Capítulo 03, Mi pequeña Masoquista Johanna
Continuamos el entrenamiento de Johanna pasando entre la fase 2 y la fase 3.
Mi intención de este tipo de relatos, es solo fantasear lo que pudo haber sido, y al mismo tiempo servir de terapia para mi lívido extremo. No pretendo y no estoy de acuerdo con lo mencionado aquí, pero siento que mis fantasías requieren salir de mi sistema, razón por la cual detallo estos relatos completamente fantasiosos.
Capítulo 03, Mi pequeña Masoquista Johanna
Estimados lectores, ya han pasado casi cuatro años desde comencé a entrenar psicológicamente a mi pequeña Johanna, generando un comportamiento claramente masoquista que rayaba entre lo emocional y un poco fisiológico, con deliciosos y morbosos situaciones con realmente poco o casi nulo «contacto sexual» directo. Me muero de ganas de probar a esta pequeña, pero como ya lo mencioné, Yo considero que todavía hace falta recorrer un camino largo para adaptarla a mis necesidades más oscuras.
En particular, quisiera contarles que verdaderamente disfrute muchísimo los viernes en nuestros juegos, tratándole de desarrollar un fetiche por la ropa, y un disfrute por los juegos de rol. Yo logre desarrollarle un gusto y emoción por el uso de máscaras, y en particular por el juego de la modelo. En este juego, básicamente le traía al principio ropa y disfraces preciosos y la hacía desfilar sobre una paralela improvisada en el consultorio, tomándole fotos como un fotógrafo profesional. Al principio la ropa era elegante y una versión de su tamaño de la ropa que le regalaba en detalles especiales a la madre. Esta ropa nunca se la dejaba, diciéndole que por ahora solo su madre era merecedora. Me encantaba verle la cara, cuando los sábados en el club le daba estos detalles a la madre, disfrutando en extremo los celos que le producía esa situación. Cuando ella tenía 11 años, ya teniendo 1 año de los entrenamientos de castigo un poco más avanzados, empecé a introducirle en los trajes elegantes zapatillas rojas de punta, verdaderamente altos para el tamaño de este pequeña a esa edad. Fue verdaderamente hermoso, ver como aprendió con esfuerzo a caminar con esas zapatillas básicas y después con sus modificaciones. Resulta, que un viernes con un traje preciosos de color negro, logre que lo mojara por accidente con gaseosa, «dañándolo». Ella absolutamente en pánico me pregunto que podía hacer, y yo le dije que tendría que castigarla por su torpeza. Ella con cara muy triste me dijo que era su día de disfrutar de los juegos. Yo acepté, pero como castigo modificaría un poco su ropa para incluir el castigo merecido. Inmediatamente coloque sobre las zapatillas una plantilla de pequeños clavos usada en BDSM para causar dolor o incomodidad al caminar al aplicar presión, para usarla como herramienta de entrenamiento. Le dije, que de ahora en adelante y hasta nuevo aviso juagaríamos con las zapatillas de esta forma. Esa mañana disfrute tomándole fotos, ella tratando de caminar de nuevo con las zapatillas y el castigo simultaneo. Por su puesto, para terminar la sesión sin trauma, después de las dos horas de juegos, procedía a quitarle las zapatillas modificadas y aplicarle una crema muy suave y relajante, la cual le producía un placer simple pero directo. Ustedes entenderán queridos lectores, que yo quiero entrenar a esta pequeña MASOCA para que disfrute físicamente del dolor, para lo cual el método conductual implica que todo castigo físico debe tener vinculado un placer físico, simultáneo. La verdad, el sentimiento del disfrute de ella una vez quitado la zapatilla me hacía casi eyacular, porque como mencione anteriormente, Johanna era muy sensible de la planta de los pies. Lo sorprendente es que después de casi dos meses del uso de esta plantilla, ella nunca más me volvió a preguntar sobre cuando me quitaría el castigo. Desde entonces, siempre que usaba las zapatillas de punta roja, siempre ella inmediatamente buscaba la plantilla para colocarla y jugar a la modelo. Claro, siempre al final me pedía, cuando a “mi se me olvidaba”, que la consintiera (lamiera) la planta del pie.
