dijo mi amigo mirándome con un brillo en los ojos – me encantaría mamarle los pechos.
La cena fue cuanto menos excitante. Mi amigo no paraba de mirarle las ubres lecheras. Tanto era la insistencia con que la miraba que ella se dio cuenta, y dejando los cubiertos sobre la mesa se acercó a Manuel, con una mano se levantó una teta y con la otra le tomó cabeza atrayéndolo a ella. Mi amigo, se dio cuenta de las intenciones y abriendo la boca se adhirió al pezón chupando con ímpetu.
- Veo que estabas impaciente – dijo mi abuela sonriendo – chupa cariño, chupa y Saca toda la leche que quieras.
- Gracias señora Maribel —dijo mi amigo apoderándose del pezón nuevamente.
Estuvo diez minutos chupando, lamiendo y mordiendo el grueso pezón de mi abuela hasta que ella, levantado la cabeza mientras acariciaba el cabello de Manuel me miró con una picara sonrisa.
- No quieres mamar tú también, cariño.
- Puedo? – pregunté.
- Ven aquí.
Me levanté sin perder tiempo y me posicioné junto a ella para hacer lo propio con la teta libre. Ambos le chupamos las tetas una media hora mientras ella gemía y jadeaba. En un momento, mi abuela se levantó para ir a la cocina.
- Esperen chicos, voy a buscar el postre.
- Pensé que usted era el postre – exclamó Manuel, zalamero.
- Lindo.
Una vez que mi abuela se perdió en la cocina me acerque a mi amigo y mirándole fijamente a los ojos.
- Cabrón, se lo que hiciste.
- De que estas hablando? —intentó defenderse.
- No te hagas el ingenuo – dije—, se que le cambiaste los medicamentos, que mierda pretendes?
- Cálmate hombre, mira lo feliz que estaba Maribel cuando la follé, mira lo feliz que está ahora.
- Quieres beneficiarte de ella, no me vengas con cuentos.
- Y tú no? no vi que rechazaras chuparle la teta, vamos colega, ella esta de acuerdo, le fascina el sexo y todavía esta buena, que más quieres?
- Mierda, tío —dije dubitativo.
- Se que quieres follarla, cobrarte lo que has perdido por estarla cuidando.
- Tienes razón.
- Claro que la tengo, mira colega: es tú decisión, si no quieres, hasta aquí lo dejamos, yo no intervengo más y todo fue una linda experiencia, vale?
No respondí, mi abuela regresó de la cocina con tres potes de leche asada, los repartió entre nosotros y se sentó en su puesto. Recogió su cucharilla y tras tomar un bocado.
- Niños, me seguirán mamando los pechos?
Aguarde unos cinco segundos antes de responder, simulando comer.
- Claro, si no tienes problemas, nos encantaría continuar mamando esas tetorras.
- Tengo ganas de tomar más de esa sabrosa lechita – acotó mi amigo dándome una cómplice sonrisa.
Cuando terminamos el postre mi abuela se levanto a recoger la mesa, yo me apresuré a ayudarle, acercándole los platos a la cocina. Manuel no tuvo oportunidad de moverse.
En la cocina me arrimé a mi abuela y sin mediar palabra, le bajé el pantalón del chándal y las bragas.
- Que haces?
- Quiero que mi amigo te vea lo hermosa que eres – dije – y tu chochito rosadito y apetitoso.
- Te gusta?
- Claro que me gusta, me gustaría comerlo y me gustaría que Manuel te lo comiera, le dejarías?
- Que cosa?
- Dejarte comer el coño? Te gustaría sentir una polla dura y caliente dentro de ti?
- Si quieren follarme – dijo acercando sus labios a mi oído – fóllenme.
Regresé a la mesa unos momentos antes que mi abuela, allí estaba mi amigo: sentado, preguntando que si algo iba mal, lo tranquílese.
Minutos después volvió mi abuela desnuda, pasó frente a Manuel mostrándole de primera mano su enorme culo gordo y luego, se sentó entre nosotros.
- Aquí estoy – dijo ella levantando sus pechos con ambas manos, ofreciendo los pezones.
- Que bien – dije aproximándome al mió.
