PASIÓN EN IBERIA – Capítulo 1
Una joven chica viaja al viejo continente a conocer a alguien especial con quien vivirá aventuras apasionadas..
Capítulo I – Arribo y taxi en desenfreno
Son las 9:00 de la mañana hora local, estamos a 25 minutos de aterrizar en el aeropuerto internacional Adolfo Suárez-Barajas de Madrid, y en mi estómago ya siento un nudo causado por la emoción y los nervios. ¿Y si no resulta como lo he imaginado?… ¿Y si al verme no le gusto?… ¿Y si cambió de opinión y ya no quiere nada?… ¿Habrá valido la pena el esfuerzo de hacer este viaje por algo que no tengo certeza de que se llegue a concretar?
Fueron las preguntas que inundaron mi mente mientras terminaba de comer el desayuno que nos ofrecieron en el avión antes de aterrizar. Los minutos pasaban lentamente y los restos de un omelette de jamón y queso, fruta y jugo de naranja estaban en mi charola esperando a ser recogidos por la azafata y mi mente no dejaba de pensar en el momento en que estuviera parada frente a ti.
Por fin, después de 25 minutos el vuelo IB4688 de American Airlines aterrizó y se dirigió a la terminal 4S del aeropuerto y se llevó a cabo el desembarque sin contratiempos. Presurosa me dirigí al sanitario para poder refrescarme y ponerme bonita para nuestro encuentro. En el privado, después de hacer pis y haciendo casi una suerte de maroma, me quité los leggins azul marino que llevaba puesto y me cambié la tanga azul celeste de encaje que llevaba puesta, pues después de más de 12 horas de vuelo, mi calentura había hecho que la humedad de mi interior hiciera de las suyas pues la emoción de pensar e imaginar lo que estaba a punto de pasar me tenía mojada y era realmente necesario cambiar la prenda interior. Me puse otra tanga muy parecida, solo que en color negro; me dejé el mismo leggins que afortunadamente y a pesar de quedarme totalmente ceñido a mi cuerpo, se mantenía sin rastros de la humedad de mi entre pierna. Me coloqué el suéter ligero que llevaba por si me daba frío, me lavé la cara, cepillé mis dientes, me perfumé y me dispuse a salir a tu encuentro.
Caminé por un largo pasillo y a pesar de su interesante arquitectura con techos ondulados y vigas y soportes en color amarillo que llaman mucho la atención, mi mente seguía revolucionada haciendo latir mi corazón a mil por hora por la emoción de encontrarte y verte en persona por primera vez. Al fin, llegué a la salida y al cruzar el umbral de la puerta que separa la sala de las llegadas internacionales con el pabellón principal solo bastó con dar unos cuantos pasos hasta que escuché tu hermosa voz gritando mi nombre: ¡Eli! ¡Eli! ¡Por acá!
Volteé a todos lados hasta que mi mirada se cruzó con la tuya y de inmediato una descarga energética sacudió hasta la última célula de mi cuerpo. Te vi, sonreí nerviosamente y me dirigí hacia ti. Ahí estabas, tan hermosa como modelo de revista; con unos jeans negros ajustados a tu hermosa figura, una playera blanca que dejaba al descubierto tu vientre, plano y terso; y una chamarra de mezclilla muy moderna. Tu cabello rubio lacio, largo y suelto a medio peinar, se acomodaba perfectamente de tal forma que enmarcaba tu hermoso rostro que esbozaba una sonrisa que podría derretir a cualquiera, con esos carnosos labios pintados con un rojo carmín que contrastaban con el blanco perlado de tu dentadura y rematando con la profundidad de tu mirada. Esos hermosos ojos claros, que gritaban quietud y pasión al mismo tiempo.
Con piernas temblorosas y llena de nervios me dirigí hacia ti, tú te abriste paso entre la gente para correr a mi encuentro y a medio camino por fin, estuvimos frente a frente y nos recibimos ambas con gran abrazo; cálido y lleno de tantos sentimientos. La emoción era tanta que ninguna de las dos nos atrevíamos a soltarnos, era como si quisiéramos que el tiempo se detuviera en ese mismo instante y que hiciera infinito aquel abrazo en donde ambas nos decíamos tantas cosas.
