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Masturbacion Masculina, Sexo con Madur@s, Voyeur / Exhibicionismo

Un Dia Caluroso de Primavera en El Río (segunda parte )

Una escapada al rio en un bonito dia de primavera para pasarla tranquilo y relajado , termino con tres adultos mayores dentro de un pequeño y destartalado bote…
Dentro del agua, le hablo al oído a mi esposa explicándole lo que vi. Ella me preguntó si me gustaba lo que estaba pasando y si estaba haciendo bien su trabajo, a lo que le respondo que me encanta y que me tuve que meter al agua para disimular mi erección. En el agua el juego siguió. Marisa se puso de espaldas a la playa para no volver a tener problemas con nadie; las olas eran fuertes ya que pasaban las embarcaciones cerca y movían todo el agua. Cada vez que una ola nos pegaba, aprovechaba el movimiento para terminar siempre con las tetas fuera de la trikini. Los dos señores ya no disimulaban y también aprovechaban el movimiento de la ola para chocar a mi mujer y tratar de lograr algún roce de sus tetas en el cuerpo de ellos. Aquí la situación cambió un poco nuevamente: la embarcación de estas personas estaba muy cerca de donde estábamos metidos en el río, y es un río donde la parte más honda y permitida para entrar no pasa del metro y medio. La mujer del grupo le pidió a su esposo que la ayudara a llevar las bolsas que habían traído al bote, aprovechando que estaban en el agua y el bote estaba cerca. El pobre hombre aceptó de malas ganas, pero faltaba poco para que cerraran el lugar y pasara la última embarcación.
Nos quedamos mi señora, el otro señor —que si mal no recuerdo su nombre era Manolo y era hermano del otro— y yo. Marisa seguía en su juego y, cuando un gran catamarán pasó cerca, creó una gran ola que movió todo y mi esposa literalmente quedó con ambas tetas al aire; pero fue un poco más allá e insinuó que perdía el equilibrio y se apoyó en la espalda del hombre, agarrándose de él y refregando sus tetas sobre la espalda de este. ¡Qué decir que el hombre estaba feliz! —¡Agárreme que me ahogo!— le gritó mi esposa, y el hombre, totalmente asombrado, se gira. Marisa lo toma del cuello colgándose de él y apoyando sus tetas sobre el pecho del señor. Creo que Manolo no se imaginó nunca que le sucedería esto, pero tampoco daba un paso atrás y, en el movimiento fuerte del agua, Manolo continuamente buscaba el momento para tocar las tetas de Marisa.
Yo estaba siempre muy junto a ella y cada tanto nos hablábamos al oído y nos preguntábamos cómo seguir, o si ya terminábamos, si estaba bien, etc. Pero puedo ver al otro hombre, el hermano de Manolo —de quien no recuerdo el nombre—, viniendo como un tiburón, pues desde el bote había visto todo y él no quería quedar afuera. Pero también había visto la situación la señora de este último, quien de golpe ya no tenía una cara tan sonriente. Mi esposa también se dio cuenta y nos preguntamos los dos a la vez: —¿Seguimos?—. Mi esposa me dice que sigamos y veamos hasta dónde podemos llegar. Yo acepté y esperaba que Marisa quisiera seguir también, ¡porque la situación me tenía altamente caliente y con una erección que parecía un telescopio!
Cuando el otro hombre se acerca, sin ningún tapujo y casi con desesperación se abalanza sobre Marisa y literalmente se sostiene de las tetas de ella. La cara del hombre era indescriptible. Yo veo a su mujer acercarse y se pone junto a mí; no dice nada, solo mira. Traté de hablar con ella para que esté un poco más relajada y funcionó. Mi esposa se acomodó bien la parte superior de la trikini y, con el agua mansa, se acercó a nosotros y se unió a la charla. Hablamos de todo un poco y nos contó que viven en otra parte de la isla, que Manolo era su cuñado y que era soltero y vivía con ellos, que no tenían hijos y que, al jubilarse, compraron en la isla y se fueron a vivir allí.