Inmediatamente le hice señas a Manuel para que se bajara los pantalones, al darse cuenta de mis intenciones lo hizo sin demoras y empalmado como se encontraba, se apoderó de su teta, chupando con presura.
A los minutos me separé del pezón dando un fuerte chupetón.
- Mira eso – dije indicándole a mi abuela la polla de Manuel – esta parada, que crees? Estará dura?
- No sé – respondió ella.
- Por qué no la tocas y ve como está.
- Si señora Maribel, tóquela.
- Ay, niños, esta bien.
- Como la encuentras? – pregunté.
- Si, está dura – respondió acariciándole la polla, pasando los dedos por el glande.
- Es gruesa?
- Si.
- Te gusta?
- Si.
- Quieres tenerla dentro de ti.
- Si.
Mi amigo me miró con lujuria al tiempo que metía la mano derecha entre las piernas de la anciana.
- Niños, ya me tienen muy caliente, imagino que quieren follarme?
- Eso quiero – dijo Manuel – quiero follarla más que nada.
Las palabras de mi amigo me causaron preocupación, con el nivel de pasión que las decía, con la expresión de su rostro, mientras mi abuela recorría el glande, acariciando el meato como queriendo abrirlo y penetrarle la polla con los dedos. Se estará obsesionando con mi abuela? Yo lo estaría por la pericia que tiene la anciana para pajear, pero, fuera de bromas, de verdad se está obsesionando con mi abuela?
Al volver de mis pensamientos Manuel ya la follaba con los dedos.
- Esperen –dije interrumpiéndoles – porqué no vamos a la cama.
- Es cierto, allí es más cómodo –respondió mi abuela levantándose.
- Si, vamos a la cama – prosiguió mi amigo.
Manuel avanzó tras ella, apretujando el orondo culo de mi abuela con las manos. Yo aproveché de desvestirme, forcejeando torpemente con un calcetín. Para cuando llegué al dormitorio, Manuel tenía a mi abuela sobre la cama, de espalda, con las piernas abiertas y flexionadas, mientras él le hundía el cipote en el conejito encharcado de la anciana, sus ostentosas tetas rebotaban incontrolables a cada embiste.
Era una extraña sensación estar ahí, de pie, viendo como mi abuela era follada por mi mejor amigo.
No fue una follada espectacularmente acrobática pero, si efectiva. Al cabo de unos diez o quince minutos de movimientos frenéticos, Manuel se vació dentro de ella dando un gutural gruñido.
- Colega, tu abuela tiene un coñito espectacular – dijo apartándose – deberías probarlo.
- No sé – respondí, aún me molestaba la idea de follarme a mi abuela pero…
- Maribel, no te gustaría que Carlos te hiciera el amor?
- Pero Toto, no te gustaba hacer esto, recuerdas la última vez?
- Cambie de opinión, amor, ven, quiero verte con la polla de Carlos dentro de ti.
- Está bien.
- Dile para que venga, pídele que te la meta.
- Carlos, ven y méteme tu polla en mi coñito.
Eso era lo que faltaba para decidirme, salté a la cama, subí sobre mi abuela y la vi; jadeante, con las piernas abiertas y dispuesta a recibir mi miembro, ansiosa, sus tetas se balanceaban al compás de su respiración. Estaba hermosamente deseable y de su cuerpo desnudo emanaba una fragancia a hembra excitada.
Alinee mi polla a su coñito y lo hundí, lentamente, quería sentir su vagina ensanchándose al paso de mi glande. Era cierto lo que decía Manuel: su chocho era espectacular, apretado, caliente y palpitante.
Una vez que mi verga estuvo completa en su interior comencé el bamboleo rítmico, estaba follándome a mi abuela y lo disfrutaba. Continué con el mete saca a velocidad regular hasta que, en un momento, pude sentir como su coñito convulsionaba al rededor de mi pene, eso fue mi limité y eyacule como un demente.
Le produje a mi abuela un orgasmo con mi polla. Ese fue el mejor sexo de mi vida.
