Romy, Dani y Duffy – Parte 1
Daniela, es mi prima. Somos de la misma edad. Hemos compartido siempre juegos desde muy pequeñas. Las diferencias de edades con mis otros primos y mis hermanos son mayores, por lo que me entendía mucho mejor con ella. Somos “hermanas” y “cómplices” en todo..
Me llamo Romy. Por ahora me reservo mi edad (más por coquetería que por algún otro motivo). Viví gran parte de mi infancia y adolescencia en el interior de mi país. Con la finalidad de formarme profesionalmente tuve que trasladarme a vivir a la capital, pero eso se los contaré más adelante.
Desde muy niña siempre hubo una mascota muy cerca de mí. Recuerdo que siempre eran cachorros los que recibíamos en casa como un obsequio de algún familiar o amistades de mi abuelo por el lado paterno.
Mis abuelos tenían haciendas muy extensas y estaban divididas para cada uno de sus 3 hijos (mi tío Antonio, mi tía Clara y mi padre Manuel). Mi padre era el hijo menor y siempre estaba dedicado a sus tierras y apoyar a su padre en todo. Mis tíos estaban dedicados a sus haciendas y otros negocios que tenían en el pueblo). Las divisiones de las propiedades estaban marcadas por cercas de maderos y alambres sin púas. Senderos entre algunos de los límites y caminos más anchos entre otros para el paso de camionetas, camiones y remolques. Las fiestas familiares eran toda una especie de “convención” porque asistían familiares, vecinos (aunque un tanto alejados por kilómetros) y amigos.
Daniela, es mi prima (hija única de mi tía Clara y su esposo Pedro). Somos de la misma edad. Hemos compartido siempre juegos desde muy pequeñas. Las diferencias de edades con mis otros primos y mis hermanos son mayores, por lo que me entendía mucho mejor con ella. Somos “hermanas” y “cómplices” en todo. Me debe respeto porque soy mayor que ella por cuatro meses y medio.
De adolescentes, nuestros cuerpos fueron cambiando. A mí me aparecieron las vellosidades púbicas antes que a Daniela y fue toda una emoción. También fui la primera en menstruar y me sirvió para darle todas las recomendaciones a ella y otras amigas. Con Dani (Daniela), nos contábamos todo. De los chicos que nos gustaban (aunque en algunos casos coincidíamos en los gustos y fingíamos enojo la una a la otra). Fueron pasando los años y los estudios cada vez se volvieron más exigentes, eso nos estresaba mucho. Una de nuestras compañeras de clase, Evelyn, ya había experimentado sexo con su primo, mayor que ella y nosotras por 5 años. Nos narraba como hacían para encontrarse en la casa de él, con el pretexto de que le ayude en las tareas de matemáticas. Tiempo que ambos aprovechaban en follar a su gusto.
Nuestras costumbres eran otras y decirle o proponer eso a nuestros primos, era como decirles a nuestros hermanos y eso no podía ser en nuestros casos.
La muy perra de nuestra amiga nos daba todos los detalles de sus encuentros y nosotras la escuchábamos atentas. Eso fue despertando nuestra curiosidad de poder conocer más de cerca a los chicos de nuestra escuela. En las clases de deporte, había chicos muy fornidos, que les gustaba trabajar su cuerpo y se lucían en cada actividad deportiva. Nosotros fijábamos la vista siempre en la zona baja, en los bultos que podían sobresalir uno del otro, lo cual era motivo para calificarlos y reírnos de los menos favorecidos.
A esa edad, todo era motivo de risa. Son épocas que disfrutamos con mi prima (“hermana”) y mis compañeras de clase. Las más cercanas, porque habían de todo en nuestra aula… je, je, je, je, je, tampoco voy hacer bullying ni hablar mal de nadie.
