Muero de deseo por lamer vaginas de perra
Más que un relato, es platicar las ganas que me dan de comerle la vagina a todas las perritas que me encuentro en la calle.
En otros relatos he platicado lo delicioso que me parece meter mi lengua en una caliente vagina canina, por desgracia, solamente he tenido el placer de probar dos puchitas en mi vida. La primera fue la de mi perrita a la que tuve desde cachorra y que además de darme un enorme placer oral, chupándome la verga, los huevos y el culo, me había vuelto adicto a comerle su rosita y pequeñita vagina. La acostaba boca arriba y luego de acariciar sus tetas le decía «ahora sí mami, vamos a jugar un ratito con esta cosita» y comenzaba a lamer con mi lengua relajada toda su vagina, luego la ponía dura e intentaba meterla lo más profundo. Amaba quedar mojado de la cara, con ese rico olor a perra, a fluidos vaginales. Mi lengua era exclusivamente para ella, por muchos años fue así, hasta que ya no la tuve más. Aún algunos meses antes de que muriera por edad, acostumbraba consentirla con besitos y chupaditas en su cosita. Luego, meses después, probé la segunda puchita; una perrita chiquita, consentida, que un amigo me prestó. Mientras el me chupaba la verga, comencé a acariciar a mi nueva nena, y luego de ganarme su confianza la acomodé para darle un festín vaginal. Comencé despacio ya que era una de esas perritas tímidas y no quería que se asustara. Tenía su vagina chiquita, rosita, suavecita. Olía rico y sabía aún mejor. No sé si me entiendan, pero me sentí mal por desear tanto esa concha, ya que fueron muchos años que solo comía la de mi perrita. Pero no podía parar, era una delicia. Le hablé como a mi antigua puta «Mami, prepárate para la mejor lamida de pucha de tu vida», «Tranquila muñequita, te lo voy a hacer rico», «No te muevas, estás riquísima». Y le daba lenguetazos por toda su rajita peluda. Luego de unos minutos comenzó a ponerse nerviosa y preferí dejarla. Me parecía como una princesita y no quería asustarla para poder repetir después. Pero no volvió a suceder. Ahora, a cada perra callejera que veo trato de observar su vagina lo más posible, se me para la verga y dejo el calzon todo mojado solo de imaginar su sabor, su increíble olor y mi lengua muy dentro de ella. Tengo unas ganas enorme de llamar vaginas de perra, por eso, les pido que si alguien tiene una perrita que me preste para saciar mi hambre de pucha canina, podríamos jugar juntos con ella y divertirnos mucho. También tengo ganas de cojer con una perrita, pero por lo pronto, meter lo lengua en una vagina seria fantástico. Soy de CDMX, comenten para quedar en algo, soy muy abierto de mente y me encantaría probar todas las vaginas de perra posibles! Gracias, espero sus mensajes.


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