Alizée, la niña del puerto
—¿Por qué haces eso…? —preguntó en un murmullo apenas perceptible, con la voz aún rasposa por el clímax. Me incliné unos milímetros hacia ella, acortando la distancia hasta que mis labios rozaron la comisura de su boca. —Porque quería probar tu dulce miel… —le respondí en un susurro cálido, r.
