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Dominación Hombres, Gays, Sado Bondage Hombre

Retiros Espirituales – Capítulo 21

Pablo continúa atado a la tarima del abuso a merced no solo de Santiago… ¡Su castigo aun comienza!.
La cara de Santiago comenzaba a mostrar excitación y de un momento a otro, sin pronunciar palabra de paró de su silla y sin moverse de ahí, continuó jugando con su verga por unos minutos más y de la nada, suspiró fuerte, maldijo y negando con su cabeza, me dio la espalda y salió del auditorio, cerrando la puerta tras de sí, quedé solo, este espacio se estaba convirtiendo en mi universo entero, las paredes de madera oscura que absorbían los sonidos, las luces tenues que dejaban la tarima iluminada como un escenario de tortura, y yo, en el centro, expuesto como una ofrenda profanada, ya todos se habían ido, pero algo en el aire me decía que Santiago no lo había hecho del todo, algo había comenzado a conocer de él y sospechaba que regresaría a terminar su juego, pasaron varios minutos más y  mi tortura continuaba, seguía atado tal cual Carlos me había dejado, tetillas pellizcadas por ganchos de ropa, tobillos amarrados a la barra separadora obligándome a mantener las piernas separadas, manos en mi espalda firmemente atadas entre sí, un gancho y una cuerda que las tiraba hacia arriba por medio de una polea ubicada en el techo y mi pecho hacia adelante, en venia, gracias a estar atado del cuello a una cuerda que iba al piso atada a una argolla, pero había una novedad cruel, muy cruel y humillante, antes de irse, mi líder había colocado sobre mi verga una jaula de castidad de metal frío, era un artefacto diabólico, una jaula pequeña de acero inoxidable que encerraba mi miembro completamente, impedía cualquier erección y por supuesto, cualquier posibilidad de masturbarme o correrme, un pequeño candado aseguraba el mecanismo, mi verga palpitaba contra los barrotes metálicos, goteando presemen que se acumulaba en la punta pero no podía salir, creando una tortura de necesidad insatisfecha, mi rostro seguía cubierto por semen seco de Adolfo, este hacía que mi piel tirara, el olor a orina, esa que me habían obligado a beber para humillarme y degradarme, impregnaba el aire, estaba sucio, degradado y completamente vulnerable, y por una extraña razón, excitado, terriblemente excitado.

El silencio duró una eternidad, no sé cuánto tiempo pasó, podía escuchar mi propia respiración agitada y el ruido lejano del aire acondicionado, me sentía expuesto, sentía que en cualquier momento podía entrar alguien diferente a Carlos, Adolfo, Kevin, Yeison o Santiago, y podía aprovechar la situación, esto me aterraba, pero a la vez me excitaba, fue entonces cuando escuché pasos lentos y dubitativos  acercándose a la puerta principal, la puerta se abrió con un chirrido suave y el rugbier apareció de nuevo, bien sabia yo que no se había ido del todo y entró.

