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Sexo Sin Tabues 3.0
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Bisexual, Fantasías / Parodias, Orgias

​»NecrOrgasmo»

Sexo y orgia..
Cortamos de regreso al Shopping de San Justo.

El aire en el patio central y en las pasarelas superiores ya no olía a humedad ni a encierro; olía a grasa quemada, pólvora, alcohol barato y sudor.

La maquinaria de guerra de Héctor estaba lista, pero antes de marchar hacia las paredes de hormigón de la universidad, el capo mafioso tenía planes muy diferentes para sus hombres.

El juicio final requería un bautismo de excesos.

 

​En el centro del gran hall de entrada, sobre un escenario improvisado con tarimas de madera, Big Pig se paró frente a su ejército.

A su lado, Victoria observaba con desprecio, manteniendo una distancia prudencial.

Abajo, más de un centenar de hombres —Cerdos armados con escopetas, Cuervos listos para el choque.

Tambien los pocos chatarreros que quedaban ahi.

 

Big Pig abrió los brazos, expandiendo su enorme figura con el saco oscuro abierto y una sonrisa de dientes amarillos.

Su voz cavernosa retumbó en cada rincón del centro comercial.

 

​Big Pig: ¡Escúchenme bien, manga de bastardos! ¡Hoy es el día! La Cazadora cree que está segura detrás de sus libritos y sus paredes de cemento, pero hoy vamos a ir a reclamar su cabeza y a prender fuego todo ese nido de víboras. ¡Hoy recuperamos lo que es nuestro!

 

​La horda de hombres gritó, levantando sus machetes y fusiles al aire, desatando un eco violento.

Big Pig esperó a que se calmaran un poco y ensanchó su sonrisa satánica, bajando el tono hacia una complicidad perversa.

 

​Big Pig: Pero yo sé bien que muchos de los que están acá no van a volver. Sé que la muerte nos va a estar esperando en la ruta… ¡Y por eso mismo, no pienso mandar a mis soldados a morir con el estómago vacío ni con las ganas acumuladas! ¡Se terminó la disciplina!

 

​Héctor señaló con su grueso dedo hacia las cocinas y los pasillos laterales, donde varias mujeres encadenadas y prostitutas del complejo miraban con terror desde la penumbra.

 

​Big Pig: ¡Organicen la cena antes del juicio! ¡Hoy hay banquete para todos! Saquen el alcohol que teníamos guardado, las drogas, las pastillas… ¡Todo! Y las mujeres… hoy las mujeres son gratis para el que tenga ganas. ¡Hagan lo que quieran con ellas! ¡Cojan, coman, tomen hasta que revienten! ¡Quiero que vayan a esa batalla con la sangre hirviendo!

 

​El anuncio desató una locura absoluta.

Los Cerdos y los Chatarreros soltaron alaridos salvajes, chocando sus armas y abalanzándose de inmediato hacia las mesas de comida, las botellas de whisky adulterado y las líneas de cocaína estiradas sobre los mostradores de los locales saqueados.

 

​El Shopping se transformó en minutos en un infierno de decadencia: una masa humana entregada a la lujuria, las drogas y el alcohol.

Era una orgía frenética e incontrolable, el último festejo de un ejército que sabía que cabalgaba directo hacia su inminente muerte. Un verdadero necrorgasmo antes de la carnicería.

 

​Victoria miró el espectáculo dantesco de hombres descontrolados y mujeres sufriendo abajo en el patio, y luego miró de reojo a Héctor, quien se reía a carcajadas disfrutando del caos.

 

​Victoria: Estás loco, Héctor. Van a llegar a la universidad drogados y con las piernas flojas.

 

​Big Pig:Van a llegar extasiados, Victoria. Van a llegar sin miedo a morir. Y un hombre que ya disfrutó de todo antes de morir… es un animal imparable.

 

Las drogas, el alcohol, el sexo.

Todo era un éxtasis absoluto y descontrolado dentro del recinto. El patio central del Shopping se había convertido en una caldera humana donde los límites ya no existían.

Big Pig tomaba alcohol como loco directamente de las botellas de whisky importado, riendo a carcajadas con la boca pastosa mientras el humo denso de los habanos flotaba sobre las mesas de juego.

Algunos Cerdos y Cuervos jugaban a las cartas apostando municiones y pertenencias, un juego rústico al que el mismísimo Héctor se unió tras tirar un fajo de billetes inútiles sobre el paño, disfrutando del frenesí previo a la matanza.

