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Dominación Hombres, Gays, Incestos en Familia

Iniciación Ilegal: Sexo Anal con mi Primo Menor (IA)

Mi primo menor, inocente como bebé. Lo corrompí, lo masturbé, le metí dedos en el ano. Próximo paso: su primera penetración anal real.

La Lección de Ismael

La puerta se cerró con un golpe seco, seguida del ruido lejano del motor del coche alejándose por la calle empedrada. Rodrigo se quedó parado en el centro de la sala, con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón de chándal. Tenía dieciocho años recién cumplidos, ese año había terminado el instituto, y todavía se sentía incómodo en su propio cuerpo —todo huesos y piel estirada, con un vello oscuro que empezaba a poblarle el pecho y la línea del ombligo hacia abajo.

Ismael estaba recostado en el sofá, sus veintiocho años se leían en la confianza con la que ocupaba el espacio. Llevaba solo un pantalón corto de deporte, el torso desnudo mostrando músculos definidos que Rodrigo envidiaba en secreto. Su primo mayor había venido de visita desde Barcelona, y durante toda la semana Rodrigo había sentido una extraña tensión cada vez que Ismael lo miraba de cierta manera.

—Por fin se fueron —dijo Ismael, su voz grave resonando en la sala vacía—. Tienen costumbre de dejarte solo, primo?

Rodrigo se encogió de hombros, sintiendo el rubor subirle al cuello sin entender por qué.

—Solo cuando vienes tú. Dicen que me «cuidas».

Ismael soltó una risa baja, casi gutural. Se incorporó en el sofá, apoyando los codos en las rodillas, y estudió a Rodrigo con una intensidad que hizo que el younger primo bajara la mirada.

—Ven aquí. Siéntate.

Rodrigo obedeció, tomando asiento en el otro extremo del sofá. La tela de cuero crujió bajo su peso. Podía oler el desodorante de Ismael, algo amaderado y masculino que llenaba sus pulmones.

—Rodri —comenzó Ismael, y el apodo cariñoso sonó extrañamente íntimo en sus labios—. Tengo que hacerte unas preguntas. Y necesito que seas completamente honesto conmigo. ¿Entendido?

Rodrigo asintió, su garganta repentinamente seca.

—¿Tú… sabes cómo funciona eso del sexo? —Ismael inclinó la cabeza, sus ojos oscuros fijos en los de Rodrigo—. Digo, más allá de lo que cuentan en el instituto. ¿Sabes cómo se masturba un hombre?

La pregunta cayó como una piedra en el agua. Rodrigo sintió que su cara ardía.

—Yo… quiero decir… he visto cosas en internet —tartamudeó—. Pero no sé si… quiero decir, no estoy seguro de si lo hago bien. O si lo hago en absoluto.

Ismael sonrió, una sonrisa lenta que mostró dientes blancos.

—¿Y cómo lo haces, exactamente? Cuéntame.

Rodrigo tragó saliva. La conversación había tomado un giro que no esperaba, pero la curiosidad —y algo más, algo que no quería nombrar— lo mantuvo sentado.

—A veces… a veces me toco —confesó, su voz apenas un susurro—. Por la noche. En la cama. Pero no sé si es eso, o si… —se interrumpió, avergonzado.

—Muéstrame —dijo Ismael, y su tono no admitía discusión.

—¿Qué?

—Quiero ver cómo lo haces. Así sabré qué necesitas aprender.

Rodrigo parpadeó, incredulidad y excitación mezclándose en su estómago en una combustión confusa. Esto estaba mal, ¿verdad? Ismael era su primo. Pero también era el único adulto que le hablaba de estas cosas sin vergüenza.

—Aquí… ¿ahora? —miró hacia la puerta, como si los padres pudieran volver en cualquier momento.

—Aquí y ahora —confirmó Ismael, y su mano se extendió, tomando la muñeca de Rodrigo—. Confía en mí, primo. Solo quiero enseñarte. Todo el mundo debería tener a alguien que le enseñe.

La mano de Ismael era cálida y fuerte. Rodrigo se dejó guiar, dejando que Ismael tirara suavemente de él hasta que estuvo de pie frente al sofá.

—Bájate los pantalones —ordenó Ismael, y su voz había bajado de tono, volviéndose áspera.