-Eli, querida- me susurraste al oído
-Hola hermosa- te respondí igualmente, susurrando en tu oído
-Esperé tanto por este momento- continuaste mientras una de tus manos acariciaba con genuino cariño mi espalda. Yo atiné a abrazarte con más fuerza, como tratando de meterte debajo de mis prendas y de mi piel y te respondí:
-Yo también, no he hecho otra cosa más que pensar en este momento-
Aún no sé bien cuánto tiempo estuvimos así, pero mucho que hubiera sido, se sintió que hicieron falta más minutos para terminar de procesar ese mar de sensaciones y sentimientos que emergieron de golpe al estar justo ahí, abrazándote. El aroma de tu cabello, la esencia de tu perfume y la cercanía de tu cuerpo y su calor movieron todo dentro de mí al punto de querer quedarme fundida a ti en ese abrazo por siempre; pero sabía que vendrían momentos aún más intensos, y no podía esperar más para poderlos vivir.
Después de ese cálido abrazo, nos dirigimos a la salida para abordar un taxi que nos llevara hasta el apartahotel en donde me quedaré durante mi estancia en la ciudad. Me tomaste de la mano y me guiaste hacia la salida mientras me hacías plática para bajar las evidentes revoluciones propiciadas por nuestro encuentro:
-¿Qué tal tu viaje? ¡Cuéntamelo todo!- me preguntaste
-Muy bien, ya sabes, cansado por lo largo del vuelo, pero bastante bien- te respondí aún nerviosa y emocionada
-Sí ya lo sé, esos viajes de tantas horas son muy cansados y tediosos, pero ya estás aquí que es lo importante- agregaste mientras me regalabas una hermosa sonrisa para darme ánimo y me jalabas hacia ti para quedar pegas y abrazarme con tu brazo izquierdo
-¡Sí! Por fin se me hizo y ya estoy aquí- te respondí emocionada y correspondí tu abrazo
Al salir, nos dirigimos a los taxis, abordamos uno y se puso en marcha para llevarnos al barrio Chueca, pues muy cerca de ahí están los apartamentos Recoletos, lugar en donde tenía hecha mi reserva de hospedaje. En el camino empezamos a hablar de cosas banales, tratando de romper esa barrera invisible que aún persistía, pues a pesar de llevar mucho tiempo de estar en contacto, era la primera vez que estábamos juntas y frente a frente y me sentía cohibida, temerosa de hacer el primer movimiento de acercamiento; y creo que tu sentías lo mismo, pues los minutos pasaban y no pasaba nada. Entonces, en un arrebato de valentía de tu parte, con ambas manos tomaste las mías y mirándome fijamente a los ojos me dijiste:
-No sabes lo feliz que estoy de que hayas venido, sé que no es un viaje fácil de hacer por todo lo que implica, pero en verdad que me has hecho muy feliz de que estes aquí-
De inmediato mi cuerpo reaccionó al sentir el tacto de tus manos y de tu piel; en segundos sentí las famosas mariposas en el estómago revoloteando y acelerando los latidos de mi corazón.
-Yo también, estoy feliz y llena de alegría de haberme subido a ese avión y de estar aquí, por fin… contigo- te contesté mientras mi rostro se sonrojaba y al mismo tiempo te mostraba ese lado natural y vulnerable que muy pocas personas de este mundo han visto y conocen de mí. De inmediato lo viste y entendiste el mensaje, porque solo unos segundos después, en un movimiento sutil pero decidido, acortaste la distancia acercándote a mí. Yo hice lo propio y a mitad del camino nuestros rostros se encontraron de cerca y solo después de unos segundos de mirarnos fijamente a los ojos nuestros labios se tocaron y se entrelazaron en un beso que movió mi mundo.