 

​Mientras tanto, en la planta alta, Victoria permanecía encerrada en la oficina presidencial.

Cruzo los brazos y se quedó de pie junto al gran ventanal interno, con la luz apagada, limitándose a escuchar la música estridente y el eco de la fiesta salvaje que retumbaba afuera.

Para ella, todo eso era solo combustible para el matadero.

 

Lejos del griterío del patio, en el ala oeste del complejo, la sala médica era un oasis de silencio frío.

Albio se encontraba acostado en una de las camillas acolchadas, con el torso completamente vendado y el rostro pálido por la pérdida de sangre, aunque ya estabilizado gracias a las curaciones de los Cuervos.

 

​El picaporte de la puerta giró con un leve crujido y la silueta de una mujer se recortó en la penumbra.

Era Julia.

​Julia era, sin lugar a dudas, la prostituta más sexy y más deseada de todo el Shopping.

Su cabello rubio y enrulado caía en cascada sobre sus hombros, enmarcando unos ojos claros y facciones delicadas que contrastaban con la crudeza del entorno.

 

Acostumbrada a lidiar con los hombres más pesados del lugar, Julia solía tener encuentros sexuales frecuentes con Damián para mantener su estatus de protección, pero esa mañana, la curiosidad y el presentimiento de que todo estaba por estallar la llevaron hasta allí.

 

​Julia entró despacio, cruzando los brazos sobre su ajustado corset blanco, y se acercó a la camilla de Albio.

Quería saber qué había pasado afuera, qué monstruo o qué facción había dejado al implacable pelirrojo al borde de la muerte.

 

​Julia: qué ocurrió afuera. ¿Qué hay en la ruta?

 

​Albio desvió la mirada hacia el techo, con los ojos hundidos y la respiración pesada.

La imagen de la Cazadora y el recuerdo de la fosa de los Chatarreros todavía lo atormentaban.

 

​Albio: No quiero hablar, Julia. Déjame tranquilo.

 

​Julia miró la puerta cerrada, escuchando el eco amortiguado de los gritos y las risas perversas del patio.

Sabía perfectamente lo que le esperaba si volvía allí abajo con la horda de Cerdos y Chatarreros descontrolados.

 

​Julia: No me voy a ir ahí afuera. Me voy a quedar acá a hacerte compañía… por lo menos hasta que armen los camiones.

 

​Albio la miró de reojo, notando el cansancio y el miedo oculto detrás de su mirada seductora.

Soltó un suspiro débil y cerró los ojos.

 

​Albio: Está bien… quedate.

 

​Julia asintió en silencio.

Caminó hacia la entrada, pasó el cerrojo de la puerta con sigilo y se sentó en una silla metálica al lado de la camilla, cruzando las piernas mientras se acomodaba los mechones rubios.

 

Albio se recostó por completo de lado, acomodando la cabeza en la almohada raída, e intentó conciliar el sueño mientras el Shopping terminaba de consumirse en su última noche de excesos.

 

Hombres semidesnudos —Cuervos, Cerdos y los pocos Chatarreros que quedaban— gritaban, reían y bebían directamente de botellas de whisky adulterado. El suelo estaba lleno de charcos de alcohol, vómito y fluidos. Sobre mesas improvisadas y colchones sucios, las mujeres eran el centro de la locura.

 

Cerca de allí, sobre una tarima de madera, tres Chatarreros compartían a una morocha joven que habían robado del Shopping. Uno estaba acostado debajo de ella, penetrándola con violencia, mientras otro la tomaba por la boca y el tercero le apretaba los pechos con manos sucias, riendo borracho.

 

El alcohol corría sin control. Algunos hombres bebían mientras follaban, otros se pasaban rayas de cocaína sobre los cuerpos desnudos de las mujeres. El aire estaba cargado de olor a sexo, sudor, pólvora y marihuana.

 

Big Pig observaba todo desde una plataforma elevada, con una botella en la mano y una sonrisa salvaje.

 

En otro sector, un grupo de Cuervos había formado un círculo alrededor de dos mujeres. Las obligaban a besarse entre ellas mientras los hombres se masturbaban mirándolas, gritando obscenidades y arrojándoles alcohol encima.

 

En medio del caos del patio central, un Cuervo musculoso llamado Ramiro —alto, de espalda ancha, brazos tatuados y pecho marcado por el entrenamiento constante— había apartado a Sonia del grupo principal.

