profundamente dormida. Asi fue como el brujo prosiguió a levantarle la blusa a mi esposa y a chuparle sus pechos de forma desesperada y a acariciar sus piernas hasta llegar a su panochita a la cual empezó a acariciar por encima de su tanguita, que se veía que se empezaba a humedecer.
Desde cuando nos casamos, con mi esposa que se llama Nancy, en todo el tiempo nos hemos llevado muy bien, y hace unas semanas cuando regresamos de una fiesta que estuvo espectacular, bebimos más de la cuenta y al llegar a casa mi esposa no quiso que nos fuéramos a dormir.