Con dedos temblorosos, Rodrigo bajó el chándal y los calzoncillos de una vez. Su pene quedó expuesto, semi-erecto ya por la tensión del momento, colgando pesado entre sus piernas. Tenía un buen tamaño para su edad, pensó Rodrigo con una punta de orgullo, aunque no sabía si eso importaba.

Ismael se quedó en silencio durante un momento largo, sus ojos recorriendo el cuerpo desnudo de su primo. Cuando habló, su voz sonó estrangulada.

—Tienes un buen miembro, Rodri. ¿Alguna chica lo ha tocado?

—N-no —Rodrigo negó con la cabeza—. Nunca he… con ninguna chica.

Ismael asintió lentamente, como si esta información confirmara algo.

—Entonces déjame enseñarte cómo un hombre se toca a sí mismo. Pero primero, quiero que veas cómo lo hago yo.

Sin apartar la mirada de los ojos de Rodrigo, Ismael se bajó el pantalón corto. No llevaba ropa interior. Su pene ya estaba erecto, grueso y oscuro, curvándose hacia su abdomen. Era más grande que el de Rodrigo, más grueso, con venas prominentes que Rodrigo no podía dejar de mirar.

—Esto es lo que se siente cuando estás realmente excitado —dijo Ismael, envolviendo su mano alrededor de su propia erección—. No a medias. Completamente duro.

Rodrigo observó, hipnotizado, mientras Ismael comenzaba a mover su mano arriba y abajo, despacio, mostrando cada movimiento. La piel se deslizaba sobre la carne dura, el glande apareciendo y desapareciendo bajo el puño.

—Ahora tú —dijo Ismael, deteniéndose—. Tócate. Quiero ver cómo lo haces.

Rodrigo envolvió su propio pene con la mano derecha, imitando el agarre de Ismael. Estaba más erecto ahora que nunca, dolorosamente duro, y el tacto de su propia mano le hizo jadear.

—Así —murmuró Ismael, observando cada movimiento—. Pero más lento. No es una carrera. Siente cada centímetro.

Rodrigo obedeció, reduciendo la velocidad. Su respiración se volvió pesada.

—Bien —Ismael asintió, aprobación en su voz—. Ahora ven aquí. Siéntate a mi lado. Quiero tocarte yo mismo. Así sentirás la diferencia.

Rodrigo dudó, su mano todavía en su propio miembro.

—¿Ismael… esto está bien?

Ismael sonrió, y en esa sonrisa había promesas oscuras.

—Esto es solo entre nosotros, primo. Nuestro secreto. Y créeme, voy a enseñarte cosas que nunca olvidarás.

Rodrigo se movió, dejando que Ismael lo guiara hacia el asiento junto a él, sus cuerpos desnudos de cintura para abajo rozándose por primera vez. La mano de Ismael ya se extendía, lista para tomar el control.

Ismael miró fijamente la erección de su primo, su propia sangre martilleándole en las sienes. Dios, está perfecto, pensó, sintiendo cómo su propio miembro palpitaba contra su abdomen. Dieciocho años, virgen, y ni siquiera sabe cómo tocarse bien. Voy a ser el primero en enseñarle. Voy a ser el primero en todo.

—Ven —repitió Ismael, y su voz salió más ronca de lo que pretendía—. Siéntate aquí, junto a mí.

Rodrigo obedeció, sus muslos temblorosos rozando el cuero del sofá. Su pene se balanceaba con cada movimiento, la punta ya brillante con una gota de líquido transparente que Ismael no podía dejar de mirar.

Esa humedad, pensó Ismael mientras tomaba la muñeca de Rodrigo para guiarlo, esa es la excitación pura. Quiere esto, aunque no lo entienda todavía. Y yo voy a hacer que entienda todo.

—Extiende tu mano —ordenó Ismael, tomando la palma de Rodrigo y escupiendo en ella una vez, dos veces—. La saliva es mejor que nada cuando no tienes lubricante. Siempre escupe en tu mano antes de tocarte, ¿entendido?

Rodrigo asintió, sus ojos vidriosos fijos en cómo Ismael escupía en su propia palma y luego envolvía el miembro de su primo.

—Ismael… —jadeó Rodrigo cuando la mano húmeda cerró alrededor de su eje.

—Shhh —Ismael acercó su boca al oído de Rodrigo—. Solo siente. Escucha.

Ismael comenzó a mover su puño, lento al principio, dejando que la piel se deslizara. El prepucio de Rodrigo se movía con cada caricia, cubriendo y descubriendo el glande rosado y sensible.