Ligero, cálido, suave, con una muy sutil insinuación sensual pero cargado de tanta energía que de inmediato mi mente voló dando mil vueltas; apagando todos mis sentidos salvo ese sentido, el sexto o el séptimo; no sé bien cual, el que te hace sentir las cosas que no son palpables, las cosas que no son visibles, las cosas que se ven y se sienten con algo más que con los ojos y la piel. Mientras nos besábamos, mi mano derecha se liberó y se colocó en tu mejilla izquierda, acariciando y atesorando tu cercanía. Tu mano derecha hizo lo mismo conmigo. Tal vez fue un minuto en donde nuestras lenguas apenas y se tocaron en aquel beso, pero fue suficiente para abrir la llave de mi interior, pues ese fuego que ha estado contenido desde meses atrás en que nos confesamos nuestra atracción y deseo, se despertó y rugió haciéndomelo saber al mojar el interior de mi sexo y lanzar corrientes que se sintieron hasta en la punta de los dedos de mis pies. Nuestros labios se apartaron y solo nuestras miradas se quedaron fijas, una en la otra, tratando de decirnos todo en ese justo momento. Luego, recordé que estábamos en el asiento trasero de un taxi y que teníamos la compañía forzosa del taxista que estaba al volante del vehículo y a quien descubrí mirándonos fijamente por el espejo retrovisor. Se trataba de un tío en sus cuarentas, pasado de peso, medio calvo y de aspecto descuidado y para nada atractivo. Te diste cuenta que lo pillé mirándonos “disimuladamente” y también volteaste a verlo y luego, con una sonrisa malévola y un tono travieso me dijiste en voz muy baja, apenas audible para mis oídos:
-Tenemos un mirón…¿Qué dices?… ¿Le damos algo qué ver?-
Me sorprendió tu pregunta, pero la idea me terminó de calentar y en ese mismo instante sentí cómo mi interior se inundó nada más de pensarlo; así que después de un par de segundos en donde pensé la respuesta, asentí y te respondí:
-Ya vamos tarde- y me abalancé sobre tus labios y de inmediato nuestras bocas chocaron, esta vez con pasión y desenfreno. Nuestras lenguas apenas se juntaron se entrelazaron en una lucha pasional al tiempo en que tus manos de inmediato se posaron en mi cintura y me jalaron para acercar mi cuerpo al tuyo. Instintivamente, mis manos se posaron en tu espalda y te abracé, acariciando tu dorso de arriba hacia abajo hasta llegar a tus nalgas que de inmediato apreté con fuerza. Al sentir mi apretujón, tus manos hicieron el recorrido de mi cintura a mis pechos hasta que cada mano se posó en el seno correspondiente y de la misma forma, empezaste a acariciarlos con fuerza.
Nuestra respiración empezó a acelerarse, al igual que los latidos de mi corazón que a esas alturas ya estaba a toda máquina y que aumentó sus pulsaciones al sentir cómo tu nano izquierda se movió y se internó por debajo de mi suéter y mi playera y no se detuvo hasta topar con mi sostén y así, por encima de él, continuaste tus frenéticas caricias en mi seno derecho que de inmediato reaccionó haciendo que mi pezón se endureciera. En medio del intercambio de saliva traté de imitar tu movimiento y también moví mi mano derecha de tu nalga hasta introducirla por debajo de tu blusa y tu sostén para acariciar tu seno izquierdo, tomando como rehén tu pezón que en cuanto sitió mi tacto se endureció como piedra.
Llegó un momento en donde ambas nos olvidamos que estábamos dando espectáculo a un total desconocido y fuimos más allá porque me separé de tus labios y de tu abrazo para poder hacerme para atrás y con ambas manos subí todas mis prendas; mi suéter, playera y sostén, haciéndolo hasta descubrir por completo mis senos, grandes, redondos y ávidos de sentir tus caricias. Me recliné un poco para acomodarme y te lancé una mirada cargada de lascivia y de inmediato atacaste con decisión al lanzarte hacia mi pecho y empezar a besarlos y acariciarlos mientras mis manos acariciaban tu cabeza, internando mis dedos entre tu sedoso cabello mientras sentía cómo tu lengua y tus dientes jugaban y mordían mis pezones de manera alternada. Tus caricias hicieron que de mi boca se escapara un leve gemido que se vio interrumpido cuando mis manos intentaron de manera desesperada levantar tu blusa y sostén y descubrir también tus pechos. Al darte cuenta de mis intenciones te acomodaste para facilitarme la tarea, la cual culminé con éxito y me excitó aún más el tener frente a mi ese hermoso par de tetas grandes y firmes que de inmediato tomé con ambas manos para acariciarlos y apretarlos.