Me hice a un lado, recostado en la orilla de la cama. Oportunidad que tomó mi amigo para volver a follarla, esta vez la inclinó; sentándose a horcajadas sobre la pierna izquierda, le levantó la derecha apoyándola sobre su hombro y aferrándose a la pierna apalancada comenzó a follarla. Yo recuperaba el aliento mirando como su rostro se contraía a cada enviste.
Luego Manuel volví a ocuparle las tetas para continuar con la arremetida. Al terminar, los tres nos acostamos y nos quedamos dormidos.
No sé cuanto tiempo habría transcurrido pero, los gemidos y el movimiento de la cama me despertaron, medio dormido me voltee y vi como mi amigo se volvía a beneficiar de mi abuela pero, para ese momento estaba muy cansado, en unas horas había follado más con mi abuela que todos los años que llevaba con mi novia.
Desperté con la luz del sol, me levante todavía adormilado y vague por el cuarto buscando a ambos, el sonido del agua me guió al baño donde encontré a mi abuela y Manuel follando en la ducha.
- En serio tío, en la ducha.
- Espera colega, te la dejo limpiecita por si quieres tirártela de nuevo.
- Ya veremos, ahora quiero comer algo… tú?
- No puedo – respondió—, tengo que volver antes que se haga muy tarde, en casa deben estar jodiendo sin saber donde me metí.
Preparé el desayuno, me estaba terminado el mió cuando llegaron al comedor, ambos desnudos.
- Hola mi niño –dijo mi abuela— has dormido bien?
- Si abuela, y tú?
- Si, también, hace años que tu abuelo no me hacia el amor toda la noche.
- Que bien.
- Incluso, me compartió con uno de sus amigos.
- Entonces, te follaron entre dos?
- Así fue.
- Y lo disfrutaste?
- Mucho, años que no me divertía tanto pero, no vieras como esta mi pobre coño de abierto, quieres verlo?
- Más tarde
- Tengo que irme ahora pero, a la tarde te sigo follando –dijo Manuel chupando el pezón de la anciana
- Te estaré esperando —respondió besando a mi amigo.
Manuel me guiñó el ojo y se marchó mientras sentaba a mi abuela en el sofá completamente desnuda, traje unos sándwich y un baso de sumo de naranja, me senté a su lado, la quedé viendo un largo rato.
- Que me miras? –preguntó.
- Me gustaría hacerte el amor.
- Otra vez? —indicándome el chochito— mira como me lo tienes ¿Qué te pasa?
- Tu me pones así –dije acariciándole un pecho, me confundió otra vez y pensaba aprovecharlo.
Me bajé los pantalones meneándome la polla para que me la viera.
- Quieres metérmela? –preguntó sin apartar la mirada de mi pene.
- Claro, me muero por estar dentro de tu chochito.
- Solo hazlo con suavidad – dijo – anoche estuviste muy brusco.
- Lo haré con cuidado – dije tomándola de la cintura.
La llevé al borde del sofá y acomode su vientre al apoya brazos, me arrodillé y di una larga lamida desde el clítoris a los márgenes del ano, sentí como la anciana se estremecía y hundí mi lengua en su gruta haciéndola girar. Unos minutos hurgo en su hendidura adsorbiendo sus jugos con mi lengua.
Me yergo, recostándome en su espalda, escuchando un suave chillido cuando me meto dentro de ella, paso mis manos por debajo pinzando sus pezones y comienzo a entrar y salir lentamente, rebotando contra sus glúteos.
Gime, escucho sus gemidos cada vez que empujo dentro y siento sus paredes interiores cerrándose mientras se corre, no aguanto y termino rellenando su coño.
En unos días había hecho el amor con mi abuela más veces que todo los que llevaba de novio con Alicia y me había gustado, de una manera perversa y retorcida, y aunque esté mal decirlo, también me había gustado verle tener sexo con mi amigo, me había gustado más de lo que debería, me había excitado más de lo permitido.
Cuando llegó Manuel esa noche, me quedé en el salón pensativo, un sentimiento de culpa me recorrió la piel. Culpa por lo que había hecho, por hacerle el amor a mi propia abuela, por serle infiel a mi novia.
