¿Qué es lo más morboso que has hecho?
Llevó su manita para empezar a masturbarme lento y suave. El puto de su padrastro se lo cogía y lo había entrenado bien, porque se metió mi glande a la boca haciendo que me estremezca y sonría..
*Relato de un seguidor.
Esta historia no es mía, es de un amigo que me abrió a un mundo increíble por allá del 2022.
En ese momento yo tenía 20 años, era de buen cuerpo sin estar mamado, solo marcado del abdomen. Soy de piel clara y alto. Mi mayor pleito con mi mamá era que siempre llegaba tomado o drogado a la casa, hasta que se hartó y me corrió.
Inmediatamente me fuí a la casa de mi amigo Diego a unos minutos caminando, con quien siempre me la pasaba fumando. Cuando se enteró, ofreció darme el antiguo cuarto de su hermanito.
Vivía solo en una casa de dos cuartos, su mamá había fallecido y su hermano de diecisiete vivía con una tía.
Me la pasaba a toda madre con él, fumando todos los días ya sea en el patio de atrás o el de enfrente.
Un tarde, mientras tomaba una siestita escuché que meta a alguien a su cuarto. Me paré y fuí al marco de la puerta, donde le decía a la morrita que yo no me iba a despertar porque andaba pacheco, o sea drogado y que ella no se preocupara.
Empezaron a fajar y quitarse todo, mientras yo los espiaba ya con la verga afuera y bien morcillona.
En eso llamaron a la morra por teléfono y se quedaron a medio palo, porque se fue volando.
Me hice al dormido otra vez mientras Diego entraba a mi cuarto insultando en voz baja.
— No te hagas pendejo, si te vi espiándonos. —me dijo acostándose a mi lado y aventando una almohada.
Diego iba sin camisa y con solo un short sin ropa interior, se le notaba porque la verga se le movía sin descaro.Tenía el cuerpo delgado, moreno y con el abdomen marcado por su trabajo en el mercado.
Yo me levanté riendo y disculpándome, pero él solo se río y movió su mano restándole importancia.
— Todavía la tienes parada, cabrón. —me dijo apuntando a mi short efectivamente abultado.
Amasando mi verga, le dije que estaba muy cachondo porque llevaba unas semanas sin un palito.
— Así ando yo, me dejó a medio palo la perra. —apartó la mano de su short y vi que también la traía parada de lado–. ¿Nos la jalamos?
– Vete a la verga, eso es de putos. —le dije.
Se río, pero le valió verga y se bajó el short de una, sacando su pito. Fue la primera vez que se la veía de cerca.
Su verga era muy morena, casi negra, pero bien venosa y puntiaguda. Me dijo que le medía veinte y sus huevos estaban bien compactos. Se levantó y se fue por un porrito, regresando con la verga hiperparada y fumando.
Se acostó otra vez y comenzó a masturbarse diciendo que ya no aguantaba.
— Eres un puto, cabrón. Veta al baño y te la jalas.
— ¿Qué es lo más morboso que has hecho? —dijo ignorando mis protestas–. Dale, responde para que nos la jalemos y me desleche que hasta doliendo me dejó la verga esa vieja.
Soltó su verga solo para pasarme el porro y mientras le jalaba yo, él seguía acariciando su vergota. A ninguno se le bajaba la erección, tal vez por lo cachondos qué nos tenía la mota. Cedí.
— Me cogí a mi ex en un parque y casi nos cachan. —intenté desviar la mirada de lo que hacía. Escupió en la punta rosada de su verga para seguírsela jalando.
— No, mames. ¿Es lo más morboso que has hecho? Te falta barrio, papá. Estaba esperando una historia rica para que me la jale a gusto y sales con esa mamada.
— ¿Y tú? A ver si muy morboso.
— Pero, nos tenemos confianza, ¿no, cabrón?
— Obvio
— Pues va. ¿Ya viste a la morrita que vive aquí atrás?
Asentí recordando a la niña de prepa que siempre la vemos lavando en el patio, pues ninguno de los dos tiene barda.
— Pues un día que llegué vergueado del trabajo me dormí toda la tarde y me levanté con el pito bien duro. Me desnudé para jalarmela y meterme a bañar, pero no me fijé que tenía las cortinas abiertas
«Cuando volteé ya sin nada, ahí estaba la chamaquita viéndome fijamente. Fingiendo que no la había visto, me la jalé así parado para que viera todo. ¿Creerás que la muy putita nunca apartó la vista?