Una tarde de tareas con Dani, terminamos muy temprano y nos quedamos con tiempo extra para ver una novela de moda. Las escenas de los actores principales fueron muy apasionadas y nuestro comentario fue: “eso no pareció actuación”. Nos llamó la atención investigar en internet un poco del orgasmo femenino. Nos apareció también información de los puntos erógenos tanto en el hombre como en la mujer. Leímos con avidez y nos sorprendimos de lo importante de la información. Dani comentó: “estoy segura que Evelyn ni su primo, no tienen idea tiene de esta información je, je, je, je, je”. Luego buscó en el navegador la palabra pene masculino y Oh sorpresa, pudimos ver imágenes diferentes a los simples dibujos o ilustraciones que teníamos en nuestros libros. Ella todo emocionada me dice: mira, mira. Eso es un pene tal como es (se veía diferente a la idea que teníamos ja, ja, ja, ja). Pero la búsqueda no quedó ahí… la arriesgada de Dani, bajó el volumen de la computadora casi al mínimo y comenzó a reproducir un vídeo de una pareja que estaba teniendo sexo. El hombre había iniciado practicándole sexo oral y ella se mostraba muy excitada. Escuchamos ruidos en la planta baja y cerramos nerviosas el navegador y desconectamos la computadora abruptamente.
Bajamos para poder tomar una merienda a la cocina y comenzamos a revisar si había llegado alguien a la casa, pero no había nadie. Sólo Duffy, nuestro perro más casero, que estaba jugando con una cuerda anudada muy gruesa en forma de hueso. Le encantaba morder ese objeto por horas y luego se dormía.
Luego de calmar nuestro apetito y constatar que seguíamos solas en casa (exceptuando a Duffy). Nos miramos e inmediatamente con la mirada nos decidimos seguir revisando “el tesoro” que habíamos encontrado en internet. La computadora demoró un poco en cargar porque la habíamos desconectado abruptamente. Yo estaba muy excitada a la espera de continuar viendo ese material “tan educativo”. Una vez que cargo el vídeo buscamos vídeos de sexo oral a mujeres y vimos como los planos de la cámara se iban acercando tanto a la zona intima como a la cara de la mujer (actriz).
– Dani me preguntó: ¿tú te masturbas seguido?
Me sonrojé y me quedé callada por un instante… – No, le dije.
– No mientas, no me digas que nunca te has enjabonado esa zona y sobado por mucho más tiempo del permitido. Ja, ja, ja, ja. Ay, Romy, vas a ser monja entonces.
– No tengo porque contarte eso, ya. Le respondí.
– Por favor, nos contamos todo y te vas a reservar eso. Si es algo normal. O tal vez no sabes la técnica adecuada.
– ¿Cuál técnica?, le pregunté.
– Te voy a dar clases Romy.
Se tendió en la cama y se levanto la falda ligeramente, y sobre la ropa interior de algodón comenzó a utilizar sus dedos para poder ir acercándose hacia la zona vaginal, pero no se introduce los dedos, sino que dos de sus dedos a modo de “V” invertida comienzan a presionar la parte superior de sus pliegues. Subía y bajaba, al mismo tiempo juntaba y separaba los dedos.
– Vamos, hazlo que se siente muy rico.
– Tenía mucha razón, yo no lo hacía de esa manera.
– Y ahora bájate la ropa interior y toca la puntita que se está poniendo cada vez más durita. Haz el movimiento rotatorio y dime si no es muy placentero. Si no hacías así, entonces, no te masturbabas como debe de ser.
Dani, saltó de la silla y me dijo:
– Tengo una excelente idea. Muy novedosa.
– Vamos a ver cómo se siente lo del vídeo.
– ¿Qué dices? ¿Estás loca?
– Tú tranquila Romy. Túmbate sobre la cama.
No tenía ni idea, pero le hice caso.
Me bajó el calzón de algodón y separó mis pernas. Me jaló hacia el borde de la cama y comenzó a pasar su lengua por mi zona vaginal. Era una sensación distinta, muy excitante para mí y creo que también para Dani. No paraba y sus manos acariciaba mis muslos internos y mi abdomen. ¡Ufffff!, me sentía en otro lugar. Comencé a gemir de placer y ella aumento el ritmo de ese pasear con su lengua. Se empezó a sentir más duro mi clítoris y ella cambio de ritmo en esa zona. Hacía movimientos rotatorios de izquierda a derecha y de derecha a izquierda. Yo empuñe el cubrecama y no daba más… Vino mi primer orgasmo por sexo oral y no daba más. Qué muy sensible y le pedí a Dani que parara.