De nuevo te abalanzaste sobre mí y tu boca secuestró la mía con pasión y lujuria y aprovechaste que mis manos seguían adheridas a tus pechos para furtivamente mover tu mano izquierda hasta llegar a mi entre pierna y sin miramientos empezaste a acariciar mi sexo por encima de la ropa. En cuanto sentí el tacto de tu mano en mi entrepierna mi cuerpo se estremeció y me hizo soltar de manera involuntaria un leve gemido disfrazado de una súplica:
-Aahhh sí-
Con decisión tu mano subió y con una delicada destreza se internó por debajo de los leggins y llegó hasta la tela de la tanga e hizo el mismo movimiento, internándose bajo la delicada tela de mi ropa interior como si con un escalpelo de filo infinito, trataras de retar la cáscara suave y tera de un durazno. En un acto reflejo me acomodé para abrir mis piernas y facilitarte la tarea y con soltura y maestría, acomodaste tu mano de tal forma que llegó y se posó en mi sexo, caliente, húmedo y palpitante al sentir el tacto de tu mano.
Mientras nuestras bocas llevaban a cabo su batalla intercambiando besos, mordiendo intercaladamente nuestros labios y saboreando la alquimia que se había formado con la mezcla de nuestras salivas, tus dedos empezaron su propia batalla, haciéndose de espacio en mi entrepierna y bajo el apretado cobijo de mi ropa y empezando a recorrer la delicada, suave y mojada anatomía de mi vulva. Suavemente, las yemas de aquellos dedos intrusos acariciaron mis labios vaginales, palpando su suavidad y después se internaron sutilmente para acariciar y recorrer mi labia interior.
-Ahhh- otro gemido disfrazado de suspiro escapó de mi boca, pero murió ahogado en medio de la lucha de nuestras lenguas
Inclinaste más tu cuerpo para quedar casi encima de mí y con ello acomodar tu brazo para continuar con la maniobra de tu mano, que seguía explorando la cavidad de mi sexo, que ya empezaba a hacer más que evidente lo mojada que ya estaba para ese momento. Tan solo después de un par de movimientos en donde cuatro de tus dedos palparon y acariciaron a placer mi entrepierna completa, acomodaste tu mando de tal forma que lentamente, con total delicadeza y suavidad, metiste tus dedos medio y anular en mi coño.
Mi cuerpo reaccionó tratado de arquear mi espalda, mi boca se separó de la tuya tratando expresar el nivel de placer que me hiciste sentir con la furtiva incursión de aquellos dedos que en cuestión de segundos me llenaron, pues los metiste hasta el fondo; hasta que la palma de tu mano se topó con mi monte de venus y no pudo continuar más allá de ese punto.
Traté de gemir, pero mi éxtasis era tal que sencillamente el gemido se ahogó en mi garganta.
-Eso cielo, disfrútalo tanto como lo disfruto yo- me susurraste en mi oído izquierdo mientras empezaste a mover tus dedos marcando un movimiento en forma de gancho que tocaban el punto exacto que me vuelve loca. Lo sabes, lo haces perfectamente porque tú también lo tienes y tú también disfrutas tocándote de la misma manera.
-Ahhh… sí mi amor, así…- entre gemidos te contesté mientras mi cuerpo me decía, me pedía… me exigía que me abandonara y me rindiera ante ti.
-Así mi amor… así, no pares por favor…- añadí antes de que mi mano derecha te jalara hacia mí para poder besar tu boca con desenfreno y con mis besos decirte que en ese momento no me importaba nada más, que me tomaras y ser tuya.
-Aaaahhh- entre besos gemiste
-Ahhhhhh sí- te respondí
-Qué rico coño tienes mi cielo…- susurraste nuevamente en mi lado izquierdo
-Síiii….- respondí
-¿Te gusta cómo lo hago?- me preguntaste al tiempo que aumentaste el movimiento y las embestidas de tus dedos en mi interior
-Sí mi amor, sí… aaahhhhh… me encanta… ahhhhh… por favor no pares- te supliqué mientras mi respiración y mis gemidos ya se escuchaban bien en la cabina del taxi
-No pares… por favor no pares… ahhhh- te repetí mientras mi cara empezó a formar el rictus que indica que mi éxtasis estaba llegando a su máximo
-No cielo, no pararé… no voy a detenerme hasta que explotes mi amor- me respondiste mientras te incorporaste solo lo suficiente para poder verme y apreciar aquella imagen de mí, tendida debajo de ti, sudando, gimiendo y entregándome a ti; a tu pasión y lujuria, a tus caricias y tu tacto, a tu deseo; con las piernas abiertas y con tu mano internada en mi tesoro y cuyo interior poco a poco empezó a hacer más evidente la humedad de lo que estaba por llegar.
