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Dominación Hombres, Gays, Masturbacion Masculina

RECUERDOS: Mi primer pollito. Parte 3

Amor al natural, en el bosque y arroyuelo.
RECUERDOS: Mi primer pollito.     Parte 3

A la mañana siguiente al despertar y luego haber estrenado el culito de mi tierno pollito, lo coloqué boca abajo y le pedí parar muy bien su colita para revisar su anito y constatar que ya se había cerrado y no sangraba. Apliqué crema en una cantidad generosa en su orificio, le dí varios besitos en él y en sus nalguitas y lo ayudé a vestirse para ir a la casa de sus abuelos a desayunar.

Obviamente le pregunté si aún le dolía su cuevita, si le había gustado jugar como lo hicimos y finalmente le expliqué que no debía contar a nadie lo que hicimos. El me dijo que le dolía muy poquito, sobre todo al sentarse y caminar, que aunque al principio le dolió mucho no le había gustado, pero que luego sí al sentir una especie de calorcito y cosquillitas en su colita y pitito y prometió guardar silencio.

Lo subí en mis hombros para cargarlo hasta su casa y así descansara un poco su culito y se aliviara de las rozaduras.

Llegamos a su casa y desayunamos. Sus abuelos me preguntaron cómo se había portado y si me habían quedado ganas de llevarlo de nuevo a hacerme compañía y yo les respondí que se había portado muy bien y que cuando él quisiera y ellos lo dejaran, yo con gusto lo invitaría a hacerme compañía.

Me despedí de ellos y les dije que no iría a comer pues iba a pasar el día en un bosque cercano con un pequeño arroyuelo de aguas cristalinas y una pequeña cascada con una poza. De inmediato José Luis me pidió lo llevara y volteó hacia sus abuelos a pedirles permiso. Ellos me preguntaron si deseaba llevarlo y les dije que con gusto, sirve que él me guiaría.

De paso por una tienda compré atún, pan y algi de golosinas, jugos y sodas. Él iba muy contento por el camino y yo disfrutaba el roce de sus manos en las mías y el movimiento de sus nalguitas al caminar.

Había llevado una pequeña hamaca que instalé a la sombra de unos árboles frondosas. Me desvestí y puse un short para meterme en la poza y disfrutar la frescura de sus aguas.

Me dirigí a él y le desabroché su camiseta, le quité sus zapatos tenis y su pantalón y calzoncitos y le pedí su shortcito para meternos al agua, pero, apenado y agachando su dulce mirada, me confesó que no tenía ropa para bañarme y al decirlo, hizo un tierno puchero y empezó a sollozar.

Lo abracé a mí y le dije que no se preocupara y que siendo así yo también me bañaría desnudo. Y me despojé de mi ropa interior y mi short, lo cargué y abracé para entrar al agua.

Era en verdad un lugar muy hermoso: el día soleado, el cielo azul, lo verde y fresco de los árboles, pajarillos revoloteando y alegrando con su trinar,  mariposas volando, abejas zumbando el sonido del agua al caer de la cascada y correr entre las piedras…y nosotros desnudos, entrando disfrutando el agua cristalina y fría. Por instinto, mi pollito entrelazó sus bracitos en mi cuello y sus piernitas en mi cintura al entrar al agua y se pegó a mi cuerpo, buscando su calor.

—¡Brrrr! ¡Tengo frío,  maestro!

—Yo también, mi niño, aunque teniéndote así, y en este lugar contigo pegadito, me siento en el cielo.

Y al decirlo, lo sujeté por la espalda con una de mis manos mientras deslizaba la otra hacia sus nalguitas para acariciarlas y tocar y frotar con mis dedos su infantil anito. Él gimió y sonrió ante el contacto y un escalofrío recorrió su pequeño cuerpo.

Froté mi nariz con la de él y le pedí me diera un beso. Él besó mi frente y le dije que ahí no quería mi beso, y entonces besó mis mejillas y le dije que tampoco ahí y entonces posó sus infantiles labios en mi nariz.

—Bastante cerca, pero tampoco ahí,  mi niño lindo…

—Mmmmmh,  ¿no lo adivinas?

—¿En su boca?

—Ajá…

—Pero yo he oído a mis tías decir que los besos se dan entre hombres y mujeres y cuando son novios o están casados.

—Es cierto, mi niño…pero tú aún eres un niño y anoche me entregaste tu cuerpo hermoso e hicimos el amor y a mí me encantó.

—Pero usted y yo no somos novios, maestro…

—Eso se arregla enseguida, mi niño…

Lo saqué del agua y él y yo nos maravillamos y deleitarnos mutuamente ante nuestra desnudez. Corté apresuradamente varias florecillas de diferentes colores y tamaños e hice con ellas un pequeño ramo improvisado, destapé un jugo de frutas y quité su aro metálico, lo coloqué de pie sobre una toalla y me arrodillé para quedar a su altura.

—José Luis, Ĺuisito…mi niño hermoso, siento en mi corazón un gran amor por ti y me gustaría fueras mi noviecito lindo…¿Aceptas? Y le extendí el ramo para que lo recibiera, él lo hizo y lo abracé para darle las gracias y besar su frente y mejillas repetidamente.

—Sí,  maestro, acepto ser su novio…

Tomé su mano y metí en uno de sus deditos el aro de la lata.

—Y ahora que ya somos novios…¿Me puedes besar en la boca?

No contestó,  acercó sus labios a los míos y me dio varios “piquitos”. Yo le pedí abrir un poco su boquita para meter mi lengua en ella y frotarlo con la suya. Se asustó un poco y se separó de mí…

—¿No te gustó,  amorcito, que te besara así?

—No, maestro, sentí muy feo…

—Uyyyyyy…y yo que pensaba darte besitos en otras partes..

—¿En otras partes, maestro? ¿En dónde?

Y entonces lo recosté en la tuya y empecé a acariciar, besar, mordisquear y lamer su cuello, sus tetillas, su pancita, ombliguito, su pubis y llegué a sus genitales…

—Puedo, amorcito, besarte aquí,  mi lindo noviecito? Y toqué sus huevitos y su pene paradito…

—Maestro, pero por ahí hago “pis”…

—No importa, amorcito, está limpio y muy lindo, me gustaría besarlo, pasarle mi lengua y meterlo a mi boca para chuparlo como si fuera una rica paletita de caramelo…¿me dejas hacerlo, mi noviecito?

—Siiiiii, maestro…

Y comencé dando pequeños besos y mordiscos suaves, cubriendo mis dientes con los labios, a pasar mi lengua por sus genitales y finalmente metí su penecito a mi boca para chuparlo un buen rato.

Tomé sus piernitas, y las llevé, flexionadas, hacia su pecho y le pedí mantenerlas ahí para deleitarme con la bella vista de sus genitales y hoyito.  Dirigí mis labios, boca y lengua hacia sus nalguitas y culito. Acerqué mi nariz y aspiré el aroma embriagante de su tierno culito. Él suspiró y reía al pasar mi lengua por su cuevita o dar pequeños mordiscos a sus blancas nalguitas. Abrí luego sus glúteos y metí mi lengua en su apretado recto para disfrutar la textura de sus paredes anales. Él,  instintivamente, se frotaba y apretaba con sus manitas sus genitales y gemía con placer al sentir mi lengua frotar por dentro su colita.

Su penecito y su cuerpo comenzaron a temblar un poco, se puso tenso, levantó sus nalguitas de la toalla y, sin esperarlo, orinó sin poderlo evitar…

¡Se veía tan lindo! Parecía una pequeña fuente de carne…cuando terminó,  apenado, me pidió perdón. Me dijo que había sentido un calorcito en su cuerpo…años después supe que los niños tienen,  ocasionalmente orgasmos secos al experimentar un  intenso placer

Lo tomé de la mano y lo conduje a la poza de nuevo para arrojaron agua, jugar y chapotear un poco. Ocasionalmente, frotaba mi pene en su cuerpo, lo azotaba con él en su cara y glúteos para “castigarlo” según yo y él me abrazaba y besaba tiernamente.

Me dijo, después de un rato, tener hambre, así que salimos del agua, lo sequé y nos pusimos a comer el atún, galletas y golosinas que había llevado para ello. Bebimos las sodas y jugos igual. Después él bostezó así que nos acostamos, el encima de mí,  en la hamaca y abrazados dormitamos un rato.

Me desperté al sentir sus labios posarse en los míos y descender hacia mis genitales, imitando lo que yo había hecho en su cuerpecito momentos antes…

60-4203-6421 es mi número privado en Zangi, por si desean charlar y compartir experiencias…les espero!

5 Lecturas/3 septiembre, 2026/0 Comentarios/por Tio64
Etiquetas: abuelos, bosque, culito, desnudo, maestro, novio, pene, recuerdos
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