“Mi amigo” en este lugar, mi compañero, mi cómplice, el rugbier heterosexual casado, seguía completamente desnudo, su cuerpo atlético brillaba con un sudor que no era solo físico; era el sudor de la excitación contenida, de la adrenalina sexual, su verga, “¡DIOS!”, su verga continuaba completamente erecta, más dura de lo que jamás la había visto, palpitando contra su abdomen, el glande rojo y brillante, goteando un hilo constante de líquido preseminal y de la nada, interrumpió el silencio: “Pablo”, su voz era un susurro ronco, casi un gemido, yo intenté hablar, pero mi garganta estaba seca, solo emití un sonido ahogado, entonces se acercó a la tarima con pasos lentos, sospechosos, sus ojos recorrían mi cuerpo atado, mi rostro cubierto de semen seco, mi pecho manchado de orina y finalmente se detuvieron en la jaula de castidad que aprisionaba mi verga, “te puso… te puso eso”, dijo, señalando con un dedo tembloroso, “Carlos te encerró”, completó”, asentí levemente, entonces subió a la tarima, estaba a centímetros de mí, su verga a la altura de mi cara, olía a testosterona pura, a sudor de hombre excitado y comenzó a rodearme, comencé a recordar su anterior juego y supe entonces a que había vuelto, su olor era distinto al de Adolfo; este era limpio, masculino, deportivo y por eso mismo más intoxicante, “no puedo, no puedo pensar”, susurró Santiago, agarrándose su propia verga y masturbándose lentamente frente a mi rostro, “ver como ese viejo te obligó a beber su orina, encendió el fuego en mí, un fuego que creía apagado”, “Santi”, logré murmurar, “por favor…”, no me dejó terminar, “¿por favor qué?, su voz se quebró, “¿por favor que siga, que no siga ?, ¿por favor que te ayude?, ¿por favor que…?, gritó esta última pregunta y no terminó la frase, un gemido escapó de su garganta y se agachó frente a mí, tomó del piso la mordaza en forma de aro y con fuerza la ubicó en mi boca y la amarró atrás de mi cabeza, yo traté de decirle que no era necesario y el simplemente me dijo: “quiero hacer esto más excitante para ti y para mí”, sus manos, esas manos de rugbier callosas y fuertes, tomaron mi cara, la levantaron un poco, “que Dios me perdone”, susurró, y luego más fuerte repitió: “que Dios me perdone, pero necesito esto”, y de un solo golpe, metió completamente su verga en mi boca.

Santiago violaba, literalmente mi boca, lo sentía fuera de sí, cosa que me comenzó a atemorizar y a excitar a la vez, no era el Santiago que conocía, estaba poseído por el deseo, por la excitación y no pensaba, taladraba mi boca a una velocidad extrema y yo no estaba disfrutando del todo  de esto, había soñado otra manera de mamar esa verga, pero a él no parecía importarle, solo quería satisfacer su deseo, su instinto animal, olvidando por completo el “vinculo” que nos unía, pero no lo juzgaba, ese lugar estaba sacando lo peor de todos, que ironía, unos Retiros Espirituales que sacan lo peor de uno, “¿o lo mejor?”, también pensé, después de varios minutos se detuvo, su respiración estaba muy agitada, sacó su verga de mi boca y se posicionó detrás de mí, su manos tomaron mi culo, lo estrujaron y lo palmearon con fuerza, causando dolor, escuché que escupía en su mano, una, dos veces, luego sentí sus dedos, húmedos y temblorosos, buscando mi ano, no estaba preparado, no había lubricación más que el sudor y la suciedad acumulada, de pronto, sentí que el rugbier intentaba empujar uno de sus dedos en mi culo, trate de relajar para que el dolor no fuera intenso y de la nada, se detuvo y dijo en voz alta: “tengo una mejor idea para preparar este culo, sé que estás deseando desde hace días que yo te penetre, pero igual lo debo preparar, ¿o crees que no me daba cuenta como me morboseabas debajo de la túnica, buscando ver mi verga abultada en mi ropa interior?”, yo solo negaba con la cabeza, no sabía que plan tenía en mente o que idea macabra se le había ocurrido, solo volteé un poco mi cara para encontrármelo revolcando y buscando algo en esa pequeña “bodega” que había debajo de la tarima, yo imaginé lo peor y centré mi mirada al frente de la tarima, en el fondo, me quería dejar sorprender, pasaron algunos segundos, cuando “¡TAZ!”, algo azotó con mucha fuerza mi culo y no era la paleta de cuero de antes, era algo distinto, yo solo me quejé, cuando “¡TAZ!”, un segundo azote sonó en el lugar, Santiago estaba azotando mi culo con toda su fuerza, el dolor era intenso, yo comencé a removerme intentando soltar alguna de esas cuerdas, mis ojos se llenaron de lágrimas y no solo por el dolor físico, había dolor emocional, quien me azotaba no era cualquiera, era Santiago y eso, no sé por qué, me dolía, pero en el fondo también lo entendía, él, horas antes, había estado en esta misma posición, me centré en este pensamiento y decidí entregarme a mi “castigo”, igual, me lo merecía, intenté girar mi cabeza un poco y pude ver su rostro completamente desencajado, poseído por la venganza, por el deseo y por el placer, y eso me gusto, pude ver también con que objeto azotaba mi culo, era una flogger, lo agitaba con fuerza en el aire y lo descargaba en mi piel con torpeza pero certero, me quería partir en dos, lo sentía en cada azote, mi piel me ardía, el dolor cada vez era más fuerte, yo contraía y relajaba todos mis músculos anales, corrientazos subían por toda mi espalda con cada golpe dado, nunca había experimentado algo así y siempre lo había deseado, mi sueño se estaba cumpliendo y aunque me seguía embargando el dolor emocional por ser Santiago quien me azotaba, la excitación se apoderaba de mí y comencé a gemir, pero a la vez a sufrir, si, sufrir, esa maldita jaula en mi verga me estaba torturando de nuevo, mi verga quería reaccionar ante este nuevo estimulo, pero ese artefacto no la dejaba, gritaba a lo que la mordaza dejaba y las piernas ya me fallaban de todo el tiempo que llevaba en esta posición, eran un montón de sensaciones encontradas que tenían mi cabeza hecha un corto circuito.

