• Link to X Link to X Link to X
  • Link to Telegram Link to Telegram Link to Telegram
  • Registrate
  • Entrar
ATENCION: Contenido para adultos (+18), si eres menor de edad abandona este sitio.   Siguenos en X/Twitter    Grupo de Telegram
Sexo Sin Tabues 3.0
  • Inicio
  • Últimos Relatos
  • Publicar Relatos
  • Relatos Eróticos
    • Categorías de relatos
    • Buscar relatos
    • Relatos mas leidos
    • Relatos mas votados
    • Relatos favoritos
    • Mis relatos
    • Cómo escribir un relato erótico
  • Menú Menú
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (2 votos)
Cargando...
Dominación Hombres, Gays, Sexo con Madur@s

Futbolista, viejo morboso y secretos II Parte

Continuación del primer relato. Ahora es Martin, con su mirada lasciva y susurros sucios, quién arrincona a la presa en el cuarto de su padre..
Una semana después de la visita de Roberto, Yarot se recostaba en el sofá desgastado de la sala. Estaba descalzo, los pies apoyados en la alfombra. Llevaba solo la pantaleta corta azul de Colombia, el mismo color y modelo que usaba su padre, una coincidencia que siempre le pareció extraña pero nunca comentó.

Su padre, sentado en el sillón opuesto. El silencio entre ellos era cómodo, lleno de años de costumbres no dichas.

—¿Quieres algo del refrigerador? —preguntó su padre sin levantar la vista.

—Estoy bien —respondió Yarot, ajustándose la pantaleta y tocando su miembro.

El timbre resonó con una estridencia que rompió la quietud. Ambos hombres levantaron la cabeza. Yarot se incorporó, sus músculos abdominales marcándose bajo la piel bronceada.

—Yo voy —dijo su padre, dejando el periódico sobre la mesa.

Desde el sofá, Yarot escuchó la puerta abrirse y voces familiares. Reconoció la de Roberto inmediatamente. Esa voz grave y autoritaria que siempre le producía una reacción extraña en el estómago. Pero había otra voz, más grave aún, más vieja.

Cuando entraron a la sala, Yarot sintió cómo se le erizaba la piel. Roberto, sonrió con complicidad. Detrás de él, un hombre de unos 60 años con ojos que devoraban todo a su paso. Martin. Su mirada se clavó en Yarot como si quisiera desvestirlo con solo la fuerza de su deseo.

—Hola, campeón —dijo Roberto, acercándose a Yarot y dándole una palmada encubierta en la nalga.—. Traje a un amigo.

Martin no dijo nada, solo observó, y Yarot notó cómo una pequeña gota de saliva escapaba de la comisura de sus labios antes de que la tragara ruidosamente. El hombre babeaba literalmente al verlo.

—Vamos a comprar unas cervezas —anunció Roberto, dirigiéndose al padre de Yarot—.

Mientras pasaba junto a Martín, Roberto se inclinó y le susurró al oído: —Caza al conejito.

La puerta se cerró y Yarot se encontró solo con Martin en la sala. El silencio ahora era diferente, denso, cargado de electricidad. Martin se frotó las manos, sus ojos recorriendo cada centímetro del cuerpo joven expuesto ante él.

Yarot sintió cómo su pantaloneta se ajustaba incómodamente, más por el hecho que no llevaba bóxer. Su miembro se despertaba, endureciéndose con una rapidez que le avergonzaba y excitaba a la vez. Podía leer la mirada de Martin como un libro abierto: deseo crudo, posesión, hambre.

—Así que eres el conejito —dijo Martin finalmente, su voz ronca como lija sobre madera—. Roberto no exageraba.

Yarot se levantó, su erección evidente bajo la tela azul ajustada. Necesitaba moverse, necesitaba algo. Caminó hacia el pasillo que conducía a los dormitorios, sintiendo la mirada de Martin clavada en sus nalgas.

No había llegado ni a la mitad del pasillo cuando sintió manos mayores y fuertes agarrándolo por la cintura. Martin lo jaló hacia atrás, su cuerpo pegándose al de Yarot.

—Qué culito tan rico, conejito —sopló Martin en su oreja mientras una mano se deslizaba por su abdomen hasta apretar su miembro erecto sobre la pantaloneta—. Roberto me dijo que estabas disponible.

Los dedos de Martin exploraron, encontraron el borde de la tela y se metieron debajo, tocando piel caliente. Yarot no se resistió. Al contrario, arqueó la espalda, empujando su trasero contra la erección que notaba en los pantalones de Martin.

—Sí, sí estoy —respondió Yarot con voz temblorosa.

Martin giró a Yarot y lo empujó suavemente hacia el dormitorio del padre. La puerta estaba abierta. Dentro, la cama estaba deshecha, el olor de su padre impregnaba las sábanas.

—Aquí mismo —dijo Martin, casi como una pregunta y una afirmación a la vez—. En la cama de tu papá.

Yarot asintió, su corazón martilleando en el pecho. Martin lo tomó por los hombros y lo lanzó sobre el colchón. El joven rebotó una vez antes de que el hombre se tirara encima de él. El peso de Martin lo aplastaba deliciosamente, lo hacía sentir pequeño y vulnerable. Martín lo repellaba mientras le pasaba la lengua por el cuello y las orejas a Yarot, y le decía lo rico que sabía y le culpaba que despertará este deseo por recibir en pantaloneta y casi desnudo a los visitantes.