-¡Sí amor!… S… sí… hazme explotar mi amor… ahhhhh- todo mi cuerpo empezó a ser prisionero de los espasmos que tus dedos estaban provocando con sus movimientos; mis palabras salieron tartamudeando, apeas expresando mi deseo de que siguieras masturbándome hasta provocarme ese orgasmo; tan ansiado, tan deseado, tan soñado.
-Sí amor… haré te corras… gózalo amor… siente cómo mis dedos te penetras y te tocan… siéntelo mi cielo- me dijiste mientras tus dedos aumentaron la velocidad y fuerza de sus caricias y penetraciones.
-Aaaaahhhh…- gemí fuerte -Aaahhhh sí… ¡Así mi amor!…¡Así!- continué con la súplica
-¿Así amor?- respondiste
-¡Sí!…¡sí! ¡sí!… aaaaahhhhh…. Ahhhhh… ¡Así amor! ¡No pares por favor!- mis gemidos se convirtieron en gritos de placer desesperados
-Y.. ya no… ya no puedo más… ahhhhh….¡Ya no puedo más!…- te advertí mientras mis ojos se abrieron totalmente, casi saltando de las cuencas y mis labios se apretaron antes de descargar mi placer en su totalidad
-¡Me corroooooo!… Aaaaaaahhhhhhhh…- apenas pude decirlo y el interior de mi sexo se contrajo, apretando tus dedos en un espasmo que nunca había sentido y de inmediato dejó salir un torrente cálido que inundó mi cavidad vaginal, mojó por completo tus dedos y que incluso alcanzó a salir y mojó mi ropa, tu mano y el asiento del taxo.
-¡Mi cielo!… ¡Así mi amor!… ¡Córrete así mi amor!…- me dijiste mientras cesaste lentamente el movimiento brusco y decidido de tus dedos y lo cambiaste por uno suave y lento, con el que acariciaste cada centímetro de mi interior y tu dedo pulgar lo acompañaba sobando circularmente y de forma sutil mi clítoris
Fueron varios espasmos que me tenían con la respiración entrecortada y mi cabeza daba vueltas como un torbellino, pareciendo que nunca se detendría.
Me tomó un tiempo, pero cuando por fin pude recuperar el oremus, abrí mis ojos, que por el placer desbordado me hicieron verte un tanto borrosa pero ahí estabas, también con la respiración acelerada, sudorosa y emanando fuego por todos los poros de tu piel; hermosa como una diosa nórdica. Me sonreíste y tus labios se abrieron para decirme:
-Mi cielo, qué rico te corriste-
Mi cara dibujo una sonrisa por el éxtasis que me hiciste sentir y de un momento a otro, sin siquiera procesarlo, mis ojos se inundaron de lágrimas y con mis propias manos tapé mi rostro tratando de esconder el llanto contenido que de golpe se presentó. Sequé las lágrimas que alcanzaron a escapar de mis ojos y tratando de recomponerme me dirigí a ti al ver que cierto desconcierto se formó en tu rostro:
-No no no- me apresuré a decirte
-No amor, no pienses mal… creo que fue tanta la emoción y tan fuerte lo que me hiciste sentir que creo que todas esas emociones contenidas desde hace tanto tiempo salieron de golpe- te dije tratando de explicarte lo que estaba sintiendo, porque así fue.
Llevamos tanto tiempo hablando y compartiendo tantas cosas; fuiste primero una conocida de internet que pasó a ser una lectora aficionada a mis relatos, luego a una mujer que se vio reflejada en las ideas, en los pensamientos y en los sentimientos que plasmaba en mis historias. De ahí, te convertiste en una amiga, que con el pasar de las semanas se fue transformando en mi confidente, en la otra parte de mí, en el reflejo que día a día veía al mirarme al espejo, llegando al punto de pasar a ser una de las personas más importantes en mi vida y por eso, decidí cruzar el atlántico para poder conocerte, verte, decirte lo importante que eres para mí y entregarte mi fuego y mi pasión; hacer realidad todas esas escenas e imágenes en donde las dos nos comemos y nos entregamos a las mieles del placer y la lujuria.