Los lunes, duranta las sesiones intensas psicológicas, empecé a ver que ella se empezaba aislar, razón por la cual tuve que intervenir para buscarle una sana relación con sus pares. Ya que yo apoyaba el colegio, logre identificar un grupo de jóvenes de su edad que serían perfectos para afianzar su modificación conductual. El perfil que busque fueron cuatro. El primero fueron jóvenes con perfil de «vampiros emocionales», los cuales le absorberían toda la energía vital y emocional, donde en lugar de una relación de apoyo mutuo, utilizan a mi MASOCA como un contenedor de sus quejas sin ofrecer jamás nada a cambio. El segundo perfil que busque fueron «Críticos constantes», las cuales apoyarían a disminuir su autoestima mediante burlas, descalificaciones o comentarios pasivo-agresivos. Con esto buscaba la idea de que la persona «no es suficiente», lo cual encaja perfectamente con el ciclo que el perfil masoquista tiende a tolerar. El tercer perfil que busque fueron «manipuladores y controladores inocentes», los cuales me permitirán que Johanna se sintiera culpable por establecer límites y la obligan a ceder constantemente en beneficio de ellos. Por último, busque un perfil un poco peligroso para mí, pero que era necesario, el cual eran «personas narcisistas», la cual esperaba que explotaran la disposición de mi MASOCA a sacrificarse. En particular, la hipótesis es que ellos tenderían a manipular a Johanna con el fin de obtener admiración constante y provocar su desvalorización, impulsados por un marcado sentimiento de superioridad. Con esto grupo de amigos, logré acentuar cada vez más su perfil masoquista emocional, lo cual por su puesto es fundamental para tener un masoquista sexual. Me encantaba inicialmente escuchar emocionada a mi MASOCA como establecía sus amigos especiales, y después durante los siguientes meses, como pasaba a la frustración por ser acomedida y cuidar a sus amigos. Por su puesto, en mi terapia le insistía que debía ser noble, dando lo mejor de sí para sus amigos, aunque esto le generara frustraciones. Durante la misma terapia me logre posicionar como el único que desinteresadamente la escuchaba y le daba sanos consejos de vida, logrando que ella aceptara a nivel de su psique que yo era el pilar y elemento central de su vida.
Los miércoles durante esos años también fueron intensos. Ya descaradamente a los 11 años (1 año de comenzar el entrenamiento inocente), durante el castigo de su espalda, suavamente y con mucha intensión sobaba suavemente sus incipientes senos durante su castigo. De la misma forma, por primera vez y de forma muy audaz, durante el cariño de los pies le recogía la falda para poder ver su tanga. En particular, me encantaba el tic que tenía de colocarse la mano en su hermosa vagina (supongo porque no la había visto todavía), cuando mi lengua pasaba por esos deditos deliciosos en su fase de realimentación al castigo. Allí también de forma creativa probar diversos castigos, derivados de estos. El primero fue colocar pinzas de ropa, de las suaves, en la espalda mientras palmeaba sus nalgas y agarraba fuertemente su cabello. Me encantaba colocar una cuerda conectada a todas las pinzas, y después de una larga exposición a las pinzas, jalar de forma rápida y abrupta. Esta concatenación de elementos le hacia producir un pico de sensaciones, entre dolor y placer, ya que simultáneamente lo vinculaba con las caricias de sus senos y sus nalgas. El segundo fue juguetear con sus orejas, colocando pinzas con mayor presión en los lóbulos de sus orejas mientras la castigaba en cualquiera de las tres versiones que ya estaba entrenada (nalgas espalda, planta de los pies). De la misma forma, me encantaba hacerla contar hacia atrás, al principio de números pequeños, hasta cero, y allí jalar las pinzas de los lóbulos mientas lentamente le acariciaba con mi mano la cara diciéndole que la quería mucho. Al final, y al escondidas de su madre, le vendí la idea a través de sus amigos que se hiciera un par de piercing en las orejas, para lo cual claramente debía recibir su castigo oportuno. Claro, eso fue con ayuda de su madre para seguir fortaleciendo mi papel y familiaridad en su relación.
