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Dominación Hombres, Fantasías / Parodias, Gays

Futbolista, viejo morboso y secretos III

Yarot despierta aplastado por un cuerpo enmascarado que lo lame y lo penetra sin aviso. Cree que es Roberto o Martin, pero la voz y la lengua no le dicen nada..
La casa se queda en silencio cuando el último de los amigos del padre de Yarot cierra la puerta principal. El ruido de los motores se aleja por la calle y Yarot camina por el pasillo oscuro hacia su cuarto. El cansancio del día le pesa en los hombros como una manta empapada. Empuja la puerta de su habitación, deja que el frescor de las sábanas lo reciba. Se queda solo con la pantaloneta azul de Colombia, esa corta que le marca cada línea del cuerpo. Se tira boca abajo sobre la cama, hundiendo la cara en la almohada. Los músculos se relajan uno a uno. La oscuridad del cuarto lo traga entero y se duerme.

La madrugada entra por la ventana como una visita incómoda. Yarot despierta de golpe. Un peso lo aplasta contra el colchón. Un cuerpo entero sobre el suyo, pesado, caliente, que lo presiona contra las sábanas. Parpadea en la penumbra y alcanza a ver —sobre su hombro— una máscara negra de ladrón, esos agujeros para los ojos, esa tela que cubre la mitad del rostro. El corazón le da un vuelco. Luego se acomoda. Roberto. Martin. Cualquiera de ellos. Tiene que ser uno de los amigos de su padre. Se queda quieto. Sigue el juego.

El hombre le aparta el cabello de la nuca con la nariz. Le pasa la lengua por la oreja, lenta, húmeda, dibujando el borde del cartílago con la punta. Baja al cuello, lame la línea donde el pelo termina y la piel se vuelve suave. Recorre la espalda de Yarot con trazos largos, desde la nuca hasta la zona lumbar, donde la pantaloneta azul se curva sobre el culo. Yarot gime. Suena apagado contra la almohada. Pero algo no cuadra. Los lengüetazos son distintos. Más amplios. Más húmedos. La textura de la lengua sobre su piel tiene una aspereza que no reconoce. No es Roberto. No es Martin. El pensamiento se le escurre entre los dedos cuando la boca del hombre baja más.

Le tira de la pantaloneta azul con un tirón seco. La tela se le encaja en los muslos y luego cede. El aire fresco de la madrugada le toca el culo expuesto. El hombre separa los glúteos con manos grandes —más grandes que las que recuerda— y mete la cara. Le lame el agujero con una lengua ancha y húmeda, trazando círculos lentos alrededor del borde. Yarot arquea la espalda. Los dedos se le aferran a las sábanas. El hombre empuja la lengua adentro, la gira, la saca, la vuelve a meter. Yarot respira con la boca abierta contra la almohada, que ya huele a saliva y a sudor.

El hombre se incorpora. Yarot observa de reojo como el hombre se baja la pantaloneta, también de fútbol, una pantaloneta que le parece similar. Siente la punta del culo húmedo abrirse cuando el hombre se acomoda encima de él. Lo penetra de un solo empujón, boca abajo, aplastándolo contra el colchón. Yarot suelta un gemido que la almohada absorbe. El hombre se inclina sobre su oído y le dice:

—Te dejaron bien abierto, puto, pero no los culpo, sabes delicioso.

Las palabras le caen en la oreja como un balde de agua fría. No es Roberto. No es Martin. No sabe quién es. Pero el cuerpo le responde antes que la cabeza. El agujero se le aprieta alrededor de la polla del desconocido y el hombre empieza a moverse. Lento al principio. Luego más rápido. Más duro. Cada embestida empuja a Yarot contra el colchón y la cama se desplaza medio centímetro cada vez. El cabecero golpea la pared. Un golpe sordo. Otro. Otro.

—No hagas tanto ruido —susurra Yarot, girando la cabeza hacia la pared—. Mi padre duerme.

El hombre no responde. Clava las manos en los hombros de Yarot y lo penetra más fuerte. La cama golpea la pared con más fuerza. El ritmo se vuelve una sucesión de choques secos: madera contra yeso, piel contra piel, el culo de Yarot recibiendo cada embestida con un sonido húmedo. Yarot muerde la almohada para no gritar. La polla del desconocido le entra hasta el fondo, le estira el agujero, lo llena, literalmente lo está violando.

El hombre se detiene. Lo agarra de las caderas y lo voltea. Yarot cae de espaldas. Las piernas le quedan colgando. El desconocido las levanta, se las pone sobre los hombros —los tobillos cruzados detrás de la nuca del hombre— y se inclina sobre él. Lo penetra de nuevo. En esta posición entra más hondo. Yarot abre la boca y grita. El hombre le pone una mano en el cuello. Lo aprieta duro, como atrapándolo para que no escape. Lo mantiene en su sitio.

Con la mano libre, el hombre se quita la máscara. Se la levanta por encima de la cabeza y la tira sobre la cama. Yarot lo mira por primera vez sin la tela y los dos se quedan viendo a los ojos. Yarot, reconoce el rostro de su padre. El padre le sonríe con la boca abierta, sudando, y acelera el ritmo, mientras le dice: llevo años preparando esto, ahora todo cambiará en esta casa. Yarot trata de reaccionar, pero no puede, las embestidas se vuelven cortas y brutales. El cabecero golpea la pared como un martillo. La mano del padre se cierra un poco más sobre el cuello de Yarot.

—Puerquito te voy a llenar las tripas de hermanitos —le dice.

El padre se queda clavado hasta adentro. Yarot siente la polla palpitar, los espasmos de su padre dentro de él, el calor del semen llenándole el culo. Su padre empuja una, dos, tres veces más, sacando cada gota. Luego se queda quieto. Respira sobre la cara de Yarot. Las piernas de Yarot se deslizan de los hombros de su padre y caen a los lados. El padre se inclina, le da un beso en la comisura de la boca y se incorpora. Recoge la máscara y las pantalonetas del suelo. Camina hacia la puerta y le dice a su hijo: me voy a llevar tu pantaloneta, ahora sí, duerme.

La habitación queda en silencio. Yarot se queda boca arriba, con las piernas abiertas y temblando, el semen de su padre escurriéndole por el agujero y no solo eso, también un hilo de sangre se desparrama sobre las sábanas. El cabecero de la cama ha dejado una marca en la pared. Yarot, no logra entender lo que pasó y se queda viendo el techo de su cuarto en shock.

11 Lecturas/4 de octubre de 2026/0 Comentarios/por Futbolista morboso
Etiquetas: amigos, culo, hijo, metro, padre, polla, puto, semen
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