Me terminé enamorando de Camila, la perra del barrio
Historia real, mi experiencia y la mejor en el mundo del zoo.
Esto sucedió entre 2016 y 2018, yo era un chavo que iba a la prepa, omitiré nombres por seguridad. Yo ya había tenido relaciones con dos perritas de mis vecinos, ellos las dejaban salir y ahí era cuando yo aprovechaba para meterlas a mi casa y hacer cositas ricas, pero era bastante difícil ya que me tenía que poner en la ventana a espiralas para meterlas a mi casa, aclaro, los vecinos no eran familia, vivían en casas a parte. Un día estaba en la ventana para ver si veía alguna de esas perritas hasta que depronto la vi, una perra pequeña de edad, talla media y negra, estaba como que perdida porque se veía desorientada; al principio batallé para meterla a mi casa, ya que no se dejaba agarrar, pero llamé su atención con comida y fue cuando la metí a la fuerza, a lo que la pobre se asustó pero pronto la tranquilicé, rápido preparé las cosas, lubricante música para que no se escuchara y cerré todo, pero lentamente era aún muy pequeña y su vulva aún no se desarrollaba bien, eso me decepcionó y terminé masturbandome y dejando ir a la perrita. Días después la volví a ver y la volví a meter a mi casa, esta vez no fue tan difícil, lo intenté otra vez pero no podía pnetrarla, eso me desanimó bastante y la tuve que dejar ir otra vez. Pasaron semanas y no la volví a ver hasta un día que iba a la prepa, ella salió brincando y muy contenta, y me seguí y mi único pensamiento era intentarlo otra vez pero no podía faltar, por suerte en esa preparatoria salía a las 11 de la mañana y a esa hora nunca había gente en mi casa. Todo el día estuve esperando que aún estuviera por ahí la perrita y por suerte sí, al llegar al barrio me siguió hasta mi casa, no hubo necesidad que yo la llamara; volví a intentarlo y nada, aunque ya había crecido un poco aún no se podía. Pasaron los días y dejé de darle importancia, hasta que mis padres salieron de la ciudad y yo por tener semanas de examen no podía ir con ellos, además quería volver a intentarlo. Mis padres se habían ido por unos días y en ese tiempo metía a la perrita a la casa pero no se podía, solo la dedicaba y me masturbaba con ella. Un día antes que llegarán mis papas a la ciudad estaba lloviendo y yo andaba con unos amigos, al llegar a la casa noto que la perrita estaba refugiándose debajo de un carro y al verme salió corriendo y me siguió. Entramos a la casa y quise intentarlo otra vez, preparo todo, bajé el lubricante y me puse manos a la obra pero aún no se podía, me desanimé bastante que perdí la erección pero seguí intentando y con el pene flácido pude introducirlo en su vulva, al ver que había entrado me exité demasiado y teniendo la erección dentro de ella. No lo podía creer, ya la tenía adentro, la perrita no se quejó ni chilló, solo se quedaba quieta cuando comencé con el mete y saca pero muy despacio por miedo a lastimarla, por fin después de tanto tiempo volví a sentir eso que tanto anhelaba, estaba muy estrecha y apretada, básicamente la estaba desvirginando, pero en ningún momento se quejó; lamentablemente solo fue muy poco porque terminé rápido, pero muy a gusto, afuera estaba lloviendo y yo me estaba cogiendo por fin a esa perrita. Al dejarla salir se fue corriendo y pensé que sí la había lastimado, mis padres llegaron y todo como si nada, solo pensaba en la perrita, que la había lastimado, pero cual fue mi sorpresa que al día siguiente cuando llegué de la prepa estaba ahí y me siguió hasta mi casa, la metí y quise hacerlo de nuevo, fui por el lubricante y nos encerramos en mi cuarto. Esta vez no batalle para metersela, como que con lo del día anterior se había aflojado un poco su vagina y volví a cogerla despacio y desde esa vez comenzó todo, comenzó nuestra relación… La rutina era la misma de siempre, yo salía a las 11 de la prepa, llegaba a casa y ya me estaba esperando mi amada, me seguía como siempre, la dejaba entrar primero y después yo, cerrando la puerta y dirigiéndonos a mi cuarto, me desnudaba por completo y hacíamos el amor, de