Fueron varios minutos de azotes, sentía que la piel de mi culo se iba a reventar y de la nada, el rugbier paró, esperó unos segundos, volvió a revolcar en aquella “bodega” y se paró de nuevo detrás de mí para luego decirme, con voz ronca y pastosa: “”este nuevo objeto te va a encantar”, yo giré inmediatamente para ver de qué se trataba, pero Santiago, habilidosamente, lo ocultó, por lo que maldije, conté algunos segundos, que parecieron horas, la angustia de no saber que seguía, me tenía el borde, mi culo seguía ardiendo y “mi Alfa” lo sabía, porque de manera sorpresiva, posó sus manos frías en mi piel ardiendo, sentirlas fue sentir un corrientazo por todo mi cuerpo que nunca había sentido, sentí dolor, sentí alivio, sentí de todo, la reacción de mi cuerpo debió ser exagerada, porque Santiago rio y estrujó con fuerza mi culo para que yo siguiera moviendo mi cuerpo de manera exagerada y él siguiera riendo y disfrutando de mi reacción, después de unos minutos de estar manoseando mi culo con sus manos frías, se detuvo para luego volver a rodearme, caminando con su paso lento y ceremonioso, “debes estar pensando que soy lo peor, que soy el peor amigo que pudiste hacer en este lugar, pero yo sé que en el fondo estabas deseando esto desde el primer día, te he estado observando, vi tu reacción ante el primer castigo a Sebastián y sus amigos, te seguí hasta el ágora para ver como espiabas el sometimiento de Andrés y Daniel y he percibido varias cosas más en ti y en mi deporte y como capitán, aprendemos a identificar a Alfas y a Omegas, y aunque tienes algunas trazas de Alfa, disfrutas ser Omega, disfrutas ser sometido, rebajado, humillado y sodomizado y eso es lo que estoy haciendo”, y mientras me decía todo eso, sentí que algo cayó contra el piso de madera y sin avisar, empujó con su dedo índice en mi culo, el dolor fue intenso, pero me mordí el labio para no gritar, “estás apretado y caliente”, jadeó Santiago y retiró su dedo, para luego sentir la presión de algo más grande, su glande, grueso y caliente, presionando contra mi ano, lo sentí jadear como un animal, sus manos agarraban mi culo con fuerza, no hubo “dedeo” previo, solo un dedo y ya, se notaba que solo quería satisfacerse, poco pensaba en mí, estaba ido y solo lo escuché decir: “no soy gay, no soy gay”, como un mantra, mientras seguía apuntando con su verga en mi ano, “esto es culpa de Carlos, de sus Retiros, de su contrato y sus reglas y es culpa tuya, tú me provocaste” y entonces me penetró, el dolor fue brillante y cegador, Santiago no tenía técnica, no tenía piedad; tenía necesidad pura, desesperada, empujó con toda su fuerza de rugbier, de macho, penetrándome de una sola estocada hasta el fondo, yo solo grité, un sonido ronco que resonó en el auditorio vacío, “¡shhh!, cállate”, ordenó Santiago, dándome una palmada fuerte en la espalda, “¡no quiero que nadie nos escuche y se acerquen!”, pero el ruido que hacia su cuerpo contra el mío, decía lo contrario, comenzó a moverse con una violencia que nunca había experimentado, ni siquiera con el camionero ni con los vigilante, este man me estaba follando con la furia de un hombre que intenta demostrar algo a sí mismo, que intenta destruir su propia confusión mediante la dominación absoluta de mi cuerpo, “esto es castigo”, gruñó, embistiendo una y otra vez, “por meterme en esto, por hacerme sentir y  por hacerme querer”.