-Sí, hiciste que me corriera de lo más rico amor- te dije sonriéndote mientras lentamente y con un movimiento quirúrgico sacaste tu mano empapada de mi entre pierna, tratando de no mojar y de no manchar mi ropa que de por sí, ya estaba mojada y manchada de mis líquidos sexuales.
-Lo sé cielo, siento lo mismo- me dijiste antes de acercarte nuevamente a mí y besarme tiernamente.
Después regresaste a tu asiento, yo me acomodé la ropa como pude y ambas nos reímos al ver desastre que habíamos dejado con nuestro numerito. Luego, ambas caímos en cuenta que estábamos en el taxi y que el chofer había presenciado todo y como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, ambas lo volteamos a ver al mismo tiempo y él estaba pálido, con la frente sudorosa y los ojos desorbitados. El pobre se debatía entre manejar y mantener la vista al frente en la carretera y mirarnos a través del espejo retrovisor.
-Jajajaja- ambas soltamos una pequeña carcajada traviesa, la cual fue el colofón perfecto de aquella alocada y candente aventurilla
Tomé mi bolso y de su interior saqué un paquete con unas toallitas húmedas que te entregué para que pudieras limpiar los rastros de la batalla de tu mano y fue entonces que la cordura me hizo detenerme a pensar en mi situación, pues mi leggins estaba muy manchado y mojado y era más que evidente; parecía que me había hecho del baño encima.
-¡Ay no!- dije aterrada ante la situación
-Jajaja no te preocupes cielo, vamos a resolverlo, tranquila- me dijiste tratando de tranquilizarme, pero ambas nos miramos sin tener idea de qué hacer y fue cuando por primera vez en el trayecto que el taxista habló:
-Tranquilas, no pasa nada. Si quieren, cuando lleguemos al destino me bajo y saco la maleta del maletero y se las paso para que tú muchacha, puedas buscar algo para que te puedas cambiar- dijo con total seguridad y en tono servicial
Nuevamente nos miramos mutuamente y sonreímos al ver que la idea de nuestro chofer era más que perfecta.
-Ay sí, por favor jijiji- le dije sonriendo pícaramente
Luego, me hiciste una seña para que pusiera atención porque empezaste hablar como si fueras muda, haciendo señas y en cámara lenta:
-Este tío de quiere ver desnuda-
Yo me sorprendí porque ciertamente no lo había pensado; y de la misma forma te contesté:
-¡Es un cabrón! Como si no hubiera visto lo suficiente-
-Jajaja es verdad- susurraste
-Pero…- hice una pausa dramática y agregué: -su idea es muy buena, así que dejaré que me vea cuando me cambie-
De inmediato tu rostro esbozó una sonrisa traviesa y llena de complicidad y asentiste dándome a entender que estabas de acuerdo y agregaste:
-Eres incontrolable amor-
-Igual que tú amor- te respondí
Nos tomamos de la mano y nos dispusimos a atesorar el momento, sin hablar, solo mirándonos mutuamente mientras nuestras manos entrelazadas se acariciaban, sintiendo la electricidad que se desataba al mero tacto de nuestra piel. Fue cuestión de unos breves minutos de que llegamos a nuestro destino, el taxista nos indicó:
-Estamos pasando justo frente a los apartamentos a donde van, pero me daré la vuelta a la derecha en la siguiente calle y recto, en unos metros hay un buen sitio en donde podré aparcar para que se pueda cambiar- dijo y nosotras asentimos haciéndole saber que estábamos de acuerdo
Llegamos al sitio indicado y providencialmente había un lugar perfecto, junto a la cerca de una pequeña jardinera y un gran árbol. Aparcamos y el taxista hizo exactamente lo que dijo; se bajó del auto, caminó al maletero, lo abrió y sacó mi maleta. Caminó con ella pero se quedó parado junto a mi puerta, esperando a que yo la abriera; y fue cuando tú entraste nuevamente en acción:
-Espera, se me ocurre algo para que sea más cómodo para ti- me dijiste y fuiste tú quién se bajó del taxi. Abajo, le dijiste al taxista que te pasara la maleta y que se subiera de nuevo a su asiento y vi cómo descaradamente le hiciste un guiño por lo que presuroso hizo al pie de la letra lo que le indicaste. Yo seguía sentada en mi lugar siendo espectadora de todo ese movimiento.