La situación de los dos piercings en la oreja sucedió de la siguiente forma. A través de su joven amigo narcisista, logre que ella pensará que ese par de piercing se le vería muy hermoso. Eran dos, de tipo Tragus y tipo Hélix, uno en cada oreja, los cuales logre que a escondidas se los colocará el día sábado. Cuando ella llego, yo estaba con la madre regresando del club, cuando su madre se volvió casi loca, porque ella era muy clásica y chapada a la antigua, ya que considerada que los piercings eran de mujeres de la calle. Cuando vi que surgió el efecto que esperaba, y que la madre la iba a coger literalmente a correazos, le dije que por el bien de su hija (y en frente de ella), no debía castigarla con rabia. Entendiendo la situación, me ofrecí a castigarla en frente de ella, pero sin el odio ante la situación, lo cual para ella fue una actitud muy noble de su padrino. Para hacerlo, y en frente de su madre, la coloque en el sillón, como cuando la castigaba los miércoles en mi oficina, y me acerque suavemente a su oreja, diciéndole que la quería mucho pero no tenía otra opción. Ella me miro con cariño, diciéndome que la castigará, que lo merecía y prefería efectivamente que fuera su amado padrino quien lo hiciera. Fue hermoso cuando empecé a darle palmadas de castigo en la cola, ya que tenía puesto es día un jeen bien ajustado. No paré por primera vez, hasta que ví que le salieron lágrimas en los ojos, puesto que su madre esta en frente supervisando el castigo. Esto duro un tiempo, porque ella ya estaba entrenada después de muchos meses en mi oficina. A diferencia de esas veces, esas bellas lágrimas de partieron el corazón, al igual que me generaron que mi pene se pusiera super duro. Como sufrí para pasar desapercibido, y realmente solo me salvé porque Elena empezó a supervisar el castigo después de un tiempo desde la cocina. Al final, cogí esa hermosa cara y con mis dedos recogí sus lágrimas y en frente de ella me los llevé a mi boca, succionándolas. Al mismo tiempo, mientras lo hacia le dije que de esta forma me comía su tristeza y dolor, mientras suavemente acariciaba sus nalgas de forma desprevenida. Al final, como un secreto bien guardado, le dije que se veía hermosísima con los piercings en las orejas, y que la próxima me contará para convencer a la madre sobre el tema. Allí le insistí que no era bueno que ella guardará secretos con su padrino, porque siempre terminaban mal las cosas.