Yo estaba confundido, no entendía lo que me decía, “¿por hacérselo sentir y querer qué?, me preguntaba, estaba entre el placer y el horror, sus palabras se mezclaban con gemidos, cada embestida hacía que esa tarima se moviera, que los ganchos en mis tetillas me lastimaran cada vez más, enviando ondas de dolor y placer por mi torso, mi verga intentaba endurecerse dentro de la jaula de metal, pero los barrotes la comprimían, haciendo que el dolor se mezclara con una excitación insoportable, mis güevas me dolían por no poder eyacular, mis piernas ya casi no me respondían, mi mandíbula estaba desencajada y la posición de mis manos ocasionaban un dolor ya insoportable, solo me sostenía el placer que Santiago me daba cada vez que me penetraba, “¡dime!, dime que te gusta”, me exigió, agarrándome el pelo y jalando mi cabeza hacia atrás, “dime que te gusta que te viole “tu amigo” hetero”, “¡me gusta!”, gemí a lo que esa mordaza me dejaba y era cierto, “¡culéame, Santiago, culéame!!, le intentaba decir y él solo me respondió gritando: “¡puto!” y aceleró el ritmo, “¡puto de mierda!, ¡mira cómo me tienes!, ¡mira lo que haces hacer!”, sus embestidas se volvieron desenfrenadas, el sonido de sus caderas golpeando mi culo resonaba como aplausos obscenos en el silencio del auditorio, él estaba perdido, completamente perdido en la sensación de su verga penetrando mi culo, en el poder de tenerme atado, inmovilizado y a su servicio, “voy a venirme”, avisó, jadeando, “voy a llenarte, voy a…” y explotó, sus embestidas se volvieron erráticas, profundas y desesperadas, sentí cómo su verga palpitaba dentro de mí, cómo los chorros de semen caliente inundaban mi interior, el rugbier gritó, un sonido de liberación y angustia mezcladas, y se derrumbó sobre mi espalda, jadeando, su sudor mezclándose con todo lo acumulado en mi piel, mi sudor y la orina rancia y seca de Adolfo, permaneció así un minuto o dos, su verga aun pulsando dentro de mí, derramando lo último de su orgasmo, mientras perdía erección y luego, lentamente, salió, escuché el sonido húmedo y seco de su retirada y sentí su semen escurriendo por mis muslos, caliente y abundante, yo quise poder tener la habilidad desarrollada de eyacular sin tocarme, pero no, seguía acumulado sin poder hacerlo y eso me tenía con un dolor incomodo en mis güevas, Santiago se recuperó, me rodeó y se puso enfrente de mí, su rostro estaba excitado, devastado, confundido y avergonzado, se miró las manos, su verga y luego me miró a mí cubierto de su semen y el de Adolfo y solo balbuceó culposo: “yo, yo no”, no dijo más y casi tropezando con las sillas del lugar, salió corriendo dejándome ahí, usado por segunda vez esa mañana, todavía atado, todavía con la jaula de castidad comprimiendo mi verga dolorida.