Manuel, como de costumbre, lo único que pretendía era beneficiarse de la anciana. Apenas llegó la llevó al dormitorio. Los jadeos y el rechinar de la cama no tardaron en comenzar, encendí el televisor y me dormí sobre el sofá.
La teta de mi abuela golpeándome el rostro me despertó.
- Que te pasa, joder?
- Lo siento colega, ven no quieres un lugar en su chochito?
El idiota se estaba follando a mi abuela en cuatro apoyada al reposa brazo.
- No te bastó con tirártela toda la noche?.
- Que te pasa, despertaste de malas?
- Hazte a un lado – dije bajándome los pantalones, meneándome el pene para que cobrara fuerzas, tomé su lugar.
Una corriente eléctrica me recorrió el cuerpo cuando mi polla fue cobijada por su coño, y comencé a bombear. Ya me parecía normal follar delante de Manuel. Aferré sus caderas con mis manos y arrecie la acometida, quería terminar luego, darle el gusto a Manuel y salir del tramite pero, las preocupaciones de la noche anterior seguían vivas en mi mente, sin dejarme concentrar, sin dejarme disfrutar. Fingí alcanzar el orgasmo y saque la polla.
- Sigue tú si quieres.
- No crees que tiene el coñito rico y apretado?
- Y eso es lo que te gusta.
- Déjame descansar un rato – gimió mi abuela.
- Todavía no, cariño – respondió Manuel dándole un beso.
- Por qué no la llevas a la cama.
- Es una buena idea.
No sé que mierda me pasaba pero era grave, era una sensación, un presentimiento y entonces se hizo realidad. La tenue vibración del móvil me invitó a revisarlo, encendí la pantalla y un mensaje resaltó en amarillo. Era de Alicia, lo que temía, mi relación terminó, mi novia me dejaba.
Se me nubló la vista, y un nuevo resentimiento ardió en mi pecho, esto es culpa de esa vieja caliente y de su puta enfermedad.
Entonces llegó un pensamiento, una idea que creció en mi cabeza.
Manuel se fue después de follarla otras dos veces, dijo que volvería al atardecer, le dije que dejara descansara a la vieja unos días, estuvo de acuerdo.
Dos días después a una calle antes de llegar a casa me encontré saliendo de su vivienda al plomero. El señor Hernández era un tipo de unos sesenta y seis años, cabello cano y una creciente barriga cervecera, la verdad, el hombre me cayó en los huevos hace cinco años cuando se propasó con un comentario hacia mi abuela, de allí nunca más le dirigí la palabra.
Sin embargo, al verle me llegó una epifanía difícil de ignorar, una suerte de venganza indirecta, ella no se daría cuenta pero yo si, yo si gozaría degradándola, violándola.
- Señor Javier, que bueno encontrarlo – dije sonriendo.
- Carlos dime, para que soy bueno?
- Para follarse a mi abuela – pensé – tengo una gotera en el fregadero y me gustaría que lo revisara.
- Claro, pero ahora estoy ocupado, podría pasar a la tarde como a eso de las cinco.
- Uffff – respondí – no creo que esté a esa hora pero, dejare la puerta abierta, así para que llegue y entre.
- Me parece bien… y dime, como esta tu abuela? – preguntó con una sonrisa mientras me alejaba.
- Algo enferma – respondí.
- Cuanto lo siento – dijo dando por terminada la charla.
A las cinco en punto sonó el timbre, yo me escondí en mi dormitorio grabando con el móvil desde la esquina del pasillo.
- Carlos, señora Maribel? – gritó Javier desde la jamba de la puerta.
Las casas del complejo de vivienda estaban hechas en serie, si conocías la distribución de una, las conocías todas. Por lo que el plomero al entrar se dirigió directamente a la cocina, yo aproveché el momento para encontrar una ubicación mejor para esconderme y grabar en secreto.
Javier se acercó al fregadero, revisó las tuberías, la unión que previamente había soltado y por donde escapaba una gota incesantemente, se secó las manos y regresó por su maletín de herramientas, entonces vio a mi abuela recostada en el sofá.