Estimados lectores, no tengo que decir que ese día en la noche no aguante las ganas y tuve sexo salvaje con Elena. Quería de alguna forma también castigarla por ser tan intransigente, y al mismo tiempo demostrarle que yo también podía velar por la rectitud moral de la familia. Quizás lo más morboso de ese día, es que por primera vez le solicite a Elena que jugáramos juegos de roles, donde le pedí que me dejara ponerle una hermosa máscara de cabeza semicompleta, donde solo los labios quedaban expuestos, y donde el cabello salía por la parte superior, como si fuera una cola de caballo. Nunca había hasta ahora usado esta máscara con Johanna, pero no quería que Elena viera lo que tenía planeado. Una vez ella acepto, aunque con un poco de miedo, le puse en cuatro como me gustaba y fui a la cocina. Allí disimuladamente le hice señas a Johanna para que me siguiera, hasta el cuarto. Cuando entré, Elena estaba en cuatro dispuesta con un Babydoll hermoso de color negro, y le dije que la iba a castigar por conservadora. Allí, Johanna no podía creer lo que veía. Me pare detrás de su madre, y le día varias nalgadas diciéndole que la castigaba por “no ser suficientemente zorra”, literalmente. Estimados lectores, como Elena tenían un perfil masoquista emocional leve, duro poco en el castigo. Era más denigración psicológica de no complacer a su hombre, lo que le producía esa angustia y el placer posterior sexual, lo que completaba el ciclo masoquista. Claro, no tuve sexo en frente de Johanna durante o posterior al castigo de su madre, ya que le dije muy bajito que saliera que tenía que satisfacerme con su madre. Johanna, aunque no entendía por qué, salió muy feliz que su padrino hubiera castigo a su madre por su intransigencia. Al final, honestamente nunca había visto tan salida sexualmente a Elena, y al final de lo noche, le dije amorosamente que quería que me hiciera un regalo de amor. Ella me pregunto qué quería, y le dije que se pusiera un piercing en el pezón. Ella con angustia me pregunto por qué, y Yo le dije que no se veía, que me gustaba verla lo suficientemente zorra, y que debía expiar su intransigencia con su hija conmigo. Claramente acepto, para mi completo placer posterior sexual.
El lunes siguiente a este evento, Johanna en la sesión me hico por primera vez la pregunta sobre qué significaba “satisfacerme con su madre”, y si ella en algún momento podría hacerlo también. Le dije que era cuestiones de adultos, y tenía que ver con el sexo. Claro que ella en sus 11 años, entendía vagamente sobre el tema y dejo la pregunta abierta sobre como ella podría abordar esos temas. Yo con un esfuerzo completo, para no perder la cordura, le dije que con el tiempo prontamente descubriríamos entre los dos como abordar estos temas tan importantes. Estimados lectores, ese lunes no aguanté y me dirigí directamente a la nevera de la oficina, sacando un hielo especial (con mi semen) y se lo di a Johanna con una bebida. Allí por primera vez coloque un poco de ron en Coca-Cola y limón, haciendo una bebida “cuba libre” muy suave. Ella le encantó, y la bebida me permitió desinhibirla un poco, disfrutando como jugaba con el hielo en la boca. Claro que la situación ese día no paso de allí, pero ya quería que ella empezará a familiarizarse con bebidas suaves que me permitieran desinhibirla eventualmente.
A partir de los 12 años cumplidos, comencé ahora la fase de entrenamiento tres con experiencias indirectas menos inocentes sexuales sobre los puntos vitales de mi pequeña MASOCA. La primera experiencia fue un viernes después de su cumpleaños, en la cual le propuse que jugáramos con la misma máscara que usé meses antes para castigar a su madre en frente de ella. Ese día, le pedía que usara el mismo Babydoll negro, ya que jugaríamos a la pasarela. Inmediatamente puesto el Babydoll, le coloqué la mascará especial y le puse también las zapatillas especiales. Como ella no podía ver, le di mi mano, y la dirigí hacia la pasarela, grabándola con la cámara. Jugamos libremente por 15 minutos, y posteriormente para reforzar el efecto, le quite la máscara y miramos el video de la filmación. Al igual que el espejo, el efecto del video era que Johanna se viera desde el exterior de su cuerpo, fomentando su imaginación, amplificador visual, psicológico con disociación positiva. Ella rápidamente con el video perdió el miedo a la máscara, y más importante el miedo a perder el control visual, donde yo mantenía el control en todo momento y había castigo involucrado por sus zapatillas especiales. Posteriormente, le volví a colocar la máscara, y ahora le dije que jugaríamos a identificar los sabores estando ella sentada y sin zapatillas. Así empezamos a saborear el arroz con leche que ella ya estaba acostumbrada a comer, casi por obligación. También jugamos con mis hielos espaciales, y finalizamos con leche condensada y arequipe, que por cierto le encanto. Aquí la primera evidencia de contacto no tan inocente, fue que en todos los casos use mis dedos como herramientas de alimentación. Al final, jugando a los sabores, use mis dedos para hacerle cosquillas en el paladar a diferentes profundidades de su zona bucal, produciendo unas sensaciones profundas, algunas veces de casi cosquillas y otras veces de casi de arcadas, que producían en ambos casos pequeños corrientazos que llegaban directamente de la boca a su vagina. Fue verdaderamente morboso y exquisito, siendo para ella completamente normal las sensaciones que le producía.