Pasaron un par de horas, no sabía cuántas exactamente, mi cuerpo dolía, todo me dolía, mi culo ardía, mi verga palpitaba contra el acero implacable de esa jaula y afuera, escuchaba las voces de todos los que salían de la primera activad del día, se hacían cada vez más fuertes y el temor me invadió de nuevo, Santiago solo había ajustado la puerta, por el ruido, sospeché que eran las doce del mediodía, la hora del almuerzo, ya mis compañeros estaban libres y seguramente caminando hacia el comedor y entonces escuché pasos nuevamente, esta vez no eran dubitativos, eran firmes, seguros y decididos, el cuerpo se me heló, la puerta del auditorio se abrió y Sebastián entró, “¿Sebastián?”, pensé yo atemorizado al verlo, claramente era el homofóbico convertido, el macho que yo había dominado días atrás, ahora caminaba con la seguridad antes, esa que había perdido, estaba completamente desnudo, su verga comenzaba a erectarse, esa verga que había estado a punto de penetrar violentamente mi culo días atrás, esa verga que yo había forzado a correrse, esa misma verga, “¡bueno, bueno”!, interrumpió el troglodita con una sonrisa burlona, acercándose a la tarima, “¿qué tenemos aquí?, ¿el putito de Pablo, atado como un cerdo para el sacrificio?”, su voz era diferente, no tenía miedo ni confusión, tenía el tono de quien ha descubierto la oportunidad de dominar, de someter y de vengar, “¡Sebastián!”, intenté decir a través de la mordaza, “¡cállese, puta!”, ordenó, subiendo a la tarima y caminando alrededor de mí como un depredador examinando su presa, “otra vez esa palabra, ¡PUTA!”, pensé, y comencé a moverme ilusamente con fuerza queriendo zafarme, “Carlos me dijo que lo encontraría aquí, me dijo que podía, que debía hacerle pagar por lo que me hizo”, me escupió de golpe, se detuvo frente a mí y me mostró su verga ya erecta por completo, palpitando, babeando y deseando ser usada, estaba ahí completamente desnudo, con ese cuerpo desaliñado y descuidado. “mire esto”, me dijo, agarrándose la verga y acercándola a mi rostro, “mire lo que provoca, primero me convirtió en “marica” y ahora no puedo dejar de pensar en su culo, en su boca, en cómo me obligó…”, no terminó de hablar, se agachó y olió mi cara, mi cuello, mi pecho y mi espalda, “huele a semen y a orina”, soltó, entre el asco y el deseo, “huele a usado, a violado, al parecer el rugbier lo dejó bien lleno, ¿verdad?, lo vi salir corriendo como un niño asustado y con su verga aun goteando, pero yo no soy él, Pablito, yo no tengo miedo, yo ya sé lo que soy ahora”, esto último que dijo me heló la sangre, sentí miedo, estaba a merced de este troglodita y un homofóbico que ahora con sed de venganza.