 

Sonia era una gordita voluptuosa de 28 años, con curvas exageradas: tetas grandes y pesadas, cintura ancha, culo enorme y redondo que se movía con cada paso.

 

Ramiro la llevó casi a rastras hacia uno de los locales vacíos del segundo piso, cerró la persiana metálica con violencia y la empujó contra una mesa. Sin decir una palabra, le subió el vestido corto hasta la cintura y le arrancó la tanga de un tirón.

Ramiro se bajó los pantalones y sacó una verga gruesa y venosa.

La frotó contra su concha húmeda un par de veces y la penetró de un solo empujón brutal, hasta el fondo. Sonia soltó un gemido fuerte y puto, arqueando la espalda.

 

El Cuervo la penetraba cada vez más salvaje, sudando y gruñendo. La agarró del pelo, tirándole la cabeza hacia atrás mientras le daba nalgadas fuertes que dejaban marcas rojas en su culo gordo.

 

Después de varios minutos de cogida intensa, Ramiro la tiró sobre el colchón sucio, le abrió las piernas al máximo y la penetró en misionero, cogiendola con todo su peso.

Sonia tenía la cara desencajada de placer, los ojos en blanco y la boca abierta gimiendo sin control.

 

Sonia:¡Me vengo! ¡Me vengo, carajo!

 

Tuvo un orgasmo brutal, convulsionando y apretando la verga de Ramiro con su concha. Él siguió embistiéndola unos segundos más hasta que sacó la pija y le descargó una corrida espesa y abundante sobre las tetas y la cara.

Sonia, jadeando, se pasó la lengua por los labios, saboreando el semen con una sonrisa puta.

 

En el centro del patio, bajo la luz tenue de los focos y fogones, dos de las mujeres más deseadas del Shopping eran el centro de atención de un grupo de diez Chatarreros.

 

Brujita —la culona de pelo negro y cuerpo explosivo— estaba a cuatro patas sobre un colchón sucio, completamente desnuda. Su culo enorme y redondo se movía con cada embestida.

 

Dos Chatarreros la penetraban al mismo tiempo: uno por la concha y otro por el culo, cogiendola con fuerza mientras ella gemía como una puta en celo.

 

A su lado, Fiammix —la pelirroja de tetas grandes y tatuajes— estaba de rodillas, rodeada por otros tres Chatarreros. Tenía una verga gruesa en la boca, chupándola con ganas mientras otra le follaba la concha desde atrás. La tercera mano la masturbaba con fuerza.

 

Los diez hombres las rodeaban, turnándose sin piedad. Brujita fue levantada por dos de ellos y follada en el aire, uno por delante y otro por detrás, mientras ella gritaba de placer.

Sus tetas rebotaban violentamente con cada embestida.

Fiammix, por su parte, estaba acostada de espaldas con las piernas abiertas. Cuatro Chatarreros la usaban al mismo tiempo: dos en su concha y culo, uno en la boca y otro masturbándose sobre sus tetas.

 

Los hombres gruñían, sudaban y se corrían dentro y encima de ellas. Brujita y Fiammix estaban completamente cubiertas de semen, con el pelo pegado a la cara y los cuerpos temblando de orgasmo tras orgasmo.

 

Los diez Chatarreros rugieron y se lanzaron de nuevo sobre ellas, convirtiendo el rincón en un nido de sexo salvaje y descontrolado.

 

Varios Cerdos apartaron a Noe del caos principal y la llevaron al patio trasero del Shopping, un rincón oscuro y apartado donde nadie los molestaría.

 

Noe era una mujer de cuerpo explosivo: muslos gruesos y potentes, cintura ancha y un culo enorme, redondo y jugoso que se movía con cada paso. La pusieron de cuatro sobre una mesa de metal fría, con el culo levantado hacia ellos.

 

Los primeros dos Cerdos se arrodillaron detrás de ella. Uno le abrió las nalgas con las manos grandes y sucias, y empezó a darle un beso negro profundo, lamiendo y chupando su ano con hambre. El otro se unió, alternando lengüetazos húmedos y succiones fuertes.

 

Su ano se dilataba visiblemente con cada lamida, brillando de saliva. Los Cerdos gruñían de placer mientras la devoraban, metiendo la lengua lo más profundo posible. Noe temblaba de gusto, empujando el culo hacia atrás contra sus caras.

Después de varios minutos de rimming intenso, uno de los Cerdos se levantó, escupió en su mano y colocó su verga dura contra el ano dilatado de Noe. La penetró de un solo empujón, enterrándose hasta el fondo en su culo apretado.

