¿Te ayudo a desestresarte, papi? El inicio
— ¿Te ayudó a desestresarte, papi? —sin esperar respuesta, se agachó para quitarme los zapatos y calcetines. Se sentó en mi entrepierna como todos los días para desabrochar mi camisa..
*Relato compartido a través de Tl. Así es, chicos. He vuelto para compartir sus relatos más ricos y perversos. Entren al perfil a encontrar los anteriores y los dos nuevos.
Hola, amigos mi nombre es Julio y tengo 37 años. Soy alto, mido 1.79 y soy algo peludo. No diría que me cundo de pelos, pero mi abdomen y mis pectorales sí se cubren. Tengo el cabello ondulado, los ojos avellana y estoy bien conservado. En mi juventud practiqué mucho fútbol, iba a correr con un amigo y nos cuidábamos mucho, pero no es algo que siga haciendo desde hace casi diez años. Sin embargo, me cuido en la alimentación. Así que mi cuerpo está macizo, como alguien que tuvo un gran cuerpo y dejó que le salga un poco de pancita.
Estoy casado desde hace nueve años con mi esposa Yadira, tuve mi primer hijo y único, Aarón. Él tiene seis años actualmente, es una combinación increíble entre su mamá y yo. Tiene la piel trigueña como su madre, sus pestañas largas y dobladas, la estructura de su rostro y su personalidad. De mí, sacó su pelo ondulado, sus labios carnosos y rojos. Es un niño bellisímo.
Todo surgió desde hace dos años. Mi esposa y yo estábamos en nuestro mejor momento, nos amábamos y éramos una pareja super feliz. Sin embargo, consiguió trabajo como enfermera, porque ella tuvo que dejar de trabajar cuando Aarón nació.
Ella eligió el turno nocturno, según ella así podía llevar a Aarón al kinder y yo lo cuidaría cuando ella se iba. Inició tan bien.
Llegaba a las tres del trabajo y Yadira ya había hecho almuerzo. Mi niño corría a mis brazos y me preguntaba: «¿Te ayudo a desestresarte, papi?» Una frase que mi esposa le inculcó para recibirme. Abrazaba a mi niño y el corría a quitarme los zapatos, desabrocharme la camisa y darme masajitos en los hombros.
Después de dos años, las jornadas nocturnas y la responsabilidad de nuestro hijo, hicieron que Yadira se vuelva super quejosa. Nada le parecía, todo le enojaba, ya no quería que cogieramos porque llegaba cansada.
Siempre nos peleábamos porque decía que mi trabajo en la oficina no cansaba, y que no la ayudaba lo suficiente en la casa.
Nuestra relación cambió demasiado.
Yo también andaba con mucho estrés por no poder coger, había días que la paja no era suficiente. Me corría con porno sin realmente disfrutarlo
Un día, mi esposa ya se había ido al hospital. Aarón se andaba echando una siesta y yo aproveché a encerrarme en mi cuarto.
El porno normal ya no me daba tanto morbo como antes. Así que comencé a meterme a grupos de telegram para mandar mis nudes y ver si caían mujeres. Me mensajeaba con una que otra, cambiando fotos y videos. En los días más calientes, hacía videollamadas con ellas. Pero en una de esas, un perfil mandó en un grupo que cambiaba al privado. Le mandé mensaje creyendo que era cambiar nuestras fotos y resultó ser un vato. Me pidió que cambie primero, cuando mandé una foto polla me dijo que él cambiaba «contenido.» En mi inocencia, le dije que no sabía a qué se refería. «¿Nunca los has visto? Te regalo unos videos, brother» me dijo más o menos.
Los videos eran morritas que ni a adolescentes llegaban. Rápido cerré la app cuando vi de qué se trataba, con el corazón desbordado como si alguien me estuviera viendo. Pero con la verga ya parada y caliente, la curiosidad me ganó. Los vi completos y sentí un morbo que jamás había experimentado. Jamás, había pensado en niñas de esa forma, pero verlas encueraditas mostrando toda su puchita sin pelitos, me cambió por completo. Lo que más me llamó la atención, fue uno que estaba en portugués, pero tenía subtitulos al español. En el video, le daban a una morrilla como de 12 y el hombre decía ser su padre.
Mi corazón comenzó a latir. Había descubierto un mundo prohibido, pero aún sabiendo lo mal que estaba, la curiosidad de ver más así, me ganó.
Le pregunté al perfil si me regalaba más, me mandó en total 50 y me dijo que los cambiara buscando perfiles en X.
Así, inicié en la obsesión por ese contenido.
Todos los días, cansaba a Aarón para que durmiera temprano y yo me encerrara a ver más.