Se posicionó detrás de mí, sentí sus manos fuertes en mi culo, muchas más bruscas que las de Santiago, más deliberadas, “Carlos me dio permiso”, me dijo, justificándose, inclinándose sobre mi oído, “dijo que podía usar este agujero que estaba abierto y listo”, “¡por favor!, gemí, “¿qué dijo?, ¿por favor?, ¡jajajaja!, el man se rio cruelmente, así lo quería escuchar, suplicante y temeroso, y a punto de penetrarme, se detuvo y dijo alegremente “EUREKA”, y se agachó a tomar algo del piso, yo me paralice, no pude ver bien que era y pasados varios segundos “TAZ”, primer azote en mi culo por parte de Sebastián y una risa diabólica salió de su boca, sentí un dolor punzante en mi culo, no era el flogger, no era la paleta de cuero, era algo diferente, más doloroso, más agónico, más hiriente, el dolor me hizo retorcer como nunca haciendo que mis muñecas, manos y brazos se tensaran y me dolieran mucho más, mis ojos se llenaron de lágrimas, el dolor era agudo y no se iba, ardía como fuego directo en la piel, intenté voltear la cara para saber con qué me golpeaba y “TAZ”, segundo golpe, esta vez más fuerte, este man estaba decidido a cobrar venganza y en solo dos golpes lo estaba logrando, el dolor se intensificó, yo solo gritaba y lloraba, los golpes de antes eran nada comparados con esto, este objeto me estaba rompiendo la piel y el alma, y aún no sabía que era, “TAZ”, “TAZ”, “TAZ”, tercer, cuarto y quinto golpe y una risa macabra más sonora, “así lo quería tener, ¡PUTITA!”, insultó, su castigo no solo era físico, era psicológico, como si supiera que esa palabra me taladraba la cabeza y el alma, por eso la pronunciaba con sorna, con burla y con rabia, y como si adivinara que también la duda de saber con qué me golpeaba, me angustiaba, se dirigió al frente y ahí lo pude ver, Sebastián, el troglodita, como yo lo había apodado, sostenía una fusta o vara de madera en su mano, la cual agitó frente a mi cara, cortando el aire y generando un sonido que me estremeció, ahí entendí porque el dolor, comencé a gritar esperanzado en que alguien me oyera y me auxiliara, pero los azotes volvieron con más fuerza en mi culo, exigiendo que me callara, yo ya estaba entregado, ido y disociado, como muchas veces más esa mañana, era claro que mi castigo ya había iniciado y se iría para largo, nunca vi mis acciones tan graves para llegar a este momento, Carlos me estaba llevando al límite y apenas iba una mañana, haberle dicho a Sebastián de mi presencia en el auditorio, había sido estratégico y sádico de su parte y mientras pensaba en todo esto, la fusta, esa fusta seguía golpeando mi piel, humillándome, rebajándome, minimizándome y sodomizándome, sentía mi piel arder al punto del sangrado, yo era un fiel seguidor del porno BDSM, al punto de desear practicarlo alguna vez, pero nunca así, lo había visualizado y soñado pero con ciertos límites y en este rato que llevaba atado, ya había cruzado varios y no lo estaba disfrutando del todo, lo estaba padeciendo, lo estaba sufriendo, así en el fondo, muy en el fondo hubiera un pequeño ápice de placer.

Pasaron varios minutos en los que Sebastián azotó mi culo, yo ya estaba rendido y él lo noto, así que soltó la fusta, escupió mi ano y sin ningún tipo de miramiento, apuntó su verga en mi culo, no hubo preparación, no hubo piedad y me penetró, el dolor fue agudo, su verga era mucho más larga y casi igual de gruesa que la de Santiago, por lo que su penetración fue desgarradora, el troglodita no tenía piedad, se encarnizó en penetrarme, violarme y tomar venganza, era un animal en celo, solo preocupado por su placer, yo solo era un objeto prestado por Carlos a Sebastián para eso, sus embestidas continuaron, “¡así, puto!”, gritaba Sebastián excitado, “¡tome!, ¡tome mi verga!, ¡esto era lo que quería, ¿verdad?, ¡convertirme en esto!”, sus embestidas eran brutales, metódicas, cada golpe de sus caderas contra mi culo sonaba fuerte en el auditorio, afuera, podía escuchar las voces de otros compañeros caminando hacia el comedor, riendo, hablando de sus vidas normales, mientras yo estaba aquí, en el centro de la tarima, siendo violado por el man que una vez me llamó «maricón asqueroso» y lo seguía haciendo, me seguía insultando, a ese punto, sus penetraciones me estaban comenzando a generar placer, mi verga aprisionada en esa jaula quería explotar, “mire como le gusta”, se burlaba Sebastián, al verme mover mi culo en señal de placer, me agarraba el pelo, me lo jalaba, llevando mi cabeza con toda su fuerza hacia atrás, “mire cómo su culo me aprieta, usted es un puto natural, Pablito, usted nació para esto”, me taladraba la cabeza el troglodita.