Javier se acercó, vacilante al comienzo mirando de soslayo en todas direcciones, seguro que buscaba a por mí, pero obviamente yo no estaba, como le dije. Se detuvo junto a ella y la observó recostada sobre el sofá. Su vista siguió al rostro de ella apoyada en el reposabrazos y bajó clavándose en los pechos, visibles por entre el escote de la bata de baño y siguió hasta el muslo desnudo.
- Señora Maribel?… Maribel! – alzó la voz.
Mi abuela rezongo perezosa.
- Mujer, si que tienes unas buenas las tetorras desearía poder comértelas.
El plomero se hincó junto al sofá y comenzó a deslizarle la tela de la bata, descubriendo el seno derecho. Miró por si mi abuela despertaba o se movía, al no haber reacción acarició suavemente el pezón con la yema del dedo índice. La anciana seguía sin despertar.
El plomero entreabrió una sonrisa picara. Se acercó y deslizó su lengua sobre el trocito de piel erecto, luego se metió el pezón a la boca, lo acaricio con la lengua dando largos y sonoros sorbetones, mi abuela se movió somnolienta y le acaricio el cabello, abriendo ligeramente las piernas dejando ver el comienzo de su monte de venus. Javier, aprovechando la oportunidad arrastró la mano por el vientre flácido descendiendo hasta toparse con la humedad de su coño.
- Mi madre, si ya estas lista – farfullo el hombre -, no te importa que te eche un polvo.
Mi abuela gimió removiéndose sobre los cojines. Con los dedos el hombre le abrió los labios y le metió dos dedos hasta que ella dejó escapar un gritito ronco.
- Así Toto – susurró.
Javier apresurado se arrancó los pantalones junto a los calzoncillos, acomodo a la anciana separando las piernas y ubicándolas a sus flancos, se echo un escupitajo en el glande y esparció la saliva por el resto del miembro y comenzó a entrar, poco a poco, hasta el fondo, todo el volumen de su cipote, aún que no era tan largo después de todo. Y ahí sacudió su pelvis con intensidad. Su abultada barriga golpeaba contra el pubis de mi abuela, los bosuldos cojones contra las paredes del ano y las tetas se las agarraba con las dos manos, empujando como su vida se fuera en ello.
- Hace años que me moría de ganas de acostarme contigo, de comerme esas tetas tan bonitas que tienes – dijo Javier jadeante por el esfuerzo.
Javier se inclinó dando una sonora chupada a cada pezón para luego besarla apasionadamente, ella pasó sus brazos por la espalda abrazándolo mientras sus lenguas se pugnaban dentro de sus bocas.
No sé por qué eso me hizo sentir mal, mi puto cargo de conciencia arruinó el momento, deje de grabar y regresé a mi cuarto con disimulo, dejándolos terminar a solas.
- Hey colega soy un verdadero cabrón – le llamé a Manuel – no tiene idea de lo que hice.
- A ver, cuenta que hiciste?
- Espera, mejor te lo muestro.
Le envié el video. A los minutos de habérselo enviado me devolvió la llamada.
- Pero que coño hiciste? – gritó molesto.
- De que hablas.
- Dejaste que Maribel se acostara con el desgraciado de Javier.
- Y?
- Como que y? creí que esto era nuestro, que era especial de los tres.
- No te entiendo – respondí confuso – esto, es mi abuela con demencia y tu aprovechándote de su enfermedad y esto, soy yo desquitándome por todo lo que estoy perdiendo por cuidarla, y esto, es mi venganza por terminar con Alicia por su culpa… No hay “esto” aquí, solo yo y mi recompensa.
- Entiendo, disculpa… si, si, claro tienes razón… nos vemos después colega – colgó.
Los siguientes días los pasé relajado, Manuel no volvió a aparecer, eso sí, yo aproveché y me follé a la anciana un par de veces. Hasta que un día el timbre sonó.
- Hola Carlos, venia a ver como ha estado tu abuela? – preguntó preocupado Alba.
«Pero que hace esta vieja aquí? me pregunté».
La mujer tenía sesenta y cinco años, cabello teñido rubio rojizo, grandes tetas, no tanto como las de mi abuela pero sin duda una copa D, y un abultado abdomen, se veía gorda maciza, como de esas vikingas de opera.
- Ha estado un poco enferma – respondí.