Chack. Chack. Chack.

El sonido resonaba en la sala silenciosa, húmedo y obsceno. Ismael cerró los ojos por un segundo, saboreando el sonido. Eso es, pensó, el sonido de su virginidad desapareciendo. Voy a hacer que me recuerde para siempre. Voy a marcarlo.

—¿Sientes eso? —susurró Ismael contra el cuello de Rodrigo, acelerando el ritmo—. ¿Sientes cómo se desliza? Tu prepucio es muy sensible, Rodri. No lo aprietes demasiado. Déjalo moverse.

Rodrigo jadeaba, su espalda arqueada contra el respaldo del sofá. Sus manos se agarraban a los cojines, los nudillos blancos.

—Dios… Ismael… eso es…

—¿Demasiado? —Ismael sonrió, cruel y excitado—. Todavía no has visto nada.

Ismael usó su mano libre para tomar la muñeca de Rodrigo y guiarla hacia su propio miembro. La mano de Rodrigo era más pequeña, más suave, insegura.

—Tócame —ordenó Ismael—. Haz lo que hago yo. Quiero sentir tus dedos en mí.

Rodrigo envolvió tímidamente la erección de Ismael, su mano apenas cerrando alrededor de la circunferencia. La piel era diferente a la suya —más gruesa, más venosa, el prepucio más corto que dejaba casi siempre descubierto el glande.

—Escupe —instruyó Ismael—. Escupe en tu mano o me harás daño.

Rodrigo obedeció, escupiendo en su palma, y luego comenzó a moverse, imitando el ritmo que Ismael mantenía en su propio cuerpo.

Chack-chack-chack. Chack-chack-chack.

El sonido se duplicaba ahora, un ritmo obsceno de dos manos trabajando carne húmeda. Ismael miraba hacia abajo, fascinado por la vista de sus dos miembres siendo masturbados, el líquido preseminal mezclándose en sus puños, haciendo todo más resbaladizo, más sucio.

Lo voy a hacer venir primero, pensó Ismael, observando la cara extasiada de Rodrigo—. Y luego voy a hacer que me toque hasta que explote. Y quiero ver su cara cuando sienta el semen por primera vez. Quiero ver si se atreve a probarlo.

—Estás cerca —observó Ismael, sintiendo cómo el pene de Rodrigo se endurecía aún más, si eso era posible—. Siento que estás a punto. Pero no te vengas todavía.

—No puedo… no puedo controlarlo… —gimió Rodrigo, sus caderas empujando hacia arriba contra el puño de Ismael.

—Sí puedes —Ismael soltó el miembro de Rodrigo de golpe, haciendo que el younger primo gritara de frustración—. Pero primero vas a hacer algo por mí.

Ismael se incorporó, poniéndose de pie frente al sofá. Su pene estaba a la altura de la cara de Rodrigo, enorme y palpitante, la punta brillando con líquido.

—Ábrete —ordenó Ismael, tomando la cabeza de Rodrigo con ambas manos—. Quiero que me hagas venir en tu boca.

—¿Qué? No, Ismael, eso es… eso es demasiado… —Rodrigo intentó retroceder, pero las manos de Ismael eran firmes en su cráneo.

—Solo prueba —Ismael empujó sus caderas hacia adelante, frotando la punta húmeda contra los labios cerrados de Rodrigo—. Solo la punta. Luego decides si sigues o no.

Rodrigo miró hacia arriba, encontrándose con los ojos oscuros y dilatados de su primo. Había algo allí, una mezcla de dominación y súplica, que lo paralizó.

—Abre, Rodri —susurró Ismael—. Por favor.

Rodrigo separó los labios, apenas un poco. Fue suficiente. Ismael empujó hacia adelante, deslizando la cabeza bulbosa entre los labios de su primo, sintiendo el calor húmedo de su boca virgen.

—Dios, sí… —gruñó Ismael, sus dedos enterrándose en el cabello de Rodrigo—. Ahora usa tu lengua. Lame la punta.

El sabor era salado, metálico, extraño. Rodrigo quiso retroceder, pero las manos de Ismael lo mantenían firme. Sentía el pulso del miembro de su primo contra su lengua, la humedad constante que goteaba en su boca.

No me gusta, pensó Rodrigo, sabe raro, es demasiado grande, no puedo respirar bien…

Pero entonces Ismael comenzó a moverse, empujando y retrocediendo, y la mano de Ismael se deslizó hacia abajo, encontrando el pene de Rodrigo todavía erecto, y comenzó a masturbarlo de nuevo.