Minutos después, su mano derecha bajó por mi costado y con sorpresa, tocó la jaula de castidad que aprisionaba mi verga, “¿qué es esto?”, se rio, “¿Carlos encerró su verga para que no eyacule mientras lo usan?, qué cruel pero que perfecto”, me dijo con sorna y comenzó a masturbarme a través de los barrotes metálicos, un tacto áspero, doloroso, que hacía que mi verga intentara expandirse contra el acero, pero era imposible, “le voy a llenar ese culo de leche por segunda vez hoy”, anunció Sebastián, acelerando, “lo voy a dejar tan lleno, que va a escurrir semen todo el día y lo mejor, sin poder venirse, se quedará aquí, lleno de nosotros, esperando a que venga el siguiente, el siguiente y el siguiente”, reía macabramente, yo no daba crédito a lo que me decía, Carlos había dicho que estaría atado hasta el mediodía, pero el troglodita amenazaba con que más manes vendrían a aprovecharse de mí, “¿era verdad o solo jugaba con mi mente?”, me preguntaba, sus palabras me llevaron al borde, la humillación era total, usado por mi amigo hetero, ahora usado por mi enemigo, ambos dejando su semen en mí, mientras yo no podía ni tocarme y de la nada, Sebastián abandonó mi culo y en un movimiento hábil y rápido, se paró en frente, tomó mi cabeza, “!aquí viene!”, gritó, “¡tome, tome, puta!, ¡trague todo!”, estaba llenando mi boca semen, varios trallazos fueron a dar a mi cara, su verga se veía hinchada, su leche se sentía caliente e inundaba mi garganta y estómago, mezclándose con la de Adolfo, era demasiado, estaba tan lleno que el líquido y comenzaba a escurrir por las comisuras de mis labios y por mi cara, manchando el suelo de la tarima, Sebastián se quedó quieto un momento, jadeando, disfrutando de la última contracción de su orgasmo y admirando su obra, me dijo, mientras recuperaba el aliento: “qué vista tan hermosa, el abogado Pablo Aristizabal, atado, lleno de semen de tres hombres, oliendo a orina, con la cara llena de leche y sin poder tocarse ni venirse”, yo alcé la cara para mirar la suya y en el recorrido, vi unas sobras asomar por la puerta, ahí estaban Esteban y Manuel, los dos amigotes del troglodita, con sus vergas erectas siendo sacudidas por sus manos, “¿cuánto tiempo llevaban ahí?”, no sé, pero ahí estaban, disfrutando del espectáculo, Sebastián se bajó de la tarima y dándome la espalda para dirigirse a la puerta, me dijo: “Carlos me dijo que le avisara, que su verdadero castigo pronto llegará, que se prepare, que descanse, si puede”, el desgraciado, no contento con lo que acababa de hacerme, se devolvió, se acercó de nuevo y me dio una palmada fuerte en la cara, dejando una marca roja sobre el semen seco de Adolfo y su propio semen fresco, “gracias por esto, puto”, sentenció de nuevo, “nunca había sentido algo tan poderoso” y se fue, dejándome solo con sus dos amigos masturbándose, doblemente violado, triplemente lleno de semen, atado a una tarima, con una jaula de castidad comprimiendo mi verga insatisfecha y esperando que alguien más viniera a desatarme y esperar la noche con su verdadero castigo.

La tarima de los abusos ya había recibido a Santiago y a mí, y todavía faltaba lo peor, ¿o lo mejor?…

Continuará…

13 Lecturas/1 junio, 2026/0 Comentarios/por anonimous81
Etiquetas: amigos, culo, follando, gay, heterosexual, orgasmo, puta, semen
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