Un día, a eso de las diez de la noche, yo andaba acostado en mi cuarto. Sin nada más que mis audífonos, una mano en la verga y otra en el celular, viendo muchachitas siendo empaladas por sus papis. Cerraba los ojos imaginando tener una niña que reemplazara a Yadira.
En eso, tocaron la puerta.
Sabía que era mi niño, rápidamente me puse el bóxer que tenía tirado, con la verga toda tiesa de lado apagué mi cel. Abrí la puerta y mi pequeño entró con los ojos llorosos. Había tenido una pesadilla y quería dormir conmigo.
Yo un poco irritado, lo dejé entrar. Se acostó a mi lado y cerró sus ojos. Yo fingí ver tiktok esperando que se duerma.
Cuando lo llamé y no contestó, me volteé un poco para que de su posición no viera mi cel. Seguí viendo videos riquísimos que intercambiaba, solo que esta vez me sobaba el bulto bajo las sábanas.
Me dió mucho morbo masturbarme mientras mi niño dormía a mi lado y en eso, un idea cruzó mi mente. No tenía una niña para recrear los videos que ya me habían obsesionado, pero sí tenía un hijo muy nalgón.
Aarón era un niño super nalgón, Yadira y yo lo nalgueabamos de broma y él se reía.
Apagué mi cel con el corazón al mil. Mi cabeza me decía que no lo haga, pero ya tenía el cuerpo y la verga hirbiendo. Descubrí a mi hijo de las sábanas, llevando una pijama de shortcito. Se lo bajé despacito, descubriéndole el culito. Yo había bañado a mi hijo anteriormente, pero con seis, él ya lo hacía solo. Así que no había visto el pedazo de culo que se cargaba sin ropita desde hace mucho.
Sentí que mi verga dé un espasmo. Empecé a acariciar sus dos nalguitas morenas, suaves y bien regordetas. No creí que me prendan, porque soy hetero, pero mi verga estaba más tiesa que nada y el morbo se expandía en mí.
Cerré mis ojos y me corrí en el pecho.
Caí en cuenta de lo que hice y me fuí corriendo a darme un baño, pues mi leche se quedaba en los pelos de mi abdomen.
Ya con la cabeza fría, me dormí vestido, dándole vueltas a lo que acababa de hacer.
En la mañana, mientras le hacía desayuno a Aarón, mi mente se iba a su espalda baja. Comencé a notar cosas a las que no les había prestado atención, como el uniforme de primaria le apretaba el culito. O lo rojos y carnosos que tenía los labios.
Tragué saliva y continué preparando su lonche. Llegó mi esposa y lo llevó a la escuela, yo me fuí al trabajo.
Toda mi jornada me la pasé pensando en mi niño. Distraído del trabajo, me llevé regaños de mi jefe.
Me metí al baño y busqué en X perfiles para intercambiar, pero esta vez de contenido gay, porque ya no aguantaba la calentura de la situación. Un perfil me respondió rápido, le dije que tenía un niño y que si me pasaba videos le mandaba una foto de él. Me mandó 100 videos y comencé a intercambiarlo para conseguir más.
Cuando llegué a mi casa, Yadira seguía durmiendo como roca en el cuarto.
— ¡Papi! —gritó mi pequeño aún con su uniforme—.
— ¿Por qué aún no te has cambiado?
— Es que mamá me dijo que me iba a bañar y se durmió.
— ¿Por qué no te bañas solo?
— Es que estábamos jugando en la escuela y un niño me tiró plastilina en mi cabello sin querer. —me dijo mostrando su pelo rojizo por la plastilina y pedazos que se quedaron atrapados en sus ondas—.
Le dije que ahorita que almorzaramos lo bañaba, me senté en el sofá y estaba a punto de quitarme mi zapato, cuando Aarón se aventó a mi panza.
— ¿Te ayudó a desestresarte, papi? —sin esperar respuesta, se agachó para quitarme los zapatos y calcetines. Se sentó en mi entrepierna como todos los días para desabrochar mi camisa.
Sentí su culito justo encima de mi erección aplastada por mi pantalón de vestir. Tragué saliva y volteé a la puerta de Yadira cerrada. Lo tomé de la cintura y lo abracé, para darle besos en el cachete. Pero esta vez, mi verdadera intención era aplastarlo más a mi verga. Cuándo sentí que crecía más y que se daría cuenta, lo senté en una sola pierna.
No pude controlar que mi verga se marcara de lado entre la negrura de mi pantalón. Aarón bajó la mirada con curiosidad, pero no dijo nada y terminó de desabrochar mi camisa, se subió a mi espalda y comenzó a masajearme.
Yo acomodé mi erección y suspiré. El tacto de las manitas de mi pequeño ya no se sentían como antes. Ya no podía a ver a mi hijo con los mismos ojos, y aunque la conciencia me pesaba, la calentura siempre podía más.
