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Travestis / Transexuales

Le cumplí su fantasía a mi esposo 2da parte

Ahora le toca cumplirle la fantasía o venganza a su mujer .
A la mañana siguiente, el sol entraba por la ventana del dormitorio. Laura despertó primero, todavía desnuda y con el cuerpo marcado por los besos y mordidas de la noche anterior. Se estiró como una gata satisfecha, miró a Carlos que dormía a su lado y una sonrisa perversa se dibujó en sus labios. Se acercó, le acarició el pecho y le susurró al oído:

—Buenos días, amorcito… ya despertaste mi fantasía. Ahora te toca a ti cumplir la mía.

Carlos abrió los ojos, aún somnoliento, y sonrió.

—¿Qué tienes en mente?

Laura se incorporó, se sentó a horcajadas sobre él y lo miró fijamente, con los ojos brillantes de lujuria.

—Tienes que vestirte de mujer… y coger con un hombre. Quiero verte como una puta bien arreglada, coqueta, dejando que te follen el culo mientras yo miro.

Carlos soltó una risa nerviosa y se incorporó de golpe.

—¿Estás loca? Jamás haría eso. Soy hombre, Laura. Ni de broma.

Ella se inclinó, le mordió el labio inferior y susurró contra su boca, con voz ronca y llena de morbo:

—Tú lo prometiste, amorcito. “La que sea”, dijiste. Si no cumples… jamás volverás a cogerme. Ni una sola vez. Te vas a quedar con la polla dura y sin mi coño para siempre.

Carlos tragó saliva. Sabía que Laura hablaba en serio. La miró a los ojos y vio la determinación mezclada con deseo. Su polla, traicionera, empezó a endurecerse solo de imaginarlo.

—Joder… estás hablando en serio…

—Completamente —respondió ella, rozando su coño aún hinchado contra la polla de él—. Y va a ser hoy. Ya tengo todo planeado.

Carlos era delgado, de facciones finas, pómulos altos y labios delicados. Con un poco de maquillaje y ropa adecuada, podía pasar perfectamente por una mujer hermosa. Laura no perdió tiempo. Lo llevó al baño, lo depiló completamente, le puso un tanga negro que apenas cubría su polla, un sostén push-up que le formaba un escote falso, una falda corta plisada y una blusa ajustada que dejaba ver el “busto”. Le maquilló los ojos con sombra oscura, pestañas postizas, labios rojos y brillantes, y le puso una peluca larga de cabello negro ondulado. Cuando terminó, lo puso frente al espejo.

—Mírate, Carla… eres una puta hermosa. Alta, delgada, culito firme del gimnasio… cualquier hombre se moriría por follarte.

Carlos (ahora Carla) se miró y sintió una mezcla extraña de vergüenza y excitación.

Laura sacó su teléfono y mandó un mensaje:

“Marco, ven a cenar a la casa esta noche. Quiero presentarte a mi amiga Carla. Es nueva en la ciudad, está soltera y le he hablado mucho de ti. Te va a encantar 😉”

Marco era un amigo del trabajo de Laura: alto, fuerte, de barba corta y mala suerte con las mujeres. Aceptó al instante.

Esa noche, cuando Marco tocó el timbre, Laura abrió la puerta con una sonrisa. Carla estaba en el salón, sentada con las piernas cruzadas, coqueta, jugando con su pelo.

—Marco, ella es Carla —dijo Laura—. Carla, él es Marco… el amigo del que te hablé.

Carla se levantó, caminó con pasos delicados y le dio un beso en la mejilla, rozando sus “tetas” falsas contra el pecho de él.

—Mucho gusto… Laura me ha contado que eres un hombre… muy interesante —dijo con voz suave y femenina, mordiéndose el labio.

La cena comenzó tranquila, pero Laura se encargó de que el vino corriera sin parar. Botella tras botella. Al principio bebían y reían con conversaciones normales, pero conforme avanzaba la noche y el alcohol hacía efecto, el ambiente se fue desinhibiendo notablemente. Las risas se volvieron más fuertes, las miradas más intensas y las palabras más atrevidas.

Durante la sobremesa, sentados en el sofá grande de la sala, el vino ya había hecho su trabajo. Carla, cada vez más suelta, empezó a cruzar y descruzar las piernas lentamente, dejando que la falda corta se subiera un poco más cada vez. Sus muslos depilados y suaves quedaban expuestos, y en varios momentos “sin querer” rozaba su pierna contra la de Marco. Él no podía apartar la vista de esas piernas largas y del escote falso que se movía con cada risa.

—Qué piernas tan bonitas tienes, Carla… —comentó Marco, ya con la voz ronca por el alcohol y el deseo.

Carla sonrió coqueta, abrió un poco más las piernas y dejó que la falda se deslizara hacia arriba, revelando el borde del tanga negro.

—Gracias… las cuido mucho en el gimnasio —respondió con voz melosa, mientras Laura sonreía desde su asiento, ya con la mano discretamente entre sus muslos, tocándose por encima de la ropa.

El roce de piernas se volvió más descarado. Carla dejó que su pie descalzo subiera por la pantorrilla de Marco, acariciándolo suavemente mientras seguían bebiendo. El ambiente estaba cargado de electricidad y lujuria. Laura, completamente desinhibida por el vino, propuso con voz ronca:

—Aquí mismo en la sala se está rico… sigamos aquí.

Marco no esperó más. Atrajo a Carla hacia él y la besó con fuerza. Primero suave, luego con lengua profunda y húmeda. Carla correspondió, gimiendo bajito como una mujer mientras sus “tetas” falsas se aplastaban contra el pecho de él. Laura se quitó la ropa rápidamente y se sentó en el sillón individual frente al sofá, abrió las piernas y empezó a masturbarse abiertamente, frotando su clítoris hinchado mientras miraba.