Chack-chack-chack.

El sonido de la mano en su propi miembro, mezclado con los jadeos de Ismael y el sonido húmedo de la carne entrando y saliendo de su boca, creó un torbellino de sensaciones. Rodrigo se encontró moviendo su lengua, no porque quisiera, sino porque el placer de su propio cuerpo lo obligaba a responder.

—Eso es… eso es… —Ismael jadeaba, sus caderas perdiendo el ritmo, volviéndose erráticas—. Voy a venirme, Rodri. Voy a venirme en tu boca. Trágalo todo. Traga…

Ismael empujó profundo, más profundo de lo que Rodrigo podía manejar, y explotó. El semen golpeó la parte posterior de la garganta de Rodrigo en espasmos calientes y espesos. Una, dos, tres, cuatro pulsaciones, cada una llenando más la boca de Rodrigo.

El sabor fue abrumador. Rodrigo intentó retroceder, pero Ismael lo mantuvo firmemente sujeto, obligándolo a aceptar todo.

—Traga —ordenó Ismael, su voz gutural, animal—. Traga o te ahogarás.

Rodrigo tragó por instinto, sintiendo el líquido caliente deslizándose por su garganta. Era salado, amargo, con un regusto que se quedó en su lengua. Cuando Ismael finalmente se retiró, Rodrigo jadeó, escupiendo un poco de semen residual en su barbilla.

—No… no me gustó —tartamudeó Rodrigo, limpiándose la boca con el dorso de la mano, sus ojos vidriosos—. Ismael, eso fue…

—Shhh —Ismael se arrodilló frente a él, tomando su cara entre las manos—. La primera vez nunca es agradable. Pero mira…

Ismael señaló hacia abajo. El pene de Rodrigo seguía erecto, quizás más duro que antes, goteando líquido preseminal en un hilo que llegaba hasta el suelo.

—Tu cuerpo sí le gustó —sonrió Ismael—. Y ahora voy a termir lo que empecé. Y esta vez, vas a venirte tan fuerte que olvidarás el sabor.

Ismael bajó la cabeza, tomando a Rodrigo profundamente en su boca, y comenzó a succionar con un ritmo brutal.

Chack. Chack. Chack.

El sonido llenó la sala, acompañado de los gritos de Rodrigo.

Rodrigo gritó, sus caderas convulsionándose, y se vació en la boca de Ismael con espasmos que le recorrieron la espalda. Ismael tragó todo, lamiendo los labios con una sonrisa satisfecha.

—Eso es, primo —susurró, acariciando el muslo tembloroso de Rodrigo—. Ahora ya sabes cómo se siente.

Una semana después, en un encuentro rápido mientras lavaban el coche, Ismael hizo que Rodrigo lo masturbara de nuevo hasta venirse en sus manos. Rodrigo ya no dudó tanto, aunque sus mejillas siguieron sonrojadas.


La Segunda Lección

Esta vez era diferente. Rodrigo llegó al apartamento de Ismael con las manos sudorosas, pero no de miedo. Era… anticipación. Desde que se había ido la semana pasada, no podía dejar de pensar en ello. En las manos de Ismael, en la boca, en la sensación de perder el control.

Ismael lo recibió con una sonrisa perezosa, ya en pantalones cortos, sin camisa.

—Tengo algo que mostrarte —dijo Ismael, tomando la mano de Rodrigo y llevándolo al dormitorio—. Ya no eres un niño, Rodri. Es hora de que veas lo que realmente pueden hacer dos hombres.

La laptop estaba abierta en la cama. Ismael la giró hacia ellos y presionó play.

Rodrigo contuvo el aliento. En la pantalla, dos hombres desnudos aparecían de espaldas a la cámara. Uno estaba arrodillado, el otro detrás de él.

—Esto es el sexo anal —explicó Ismael, su voz baja junto al oído de Rodrigo—. Mira.

El hombre de atrás escupió en su mano, lubricó su miembro, y empujó hacia adelante. El otro hombre gritó, su espalda arqueándose, pero no era un grito de dolor. Era de placer.

Rodrigo sintió su propio pene endurecerse instantáneamente, presionando contra su pantalón.

—¿Duele? —preguntó Rodrigo, aunque su voz sonaba más emocionada que asustada.

