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Travestis / Transexuales

Alicia, mi novia Trans

Me preguntan qué te gusta más de tu novia Alicia. Aquí se los cuento..
Alicia, a quien le llevo unos diez años, tiene unos grandes ojos casi negros, acompañados de unas pestañas nutridas que no requieren de rímel, pero lo usa; la nariz afilada que recuerda a las fantasías de Sherezada; unos labios rojos y carnosos que muestran una boca pequeña cuando está cerrada, pero que al sonreír se expande mostrando sus blancos dientes en la coquetería y exponen una dentadura perfecta en la risa franca que complementan la belleza de su rostro juvenil. Del cuerpo, ¡del cuerpo se antoja al verla!: piernas largas y muy bien torneadas, nalgas paradas, vientre plano que resalta la cintura de una odalisca y unas tetitas de nena que, sin ser grandes, están muy acariciables y mamables. Todo lo anterior la hace ver una mujer apetecible a cualquier macho. Pero lo que me fascina de ella es que tiene un pene pequeño, como de adolescente y unos huevos casi normales, lo cual me pareció un poco extraño ya que desde hace diez años le administran hormonas para que las curvas de mujer sean notorias, lo que hizo que el pene no le creciera mucho y, según me contó, tampoco le crecieron los testículos “Si no, los tendría como los de mi papá, que parecen de toro”. En resumen, es la mujer que yo había deseado para estar en la cama el mayor tiempo posible.

Me la presentaron unas amigas lesbianas, casadas y embarazadas la misma noche de bodas donde organizaron una orgía con seis hombres que llegamos con los huevos hasta el full de semen. Después de la ceremonia formal, los seis caballeros pasamos por la King sise varias veces. Dejamos que nos usaran como ellas quisieron y les atendimos en todo lo que nos pidieron hacer. ¡Quedamos rendidos!

En el intermedio, mientras volvíamos a ser requeridos por las recién casadas, varios de nosotros nos entretuvimos acariciando y mamando las vergas usadas para saborearlas mientras las limpiábamos.

Meses después, ya con siete meses de embarazo, me invitaron a su casa para atenderlas pues desde la noche de bodas no habían recibido amor de hombre. Les di lo que pedían y tomé calostro muy dulce. Total, ese día vez bañé con mi semen a cuatro mujeres (ellas ya sabían el sexo de lo que portaban en su vientre). En el descanso platicamos, pues querían proponerme ser padrino de sus hijas.

–Ya te vimos cómo te divertiste el día de la boda: te gusta mamar verga y huevos, lo haces de muy buena gana –precisó Lorena–. ¿Te gusta que te la metan? –preguntó blandiendo un dildo de dos puntas que usan ellas.

–¡Ja, ja, ja! No, las pocas veces que me la metieron y la metí en un hombre fueron cuando tenía nueve años, con mis amigos de edad similar. Pero desde entonces me gustó chuparlas. Lo hago con más gusto si están recién venidas, por lo chiquito y porque me gusta el sabor que aún traen del atole de la chica que usaron –aclaré.

–¿Te ha atraído algún hombre? –preguntó Rosalía mientras me lamía los huevos.

–Cuando trataba de pensar en estar con algún hombre, recorría mi lista de conocidos o a quienes sólo había tratado muy poco, pero que por una u otra razón me habían resultado agradables y atractivos. Quienes me parecían mejores candidatos eran jóvenes, quizá porque los imaginaba de pene chico, o no tan grande, para que me cupiera completamente en la boca, así que deseché completamente a este tipo de personas. Sin embargo, cuando vi fotos en Internet de hermafroditas y de algunas mujeres con clítoris muy grandes, incluso se erguían aparentando ser pequeños penes, se me antojó tener una de esas como pareja, pero nunca me topé con alguien así. También vi fotos de algunos transexuales y sentí atracción por los que lucían como bellas mujeres y tenían el pene pequeño, me agradaban más cuando estaban con el pubis rasurado pues me recordaban la piel y la verga de mis amiguitos.

–¿Has conocido a alguna así? Por ejemplo, jovencita, con el rostro de muñeca, buenas nalgas, chiches relativamente normales con pezones chupables y verga pequeña, aunque con huevos normales… –preguntó Rosalía ofreciéndome una copa de vino blanco.