Yo comencé a calentarme y seguí el ejemplo de Diego, me bajé el short, solo que yo por completo.
Mi verga me mide 18cm, es clarita como mi piel y delgada pero bien venuda, siempre rasurada a diferencia de la base peluda de Diego. Ya la traía bien parada y me sentía caliente cada que bajaba mi mano.
Diego me sonrió viendo que me la jalaba con su historia.
— En eso salió su mamá y yo cagado del susto me aventé al suelo pero me corrí bien rico.
— No mames. ¿Neta? Y… ¿ya te la cogiste?
— Ojalá. Pero está bien sobreprotegida por la vieja de su mamá.
Ambos bien grifos nos quedamos callados, masturbándonos y jadeando.
— Bueno, ahí va una morbosa que nadie más sabe. —le confesé—. Tengo una tía joven que cuando nos visitaba y yo tenía diecisiete, me encerraba en el baño y olía sus calzones usados. Un día hasta la vi desnuda y me la jalaba pensando en ella.
— Que rico. Te la hubieras chingado. Yo a los trece me cogía a una prima lejana.
Yo solo encogí los hombros.
Un momento más de silencio y Diego confesó el motivo de este relato.
— Bueno, ahí te va uno mucho más morboso, pero tienes que decirme que tan abierto eres para escucharlo.
— Mucho. —le dije sin pensarlo.
— ¿Seguro? ¿Neta no le cuentas a nadie?
— ¿Cuándo he contado algo que mas dicho, puto? ¿Y por qué tanto miedo, te comiste una morrita o que pedo?
Se quedó callado, con una mano en la verga y otra dándole una jalada larga a la mota.
— Bueno…
Diego:
Hace unos dos meses, estaba sentado fumando mi porro de mota cuando ya te habías ido. Iba sin playera, solo andaba con un short.
Hay un vecinito que se llama Oscar, tiene siete añitos. Siempre está en la calle porque su mamá es de esas putas que están con el macho y ni atención le ponen a los niños. Así que Oscarín y yo siempre nos saludamos cuando sale a jugar. Es un niño muy lindo, me da ternura. Tiene los ojos claros, la piel blanca y el cuerpecito macizo sin ser un niño gordito.
Esa tarde salió y nadie de los otros niños lo imitó. Estaba sentadito en la banqueta acariciando un gatito cuando me vio.
Cruzó la calle y me saludó.
– Hola, Diego. ¿Ya se fueron tus amigos? —me dijo así bien tierno el chamaco.
— Ya. ¿Y tú qué pedo? ¿Nadie salió hoy?
— No. —dijo con su carita triste—. ¿Juegas conmigo?
— ¿Qué voy a andar jugando contigo? ¿cara de qué me viste? —le dije chingando pero un poco en serio.
Vi que bajó su carita y aunque pacheco y todo, pero me dió pena.
Le pregunté si ya había comido y como cada tarde, me dijo que su mamá había salido anoche y seguía durmiendo. Lo único que llevaba en el estómago era cereal.
Le ofrecí unos tacos que me habían sobrado de esa tarde y lo pasé a mi casa.
El pobre se devoró los tacos mientras me platicaba lo que había hecho en la escuela ayer.
Pero notaba que no me despegaba la mirada del abdomen, casi comiéndome con la mirada y bajaba lentamente su atención a mi bulto.
— ¿Qué tanto me ves?
— Nada. —dijo riendo—. El novio de mi mamá también tiene cuadritos como tú.
— ¿Sí? A poco también lo andas espiando, pinche putito.
Él solo se rió acostumbrado a que yo siempre le hablaba así.
Él seguía platicando y yo me comencé a armar otro purro. Seguí fumando, bien chill cuando me entró ganas de orinar.
Me metí al baño y dejé la puerta abierta, estaba sosteniendo mi verga morena con una mano y fumando mi purro con la otra cuando acabé y volteé a la puerta, Oscar estaba viéndome y cuando hicimos contacto se fue corriendo a la sala.
Salí y lo vi nervioso en el sillón jugando sus deditos.
— Ora, ¿qué me espías? ¿Acaso eres putito?
Oscar tenía la cara roja, roja.
— El novio de mi mamá tiene el pecho bien duro, ¿también tú? —dijo cambiando el tema.