Las manos de Martin abrieron sus piernas, las levantaron y las colocaron sobre sus hombros. La posición dejó a Yarot completamente expuesto, su ano palpitando bajo la tela azul que Martin se apresuró a chupar y luego bajar la pantaloneta hasta sus rodillas.

—Conejito sucio —gruñó Martin mientras sacaba su miembro, grueso y con venas prominentes—. Te voy a reventar la próstata.

Yarot sintió la cabeza caliente del miembro de Martin presionando su entrada. No hubo lubricación, solo la fuerza bruta del deseo y el precum del hombre mayor. El hombre penetró con un jadeo que mezcló dolor y placer en un solo instante.

—Dime, conejito —dijo Martin mientras comenzaba a moverse, cada embestida más profunda que la anterior—. ¿Desde cuando Roberto te tiene como su juguete?

Yarot gimió, sus manos agarrando las sábanas que olían a su padre. —Desde… desde los once —logró decir entre jadeos—. Fue después del partido de fútbol.

Martin aceleró su ritmo, sus testículos golpeando el culo de Yarot con sonidos húmedos. —¿Qué pasó en ese partido?

—Ganamos —gimió Yarot, sintiendo cómo Martin le masajeaba la próstata con cada embestida—. Roberto me dio un premio.

—Te folló —corrigió Martin, su voz llena de posesión—. Te marcó como su propiedad. ¿Y qué te parece estar siendo culeado en el cuarto de tu padre?

La pregunta hizo que Yarot se estremeciera. La idea, la perversión de la situación, lo llevó al borde. —Me… me encanta —admitió con voz rota—.

Martin sonrió, un gesto salvaje en el rostro del hombre mayor. —Buen conejito. Bueno para Roberto, bueno para mí.

El ritmo de Martin se volvió frenético, desesperado. Yarot sentía cómo su propio miembro goteaba presemen sobre su abdomen. El olor a sexo llenaba la habitación, mezclándose con el aroma familiar del dormitorio de su padre.

—Roberto me dijo que eras el mejor —jadeó Martin, sus movimientos volviéndose erráticos—. Tenía razón. Este culo… este culo fue hecho para ser usado.

Yarot arqueó la espalda, sintiendo el orgasmo aproximarse como una marea. —Sí, sí, úsame —suplicó—. Lléname, por favor.

—¡Estás siendo culeado en el cuarto de tu padre, puerco! —grita Martín—. ¡En su cama!

Martin respondió con una última embestida profunda, su cuerpo tensándose mientras liberaba un torrente de semen caliente dentro del ano de Yarot. El joven sintió cada espasmo, cada gota llenándolo, marcándolo.

Justo en ese momento, escucharon el sonido característico de un coche deteniéndose afuera.

Martin se retiró de golpe, su miembro saliendo con un pop húmedo. Yarot permaneció en la cama, las piernas abiertas, el semen comenzando a escurrirse de su ano dilatado.

—Rápido —dijo Martin, arreglándose apresuradamente los pantalones—. Vístete.

Yarot se incorporó con dificultad, sus músculos temblando. Mientras se subía la pantaloneta azul, sintió el semen de Martin mojando la tela. La puerta de la sala se abrió justo cuando se estaba ajustando.

—¿Todo bien aquí? —preguntó su padre desde el umbral, sosteniendo un cartón de cervezas.

Martin sonrió, completamente compuesto. —Solo estábamos conversando. Tu hijo es un joven muy interesante.

Yarot sintió cómo el semen continuaba escurriéndose por sus piernas mientras se encontraba de pie y sonreía a su padre, sabiendo que olía a sexo y a otro hombre. El conejito había sido cazado.

7 Lecturas/28 julio, 2026/0 Comentarios/por Futbolista morboso
Etiquetas: culo, hijo, mayor, mayores, orgasmo, padre, semen, sexo
Compartir esta entrada
  • Facebook Facebook Compartir en Facebook
  • X-twitter X-twitter Compartir en X
  • Whatsapp Whatsapp Compartir en WhatsApp
  • Paper-plane Paper-plane Compartir en Telegram
Quizás te interese
Me vuelve loco una nena de 12 años
Por ser como soy es que en ocasiones mi familia y amistades me llaman loca, y en otras puta
Mi primera vez con mi mejor amigo
Abuso de Poder – Capitúlo II Planes Fracasados
Mi mamá la mejor amante
Mi primera experiencia en el Seminario.
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.

Siguenos en X/Twitter
Únete a nuestro grupo en Telegram

Buscar relatos

Search Search

Categorías

  • Bisexual (1.512)
  • Dominación Hombres (4.726)
  • Dominación Mujeres (3.440)
  • Fantasías / Parodias (3.846)
  • Fetichismo (3.108)
  • Gays (23.407)
  • Heterosexual (9.187)
  • Incestos en Familia (19.863)
  • Infidelidad (4.862)
  • Intercambios / Trios (3.437)
  • Lesbiana (1.235)
  • Masturbacion Femenina (1.139)
  • Masturbacion Masculina (2.203)
  • Orgias (2.319)
  • Sado Bondage Hombre (501)
  • Sado Bondage Mujer (219)
  • Sexo con Madur@s (4.907)
  • Sexo Virtual (287)
  • Travestis / Transexuales (2.631)
  • Voyeur / Exhibicionismo (2.802)
  • Zoofilia Hombre (2.387)
  • Zoofilia Mujer (1.744)
© Copyright - Sexo Sin Tabues 3.0
  • Link to X Link to X Link to X
  • Link to Telegram Link to Telegram Link to Telegram
  • Aviso Legal
  • Política de privacidad
  • Normas de la Comunidad
  • Contáctanos
Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba