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Dominación Hombres, Gays, Voyeur / Exhibicionismo

Recibo la verga de un marino «hetero»

En mi trabajo nuevo, un marino me deja probarlo a cambio de algo..

Era una tarde de invierno, como cualquier otra. Había conseguido un empleo nuevo en un bar gay de la zona, bastante discreto y bien armado. La afluencia de gente si bien no era masiva, tampoco escaseaba. Mi trabajo es sencillo, verme bonito y recibir a los clientes junto con sus pagos.

Ahora bien, todos sabemos que un bar gay no es lo mismo que un bar heterosexual… Este es bastante particular, y en sus instalaciones es muy frecuente ver cruising, como si esa fuera la real atracción del lugar en lugar de las bebidas. Quienes vienen, saben a lo que vienen y por qué lo hacen.

Ese día, yo estaba en lo mío, cuando entra un muchacho. Estatura promedio, cuerpo marcado, de esos que notas a leguas que hacen ejercicio. Noto un acento flaite en su hablar, pero al mismo tiempo se expresa como uniformado. Llama mi atención.

Para entrar al bar, naturalmente todos tienen que pasar por mi puesto, y es ahí donde se pone curioso el asunto. Para ingresar al bar se debe pagar el valor de la entrada, pero este chico no contaba con dinero.

  • ¿Y no podrías llamar al dueño? Quizá me deje entrar -Preguntó-
  • Está ocupado, atendiendo a otra persona. -Le repliqué-

Y en realidad, era cierto. El jefe estaba ocupado. Fingí que lo llamaba, para hacer algo de tiempo. En realidad, cada vez veía más interesante al chico. Algo en su mirada lujuriosa me llamaba la atención.

  • Bueno, y… ¿No podemos arreglar entre nosotros? -Dijo mientras agarraba descaradamente su entrepierna-

Y yo caí. Si tengo una debilidad, es precisamente que soy débil. ¿Y qué iba a hacer yo? Para ser honesto, había dos alternativas. O me llevo yo el soborno, o se lo lleva mi jefe, que con gusto lo aceptaría de semejante espécimen que tenía en frente.

  • Puede ser… -Le replico sonriendo con lascivia-

Con un gesto sutil, le indico el baño de empleados, y ni corto ni perezoso el muchacho entendió la indirecta. Me aseguré de que no fuese a venir ningún cliente nuevo, y seguí tras de él. Cuando ingresé al baño, ya se me había adelantado. Me encontré su figura con los pantalones abajo, y su miembro en toda su plenitud.

Era tamaño promedio, pero el contexto, la masculinidad y esa aura dominante que poseía me tenían increíblemente prendido. A todo ello, súmale el morbo de hacer exacto lo incorrecto… ¿De verdad estaba a punto de hacer lo que pensaba con un cliente? Meh, no hay tiempo para pensar, el tiempo es para morbo.

Me arrodillé frente a él, y comencé a mamar con mucho gusto, de arriba abajo y luego hasta el fondo. Escucharlo gemir de manera ahogada era todo un placer… Y es que, estábamos a hurtadillas mientras yo trabajaba, tampoco podíamos hacer mucho ruido.

Yo estaba embelesado, o muy caliente… Y es que la situación me tenía en ascuas. Encima el olor del muchacho era olor a macho; no sucio, no sudado, sino que olor a hombre propiamente. Y el contacto de mi cara con su vello y su entrepierna me podía más y más, cada vez que el empujaba mi cabeza para que me tragara todo.

Siento gente acercarse, pero el pretendía continuar en lo suyo…

  • Ya vengo, viene gente.
  • No importa, que nos vean, no me importa. -Señaló soltando un gemido ahogado, mientras volvía a empujar mi cabeza contra su miembro-

Logro sacarme su miembro de la boca y recuperar el aliento justo a tiempo. Por suerte, nadie me vio salir de aquel baño. Tuve que acomodarme bien el pantalón y disimular que también estaba igual de duro… Los clientes que venían por bebidas no se iban, y el chico seguía en el baño. Me estaba a punto de poner nervioso, pero el chico salió como si nada, y se fue a recorrer el bar. Bueno… ¿Aquí terminó mi aventura? Pensé para mis adentros.

