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No sé, si mis manos estimularon eficazmente al  miembro del caballo, que afortunadamente eyaculo como intuyendo que no teníamos tiempo, y sentí entre mis manos el paso de grandes cantidades de atole en bola a través de la uretra de su enorme verga, a.
Soy Scoly, actualmente tengo 29 años, cuando me casé, era muy jovencita, con muy poca experiencia en el sexo y junto con mi extinto esposo  me fue llevando por una serie de prácticas que fui asimilando en el transcurso de mi vida matrimonial que por cierto muy breve. En ese entonces a mi esposo le encanta verme gozar del sexo, tengo que confesar, que si bien al principio tuve un poco de rechazo, no sé si por temor, pudor o probablemente por desconocer, empecé a gozarlo y apreciarlo desde el momento que comencé a practicarlo. Diría que esos condimentos que se agregan a la relación de la pareja, es importante, se termina la rutina clásica, para surgir una serie de variables y cambios que te estimulan, no hace falta tener un amante a escondidas, ya que tu marido lo permite y lo ve, no hay mentiras, ni se esconden situaciones.

En nuestra loca juventud tuvimos una afición por las cabalgatas donde nos conocimos y nació el amor a primera vista. En esa época mi padre era representante de la asociación de cabalgatas y como era de esperarse siempre le acompañábamos mi hermano y yo, con el paso de los meses me hice novia del que fuese hoy mi fallecido esposo. Le tomamos el gusto por separarnos del grupo o irnos hasta atrás todo con la intención de poder estar solos y poder besarnos con la pasión que caracteriza a dos enamorados. Recuerdo que en mi última cabalgata mi novio me dijo que nos separaríamos del grupo pues adónde íbamos ya conocíamos  y cortaríamos camino sin que se dieran cuenta. Nos separamos del grupo para perdernos entre el bosque llegamos a un espacio donde los ramajes de los arboles cubrían toda visión, ahí decidimos detenernos, mi novio amarro a los caballos de los troncos de los árboles, ambos nos fundimos en un beso tan apasionado y cachondo que sus manos recorrían mi cintura lentamente para posarse en mis nalgas apretándolas suavemente, enseguida lleno mi rostro de tiernos besos para ir hasta mi oreja derecha y darle pequeños mordiscos y regresar por mi cuello besándolo sutilmente, mi cuerpo se estremecía ante sus caricias, la piel se erizaba al contacto de sus labios, mientras sus manos se habían apoderado de mis nalgas tocándolas  a su antojo, de repente este se quedó quieto mirándome a los ojos y me dijo mi amor sabes que te amo mucho y que nos la pasamos muy bien, dirigió su mirada a su caballo para que en un abrir y cerrar de ojos me dijera: sabes, hoy será un día especial, y volvió a sonreír; yo no hice algún comentario.

Me llevo hasta donde estaba el caballo me desabrocho la blusa para sacar de mi bassier mis tetas que aprisionaba con sus manos, mientras me besaba el cuello y me decía al oído lo mucho que me quería. Hábilmente me quito la blusa, me hizo que me  hincara, abajo del animal, llevo mi mano hasta la parte gruesa en el abdomen del caballo y rítmicamente empezamos a masajear, de pronto empezó a salir el pene del animal, quede perpleja no porque no hubiera visto algún miembro de caballo sino porque estaba tan cerca y este crecía y crecía, me dijo al oído que lo tomara con ambas manos, voltee y lo mire fijamente, no sabía qué hacer ni cómo actuar, pues era un momento de confusión, de lujuria, de incertidumbre, pero sus palabras hicieron de mi presa y entonces tome con mis dos manos  aquella barra de carne tan enorme para llevármela a la boca, y comencé  a chuparla el pene al caballo, mis manos recorrían la tremenda tranca del animal, abría más y más mi boca recibiendo la tranca del animal que parecía no tenía final, al no poder contener la verga del caballo y sentir que me ahogaba la saque de mi cavidad bucal. Mi novio empezó acariciarme, mis pechos, para, darme seguidamente un beso.

Le cogí la mano y le fui dando besos, empezando por el meñique, el cual chupé, y deslizándome, hasta el brazo, cuello subí hasta su cara la cual besé tiernamente, y empecé a jugar con sus labios, por sus expresiones supe que lo que le hacía le estaba gustando, así que seguí, él no paraba de acariciarme, sus manos exploraban cada milímetro de mi cuerpo, su mano se dirigió  hasta mi sexo, noté su excitación,  mientras el me tocaba mi coñito, a nuestro lado, se encontraba el caballo, no sé si por la excitación o la circunstancia pero me encontraba en llamas, subiéndome más y más la calentura que emanaba por mi labios vaginales, entre mis manos sostenía ese enorme pene  que  estaba manoseando, así que estuve tocándolo, acariciándolo. Mi novio dio rienda suelta a sí que su mano se dirigió a la altura de mi zíper para abrirse camino e introdujo sus dedos en mi coñito, yo empecé a ver las estrellas, no tardé en sentir un espasmo, frio y calor que me sacudió toda y me dejó feliz.