La segunda experiencia fue dos meses después de cumplir sus 12 años. A partir de allí empecé a suministrarle en los hielos especiales un antidiarreico (Loperamida) en dosis especiales para producirle un estreñimiento fuerte. Después de casi una semana de suministro (empecé el viernes, continúe el lunes y terminé el miércoles), ella empezó a sentirse completamente angustiada porque no podría hacer del número dos. Ella en confidencia me dijo de la situación el miércoles, antes de comenzar la sesión, ya que no quería involucrar a su madre en el problema y no tenía disposición para la terapia ese día. Yo le dije que tenía una solución médica especial, que podría ayudarla a desalojar del cuerpo, aunque podría considerarse un poco embarazosa. Ella con angustia me dijo que no importaba, ya que no podía hacer del cuerpo. Estimados lectores, resulta que mi oficina de terapia tiene baño con ducha, ya que algunos pacientes tienen complicaciones durante las sesiones que requieren este servicio. Por lo tanto, la lleve al baño y le explique lo que tendría que hacer. Claro que por ahora yo no estaría presente, pero le explicaría como hacerlo. Saque de mi escritorio un enema de 320 ml con crema líquida especial (agua, lubricante y semen), y le explique que tendría que hacer para ayudarla a desalojar. Claro que la explicación la cogió por sorpresa, pues básicamente le dije que debía lubricar con el líquido ligeramente su ano, y posteriormente introducir la punta profundamente y exprimirlo, de tal forma que todo el líquido quedara adentro. Posteriormente tendría que esperar, hasta que la deposición saliera completamente. Después de explicarle, la dirigí directamente al baño donde ella procedió a realizar el procedimiento. Claro que yo tenía una cámara oculta para ver toda la peripecia, y realmente fue espectacular. Como se imagina, la introducción de la punta del enema fue con cara de miedo, la inyección del lubricante fue con cara de sorpresa, pero la defecación fue con una cara de placer completo, ya que por fin pudo descansar su cuerpo. Estimados lectores, la terapia fue un éxito completo, ya que la deposición era completamente dura, y honestamente tenía el mismo largo y grosor de mi pene. Por lo tanto, ya tenía el mecanismo necesario para empezar a entrenar el “recto” de mi pequeña MASOCA para el grosor y profundidad de mi pene, con sensaciones de placer fisiológicos básicos relacionados. Mientras ella hacia todo el procedimiento, me hice una paja completa, eyaculando abundantemente en un té caliente que le había preparado para su relajación. Para intensificar las sensaciones con el tiempo, al líquido especial le empecé a combinar un gel de efecto tensor, el cual estaba diseñado para generar una sensación de contracción durante la defecación (bueno, realmente es durante la penetración anal). De esta forma, obligaba a que mi pequeña MASOCA tuviera un montón de sensaciones mientras realizaba su desagüe forzado de su cuerpo, con el placer instintivo correspondiente. En verdad, el éxito fue tan grande, que Yo empecé a combinar los castigos de las nalgadas los miércoles con su posterior auto tratamiento de enema, por su puesto cada mes por razones médicas.