Los clientes se fueron a la parte posterior del bar pasada una media hora desde que les serví sus tragos. Y vaya, afortunadamente el chico que pagó su entrada en carne volvió ante mí. Se posó en la barra tras la cual estaba yo, y solo me miró.

  • ¿No encontraste nada interesante? -Le pregunté-

Esa pregunta iba cargada de intención y coqueteo. Lo hice a propósito, al otro lado del bar debía haber varios chicos guapos, y uno que otro señor con los que hacer algo.

  • Sí, pero me interesa más lo que hay aquí.

El calor de mi cuerpo subió inmediatamente a mi cara y a mis orejas. Salgo de mi barra, y noto que el chico ya viene empalmado desde antes. No volvemos al baño, no alcanzamos… Me toma ahí mismo, y comienza a besar mi cuello, con mucha intensidad. Cada vez más y más. Con las dos manos agarraba cada una de mis nalgas y las levantaba.

Si yo intento tocar las suyas, o meter mano, me las quita. Su lenguaje corporal es el de quien solo quiere ejercer el dominio sin compartirlo, es como, donde y cuando él quiere. No voy a mentir, hay algo de atractivo en eso… Y yo peco de ser débil y calentarme fácil.

Sus besos en mi cuello se incrementaban en frecuencia e intensidad, me estaba intentando dejar chupetones.

  • Hey, calma. Me vas a dejar marca. -Dijo riendo nervioso-
  • ¿Y qué? ¿Tienes pareja acaso? -Replicó-
  • No…

Dudo que le hubiese importado, aunque respondiese que sí. Siguió succionando mi cuello de un lado a otro, desde la base hasta casi el mentón. Estaba seguro, totalmente de que iba a quedar marcado, la intensidad era tal que sabía el resultado, y aun así lo permití. Se sentía tan rico, me tomaba las nalgas con fuerza mientras succionaba mi cuello. Intenté besarlo, pero corrió la cara. La cosa era a su ritmo, y como el quería. Me dejaba en claro que yo no mandaba.

Y por alguna razón, eso me hacía entrar más en éxtasis. ¿Qué me pasaba con este tipo? Me dominó como si fuera su cachorrito de la nada.

En eso estábamos, cuando veo la figura de un señor, desde la sala contigua a la de recepción. Nos estaba mirando por detrás de un pilar, mientras se tocaba. Oh no… A mi no me importa que me vean, pero estaba seguro de que iba a espantar a mi flaite. Y así fue. En cuanto se dio cuenta de que nos miraban, se detuvo, y se posó en la barra como si nada hubiera pasado.

Recuperando mi aire, le tiro un comentario en son de jugueteo.

  • ¿No que no te importaba si nos veían? Sigamos.

El hace un gesto, como si no hubiera sido en serio lo que dijo antes. Me hace un gesto con la cabeza, como cuando te despides de un bro, o un pana, en lenguaje hetero. (Curioso, no?)

  • Nos vemos luego.

Me señala, mientras se dirige al otro extremo del bar, en las áreas donde está el resto de la gente. Y al final, no pagó su entrada en efectivo, pero vaya que lo consideré un pago.

¿Y mi cuello? Mi cuello tenía tres marcas de guerra tras ese encuentro. Marcas que no se borraron sino tras varios días, y me causó varias preguntas curiosas…

¿Y el flaite? Salió tras unas horas del bar, pero ahora iba con unos ropajes más formales, parecidos un uniforme institucional. Se despide, y veo en su mochila un logo que conozco bastante bien: Armada de Chile.

Holy fuck, el flaite morboso que me dejó todo el cuello marcado era un marino… Y algo me decía que no iba a ser la última vez que lo vería por ahí…

10 Lecturas/6 septiembre, 2026/0 Comentarios/por ChinoHot
Etiquetas: baño, chico, cruising, gay, heterosexual, verga
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