Intenté seguir con lo que hacía  bajé y empecé a introducirme su pene, en la boca, era suave, maleable, delicado en cierto modo, eso sí, estaba muy caliente, preso de la excitación que le embargaba, me cogió, y con sus manos sujetó, mi cabeza con tal fuerza que yo solo podía succionar su pene, casi me ahogo, y me dijo: Scoly necesito cogerte, ¿me dejas? Asentí con la cabeza, pues en pensamiento deseaba que me cogiera. Así que me tiro encima del heno a un lado del caballo, que de alguna manera creo nos observaba, con su miembro al aire todo imponente, majestuoso,  tieso, lo cual al mirarle me excitó más. Mi novio me plantó un beso, y terminó de desnudarse, mientras tanto hice lo propio,  él se acercó, me acarició diciéndome lo preciosa que era, me beso,  empezó a magrearme mis tetas, mientras me besaba apasionadamente, le murmure al oído: quiero ser tuya, me abrazó, y empezó a introducirme su verga, cuán grande era mi excitación que  empecé a ver el cielo de colores, de un momento a otro sentí que se detuvo por un instante suspiramos y empezó a moverse lentamente pero con arremetidas profundas, los cambios rítmicos de sus embestidas incidieron en mi con alaridos, gemidos de placer sustancial que provocaba esa escena de amor, pasión, lujuria. Gritaba más, mas, mas, a lo cual el, cada vez profundizaba los embistes tanto era mi gozo que me retorcía de placer.

Le pedí que se acostara y este obedeció, yo me senté a horcajadas sobre de su vientre y caderas, pasándole una pierna a cada lado de su cuerpo; luego tomé con mi mano su pene y comencé a introducirlo en mi rajadita, caliente, húmeda, dispuesta a recibir nuevamente ese pene. Apenas lo coloqué en posición, pasando apenas su cabecita por los labios de mi vagina y mis caderas no pudieron resistir a la orden que les mandó mi cerebro y de inmediato se lanzaron hacia adelante, con fuerza, con decisión, con esmero y aplomo, comenzando a bombear a ese pene, con fuerza y velocidad, de adelante hacia atrás, desde arriba hasta abajo, de izquierda a derecha, con decisión y valor: ¡Scoly, qué rico, ahhgggg, Scoly!, me gritaba mi novio, entrecerrando sus ojos, poniéndolos casi en blanco, mirándome a mis senos, que rebotaban elásticamente al compás de mis empujones, de mis embestidas.  Me acariciaba mis pechos, los trataba de sostener, pero dejaba caer sus brazos hacia los lados en cuanto le llegaba el placer; sus ojitos se quedaban en blanco y lanzaba pujidos, que me hacían llenarme de orgullo y placer: ¡Amoooooorrr, Scoly, sigueeeeeeee!

¡Lo sentía delicioso, hasta adentro, removiéndome mis “rinconcitos” en cada empujón que le daba, resistiéndose a las succiones de mi vagina, a las aspiraciones que yo le daba, tratando de sacarle su leche, esperando que durara muchísimo, ¡y duró! No sé qué tanto duró, pero se me hizo un tiempo muy largo, muy hermoso, muy bonito, e inolvidable, que delicia de aquellos momentos de tanto ¡placer y felicidad! No dejaba de cabalgarlo; sentía que estaba sudando, transpirando de todos lados, por mi cuerpo y mi sexo, por cada poro de mi piel transpiraba, pero no rebajaba mi velocidad, ni mi fuerza, me daba grandes sentones y grandes bombeadas a ese pene que se me resistía a eyacular: ¡qué gusto que me daba que no eyaculara!, pero, ¡tenía ganas de que eyaculara y me llenara de semen, de leche, de crema, de mecos! y finalmente ¡mi deseo se cumplió! ¡Scoly, mi aaaamorrrrr, me vengo Scoly, me vengo!, me gritó desesperado. ¡Sí, sí, sí, dámelooosss! Le grité, enfebrecida, en el clímax de mi pasión, en la cima de mi placer.

Me dejé caer sobre su pecho, como aún seguía yo sintiendo los estertores de mis orgasmos, que me seguían llegando a montón, no pude reprimirme y le di una enorme mordida en su cuello, que el pobrecito me soportó. Le grité ¡amor!, y le planté esa mordida, acompañada de algunas nuevas embestidas de mis caderas, hasta que expulsé todos mis jugos orgásmicos, que parecía inundación. Así permanecimos un rato hasta que su miembro perdió tiesura saliendo libremente de mi cueva vaginal y ahí estábamos unidos como un solo ser. Hasta que el relinchar de los caballos nos hizo dejar ese mundo de amor y pasión. Mi novio me miro y con su sonrisa pícara me dijo: Scoly, mira lo que a mi  caballo le cuelga y ahí estaba todo ese mástil desenfundado, orondo, luengo  sin más mi mente me dicto que debía tomarla nuevamente, estaba tan dura, sentía como punzaba entre mis dos manos, procedí a masturbarlo lo mejor que pude, y rápido debido a que escuche algunos cascos y trote de caballos, rogué para que no fuera nadie y solo fuera mi nerviosismo, además de que le quitara rápidamente la calentura al caballo.

No sé, si mis manos estimularon eficazmente al  miembro del caballo, que afortunadamente eyaculo como intuyendo que no teníamos tiempo, y sentí entre mis manos el paso de grandes cantidades de atole en bola a través de la uretra de su enorme verga, a la vez que sostenía como pude los “pistolazos” del caballo, y grandes cantidades de semen fueron derramados cerca de mis botitas vaqueras y muy coquetas de color rosita, mientras yo besaba después al noble animal en sus mejillas prometiéndole que algún día intentaría dejarme atravesar por aquella gigantesca verga hasta donde fuera yo capaz de soportarla, ayudada por mí.

Minutos después aquellos cascos de caballo que había escuchado, no había sido mis nervios ni mucho menos mi imaginación entre las jarillas, hierbas y ramajes apareció mi hermano, en su cara podía ver el enojo, Scoly que haces aquí dijo,  le conteste que nos habíamos perdido y que decidimos descansar. Regresamos a la cabalgata y al parecer todo transcurría normal.

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