–Buena descripción, se antoja…, pero las únicas trans que he visto no me resultaron agradables porque sus tetas operadas carecían de la caída natural y, además, presumían de una vergota inmensa. Nada que pudiera parecerse a la belleza que describiste –concluí tomándome el vino.

Ellas se miraron y sonrieron al chocar sus copas.

–Oye, ¿aceptarías ser el padrino de las nuestras nenas? Al fin que ya las regaste… –expresó Rosalía.

–Ya tenemos apalabrada a la madrina, seguramente Alicia te va a caer bien. Es una vecinita a quien conocimos cuando, en la preventa, compramos este departamento. Ella es ilustradora. Es muy guapa –señaló Lorena.

–De mi parte, no hay problema. Sin importar quién sea la madrina –acepté.

–¡Perfecto, voy a ver si está para que la conozcas! –y, tomando su celular, Lorena pasó del dicho al hecho y citó de inmediato a la madrina–. Alicia llegó pronto y me conoció desnudo.

–No, que te conozca tal como eres. Ella ya nos conoce bien… desde antes de la boda –expresó Rosalía tomándome de la mano para que regresara a la cama, lo que me hizo suponer que Alicia también era una lesbiana.

La chica me pareció muy hermosa: una cara muy bonita, con unas sombras rosas tenues, poco rímel, pero un delineador algo exagerado.

–Alicia, te presento al padrino de mis hijas, si tú estás de acuerdo, ¡claro…! –le dijo Lorena, y Rosalía me quitó la sábana con la que me había cubierto yo

–Que te conozca bien –dijo Lorena cuando quedé expuesto.

–Hola, soy Alicia. ¡Te ves muy bien! –me saludo–. ¿Puedo tocar? –le preguntó a Lorena, extendiendo la mano hacia mí.

–Antes, lo correcto es que él te conozca también, no te aproveches… –precisó Lorena, desnudando a Alicia, dejando por último las pantaletas las cuales le quitó lentamente, dejando al descubierto un pubis rasurado con una verguita muy erguida de pequeño tamaño y grosor, pero unos huevos similares a los míos que le colgaban deliciosamente.

–Ahora sí, se vale tocar… –dije sopesando sus huevos.

Empezamos a jugar y en un momento comenzó a hacerme sexo oral. No podía creer lo que estaba sintiendo. Entonces la empecé a acariciar y caímos en un delicioso 69. Era una hermosa mujer ya que tenía una voz sensual acompañada de gestos y movimientos completamente femeninos, no aprendidos, sino sentidos desde pequeña que destacan los atributos que he descrito, pero acompañada de la completez de un hombre, aunque de pequeño tamaño, ideal para mí.

No me parece que mi deseo sea propio de un homosexual, pues siento y percibo a Alicia como a una mujer que hace el amor con pasión y mucha ternura.

Confieso que paso mucho tiempo mirando y acariciando con manos, nariz y lengua el penecito de Alicia. Me deleito lamiendo y chupando sus testículos de tamaño casi normal. Particularmente, me regodeo cuando el prepucio está completamente arrugado y una gran parte de él forma una trompita en tanto que lo restante del pellejo deja ver la curvatura del glande casi pegado a los huevos con el escroto también con sus notorias estrías. Sí me entran ambos ovoides juntos en la boca, pero no es fácil, aunque sí es muy agradable sentirlos juntos en la boca.

También gozo penetrándola de diversas maneras, aunque prefiero aquella donde puedo disfrutar de sus besos amorosamente, esto último, también cuando ella me penetra y descarga su pasión dentro de mí.

Declaro que me gustan mucho las mujeres, particularmente las de tetas grandes. He disfrutado bastante a algunas de mis amigas casadas, y mayores que yo, pues saben excitarme con besos y caricias. También he sucumbido a la calentura que desde adolescente me insuflan algunas de mis parientes (primas y mi hermana) y que seguramente embaracé cuando ya nos acercábamos a los treinta años, aunque sus maridos no lo sepan (tampoco yo). Alicia lo sabe y no me impide ni se encela, así como yo no le imposibilito que tenga otros amantes circunstanciales, sean hombres o mujeres.

3 Lecturas/4 de octubre de 2026/0 Comentarios/por Chicles
Etiquetas: amigos, hermana, mayor, mayores, oral, semen, sexo, vecinita
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