Regresé a la realidad y preparé una almuerzo rápido. Yadira se levantó, esta vez con cara de pendeja sabiendo que se durmió sin hacer nada y se alistó para irse.
– Ahora sí. A bañarnos, hijo. —le dije cuando nos quedamos solos—.
Aarón salió de su cuarto con su toalla y nos metimos al baño.
— Yo te desvisto, porque ya es tarde. —le dije excusando mis ganas de quitarle la ropita—.
Le desabroché los dos botones de su polo y se la quité, viendo su pancita infantil, sus tetitas morenas y su piel suave.
Le bajé rápidamente su short y lo volteé. Tenía su trusa de dibujitos metida hasta la rayita. Ahora sí, despacito le fuí bajando la ropa hasta descubrir el pedazo de culo.
Mi verga ya estaba dura en mi short de mezclilla, de lado y marcándose. No la acomodé, quería que él la vea.
Lo cargué y lo metí a la regadera. Comencé a frotar su pelo para quitarle la plastilina, Aaroncito me contaba como acabó eso en su pelo. Ni lo escuchaba, sentía mi cuerpo caliente y los oídos zumbando.
Tomé su jaboncito e hice espuma en mi mano. La unté en su espalda y fuí bajando con mis manos gruesas, hasta llegar a su culito.
Me concentré en frotar cada nalga, recorriéndola toda. Mi mano de adulto no la tapaba, con eso les digo todo.
Metí mi mano en su rajita, haciendo que se ría y se safe de mi agarre.
— Ay, papi me haces cosquillitas.
No le contesté, suspiré hondo, sintiendo que expulsaba vapor de lo cachondo.
Mi verga se movía del coraje de no estar exprimiéndola. Aarón me la veía marcada, pero no decía nada.
Lo enjuague y dejé que se vaya con la toalla a su cuarto. Nomás escuché sus pasos, me la saqué completamente hinchada y con el bóxer manchado de precum. Ni tres jaladas me di, cuando llené el piso de la regadera de mi leche.
Ya deslechado, dejé a Aarón en su cuarto viendo tele y me metí en el mío. El chavo que me regaló videos me dijo que no quería más contenido a cambio, ya que yo ya había intercambiado y tenía para devolverle. Me dijo que le había prometido fotos de mi niño. No sé porqué, pero me dió mucho morbo, así que llamé a mi hijo a eso de las 9pm y le pregunté si quería dormir conmigo. Aarón saltó de alegría y vestido en una pijama de dinosaurios, corrió a la cama.
Yo me metí al baño, donde me desvestí y me quedé en bóxer. Salí y él solo me veía fijamente el cuerpo, aunque cuando hacía contacto visual con él, desviaba la mirada. Ahí supe, que al menos mi cuerpo le daba curiosidad.
Me acosté con él y comencé a ver tiktoks.
– Papi, ¿por qué no tienes ropa? —me preguntó mi niño como dudando—.
— Sí, tengo. Mira. —dije bajando las sábanas y mostrándole mi bóxer medio abultado—.
Vi sus ojos que tardaron en regresar a mí.
— Pero, ¿por qué duermes así?
— Así duermo cuando hay calor, hijo.
— ¿Y yo puedo dormir así?
Con una gran sonrisa, le dije que si es lo que él quería, sí.
Lo vi sacar su cuerpo de las sábanas y bajarse la pijama, quitarse la camisa hasta quedarse con una trusa azul. Yo ya hasta hirviendo y con calor de verdad, a pesar del aire acondicionado.
Le puse mi brazo bajo su cabeza y nos dormimos. Me levanté dos horas después y confirmé que él estuviera bien dormido. Como mi esposa, Aarón tiene el sueño muy pesado.
Cuando ya no se movía, ni hablaba, lo volteé boca abajo. Su culito se veía hermoso en esa trusita, con los cachetes bajos, desnudos, gordotes y morenitos. Saqué mi celular y tomé algunas fotos, le bajé la trusita y le tomé más. Pero el morbo no cesaba, así que le abrí el culito y tomé aún más fotos.
Dejé mi celular en los esquineros y sin aguantarme, me quité el bóxer, con la verga ya parada. Me subí a él y comencé a hacerme una rusa en su rajita, hundiendo poquito mi verga y frotando. Me sentí en el cielo, no podía creer que lo estuviera haciendo con mi propio hijo.
A cada rato me aseguraba que no se despertara, pero Aarón no movía ni un dedo. Estuve un buen rato frotándome, aguantándome correrme rápido. Cuando sentí que me venía, me corrí en mi boxer para no mancharlo a él… por ahora.
Me acosté a dormir así, todo desnudo al lado de mi niño, ya sin ropa por mi travesura.
Así inició todo.



(25 votos)
Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!