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Travestis / Transexuales

Me reencontré con mi mejor amigo de la infancia

Después de muchos años las personas cambian, pero Marco no se imaginaba que tanto había cambiado su mejor amigo..
Desde los doce años, Alex y Marco eran inseparables en Veracruz. Se conocieron en la secundaria jugando fútbol en el recreo. Alex era un chico delgado, de cabello negro corto y sonrisa fácil. Marco era un poco más alto, moreno, siempre con energía para todo. Ese mismo día se fueron juntos a la playa y hablaron durante horas: de sus familias, de las chicas que les gustaban en la escuela, de los sueños de ser futbolistas o ingenieros. Desde entonces se volvieron mejores amigos.

Pasaban las tardes juntos: compitiendo en videojuegos, nadando en el mar, contándose secretos sobre las primeras novias que tuvieron (ambos solo habían besado a chicas). A los catorce años, Marco le confesó que estaba enamorado de una compañera y Alex lo apoyó. A los quince, Alex le contó que había besado a una chica en una fiesta. Los dos se sentían completamente cómodos siendo dos chicos heterosexuales que se querían como hermanos.

A los quince años, los papás de Alex perdieron todo por problemas económicos y tuvieron que mudarse a Estados Unidos. La despedida en el aeropuerto fue dura. Alex abrazó fuerte a Marco con lágrimas en los ojos.

—Te prometo que voy a regresar. En cuanto las cosas mejoren, vuelvo a Veracruz y te busco.

Marco, con la voz quebrada, respondió:

—Aquí te espero, carnal. No importa el tiempo.

Se abrazaron como si no quisieran soltarse. Antes de subir al avión, Alex dijo:

—Solo por WhatsApp, ¿sale? Mis papás no me dejan tener Facebook ni nada.

Los mensajes nunca pararon. Todos los días se escribían: cómo iba la escuela, las nuevas amigas que conocían, las ganas de volver a jugar fútbol juntos, las bromas de siempre. La amistad no solo se mantuvo, sino que se hizo más fuerte. Compartían todo.

Pasaron los años. Cumplieron veintidós años. Ambos acababan de terminar la universidad. Ese día se felicitaron por WhatsApp.

Alex escribió:

“Feliz cumpleaños, Marco. Ya terminé la carrera. Tengo una noticia grande: la próxima semana regreso a Veracruz. Ya tengo boleto. Quiero verte, pero he cambiado muchísimo físicamente. No sé si me vayas a reconocer.”

Marco contestó emocionado:

“¡Feliz cumpleaños, carnal! No me importa cómo hayas cambiado. Eres mi mejor amigo y muero de ganas de abrazarte. Dime dónde te hospedas.”

Alex le mandó el nombre del hotel en el malecón.

“Reservé para el viernes. Si quieres, nos vemos ahí en la tarde.”

El viernes por la tarde, Marco llegó al hotel con el corazón acelerado. Esperaba ver a su amigo Alex, quizás más alto o con el cabello un poco más largo, pero todavía el mismo chico de siempre.

Lo que vio lo dejó paralizado.

Una mujer espectacular estaba de pie junto a la fuente del lobby. Cabello negro largo y ondulado que le caía seductoramente por la espalda. Ojos verdes intensos con mirada de gata. Labios carnosos y bien definidos. Llevaba una blusa blanca ajustada y escotada que marcaba unos pechos grandes, redondos y firmes que subían y bajaban con cada respiración. Una minifalda negra muy corta que dejaba al descubierto unas piernas largas, torneadas y bronceadas. Tacones altos que la hacían lucir elegante y provocativa.

Ella se giró, lo miró directamente y sonrió con una mezcla de nervios y calidez que Marco reconoció al instante.

—Hola, Marco… soy yo. Tu mejor amigo.

La voz era más suave, más femenina, pero tenía ese tono familiar.

Marco sintió que el mundo se detenía. Su mirada bajó involuntariamente: el escote profundo, la curva de esos pechos, la cintura estrecha, las caderas anchas, las piernas infinitas. Un calor intenso le subió por el estómago y se concentró entre sus piernas. Su polla empezó a endurecerse rápidamente, presionando fuerte contra la tela del pantalón.

—¿Alex…? —preguntó con voz entrecortada.

Ella dio un paso más cerca. El perfume dulce y cálido llegó hasta él.

—Ahora me llamo Alexa —dijo suavemente—. Sé que es mucho para procesar… Subamos a la habitación y te explico todo con calma.

En el ascensor el silencio era denso. Alexa se paró muy cerca. Sus pechos casi rozaban el brazo de Marco. Su erección ya era evidente.

Cuando entraron a la habitación y cerraron la puerta, Alexa lo miró con ternura y miedo.

—Nunca te lo dije por mensaje porque tenía terror de que te alejaras… Allá en Estados Unidos cambiaron muchas cosas para mí. Me di cuenta de que ya no era el mismo de antes. Empecé a verme diferente, a sentirme diferente… ¿Qué piensas? ¿Estás molesto? No te quise contar nada porque tenía miedo a perder nuestra amistad.

Marco tragó saliva. Su mirada bajó otra vez al escote y a esos pechos que subían y bajaban. Su polla latía con fuerza.

—No te preocupes, carnal —dijo Marco con voz ronca pero sincera—. Siempre serás mi mejor amigo.

Se acercó y la abrazó. Fue un abrazo cálido y lleno de años de extrañar. Los cuerpos se pegaron por completo. Los pechos grandes y suaves de Alexa se aplastaron contra el pecho firme de Marco. Él rodeó su cintura con los brazos y la atrajo más cerca.