Esta bien, me dijo. Ahora te toca a ti. Ella se quitó el calzón y abrió las piernas mucho más que yo. Empieza me dijo. Ya te di clases y no puedes desaprobar este curso y sonrió. Yo disfruté de sus jugos y ella me sujeto la cabeza y comenzó a guiarme para que desplazará mi boca de arriba abajo en la zona de su clítoris… Sí, así, ahora más de prisa. Ya casi. Ya casi. Dale Romy. Dale. Y luego de nos minutos expulsó el aire contenido y dijo: que delicia Romy. Esto es distinto a masturbarse con los dedos.
Ambas quedamos extasiadas y complacidas. Tendidas en la cama y mirándonos con cierta complicidad.
Ella me dice:
– Gracias al internet que hemos podido aprender algo nuevo Romy.
– Tienes razón Dani.
– Vamos a asearnos que ya está por llegar mi madre.
Que no pueda notar nada raro en nosotras. Tienes razón, me dijo. Metió su dedo en su vagina y lo metió a mi boca. Es una forma de sellar nuestro pacto querida Romy. Yo hice lo mismo y ella se comenzó a carcajear.
Al día siguiente. Luego de clases. Mi madre y mi tía se disponían ir de compras para el cumpleaños de mi tío Antonio al pueblo. Ellas eran las mujeres más indecisas del mundo y aún así siempre se reunían para las compras previas a la celebración (lo sabía porque desde muy pequeñas a Dani y a mí nos tocaba acompañarlas). Siempre discutían de si esto sí o esto no, pero luego de muchas horas acordaban en algo y lo tenían que comprar (creo que era como una competencia, al final una y otra cedían, para no alargar tanto la visita a las tiendas).
Nos ofrecieron llevarnos, pero les dijimos que teníamos mucho por estudiar.
Terminamos las tareas a la brevedad y nos pusimos a continuar con la búsqueda de sexo en internet. Dani, colocó posiciones de sexo y aparecieron muchas imágenes en gráficos y también parejas en vídeos cortos, replicando cada una de las posiciones del Kamasutra (palabra nueva para nosotras).
Los dibujos eran interesantes, pero nuestro mayor interés estaba en los vídeos. Nos salió la pose 69. Nos pusimos calientes con ese vídeo. Dani, me dijo: ya sabes, a ponerlo en práctica. Ja, ja, ja, ja, ja. Ambas nos tendimos en la cama. Cada una se quitó la ropa interior y probamos la posición, que al comienzo se nos complicó un poco. Pero lo logramos y comenzamos a darnos un delicioso sexo oral, ambas al mismo tiempo. Una verdadera delicia para ambas. Dani, me propuso que nos desnudáramos por completo. Le ayudé a quitarse toda la ropa, incluyendo el brasier y ella a mi y estuvimos más cómodas.
Luego comenzó a utilizar sus manos para poder ir acariciando mis nalgas. Un rico movimiento que repliqué en ella. Luego comenzó a acariciarme cercana a la zona anal, humedecía sus dedos en su boca y lo pasaba cerca a mi orificio. Algo placentero, de verdad.
Luego volvimos a la computadora y vimos la pose del perrito. Uy eso está difícil porque ninguna de las 2 teneos pene… je, je, je, je, je.
– Dani, me miró y dijo: nosotras no, pero Duffy, sí.
– Estás loca le dije.
– Voy a traerlo.
– No lo hagas. Estás reloca, le dije.
Ella bajó desnuda y al rato trajo a Duffy a la habitación.
Se sentó al borde de la cama, abrió las piernas y le ofreció su vagina a mi perro. Lo acercó, le acarició la cabeza y mi mascota comenzó a meter la nariz hacia su hendidura, luego comenzó a lengüetear y Dani, se estremeció.
Me dijo:
– Es muy áspera, pero se siento muy rico.
Continuará (siempre y cuando les haya gustado este primer relato o confesión)…

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