La tercera experiencia fue realmente simple. Durante el castigo de los pies y posterior pasada de mi lengua por su planta del pie y entre sus dedos, ella siempre instintivamente colocaba su mano en su vagina. A partir de la fase tres, y con una naturalidad completa médica, le dije que me gustaría ver esa hermosa vagina mientras lamia sus dedos. Ella con asombro, pero con un gustillo ya por la exploración individual previa que sospechaba de forma privada (mejor dicho, ya asumía que ella tenía pequeñas masturbaciones femeninas) me pregunto como quería que fuera. Yo le dije que podía quitarse la tanga, mientras yo la consentía. Al hacerlo, le pregunte que sentía y me dijo que rico, aunque su pequeña vagina se mojaba sin saber por qué. Allí aprovechando que meses antes me había preguntado sobre como podría “satisfacerme con su madre”, le di una clase honesta sobre el sexo y los puntos vitales para las sensaciones sexuales de las mujeres y de los hombres, y sus síntomas (vagina lubricada y pene erguido). Allí tan cual profesor de biología, le explique que los hombres tenemos un pene, y que de diversas formas necesitamos entrar en contacto con diferentes huecos de sus parejas (en plural, tanto de huecos como de parejas), y eso significaba “satisfacerse con una mujer”. Allí le explique sanamente que la mujer tenía tres huecos de placer principales, a saber: la boca, la vagina y el ano. También le explique que había muchas formas de satisfacer a un hombre, y por ende muchas formas de juegos sexuales. Sin más explicación, le dije que ella era todavía muy joven para experimentar esos juegos sexuales con un hombre, pero que si quería yo podía empezar a orientarla. Ella me sonrió sonrojada, mientras me pregunto si quería que esa posición le mostrara sus huecos, a ver si le parecían bonitos. Yo le dije que si con naturalidad, a lo cual ella primero abrió la boca, para lo cual le dije que era pequeña pero hermosa. Después ella abrió su vagina lampiña, para lo cual le dije que se veía sabrosa y dulce. Termino girándose, mostrándome su ano, para lo cual le dije que sería muy afortunado el hombre que pudiera poseerlo. Bueno, aunque fue morbosa la situación, realmente como un careo, no hubo mala intensión y fui muy prudente biológicamente en el tema. Después profundizaremos en otros relatos sobre estas aproximaciones no tan inocentes.
Finalmente, queridos lectores, estábamos llegando a la fase tres con 13 años cumplidos, y tenía un problema serio. Como ya les había comentado con anterioridad, la madre de Johanna, Elena, es una mujer de cuerpo muy parecido al de su hija, pero con unos senos completamente insanos, por lo grandes. Aunque me fascinaba por lo morboso con ella (la madre), honestamente me entristecía ver que su hija pasaba de unos senos pequeños preciosos, a unos senos que empezaban a esbozar un tamaño insano. Eso va completamente a mi deseo de esta pequeña con cara inocente, ya que perdía para mi completamente su atractivo morboso. Por eso, empecé a suministrarle cada seis meses un inhibidor puberal (Triptorelina) para bloquear de forma temporal las hormonas que desencadenan la pubertad, justificado ante la madre como vacunas especiales modernas. De esta forma, esperaba que el crecimiento de los senos, la inocencia de la cara, el cuerpo delgado y estilizado, y la menstruación de mi pequeña MASOCA se detuvieran al menos por un par de años más. Claro que tuve que tener especial cuidado y monitoreo de Johanna, porque estos medicamentos pueden producir cambios de humor inesperados y dolores de cabeza. Claro que estos elementos me servían perfectamente para justificar la continuación de las terapias con esta pequeña, hechas claramente a la medida.
Ya les contaré como continuamos con la fase 3, la cual todavía no había terminado pues la tenía planeada hasta que ella cumpliera los 14 años. A partir de esa edad, entraríamos en la fase 4, la cual es un entrenamiento entusiasta, intensivo y sexual de una pequeña MASOCA hecha a mi completo deseo perverso.
cazadordelulu



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