lunes a viernes, todos los días a la misma hora, siempre era igual. Ella se acostumbró tanto a mi pensé que con el tiempo le entraba sin batallar, hasta que un día dejé el lubricante y comencé a hacerle el amor así, si antes tardabamos 10 minutos, ahora durabamos una hora apareandonos, pasaban los días, las semanas y los meses y la perrita iba a buscarme a la casa y mis padres si se daban cuenta de eso, mi madre decía que la perra se había adoptado sola, cuando realmente iba por otra cosa. De ahí nos enteramos que la perrita se llamaba Camila, no tenía un dueño, ella vivía ahí en el barrio.Había veces que estaba aburrido y solo tenía que ir a la tienda y Camila me seguía hasta la casa y siempre nos encerrabamos en mi cuarto, hacíamos ya más poses, no solo de perrito, también de misionero y muchos más. Con el tiempo solo pensaba en Camila, solo quería llegar a casa para hacerle el amor, y no me interesaba salir con mis amigos, solo quería llegar a mi casa con mi novia perruna. Así pasó el tiempo, comiendo a diario, nunca se quejó o sufrió, siempre me seguía e iba a buscarme. Había veces en la madrugada que la escuchaba ladrar y yo salía por ella y la metía a mi cuerto a escondidas para hacer el amor, era increíble. El tiempo pasó y Camila crecía hasta que llegó su primer celo, fue la primera perra que me dio ese placer de coger a una perrita en celo, recuerdo en la casa se me ponía enfrente y levantaba su vuelva y la cola la hacia a un lado, pero lamentablemente no fui el único que se la cogió, ya que otro perro del barrio la preñó, aún así no dejamos de aparearnos, la rutina era la misma, yo salía, llegaba y ya me estaba esperando, la metía a mi cuarto y así embarazada hacíamos el amor, fueron meses hasta que un día ya no me estaba esperando, y se me hizo raro pero no le di importancia, al día siguiente tampoco se veía y así pasó una semana sin ver a mi novia hasta que un día apareció detrás de mí y mi sorpresa fue que tenía unas tetas enormes, gordas y lechosas, yo me puse bastante cachondo al verla y me fui corriendo a la casa y ella detrás de mí, al llegar nos encerramos y comencé a tocarle sus enormes tetas y a chuparlas muy frenéticamente, me desnudé y no hicimos el amor luego y luego, estaba disfrutando de aquello que le colgaba, le sacaba leche y me la ponía en el miembro, después con su misma leche le lubriqué su vagina, parecía que nunca se le acababa, le salía bastante y terminamos haciendo el amor como nunca, después de eso comenzó el verdadero romance, si antes durables una hora apareandonos ahora durabamos casi las tres horas con nuestros geniales únicos, realmente me estaba enamorado de Camila. Pasó tiempo, sus cachorros crecieron y a Camila se le volvieron a hacer pequeñas sus tetas pero no me importaba, yo sabía que siempre que yo quisiera ella estaría dispuesta para hacer el amor, se acostumbró tanto a mi miembro que ya no necesitaba tomarla de las caderas al momento del coito, yo la penetraba sin agarrarla y había veces que ella sola se hacía para atrás y me excitaba bastante. Todo era tan hermoso, Camila y yo cogiamos todos los días y ya hasta en las madrugadas, éramos la pareja perfecta, una relación entre un hombre y una perra, me seguía para todas parte, jugueteaba y me lamia cada que podía, estaba en el paraíso, no necesitaba de una novia, ya tenía a mi Camila y todo eso pasó durante 3 años, los tres mejores de mi vida, pero no todo es para siempre, un día salí y estaba sola la casa, podiamos echarnos un rapidín pero a mí me gustaba durar horas pegado a ella, encantaba sentir su calor y su piel con la mía y preferí no hacerlo sino hasta el día de mañana como siempre, pero esa noche cuando llegué mi hermana me dijo que había llegado la perrera y que se habían llevado a camila y a sus cachorros, yo me sentí fatal, ya no tenía a mi novia, ya no podríamos hacer el amor, habíamos creado un vínculo tan fuerte y ese día me lo arrebataron, jamás la volví a ver, pero siempre la recuerdo como si de una persona se tratase.

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