Abriste la puerta y colocaste mi maleta en el asiento en donde estuviste sentada previamente y me dijiste:
-Me subiré al asiento del copiloto, también quiero ver el espectáculo- y ahora, me hiciste un guiño a mí y cerraste la puerta
Una vez que el taxista estuvo sentado en su asiento y tú, sentada a su lado en el lugar del copiloto, procedí con lo mío. Abrí la maleta y empecé a mover su contenido mientras buscaba un pantalón tipo jogger que tenía planeado ponerme a la mañana siguiente; lo encontré y lo saqué. Luego, saqué una bolsa de tela fina en donde suelo guardar mi ropa interior cuando salgo de viaje, la abrí y saqué una panty de corte diminuto (casi parecía tanga) de tela de algodón en color azul celeste con las orillas blancas y coloqué ambas prendas sobre la maleta. Voltee a verte y me mirabas complacida, tratando de esconder una sonrisa que hacía evidente lo mucho que estabas gozando el momento. Yo te sonreí de la misma forma y luego volteé a ver al taxista, que en esa ocasión ya no me veía por el retrovisor sino directamente, volteando hacia atrás.
Suspiré y me puse manos a la obra; primero me quité las zapatillas sin desamarrar las cintas, levanté un poco mis caderas y llevé mis manos a los extremos de mi cintura y tomé el elástico del leggins y poco a poco empecé a bajarlo; al llegar al punto en donde estaba mi tanga, la tomé también por el elástico y en el mismo movimiento; muy lentamente bajé ambas prendas hasta llegar a mis tobillos. Por la posición en la que estaba sentada sabía que mi zona íntima no era visible, pero sabía que para poder retirar por completo las prendas tendría que abrir las piernas para poder hacer la maniobra correspondiente.
Así lo hice, me recargué bien en el respaldo del asiento y tratando de emular la escena de la película “Bajos instintos”, lentamente abrí el compás de mis piernas dejando expuesto en su totalidad mi sexo, totalmente depilado y aún húmedo por la tremenda descarga que había tenido apenas unos minutos atrás. Estando así, totalmente abierta de piernas, retiré la prenda y sin cerrarlas de nuevo volteé a ver al taxista que estaba estupefacto, como una estatua sombría con su mirada clavada en mi sexo. Se podía escuchar su respiración casi jadeante ya que tenía la boca abierta y por un momento llegué a pensar que la saliva de su boca escurriría por la comisura de sus labios.
Luego, mi mirada te buscó a ti y te encontró igualmente extasiada y tu profunda mirada estaba en transe, perdida entre los pliegues de mi labia.
Solo atiné a sonreír y continué con la tarea; dejé a un lado la ropa sucia y primero tomé la panty, la acomodé y nuevamente en cámara muy lenta y con movimientos muy sensuales la subí hasta colocarla en su sitio. Después, tomé el jogger y ese me lo puse en un movimiento más normal; me calcé las zapatillas y listo, había terminado. Proseguí a guardar la ropa que me quité en un compartimiento de la maleta que estaba disponible para no revolver y cerré todo.
-Listo, terminé- dije como toda una traviesa
-Eres divina mi amor- me dijiste asintiendo y regalándome una sonrisa de cómplice perfecta
-Ustedes tías sí que saben liarla en grande- dijo el conductor mientras se secaba el sudor de la cara con ambas manos
-Jajajajaja- nos reímos juntas
-No tienes ni idea tío- le dijiste mientras abrías la puerta y te bajaste del taxi. Hice lo propio y te apresuraste a ayudarme a bajar la maleta
-¡Graciaaaas!- le grité al taxista haciéndole un guiño y me di la vuelta. Me tomaste de la mano, cruzamos la calle y caminamos hacia el aparta hotel mientras el fresco aire de media mañana nos acariciaba el rostro y hacía volar nuestro cabello, junto con nuestros sueños y nuestros deseos.

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