Nunca jamás
Benjy Stone recuerda haber crecido en un cine de barrio. Allí descubrió a Alan Swann: capa al viento, espada en mano, salvando princesas y enfrentando tiranos. Para el niño que fue, Swann no era un actor: era la promesa de que la vida podía ser grande, heroica, limpia de sombras..