—Al principio —admitió Ismael, su mano deslizándose por el pecho de Rodrigo—. Pero luego… mira su cara. Mira cómo le gusta.

En la pantalla, el hombre que recibía movía sus caderas hacia atrás, encontrando cada embestida, su miembro meciéndose pesado entre sus piernas.

—Quiero que tú me hagas eso —susurró Ismael, mordiendo el lóbulo de la oreja de Rodrigo—. Quiero sentirte dentro de mí, Rodri. Sin miedo esta vez. ¿Quieres?

Rodrigo tragó saliva, sus ojos fijos en la pantalla donde el ritmo se volvía brutal, donde los cuerpos chocaban con sonidos húmedos.

—Sí —dijo Rodrigo, y esta vez no dudó—. Quiero intentarlo.

Ismael sonrió, cerrando la laptop y tomando la mano de Rodrigo para llevarla a su propio cuerpo, ya desnudo.

—Entonces prepárate, primo —dijo Ismael, guiando a Rodrigo hacia la cama—. Esta lección va a durar toda la noche.

Rodrigo tragó saliva, sus ojos fijos en la pantalla donde el ritmo se volvía brutal, donde los cuerpos chocaban con sonidos húmedos.

—Sí —dijo Rodrigo, y esta vez no dudó—. Quiero intentarlo.

Ismael sonrió, cerrando la laptop y tomando la cara de Rodrigo entre sus manos.

—Entonces prepárate, primo —dijo Ismael, su pulgar acariciando la mejilla de Rodrigo—. Esta noche voy a ser yo quien te tome. Voy a ser tu primero.

Rodrigo sintió un escalofrío que mezclaba nerviosismo con excitación, pero cuando Ismael lo besó, profundo y dominante, el miedo se disolvió en pura anticipación.

—Quiero que me hagas eso —susurró Rodrigo contra la boca de Ismael—. Quiero sentirte dentro de mí.

Ismael gruñó, empujando a Rodrigo hacia la cama.

—Entonces quítate los pantalones —ordenó Ismael, ya desnudándose—. Y ponte de rodillas. Te voy a preparar para que no te duela… mucho.

Rodrigo obedeció, su corazón martilleando en su pecho, su pene erecto y goteando contra su vientre mientras se posicionaba para su primo.

Ismael se inclinó sobre la mesita de noche, sacando un tubo pequeño de gel transparente. Lo apretó sobre sus dedos, mostrándoselo a Rodrigo.

—Esto es especial —explicó Ismael, su voz baja—. Adormece un poco, lubrica mucho. Para que tu primera vez no sea dolorosa.

Rodrigo asintió, su respiración agitada mientras se arrodillaba en la cama, el rostro apoyado en las almohadas, las nalgas expuestas hacia Ismael. Su piel era suave, completamente depilada, sin una sola sombra de vello. Entre sus nalgas, su ano se veía pequeño, rosado, casi infantil en su inocencia, un anillo de carne arrugada y limpia que palpitaba ligeramente con cada resp nerviosa de Rodrigo.

—Dios, estás perfecto —murmuró Ismael, acariciando con la yema de su dedo aquel botón sin abrir—. Como un bebé, Rodri. Tan limpio, tan suave.

Rodrigo gimió, avergonzado y excitado a la vez.

—No me mires tanto…

—Cállate y abre —ordenó Ismael, y su dedo índice, cubierto de gel frío, tocó el centro de Rodrigo.

El contacto hizo que Rodrigo jadeara. El gel era helado al principio, pero se calentaba rápido. Ismael masajeo el exterior en círculos lentos, sintiendo cómo el músculo se relajaba bajo su tacto, cómo ese anillo rosado se ablandaba invitadoramente.

—Voy a meter un dedo —avisó Ismael—. Relaja. Respira.

Empujó suavemente, la yema de su dedo encontrando resistencia por un segundo, y luego cediendo. Rodrigo soltó un gemido largo, sus dedos agarrando las sábanas con fuerza.

—Duele…

—Es solo presión —Ismael acarició la espalda de Rodrigo con la mano libre—. No dolor. Respira, Rodri. Deja que entre.

El dedo de Ismael se deslizó más profundo, rodeado por el calor apretado del interior de Rodrigo. Era increíblemente suave allí dentro, una pared tersa y cálida que palpitaba contra su dedo.

Chack.