- Que mal. Si hay algo que pueda hacer… – mi abuela pasó en tetas por el salón- disculpa si molesto.
- Ah… no, es hora de la ducha, siempre olvida la toalla.
- Si nenecitas algo que pueda hacer por tí?
- A decir verdad, tengo que hacer unos pendientes mañana, no sé si…
- Faltaba más, cuando me necesitas?
- Mañana, alrededor de las once de la mañana, podrá?
- aquí estaré.
No sé por que lo dije, tal vez quería saber si los chismes eran reales, saber que haría con mi abuela si de verdad la vieja era lesbiana, esa idea cruzó mi mente. Mi abuela chupándole el coño a la vecina, eso seria digno de ver. Mi polla se endureció al instante.
La casa esta lista, mi abuela duerme cuando el timbre tañe, es Alba.
- Muchas gracias por venir señora Alba – dije – siéntase como en casa, el almuerzo está preparado en la nevera.
- Mejor, así no cocino yo, – sonrió – tengo que darle algún medicamento?
- No es necesario, las próximas capsulas se las tiene que tomar a la noche.
Recojo el bolso y me despido. Caminó a la casa de mi amigo. Toco a la puerta.
- Hola Carlos –saludo Angélica-, Manuel está en su dormitorio.
- Gracias, permiso.
Su mamá me dejó pasar.
- Quieres comer algo?
- No gracias, ya desayuné.
- Colega – le dije – al traspasar la puerta.
Manuel estaba sentado al ordenador. Me siento al borde de la cama y trasteo en el bolso hasta sacar el portátil.
- Ven, mira esto – dije.
- Espera, ya casi termino.
Al cabo de unos minutos se sienta junto a mí y le entrego el aparato.
- Que estoy viendo?
- Coloqué cámaras en mi casa.
- Para que?
- Para esto – active la cámara de salón.
En la pantalla apareció Alba sentada en el sofá revisando su móvil.
- Que hace la vieja Alba en tu casa?
- Le pedí que cuidara a la abuela.
- Por qué hiciste eso? —dijo y pude notar un tono extraño en su voz.
- Tu dijiste que Alba era bisexual, no te gustaría ver que pasa? O estas celoso que alguien que no sea tu le coma el coño? – froté la herida.
- No, pero que dices – intentó ocultar su reacción.
En el salón, Alba se acomodaba en el sofá y entonces, mi abuela atravesó el salón llevando un camisón blanco, tan transparente que se podía ver perfectamente todo bajo el. Alba la miró de arriba a bajo unos segundos, dudé por unos instante creyendo que los rumores eran meras habladurías.
- Maribel – dijo Alba -, por que no te sientas a mi lado y charlamos un rato?
- Perdona pero…
- No te acuerdas, soy yo, alba tú vecina.
- Por supuesto, perdona estoy un poco olvidadiza estos días – se sentó.
- No te preocupes – dijo la mujer – que bonito camisón.
- Te gusta? – preguntó mi abuela estirando la tela – es muy suave.
- Si, es suave – respondió acariciando el faldón que descansaba sobre el muslo.
Subiendo y bajando la mano, cada vez acercándola más a su culo.
- Vez, te lo dije – afirmó Manuel – te dije que la vieja era lesbiana.
- Ya lo veo – dije y volví a prestar atención a la pantalla.
- Me gusta, y me gusta la forma de tus pezones – añadió Alba.
- Si – dijo la abuela -, son gruesos.
- Y se ven firmes.
- Lo están, mira.
Alba metió la mano por entre el camisón acariciándole la teta con movimientos circulares.
- Las mías no están tan firmes – dijo Alba quitándose la blusa y el sostén – ves como caen, los pezones si están rígidos – ofreciéndole las tetas que contenía con sus manos.
Sin vacilar mi abuela adelantó la mano, palpando y apretujando el pecho, sobando el pezón con el dedo pulgar.
- Están esponjosas no lo crees – afirmó Alba.
- Si, se notan muy blanda y esponjosas.
- Perfectas para mamar, has chupado unos senos antes?
- No, nunca lo he hecho.
- Te gustaría, anda, chupa las mías es bueno tener experiencias nuevas.