 

El hombre empezó a cogérsela con fuerza, follándola analmente con embestidas profundas y rápidas. Sus nalgas grandes rebotaban con cada golpe. Otro Cerdos se puso delante y le metió la polla en la boca, follándole la garganta mientras el primero seguía destrozándole el culo.

Se turnaban sin piedad. Cada uno la penetraba analmente por varios minutos, cambiando de posición: a cuatro, de lado, o levantándola mientras la follaban en el aire. Noe tenía las piernas temblando sin control, gimiendo como una puta en celo cada vez que una verga gruesa le entraba hasta el fondo.

 

Uno tras otro la llenaban, corriéndose dentro de su ano dilatado. El semen les chorreaba por los muslos gruesos mientras seguían follándola sin descanso.

 

Big Pig estaba bebiendo whisky directamente de la botella cuando notó la mirada de una chica trans con vestido negro ajustado. Ella le guiñó un ojo con descaro. Big Pig sonrió con interés y le hizo una seña. La chica se acercó con paso sensual, le tomó la mano grande y le dio un beso suave en los nudillos.

 

Ambos charlaron un rato, coqueteando abiertamente. Se gustaron de inmediato. Big Pig la invitó a su cuarto privado. Ella aceptó con una sonrisa pícara, tomó un trago de su whisky y lo siguió, dejando atrás el ruido de la orgía.

 

El cuarto privado de Big Pig era lujoso comparado con el resto del Shopping: una cama grande con sábanas negras, luces tenues y muebles robados de las mejores tiendas.

 

En cuanto cerraron la puerta, Big Pig la atrajo hacia él y comenzó a acariciar su cuerpo delgado y grácil. Ella le besaba el pecho negro y musculoso mientras le sacaba la ropa elegante.

Big Pig le bajó el vestido lentamente, revelando su cuerpo suave y su pene erecto de unos 22cm, grueso y venoso.

 

Big Pig, que siempre había sido activo y dominante, se sintió extrañamente confundido por la excitación que le provocaba.

Empezó a masturbarla con su mano grande, moviéndola con ritmo firme. La trans gimió y se corrió rápidamente en su mano, temblando.

 

Se besaron con intensidad, desnudándose por completo.

Ella se arrodilló y le chupó la pija

chupándola con ganas, tragándosela hasta el fondo mientras bababa y gemía. Big Pig la agarró del pelo y le folló la garganta con embestidas fuertes, haciendo que se atragantara.

Luna se levantó, se besaron con lengua mientras se masturbaban mutuamente. Big Pig la empujó sobre la cama, le abrió las piernas y le escupió en la mano. Empezó a masturbarla con fuerza, moviendo esa verga de 23 cm mientras Luna gemía como una perra.

 

Se besaron de forma más romántica, casi tierna.

Big Pig recordó a Nacho, su ex, y cómo solía cogérselo todas las noches.

Eso lo encendió aún más.

Besó la frente de la trans y siguió masturbándola, pero le pidió que no se corriera todavía.

Se puso en cuatro sobre la cama, ofreciéndole el culo.

 

Luna no se hizo rogar. Apuntó su polla gruesa contra el ano de Big Pig y empujó. El glande entró con dificultad, estirándolo. Big Pig mordió la almohada y gruñó de placer y dolor mientras Luna le metía los 23 centímetros completos, hasta las bolas.

 

Empezó a cogérselo con fuerza, sacando y metiendo toda su verga gruesa. Big Pig gemía como un animal, empujando el culo hacia atrás para que entrara más profundo. Luna lo follaba salvajemente, agarrándolo de las caderas, haciendo que sus nalgas chocaran contra su pelvis.

Después de varios minutos, Luna se corrió dentro de él con un gemido largo, llenándole el culo de leche caliente.

 

Big Pig, muy excitado y estimulado, la puso en posición misionero.

Le abrió las piernas y comenzó a cogérsela con fuerza, penetrándola profundamente.

La trans ponía los ojos en blanco del placer, gimiendo sin control.

Ambos llegaron al orgasmo al mismo tiempo, con gemidos roncos y cuerpos temblando.

Big Pig se corrió dentro de ella mientras la trans eyaculaba entre sus cuerpos.

 

Quedaron rendidos en la cama, sudados y jadeando, envueltos en el silencio del cuarto privado.

 

Julia y Albio seguían solos en la sala médica. La luz tenue de una lámpara iluminaba el lugar mientras afuera seguía el escándalo de la orgía.