Los dos hombres no se separaban de mi señora; el casado era el peor, estaba literalmente pegado a mi señora siempre, quizás porque vio todo lo que disfrutó su hermano y él también quería tener la misma posibilidad. El agua estaba tranquila en ese momento. Estuvimos hablando muy entretenidamente como media hora y mi señora me toma del brazo y al oído me susurra: —¿Seguimos? ¿O nos vamos?—. Le respondo: —Como vos quieras—. Y ella me dice: —Yo sigo, pero vos hacé algo con ella también, me hacés trabajar a mí sola—. Yo quedé pensando qué podía hacer para excitar a una mujer mucho mayor que yo, que física y mentalmente era una abuela; pero yo quería que Marisa siguiera, algo me inventaría para entretener a la señora. Le hice una seña a mi esposa con la cabeza y ella entendió.
No sé si fue el destino, pero pasó una lancha a una velocidad increíble que creó una ola tan grande que las tetas de mi esposa solas se escaparon de la trikini. Ufff, esa imagen casi me hace eyacular en el momento. ¡Marisa estaba en tetas y frente a ella estaba Manolo, el hermano y la señora! Los hombres volvieron a enloquecer; el marido de la señora fue directo a las tetas de mi esposa y, a pesar de ser un hombre de avanzada edad, dijo tropezarse con algo y cayó con las dos manos sobre las tetas de Marisa, mientras la mujer solo miraba y no decía nada. De repente, Marisa pega un grito y todos vimos cómo literalmente el hombre le pellizcó la punta del pezón izquierdo, donde tiene un tatuaje mi esposa. No se pudo contener; le importó poco que estuviera yo, su esposa y su hermano, todos juntos.
Marisa se tomó el pezón y empezó a masajearlo para calmar un poco el dolor. En ese momento la esposa se alejó unos metros y yo me fui tras ella. Le pregunté si estaba bien y me dijo que disculpara lo bruto de su marido, ¡pero que mi esposa es medio “putona”, se deja ver y tocar por extraños! Le dije que nos excita mostrar nuestro cuerpo. Marisa me grita preguntándome si está todo bien, le respondo que sí y veo cómo Manolo se había ido hacia el bote. Marisa seguía masajeándose el pezón izquierdo, pero el otro hombre la tenía abrazada para que no se “cayera” y, ya totalmente descarado y sin vergüenza, pasaba la teta derecha de mi esposa por todo su cuerpo. ¡Y yo no pude más! Saqué mi pene delante de la mujer y me empecé a masturbar con tanta fuerza que ¡casi se me prende fuego! La mujer me miraba, pero nada decía. Desde lejos Manolo nos grita: —¡La hora, la hora!—. Y yo seguía masturbándome. Mi esposa ve lo que estoy haciendo y, para excitarme más, se da vuelta hacia el hombre que la sostenía y le pone toda su teta derecha en la boca de este. Él aprovechó y le pegó una terrible chupada de teta, parecía un bebé. Ver ese momento, sentir la adrenalina, ver a la mujer que nada decía mientras yo le mostraba mi pene chorreando… ver a su marido como un bebé con la teta de mi esposa y que nadie dijera nada hizo que en un momento explotara con una eyaculación fuertísima. ¡Tan fuerte que mucho del semen fue a parar a la sudadera que tenía la señora y en parte de su largo cabello canoso! Pensé que me mandaría a la mierda, pero no, nuevamente no dijo nada; se sacó el semen del pelo y se metió bajo el agua para sacarse el semen de su playera.
Nuevamente escuchamos a Manolo gritar: —¡La hora! ¡La hora!—. Y nos dimos cuenta de que el muelle de salida había cerrado, que el catamarán grande que había hecho esa gran ola era el último del día que nos llevaba a tierra firme. Miramos alrededor y nos dimos cuenta de que quedábamos nosotros cinco y dos parejas más que estaban en kayak; porque si tenías algún vehículo acuático podías quedarte en la playa hasta las 19:00 h, luego cerraban el paso, pero si venías en catamarán el último pasaba a las 17:45 y a las 17:00 ya cerraba todo el lugar: vestuarios, duchas, almacén, baños, etc. Nos entretuvimos tanto que olvidamos la hora.
Salimos del río y en la arena juntamos nuestras cosas y nos preguntamos cómo nos vamos mi esposa y yo del lugar…Continuara !!!

5 Lecturas/6 de octubre de 2026/0 Comentarios/por GabrielyMarisa
Etiquetas: abuela, culo, cuñado, hermano, mayor, mayores, playa, semen
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