— Pues sí. Mira
Me senté en el sillón y le llevé su mano a mi pectoral, haciendo que me aprete.
Oscar se reía mientras jugaba con mi tetilla. No preví que eso me excitara y dejé que siga.
Comenzó a bajar sus manos y tocar todo mi cuerpo diciendo: «mi padrastro también tiene duro sus brazos, mi padrastro te tiene duro los cuadritos, etc…»
Cada vez me iba prendiendo sentir sus manos y estar bien drogado no ayudaba.
Me paré para cerrar bien la casa, la puerta y las cortinas, prendí la luz porque ya estaba oscuro y fue cuando Oscar vió que llevaba el short bien abultado.
Dejó de comparar mi cuerpo con su padrastro y se quedó callado, rojo, intentando no ver mi verga.
Me senté otra vez y comencé a jugar con mi erección en el short.
— ¿Y sabes si tu padrastro tiene más dura esta?
Me quedó viendo con una cara roja, bajó su mirada y no me contestó.
— Se te ve grande. —dijo viendo sus uñas.
— ¿Cómo sabes? ¿Has visto otras?
Asintió levemente.
— ¿La de tu padrastro?
Asintió otra vez.
— ¿Y cómo lo tocas? ¿Quieres hacerlo conmigo?
Me miró como dudando si era verdad y luego comenzó a sobar mi bulto con su manita.
Me levanté desesperado y me quité el short con todo y bóxer, nada más lo aventé de lado.
Fumé una jalada larga a mi cigarro como buscando huevos ahí, porque ya me estaba dando miedo seguir.
Pero el niño me quedó viendo con una sonrisa cuando vio mi verga ya bien erecta.
Llevó su manita para empezar a masturbarme lento y suave. El puto de su padrastro se lo cogía y lo había entrenado bien, porque se metió mi glande a la boca haciendo que me estremezca y sonría.
Soltó mi verga después de limpiar el precum y me sonrió bien tierno, como si ese pequeño no estuviera tragándose la puntita de mis 20cm.
Se levantó y comenzó a besar mi pecho, lamer mis tetillas y darme besos en la boca. Se ve que el padrastro era bien morboso y amoroso, porque el niño como si fuera adulto me la jalaba mientras me daba piquitos en la boca.
Lo abracé y comencé a quitarle su ropita y por fin vi porqué su padrastro se lo cogía.
Se cargaba tremendo culo blanco, redondo y abierto. Se notaba que le daba seguido, porque tenía cuerpito de niña y la entradita bien redonda.
Me entraron unas ganas tremendas de meter mi cara y lamer, pero tenía la verga tan hinchada que no aguanté.
Lo llevé hasta mi cuarto donde me acosté y él comenzó a restregar su pitito con mi verga.
Oscarin de siete añitos se veía bien inocente, pero estaba bien entrenado.
Solito se puso en 69 y comenzó a meterse mi verga, mamando bien rico. Tuve que flexionar mis piernas porque acostadito no llegaba a mi verga por la diferencias de tamaño.
No le entraba toda, pero mamaba el glande como un experto.
Al fin se me hizo, tenía su colita blanca y redonda para mi solo, así que comencé a besar su colita y luego comencé a comerle el culo como si me lo fueran a arrebatar.
Estuve un ratote pegado, que hasta él dejó de mamar y lo escuchaba sisear acostado en mi panza.
Comencé a devorar su rajita, subiendo mi lengua de sus huevitos a su entradita llenándolo de saliva. El muy putito se que que le encantaba, porque me restregaba su colita como queriendo ensartarse más en mi lengua.
— La tienes más grande que el novio de mi mamá. —me dijo entre suspiros.
– ¿Sí? ¿Te gusta más?
— Sí…
«¿Me la vas a meter?
— ¿Ya te la ha metido?
— Sí, me llega hasta el fondo, pero la tuya se ve muy grande.
Lo acosté boca arriba y ni siquiera me veia a mí el condenado, alzaba su cabeza para ver mi verga.
El putito abría su culito y jugaba su entradita con sus deditos mientras yo escupía mi verga.
Comencé a metérsela ya lubricada y solo llegué pasada la mitad cuando comenzó a quejarse y empujarme. Escupí en su culito y comencé a meter más.
Le dí la última gran jalada a mi purro, soltandole el humo en la boca de Oscarín. El pequeñito tosió y se tapó la nariz.