 

Julia se acercó más a la camilla, inclinándose hacia adelante de forma deliberada. Su escote generoso se abrió, dejando ver el nacimiento de sus tetas grandes y firmes.

 

Julia :

Vamos, Albio… decime qué pasó. ¿Por qué estás así? Si me contás todo… te dejo que me chupes las tetas todo lo que quieras.

 

Albio tragó saliva con dificultad, su mirada fija en el escote de Julia. Dudó un segundo, pero la tentación fue más fuerte.

 

Albio : Mañana… vamos a atacar la universidad. Vamos a matar a la Cazadora y a todos los que estén ahí. Es el juicio final.

 

Julia abrió los ojos, entendiendo todo de golpe. La cena, las drogas, el alcohol… era una despedida. Una última locura antes de la matanza.

 

Julia: Entiendo… Entonces esto es el final.

 

Sin decir nada más, Julia se bajó un poco el corset, dejando sus tetas grandes y suaves completamente expuestas.

Eran pesadas, redondas, con pezones rosados y erectos.

Tomó las manos de Albio y las colocó directamente sobre sus tetas, apretándoselas.

 

Julia : Chupalas… son tuyas ahora.

 

Albio no lo pensó dos veces. Se incorporó como pudo en la camilla y hundió la cara entre sus tetas. Empezó a chupar con hambre, primero un pezón y luego el otro, succionando fuerte y lamiendo con la lengua.

 

Sus manos grandes apretaban y amasaban la carne suave mientras gemía de placer.

 

Julia soltó un gemido bajo, sujetándole la cabeza contra su pecho mientras él chupaba con desesperación, mordisqueando suavemente y lamiendo los pezones hinchados.

 

Albio estaba completamente perdido entre sus tetas, succionando como si fuera lo último que fuera a hacer en la vida.

Albio siguió devorando sus tetas con avidez, babeando y apretando, mientras Julia le acariciaba el pelo con una sonrisa satisfecha.

 

Albio siguió devorando sus tetas con avidez, completamente perdido en el aroma y la suavidad de su piel, mientras sus manos grandes continuaban apretando la carne firme.

Julia, manteniendo esa sonrisa satisfecha, deslizó una de sus manos hacia abajo, recorriendo el abdomen vendado del pelirrojo hasta llegar a su entrepierna. Con movimientos lentos y decididos, le bajó el pantalón para liberar su miembro.

 

​Al descubrirlo bajo la tenue luz de la lámpara, Julia notó que Albio tenía un pene notablemente chico para ser un hombre adulto.

Lejos de burlarse o mostrar desprecio, la joven sintió una oleada de ternura.

En un mundo tan brutal, lleno de hombres corpulentos que solo buscaban demostrar poder con violencia, ver esa vulnerabilidad en el implacable rastreador la conmovió.

Julia esbozó una sonrisa tierna, dulce y comprensiva.

​Sin decir una palabra para no romper el trance, rodeó el pequeño miembro con sus dedos finos y delicados.

Comenzó a masturbarlo con un ritmo suave, usando las yemas de sus dedos para darle caricias constantes y de arriba a abajo.

 

​El estímulo hizo que Albio reaccionara de inmediato.

Soltó un gemido ronco contra el pecho de la joven y redobló el ritmo de su boca, succionando el pezón rosado e hinchado de Julia con más desesperación, buscando hundirse por completo en ella.

Julia arqueó levemente la espalda, soltando un suspiro cálido mientras continuaba moviendo sus dedos con paciencia y dulzura, regalándole al herido un momento de paz genuina en medio del caos del Shopping.

 

La excitación en la habitación se volvió densa.

Julia, sintiendo el calor del cuerpo de Albio y la adrenalina del inminente final, se alejó un instante de su rostro.

Con movimientos fluidos, se desabrochó el pantalón y se lo quitó junto con la tanga, dejándolos caer a un costado de la camilla metálica.

​Quedó completamente desnuda de la cintura para abajo.

Estaba mojadísima; la mezcla de ternura, peligro y el caos que resonaba fuera del ala médica la tenía totalmente encendida.

 

​Con cuidado de no presionar las vendas del estómago de Albio, Julia tiró una pierna hacia el otro lado y se subió encima de él, quedando a horcajadas.

Al acomodarse, guio el pequeño pene de Albio hacia su entrada. Debido al tamaño de él, la penetración fue suave, pero la estrechez y la humedad de la concha de Julia lo envolvieron por completo.

