Yarot despierta aplastado por un cuerpo enmascarado que lo lame y lo penetra sin aviso. Cree que es Roberto o Martin, pero la voz y la lengua no le dicen nada..
Yarot, desnudo de torso en el sofá de su casa bajo la luz opresiva de la tarde, sufre la persecución silenciosa de Roberto, el amigo de su padre, que abusa de su espacio en el estrecho pasillo hacia la cocina..