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Fantasías / Parodias, Lesbiana, Voyeur / Exhibicionismo

Mi primer modelo: Megan

Mi primer día como fotógrafa en una agencia fue con una modelo de 7……..
Asus 28 años Andrea,  lucía una piel bronceada y una silueta seductora: cintura fina, curvas suaves y glúteos medianos, redondeados y firmes. Su busto copa B armonizaba con su figura y le daba un atractivo natural, elegante y provocador. Había estudiado la Licenciatura en Artes Visuales (enfocada en fotografía, diseño y expresión plástica), pero nunca había podido ejercer su profesión. Después de graduarse, trabajó como cajera y vendedora de perfumes en una tienda departamental. Aunque rentaba un cómodo departamento, sus finanzas personales pendían de un hilo: gastaba más de lo que ganaba en ropa y pequeños caprichos cotidianos. Por si fuera poco, no pudo resistirse a comprar una cámara que encontró en oferta mientras laboraba allí.

Una noche, al sentarse a hacer cuentas, se dio cuenta de que sus deudas eran mucho más altas de lo que esperaba y tenía sus tarjetas de crédito al límite.Unos días después, durante una salida con sus amigas, les compartió lo que estaba pasando; al escucharla, una de ellas —la invitó a presentarse en una agencia de modelos porque necesitaban una sesión de fotografías urgente para un álbum, ya que ella tenía otros pendientes que le impedían hacerla.

Con algo de escepticismo pero con la firme necesidad de un ingreso extra, Andrea aceptó la propuesta…

Fui dispuesta a todo. Llegué con mi nueva cámara y me puse un sofisticado vestido largo de corte completo que realzaba mi figura. Al llegar y tocar el timbre, me recibió una mujer de unos cuarenta años; con una expresión seria, me miró de arriba a abajo.

Conversamos más de media hora. Me interrogó detalladamente sobre mi currículum y le hablé con absoluta sinceridad: le admití que no tenía experiencia previa en fotografía de moda o de modelos, pero le aseguré con seguridad que sabía perfectamente cómo hacer un trabajo impecable. Ella me explicó que no podían contratarme porque, al tratarse de una agencia de fotografía muy famosa y prestigiosa, mi falta de experiencia podría retrasar el ritmo de las sesiones. Sin embargo, algo debió convencerla, porque me pidió que anotara mi número y añadió que necesitaba tomarme unas fotos de prueba para poderme recomendar con otras agencias en caso de que surgieran vacantes.

Pasé al estudio y un fotógrafo me tomó la primera fotografía de cuerpo completo; luego me indicó que volteara de perfil y de espaldas. Aunque me sentía un poco apenada —ya que el vestido era bastante ajustado y resaltaba por completo mis pechos y gluteos—, traté de mantener la postura y profesionalismo. Al finalizar las fotos, la mujer me despidió diciéndome que, si alguna agencia ocupaba una fotógrafa, me llamarían, mientras me acompañaba hacia la puerta. De camino a casa, pensé que era casi imposible que me llamaran; sin embargo, para mi gran sorpresa, en apenas una semana recibí la llamada de una agencia,citándome para dos días después. Al llegar, me encontré con una imponente casa situada en una de las zonas más exclusivas y cotizadas de la ciudad.

Al tocar el timbre, me recibió un mujer , Intenté entregarle mis papeles, pero me detuvo con una sonrisa, asegurándome que no hacían falta porque ya estaba contratada. Al cruzar el patio me quedé sin aliento al ver una propiedad enorme con alberca; y al pasar a la casa, descubrí que estaba completamente equipada con luces, cámaras, zona de maquillaje y todo lo necesario.

Me explicó los detalles de las sesiónes, indicándome que las fotos que tomaría serían para revistas privadas y que empezarían con ropa para terminar, en ocasiones desnudos o semidesnudos. Me quedé dudando y, justo cuando pensaba rechazar la oferta, me dijo cuánto ganaría por cada sesión:la cifra por un solo día de trabajo equivalía exactamente a lo que me pagaban de sueldo en todo un mes entero

Sin esperar a que respondiera si aceptaba, me sonrió de forma tierna diciendo que le agradaba tenerme como compañera, tomándome de la mano para guiarme con suavidad hacia el vestidor Allí me indicó que procedería a tomarme las medidas para el uniforme, el cual sería exactamente igual al que ella llevaba puesto: una falda blanca algo corta, justo arriba de las rodillas, y una camisa blanca ligeramente ajustada que quedaba por encima del ombligo.Con una naturalidad pasmosa y una cercanía que aceleró ligeramente mi pulso, me quitó la camisa y deslizó la cinta métrica alrededor de mis pechos para elegir el brasier exacto que debía llevar bajo la blusa, añadiendo con una sonrisa picara que el logo de la agencia iba impreso allí con letras negras, diseñado para insinuarse sutilmente a través de la tela.

—Vaya, tienes una figura excelente… —exclamó con una familiaridad inesperada, rozando apenas la piel de mi espalda al acomodar la cinta con total soltura—Te va a quedar perfecto, ya lo verás. Aquí entre nosotras, te vas a acostumbrar muy rápido a las reglas de la casa. Además, con el sueldo que manejamos aquí, te aseguro que te olvidarás de cualquier apuro económico en un abrir y cerrar de ojos.

Su toque era firme pero extrañamente cálido, desarmando cualquier rastro de resistencia que aún quedara en mí. Mientras terminaba de apuntar las medidas en una libreta de piel, me miró de arriba abajo con una aprobación cómplice, haciéndome sentir que mi cuerpo ya formaba parte de la estética impecable y calculada de aquel lugar.

Con una seguridad absoluta que no admitía cuestionamientos, me explicó que a partir de entonces formaríamos equipo ella, otra compañera y yo. Añadió con un brillo cómplice en la mirada que el jefe solo aparecía cada tres días estrictamente para repartir los pagos y se marchaba de inmediato, rematando entre risas que ir vestidas así nos resultaría mucho más cómodo y práctico para movernos, agacharnos y encontrar los mejores ángulos en cada toma fotográfica.

Se inclinó ligeramente hacia mí, invadiendo mi espacio personal… Su mano rozó con suavidad el borde de mi piel descubierta, recorriendo la línea de mi cintura antes de detenerse un segundo más de lo necesario en mi cadera.

—Mañana a primera hora te quiero aquí lista, Andrea… ya tendré listo tu uniforme —susurró muy cerca, su aliento cálido erizándome la piel—. Vas a encajar perfecto en este equipo, te lo aseguro.

Me dedicó una última mirada cargada de una promesa silenciosa y un magnetismo difícil de ignorar, antes de dar media vuelta con total soltura y dejarme sola en el vestidor, con el pulso acelerado y la certeza de que mi vida en la tienda departamental había quedado oficialmente en el pasado…

dia 1

El despertador sonó al amanecer, pero a diferencia de mis habituales mañanas de angustia y cuentas por pagar, esta vez sentí una extraña mezcla de nervios y anticipación.

Me metí a la ducha con calma, enjabonando cada rincón de mi cuerpo y rasurando mi zona íntima con todo cuidado; quería estar perfecta y completamente preparada por si acaso.

Me vestí con normalidad y, con el pulso acelerado, conduje hasta la exclusiva residencia. Sin embargo, antes de que siquiera tuviera la oportunidad de tocar el timbre, la puerta principal se abrió de par en par. Para mi sorpresa, era mi nueva compañera quien estaba allí esperándome con una sonrisa pícara y una mirada que devoraba cada centímetro de mi silueta.

—¡Qué puntualidad, Andrea! Me alegra ver que ya estás aquí —dijo con un tono de voz bajo y sugerente, acercándose a mí lo suficiente como para hacerme notar su perfume antes de darme un suave apretón en la cadera—. Date prisa, la primera modelo llega en exactamente una hora.

Dicho esto, me entregó en las manos mi nuevo uniforme —la falda corta, la camisa blanca ajustada y el brasier blanco con el logotipo de la agencia— y me condujo con paso firme directamente hacia el vestidor, cerrando la puerta tras de nosotras con una complicidad que me dejó sin aliento.

Dentro del vestidor, el silencio entre las dos se cargó de una electricidad repentina. Mi compañera no hizo el amago de irse; al contrario, se recargó perezosamente contra el marco de la puerta, cruzando los brazos bajo el pecho y observándome con una curiosidad descarada que me hacía sentir cada vez más vulnerable y, al mismo tiempo, extrañamente excitada.

—¿Qué esperas? —susurró con una sonrisa traviesa en los labios, señalando con la cabeza las prendas que llevaba en las manos—. Date prisa o nos ganará el tiempo… aunque, la verdad, me fascina ver cómo te vas a transformar.

Tragando saliva, comencé a desabrocharme los botones de mi pantalón, dejando mi nueva ropa al lado, con dedos ligeramente temblorosos bajo su atenta mirada. Justo cuando estaba terminando de quitarme mi propio brasier, ella misma me puso el nuevo sobre los hombros con una lentitud deliberada, sus dedos rozando apenas mi piel con una calidez que me hizo arquear ligeramente la espalda por instinto. Al abrocharlo a mi espalda, su pecho quedó a centímetros del mío, y su aliento cálido me acarició el cuello, haciéndome soltar un suspiro apenas perceptible.

—Déjame ayudarte… —susurró …

Comenzó a abrocharla despacio. Sus dedos rozaban mis pezones a través de la fina tela del brasier, el cual se insinuaba con una provocación descarada. Cada roce me hacía estremecer, sintiendo cómo mi zona íntima se humedecía..Al terminar con los botones, me puse la camisa; la tela se deslizó suavemente sobre mi piel, dejando que la tela delatara por completo el relieve de la marca. Por último, deslicé la falda corta sobre mis caderas, ajustándola hasta que apenas cubría lo necesario, dejándome completamente expuesta y vulnerable ante su escrutinio.

—Ves cómo te queda como un guante… y ese detalle del logo te da un toque único —murmuró junto a mi oído, su mano bajando con lentitud por mi costado hasta detenerse con firmeza en mi cadera—. El jefe tiene un ojo clínico para esto, pero nosotras somos las que realmente mandamos en este espacio.

Me miré en el espejo de cuerpo entero y se me escapó un gemido ahogado. La tela de la camisa dejaba el logotipo de la agencia y mis pezones perfectamente marcados, y la falda corta apenas contenía mis muslos, dejando mi zona íntima palpitando..

Mi nueva compañera se paró justo detrás de mí, rodeando mi cintura con sus brazos y apoyando la barbilla en mi hombro mientras ambas contemplábamos el resultado. Sentí su respiración quemando mi cuello y cómo su cadera se presionaba de forma deliberada contra la mía,

—Ahora sí, Andrea… estás más que lista para lo que se viene —susurró con una sonrisa—. Vamos al estudio, la modelo no tardará en cruzar la puerta y quiero ver de lo que eres capaz…

Salimos del vestidor y caminamos por los pasillos de la residencia hasta llegar al estudio principal, un espacio amplio, minimalista y bañado por una luz suave y sofisticada. Apenas nos acomodamos junto a los equipos, el timbre de la entrada principal resonó en el ambiente.

—Buenas dias. Vengo a dejar a mi hija Megan para su sesión fotográfica; los términos y el pago ya fueron acordados con la administración… —dijo la madre con voz gélida y dominante, cruzándose de brazos mientras nos recorría de arriba a abajo con una mirada despectiva, evaluando con evidente altanería el sugerente uniforme que mi compañera y yo llevábamos puesto, …mirándonos como si fuéramos simples sirvientas a sus órdenes— Espero absoluta profesionalidad con ella.

—Buenos dias, señora. Evidentemente; está en el entorno más exclusivo y respaldada por el equipo de profesionales más exigentes del sector.—respondió mi compañera con una sonrisa educada pero cargada de una sutil ironía, mientras me dirigía una breve mirada de reojo llena de complicidad—. Puede retirarse con total tranquilidad, su hija queda en rigurosas y capaces manos.

Tras unos minutos de breves formalidades donde la madre apenas se dignó a despedirse de la niña con un seco toque en la mejilla, recordándole enérgicamente que debía acatar cada orden de la fotógrafa sin cuestionar, se dio media vuelta y se marchó con paso firme, cerrando la puerta principal a sus espaldas.

El pesado portón se oyó cerrar con un clic definitivo, y el estudio quedó completamente en silencio, dejándonos a solas con la joven modelo

La niña, visiblemente nerviosa y tragando saliva con disimulo, se quedó de pie en medio del set, sosteniendo su bolso con ambas manos mientras nos miraba a las dos. Mi compañera dio un paso al frente, cruzando los brazos bajo su pecho y haciendo que su propio logotipo se tensara de manera provocativa, antes de volverse hacia mí con una sonrisa cargada de promesas.

Muy bien, Andrea. El escenario es todo tuyo —susurró con voz baja, clavando sus ojos en mí antes de mirar a la modelo— mientras terminaba de imprimir una hoja y me la entregaba directamente en las manos. Las instrucciones detallaban paso a paso cómo debía comenzar tomando las fotografías previas con la ropa de calle y continuar después con la ropa interior, cuando de pronto me interrumpió con una sonrisa calculadora: —Hay un pequeño cambio de planes, he invitado a otro modelo para que sean dos en el set —dijo, mostrándome la pantalla de su teléfono con la foto de un hombre de color de unos treinta años, imponente y de físico escultural

De inmediato, mi compañera se movió con elegancia hacia la mesa auxiliar, tomó una hoja de papel elegante y rígida que reposaba junto a los equipos y se la tendió a la joven modelo con un gesto autoritario y calculador.

—Estas son las instrucciones obligatorias que debes seguir al pie de la letra durante toda la sesión. Léelas bien y apréndelas de memoria —le indicó con una voz gélida, un tanto agresiva y cargada de una sutil rabia contenida, reflejando el cobro de factura por la prepotencia de su madre—. Y recuerda que debes hacer todo lo que pidamos nosotras,

la niña, visiblemente intimidada por la dureza de las palabras, bajó la mirada de nuevo a la hoja, visiblemente intimidada por la dureza de las palabras. Pude notar cómo sus labios se entreabrían en un suspiro tembloroso, atrapados entre el miedo y la pena ante lo que sus ojos iban descubriendo: posturas sugerentes que su inexperiencia apenas alcanzaba a imaginar, una desnudez progresiva —o totalmente explícita—,y la exigencia de obedecer las órdenes de la fotógrafa —incluyendo ahora la inminente presencia de un nuevo compañero de fotos

continuara..

 

3 Lecturas/22 de octubre de 2026/0 Comentarios/por oreo de fresa
Etiquetas: compañera, compañero, ducha, hija, joven, madre, metro, mujer
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