La abuela inclino la cabeza entre las montañas gemelas de Alba, introduciendo el pezón derecho y parte de la areola dentro de su boca, succionando suavemente.
- Que te parece?
- Se siente raro.
Sostiene su cabeza para si, haciendo que la succión fuera más profunda.
- Es mi turno – susurra Alba retirando a mi abuela de su pecho y moviendo su mano levantó la ubre de mi abuela – se me hace muy apetitoso.
Los labios de Alba bajaron alcanzando el pezón, mi polla se estremeció al presenciar semejante espectáculo, ver como la vecina le chupaba las tetas mientras la abuela se revolvía en el sofá, gimoteando quietamente.
Noto que Manuel esta tan empalmado como yo, solo que él parece molesto, reforzando la idea que, de alguna manera, esta obsesionado con mi abuela.
De camino a casa voy contrariado, luego de que ambas mujeres se toquetearan y chupetearan no ocurrió nada más. Alba se volvió a colocar la ropa y avanzaron en una conversación irrelevante, como si nunca hubieran hecho algo. Joder que decepción.
Alba me encontró en la entrada, metros antes de llegar a la puerta.
- Carlos, te esperaba – dijo Alba -, tu abuela tiene problemas de memoria – asentí con la cabeza – demencia, Alzheimer o algo así?
- Algo así
- Es una lastima, sin embargo – se acercó – que pretendías pequeña rata miserable.
- De que habla? –respondo asustado.
- Colocaste cámaras por toda la casa, crees que no me iba a dar cuenta – me apuntó con un dedo – que esperabas, verme en pelotas o ver a tu abuela desnuda? No, déjame ser un cabrón retorcido como tú, escuchaste que yo soy lesbiana y esperabas que me follara a tu abuela con demencia mientras tú grababas. Para chantajearme?… no, tienes cara de pajero patético, de un pequeño mirón pervertido, solo querías mirar, le atiné no es así?
- Yo… – tartamudeo -, no sé de que.
- Ya cállate cabróncete de mierda, conmigo no se juega, entendiste? – muevo la cabeza – Te cobraré la palabra, ya veras como – se gira – intenté insinuarme a tu abuela hace años, lo sabias? No, no creo, dudo que Maribel te haya contado como me humilló al rechazarme. De donde crees que nació el rumor que soy bi, tu querida abuela fue quien esparció el chisme entre todas las hijas de puta de sus amigas.
- Yo… no
- Tranquilo, cabróncete. Ahora me voy a cobrar con su coño, Maribel está un poco más vieja pero se ve que su coño sigue estando muy apetitoso –me agarró de la camiseta-, si tienes preparada a tu abuela y mantienes la boca cerrada te dejaré mirar, sino, verás de los que soy capaz…. Entendiste Carlitos?
Asentí con la cabeza.
«Que mierda acaba de ocurrir?» me preguntaba, mi corazón queriendo escaparse del pecho, cómo se diablos se fue todo a la mierda tan rápido, cómo esa vieja de mierda se enteró de las cámaras.
El repiqueteo del móvil parecía infinito.
- Que quieres? -respondió Manuel.
- No sabes lo que pasó colega –balbuceé-. Me amenazó, Alba me amenazó, todavía no entiendo…
- Tranquilo, cuéntame con más calma, que pasó?
- La vieja me estaba esperando en la entrada, se quiere follar a mi abuela, se la quería follar desde hace tiempo, ahora me amenazó no sé que hacer.
- Se va a follar a tu abuela eso no era lo que querías?
- Si pero no así, todavía no sé como esa vieja de mierda vio las cámaras.
- No las vio, yo se lo dije, como crees que llegó a tu puerta?
- Que dices? –sacudí la cabeza- por qué?
- Por qué?, por qué? –gritó Manuel-, porque esto era nuestro, de nosotros tres. Porque el coñito de Maribel era mió, yo la follé primero, yo la hice mía primero, no entiendes? No, no entiendes, porque si entendieras no hubieras metido al puto plomero, no hubieras ensuciado lo nuestro. Tu la cagaste ahora ándate a la mierda.
Colgó.

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