Ella sintió la sutil presencia en su interior, lo que la excitó aún más al notar la entrega total del rastreador.

​Julia apoyó las manos en los hombros de Albio y comenzó a cabalgar encima de él.

Movía las caderas de arriba a abajo con un ritmo constante, haciendo que sus tetas grandes y pesadas rebotaran justo frente a los ojos del pelirrojo.

 

Albio, con la respiración entrecortada por el placer y el dolor de sus heridas, la agarró con fuerza de la cintura, ayudándola a marcar el compás.

 

​Los gemidos suaves de Julia empezaron a mezclarse con el crujido de la camilla médica.

 

Cada embestida los hundía más en esa burbuja de intimidad, ajenos por completo al ejército que afuera continuaba drogándose y bebiendo antes de marchar hacia la guerra.

 

 

​En la sala médica, el ritmo sobre la camilla se volvió más frenético. Pese a su tamaño, la pija de Albio se le endureció aún más, ganando una rigidez máxima debido a la fricción constante y la humedad asfixiante de la joven.

Ese cambio interno, esa respuesta viril y compacta que la estiraba por dentro, terminó de encender a Julia. Sintiendo el bombeo caliente, la rubia apretó los dientes, arqueó la espalda por completo y soltó un grito ahogado mientras su concha se contraía en un orgasmo intenso y espasmódico que succionó el miembro de Albio con fuerza.

 

​Mientras tanto, las puertas del cuarto privado de Big Pig se habían abierto para albergar más carne. Noe y los dos Cerdos que la usaban en el patio trasero se sumaron al santuario del capo mafioso, uniendo las escenas en un festín de fluidos.

 

​Noe fue colocada en cuatro patas sobre la alfombra de la habitación. Tenía el ano tan dilatado y lubricado por el rimming previo que la pija de 23 cm de la trans que venía de follar a Héctor.

 

Le entraba toda y fluidamente, hundiéndose hasta la base sin resistencia.

Las embestidas de Luna eran brutales, sacudiéndole los muslos pesados a Noe en un vaivén sádico.

 

​Al mismo tiempo, justo al lado de ellas, Big Pig permanecía recostado, disfrutando del poder absoluto mientras recibía un oral simultáneo de los dos hombres Cerdos.

Los tipos le baboseaban la pija con desesperación, compitiendo por complacer a su líder con lengüetazos húmedos y gargantas profundas.

 

En medio de ese cuadro dantesco, Héctor estiró el torso hacia adelante y buscó los labios de Luna; el capo y la trans se fundieron en un beso apasionado e impregnado de saliva, uniendo sus bocas mientras las penetraciones y las felaciones continuaban en paralelo a centímetros de distancia.

 

​Abajo en el patio, el clímax de los Chatarreros llegaba a su punto más denso.

Brujita y Fiammix, con los cuerpos exhaustos, temblorosos y cubiertos de sudor, permanecían arrodilladas en el centro del círculo humano.

Tenían la boquita abierta al máximo, jadeando con las lenguas afuera, listas para el bautismo final.

A su alrededor, la comitiva de chatarreros se masturbaba con furia, rodeándolas con caras desencajadas hasta que comenzaron a eyacular en ráfagas. El semen espeso caía directo en sus bocas, sus mejillas y sus ojos, cubriéndolas por completo mientras los hombres rugían de alivio.

 

​En el segundo piso, ajena al resto pero sumergida en el mismo éxtasis, Sonia seguía entregada al placer en el local vacío.

El Cuervo Ramiro, completamente dotado y sudoroso, continuaba dándole embestidas deliciosas y profundas, hundiéndose en su culo gordo y su concha con una constancia rítmica que hacía que los pechos pesados de la gordita no pararan de sacudirse.

El eco de los gemidos de Sonia se perdía en la inmensidad del Shopping, sumándose al murmullo general de una fortaleza que, antes de marchar a destruir la universidad, prefería ahogarse en su propia carne.

 

El frenesí colectivizado del Shopping ya no respetaba pasillos ni jerarquías; los cuerpos se mezclaban y los límites del pudor se habían derretido bajo el influjo del alcohol, las drogas y la inminencia de la muerte en el frente de batalla.

 

Y haci terminando El capitulo 9.

Con gemidos y sexo.

3 Lecturas/8 agosto, 2026/0 Comentarios/por WhiteBotty12
Etiquetas: culo, follar, oral, orgasmo, orgia, puta, semen, sexo
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