En ese instante, la mega erección de Marco quedó presionada directamente contra el vientre bajo de Alexa. Al mismo tiempo, Alexa también estaba excitada: su propia verga, dura y caliente, se clavó contra el muslo y la cadera de Marco, rozando claramente su polla a través de la ropa. Ambos sintieron el roce de las dos vergas rígidas. Marco sintió la dureza gruesa y palpitante de Alexa contra él, y Alexa sintió la polla gruesa y caliente de Marco latiendo contra su piel.

Se quedaron abrazados en silencio. El contacto era imposible de ignorar. Las dos vergas presionaban una contra la otra, separadas solo por la tela fina. Cada respiración hacía que se rozaran un poco más. Marco sentía el calor y la rigidez de la verga de Alexa, y eso enviaba descargas de excitación por todo su cuerpo. Alexa sentía la erección de Marco clavándose contra ella, haciendo que su propia verga latiera más fuerte.

Alexa susurró cerca de su oído, con voz ronca y juguetona:

—Veo que no te desagradó mucho mi cambio, ¿verdad, amigo?

El abrazo se volvió más largo, más intenso. Ninguno se apartaba. Marco apretó más las manos en la cintura de Alexa, sintiendo cómo sus dos vergas se frotaban lentamente. Alexa movió apenas las caderas, intensificando el roce. El placer era mutuo y creciente.

Después de varios segundos eternos, Alexa levantó la cara. Sus labios quedaron a milímetros de los de Marco. Lo miró a los ojos y lo besó.

El beso empezó suave, solo labios rozándose, pero pronto se volvió profundo. Sus lenguas se encontraron, húmedas y ansiosas. Mientras se besaban, sus cuerpos seguían pegados, y las dos vergas continuaban rozándose con cada pequeño movimiento.

Marco metió las manos bajo la minifalda de Alexa y le apretó el culo firme. Sus dedos rozaron la base de la verga dura de ella. Alexa gimió contra su boca y bajó la mano para abrirle el pantalón. Sacó la polla gruesa de Marco, que saltó libre y palpitante. Al mismo tiempo, Alexa se bajó la minifalda. Su propia verga quedó al descubierto: erecta, caliente, con la cabeza hinchada y brillando de líquido preseminal.

Ahora piel contra piel, las dos vergas se tocaron directamente. Marco sintió la verga de Alexa caliente y dura frotándose contra la suya. Alexa tomó ambas pollas con una mano y las masturbó juntas, lento, sintiendo cómo se rozaban cabeza contra cabeza, tronco contra tronco, enviando olas de placer a los dos.

—Siente… cómo estamos los dos por esto —susurró Alexa, jadeando.

Se besaron de nuevo mientras se masturbaban mutuamente. Marco tomó los pechos grandes de Alexa, los apretó y chupó sus pezones duros. Ella gemía y movía la mano más rápido, frotando sus vergas una contra la otra.

Alexa lo empujó suavemente hacia la cama. Marco se acostó. Ella se subió encima a horcajadas. Sus pechos colgaban frente a su cara. Tomó las dos vergas otra vez y las frotó entre sí, masturbándolas al mismo tiempo. El roce húmedo y caliente era intenso. Ambos gemían sin parar.

Luego Alexa se inclinó y se metió la polla de Marco a la boca. Chupó despacio, saboreando cada centímetro, bajando profundo mientras su propia verga rozaba el pecho de Marco. Él gruñía de placer y metía los dedos en su cabello largo.

Después de varios minutos de esa boca caliente y húmeda, Alexa se levantó, se colocó sobre él y le dio la espalda. Se inclinó hacia adelante, ofreciéndole su culo redondo y firme. Con una mano tomó la polla de Marco, la lubricó con su propia saliva y la guió hacia su entrada apretada.

—Despacio al principio… —susurró Alexa, voz temblorosa de deseo.

Marco sintió la cabeza de su polla presionar contra el ano de Alexa. Empujó con cuidado. Centímetro a centímetro, el culo apretado y caliente de Alexa lo fue tragando. Ambos soltaron un gemido largo y profundo cuando Marco entró por completo. Estaba muy apretado, ardiente, y se contraía alrededor de su polla.

Alexa empezó a moverse despacio, subiendo y bajando, sintiendo cómo la gruesa polla de Marco la llenaba por completo. Al mismo tiempo, su propia verga erecta rebotaba contra el abdomen de Marco con cada movimiento. Marco la tomó con la mano y la masturbó mientras la follaba, sintiendo cómo latía y se ponía aún más dura.

—Joder… estás tan apretado… y tan duro al mismo tiempo… —jadeó Marco, empujando hacia arriba con más fuerza.

Alexa aceleró el ritmo. Sus pechos rebotaban. Las dos vergas seguían conectadas: la de Marco enterrada en su culo y la de ella deslizándose en la mano de él. El sonido húmedo de piel contra piel llenaba la habitación junto con sus gemidos cada vez más fuertes.

Alexa llegó primero. Su verga se tensó en la mano de Marco y explotó, chorros calientes de semen cayendo sobre el pecho y abdomen de Marco. Al mismo tiempo, su culo se contrajo con fuerza alrededor de la polla de él.

Eso llevó a Marco al límite. Con un gruñido ronco se hundió hasta el fondo y se corrió dentro de ella, llenando su culo con chorros abundantes y calientes.

Se derrumbaron juntos sobre la cama, sudados, respirando agitados, aún unidos. La verga de Alexa seguía semi-dura sobre el abdomen de Marco, goteando los últimos restos, mientras la polla de él palpitaba dentro de su culo.

Alexa giró la cara, lo miró a los ojos y lo besó suavemente en los labios.

—Gracias por no huir… mi mejor amigo —susurró con una sonrisa satisfecha y feliz.

22 Lecturas/18 abril, 2026/0 Comentarios/por Premium
Etiquetas: amigos, culo, cumpleaños, hermanos, hotel, playa, secundaria, semen
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