El sonido húmedo del gel mezclándose con la carne mientras Ismael movía su dedo, entrando y saliendo lentamente, acostumbrando a Rodrigo a la sensación.

—Así —murmuró Ismael—. Eso es. ¿Sientes mi dedo dentro de ti?

—Sí… —jadeó Rodrigo, su voz estrangulada—. Se siente… raro. Lleno.

Ismael comenzó a moverse con más confianza, su dedo curvándose ligeramente, buscando. Cuando lo encontró, el punto sensible en la pared frontal, Rodrigo gritó, sus caderas empujando hacia atrás instintivamente.

—¡Ahí! ¡Ismael, ahí!

—Esa es tu próstata —sonrió Ismael, masajeando ese punto con la yema de su dedo—. Tu punto de placer. Ahora voy a poner dos dedos. Quiero abrirte más, pero no voy a penetrarte con mi pene todavía. Todavía no estás listo para eso. Pero vas a venirte con mis dedos dentro de ti, Rodri. Vas a tener el mejor orgasmo de tu vida.

Ismael retiró su dedo, escupió más gel en su mano, y luego presionó dos dedos contra la entrada de Rodrigo. Esta vez la resistencia fue menor, el gel haciendo su trabajo, adormeciendo y lubricando. Empujó, girando sus dedos, abriendo a Rodrigo con movimientos circulares.

—Dios… son dos… —Rodrigo jadeaba, su cara enterrada en la almohada—. Ismael, son dos…

—Y ahora tres —ment Ismael cruelmente, aunque solo mantuvo dos, pero los curvó, los separó ligeramente, estirando aquel anillo rosado que se veía tan vulnerable, tan abierto ya.

Chack-chack-chack.

El sonido de los dedos moviéndose en la carne húmeda, el gel haciendo que todo fuera obscenamente resbaladizo. Rodrigo estaba gimiendo constantemente ahora, un sonido bajo y animal que no reconocía como propio.

Ismael usó su mano libre para alcanzar el pene de Rodrigo, que colgaba pesado y duro entre sus piernas. Lo tomó, comenzando a masturbarlo al mismo ritmo que sus dedos entraban y salían de su cuerpo.

—Vas a venirte así —ordenó Ismael—. Con mis dedos en tu culo y mi mano en tu polla. Dime que lo quieres, Rodri. Dime que quieres venirte para mí.

—¡Sí! —gritó Rodrigo, sus caderas moviéndose en contradicción, empujando hacia atrás para recibir más de los dedos, hacia adelante para follar la mano de Ismael—. ¡Haz que me venga, Ismael! ¡Por favor!

Ismael aceleró ambos ritmos, sus dedos golpeando la próstata de Rodrigo con cada embestida, su puño apretando la erección de su primo, deslizándose por la piel cubierta de líquido preseminal.

Chack-chack-chack-chack.

El sonido era ensordecedor, obsceno, el sonido del sexo crudo. Rodrigo se sentía abierto, lleno, dominado completamente por su primo mayor. No había miedo ahora, solo una tensión insoportable que crecía en su vientre.

—¡Voy a… Ismael, voy a…!

—¡Vente! —ordenó Ismael, presionando sus dedos profundo, curvándolos contra la próstata, apretando con fuerza la base del pene de Rodrigo—. ¡Vente ahora, Rodrigo!

Rodrigo explotó. Su orgasmo fue violento, sus paredes internas apretándose alrededor de los dedos de Ismael, su semen saliendo en chorros largos y espesos que mancharon las sábanas debajo de él. Gritó, un sonido ronco y sin palabras, su cuerpo convulsionándose en espasmos que parecían no terminar nunca.

Ismael siguió moviendo sus dedos, masajeando, sacando cada gota de placer hasta que Rodrigo se derrumbó, temblando, contra el colchón.

Ismael retiró sus dedos lentamente, mirando cómo ese ano rosado se cerraba de nuevo, ahora más abierto que antes, brillante con el gel y la humedad. Se inclinó y besó cada nalga, suavemente.

—Eso es solo el comienzo —susurró Ismael—. La próxima vez, cabrá mi pene. Y vas a rogar por él.

Rodrigo yacía inmóvil, jadeando, su cuerpo todavía zumbando con el eco del orgasmo más intenso de su vida.

15 Lecturas/19 septiembre, 2026/0 Comentarios/por Danielaxxx
Etiquetas: anal, culo, follar, mayor, orgasmo, semen, sexo, virgen
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