Le puse una mano en la boca y se la dejé ir al fondó. Abrió grande los ojos y comenzó a forcejear para que se la saque, pero lo agarré bien y comencé a embestirlo bien rico.
No salvajemente, pero definitivamente muy duro.
El niño iba poniéndose rojo y sus lágrimas llegaban a mi mano aún tapando mi boca, pero yo tenía la verga a explotar.
Me pateaba con sus piernas o se estiraba para sacársela, así que lo tomé y lo puse boca abajo apretando sus brazos contra su espalda.
Se le volví a meter y gritó bien feo, que me sacó un susto, tomé su boxercito que era la única prenda que le terminé de quitar en el cuarto y se la metí a la boca.
Comencé a embestirlo levantándome con las rodillas apoyadas en la cama, haciendo que suene mis huevos chocando.
— AY AY AY —gritaba Oscarín, pero ya no se escuchaba llorando.
Se la dejé al fondo y comencé a moverme en circulos muy suave.
— OOHHH —hacía el pequeño de siete.
Me detuve, aguantándome las ganas de correrme, pero lo pude soltar de las manos porque ya no forcejaba.
No dije nada, solo comencé a besarle el cachete pidiendo disculpas por darle tan duro.
Se la saqué y se volteó temblando de las piernas, con los ojos rojos y las marcas de las lágrimas secas.
Se limpió la cara, pero la putita quería seguir.
— Yo me voy bajando mejor. —dijo.
Me acomodé y él se fue bajando en mi verga, a su ritmo.
Por su cuenta no bajaba mucho, pero el mendigo se movía bien rico.
Yo solo pensaba entre gemido desde que edad lo habrán iniciado porque movía su colita bien rico a pesar de haberle roto el culo hace unos minutos.
No aguanté que me bajara tan despacio, sentí la verga a estallar, así que me levanté y lo tomé del culo sentándolo más rápido y sumado a que él seguía dándome sentones los dos estábamos a full.
— AH AH AH AH AH —gemía volteando su carita para ver su culo bajar.
— MMmmm —decía yo con los huevos doliendo de aguantarme las muchas ganas de correrme.
La puta se orinó en mi pecho y yo me corrí en su culito, gritando y apretando su culito.
Hasta mis piernas me temblaron cuando lo solté, pero la perrita quería más.
Me dejé caer a la cama cuando sentí que siga dándome sentones, batiendo la leche de su culito.
Se acercó y le correspondí el beso más morboso que he dado, con una boquita mucho más pequeña que la mía.
Se levantó y se dejó caer a mi lado, donde lo abrace mientras me decía que le dolía su culito.
Le dije que se durmiera y se le pasaría.
Me levanté espantado horas después, con miedo de que preguntaran por él.
Oscar seguía dormido, con los ojitos apretados bien tierno, hasta que bajabas los ojos y lo veías desnudo y bien abierto.
Me cambié y fuí a espiar afuera, justo vi a su mamá vestuda para salir, me vio por la ventana y corrió hacia la casa.
Yo estaba bien culeado que hasta se me bajó lo parcheco.
— Oye, ¿está Oscar contigo?
Yo no sabía si mentir o decir la verdad, no sabía que era peor, pero al final solo asentí.
— Chispas. ¿Te molesta cuidarlo solo hasta la mañanita? Te juro que paso por el tempranito.
Asentí y sin preguntar donde estaba o querer hablar con él, la vieja puta alcanzó a su novio y se fueron.
Regresé al cuarto con mi pequeño amante acostado y lo desperté en plena madrugada para una ronda dos.
— No mames. —le dije a Diego con la verga babeada y ya flácida. Me había corridos desde que contaba como le dió duro y obligado—. Hasta crees que te echaste un morrito y uno de siete que se movía como prostituta…
— Neta wey. —me dijo, con los ojos mega rojos, él se acaba de correr.
«Te lo juro. Sé que suena loco, pero ese niño con siete es bien putita.
Yo no le creí, me levanté a limpiarme y me siguió hasta el baño.
— ¿Te cogerías un morrito?
— Vete a la verga..—le dije riendo.
— Si no me crees, mañana pido al putito, total es viernes y la vieja de seguro se va de peda.
Así se quedó, no le contesté. No le creí a pesar de lo rico de la historia, pero al día siguiente, Diego me sorprendió.

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