—Sigue… bésala más fuerte —susurró Laura, metiendo dos dedos en su coño mojado.

Marco bajó las manos por la falda de Carla y le apretó el culo firme por encima de la tela. Carla jadeó dentro del beso.

Marco le quitó la blusa a Carla y le chupó las “tetas” falsas con hambre, mordiendo los pezones postizos mientras Carla arqueaba la espalda y gemía como una puta en celo. Laura se masturbaba más rápido, los dedos entrando y saliendo ruidosamente de su coño.

—Ahora tú, Carla… chúpale la verga a Marco —ordenó Laura con voz cargada de morbo.

Carla se arrodilló en el suelo de la sala, frente al sofá. Marco se abrió el pantalón y sacó su polla gruesa, venosa y ya completamente dura, con el glande hinchado y brillante de precum. Carla la miró un segundo, nerviosa pero excitada por el alcohol y la situación. Se acercó, sacó la lengua y lamió lentamente desde la base hasta la punta, saboreando el sabor salado de la piel caliente. Luego abrió la boca y se metió la cabeza gruesa entre los labios rojos, chupando con fuerza mientras giraba la lengua alrededor del glande, succionando el precum que no paraba de salir.

—Joder… qué boca tan caliente y puta tienes… —gruñó Marco, agarrándole la peluca.

Carla empezó a bajar más profundo, tragando centímetro a centímetro esa verga gruesa que le llenaba la boca. La saliva le chorreaba por las comisuras de los labios, cayendo sobre sus “tetas” falsas y el tanga negro. Hacía ruidos obscenos: sorbidos húmedos, arcadas suaves cuando la polla le llegaba al fondo de la garganta, y gemidos ahogados de placer mientras la chupaba con ganas. Subía y bajaba la cabeza con ritmo, una mano acariciando los huevos pesados de Marco y la otra sujetando la base de la verga para masturbarla al mismo tiempo que la mamaba. De vez en cuando sacaba la polla de la boca, la golpeaba contra su lengua extendida y volvía a tragarla entera, dejando hilos espesos de saliva conectando sus labios rojos con el glande hinchado.

—Así… trágatela toda, puta… qué rica la chupas —jadeaba Marco, empujando las caderas hacia adelante.

Laura gemía desde el sillón, tres dedos follándose el coño con fuerza, mirando cómo su marido le comía la verga a Marco como una zorra experta.

Marco no aguantó más. Sentó a Carla en el sofá, le subió la falda sin quitarle el tanga y le abrió las piernas.

—Quiero follarte el coño —gruñó.

Carla, con la voz entrecortada y femenina, miró a Laura buscando apoyo. Ella solo sonrió y siguió masturbándose.

—Estoy en mis días, papi… pero mi culito está paradito, duro del gimnasio y bien limpio para ti. Fóllame por atrás… por favor. Quiero sentirte adentro.

Marco escupió en su mano, apartó un poco el tanga negro hacia un lado sin quitárselo y lubricó el culo apretado de Carla. Empujó la cabeza de su polla gruesa contra la entrada. Carla soltó un gemido largo y agudo cuando entró poco a poco, abriéndolo centímetro a centímetro.

—Joder… qué culo más rico y apretado… parece virgen —jadeó Marco.

Empezó a follarlo lento, entrando y saliendo, mientras Carla gemía y empujaba las caderas hacia atrás, sentada en el sofá con las piernas abiertas. Laura se masturbaba con furia, los jugos chorreando por sus muslos, mirando cómo su marido era follado como una puta en su propia sala.

Marco aceleró el ritmo. Puso a Carla de lado en el sofá, levantó una de sus piernas y la penetró más profundo, follándola con embestidas fuertes y constantes mientras le apretaba las “tetas” falsas. Carla gemía sin parar.

—Más fuerte… fóllame más fuerte, Marco… —suplicó Carla con voz de mujer desesperada.

Laura se levantó, se acercó al sofá y besó a Carla en la boca profundamente mientras Marco la cogía sin piedad.

—Te ves tan puta así, amorcito… me estás poniendo loca de lo cachonda que estoy.

Luego Marco cambió de posición: acostó a Carla completamente en el sofá, le puso las piernas en los hombros y la folló en misionero anal. La polla entraba y salía casi completa, el culo de Carla apretándose alrededor de ella con cada embestida. Carla gemía como loca, el tanga aún puesto y corrido hacia un lado.

—Voy a correrme… —gruñó Marco, sudando.

—Adentro… lléname el culo, papi —jadeó Carla.

Marco explotó con un rugido profundo, corriéndose con chorros calientes y abundantes dentro del culo de Carla. Carla se corrió al mismo tiempo, su semen saliendo dentro del tanga negro y empapándolo.

Laura, de pie al lado del sofá, se corrió con fuerza, gritando, sus jugos salpicando el piso mientras miraba el desastre.

Marco se retiró lentamente, jadeando, con la polla todavía semi-dura y brillando. Carla quedó tumbada en el sofá, las piernas abiertas, el culo abierto y lleno de semen blanco que empezaba a escurrir por debajo del tanga.

Laura se acercó, besó a su marido en los labios hinchados y susurró con voz sucia:

—Buena chica, Carla… mi fantasía cumplida.

Luego miró a Marco con una sonrisa perversa:

—Esto apenas empieza… ¿quieres otra ronda?

Marco sonrió, todavía respirando agitado y con la polla empezando a endurecerse de nuevo.

Laura miró a Carla y le guiñó un ojo.

—Continuará…

3 Lecturas/15 abril, 2026/0 Comentarios/por Premium
Etiquetas: amiga, anal, baño, culito, culo, puta, semen, virgen
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