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Dominación Mujeres, Incestos en Familia, Sexo con Madur@s

El secreto de mi mamá

Mi mamá me guardo un secreto durante tres años y termine descubriéndolo .
Me llamo erick, esta es la historia de cómo descubrí un secreto que mi madre me guardo por mucho tiempo, mi madre se llama Jeny es una mujer trabajadora y dedicada a la familia, es delgada, mide 1.64, es de tez blanca, su cabello es color negro, es largo le llega a mitad de la espalda, tiene senos mediados, y un trasero levantado y redondo, a decir verdad tiene mas tracero que senos, a pesar de que a parido hos hijos tiene un buen cuerpo, trabaja como modelo y edecan, pero mas de revistas y panfletos, es la tipica señora que llegan a ver en catalogos de ropa o folletos de supermercado.

 

Tengo un hermano de tres años, no somos hijos del mismo padre, mi madre es viuda mi padre falleció cuando era pequeño, mi hermano es producto de una aventura que tuvo mi madre, ella se sincero conmigo cuando me contó que estaba embarazada, había conocido un hombre con el que se acostó varias veces, pero la termino dejando, meses después dio a luz a mi hermano.

 

A demás de mi mamá y mi hermanito tengo más familia una tía Jessica y un primo Victor mayor que yo solo por meses, pero ellos se fueron a vivir a estados unidos cuando sucedió me sentí deprimido ya que mi primo era lo más cercano a un hermano para mi, en ese entonces mi mamá ni había mencionado su embarazo por lo cual yo era el hijo único en aquel entonces y el único con el que convivia era con mi primo,

 

Al principio seguíamos en contacto mi primo y yo por llamadas o videollamadas pero poco a poco eso se fue acabando era como si mi primo ya no tuviera tiempo para mi,luego nació mi hermanito y me dediqué a cuidarlo junto con mi mamá, se podría decir que teníamos una vida normal.

 

Pero una noche recibimos una llamada, era mi tía Jessica estuvo hablando con mi madre por varios minutos, al final mi mamá solo dijo —»¡Está bien, está bien! no te preocupes él puede quedarse con nosotros» — luego colgó, por alguna razón mi mamá parecía preocupada perdida en sus pensamientos  —»¿Qué sucede mamá?» — pregunte.

—»Era tu tía Jessica, me dijo que tu primo vendría para arreglar unos de sus papeles de nacimiento, y se quedará con nosotros» — me dijo, en ese momento yo me alegré bastante tenía mucho que no lo veía. —»¡Qué gran noticia mamá!» — dije muy emocionado.

 

—»Que bueno hijo me da gusto que te alegres» — Dijo por compromiso ya que seguía muy pensativa al punto de morderse una uña.

 

Llegó el día en que finalmente sonó el timbre.

—¡Ya llegó! —exclamé, corriendo hacia la puerta.

—¡Erick, espera! —La voz de mi madre sonó extrañamente aguda, casi un grito de advertencia.

Pero ya era tarde. Abrí la puerta y ahí estaba él. Víctor no era el chico flaco que recordaba. El tiempo en el extranjero lo había transformado. se veía más atlético y su piel estaba ligeramente bronceada.

—Hola, primo —dijo.

—¡Víctor! ¡Qué cambiado te ves! —le di un abrazo.

Desde atrás, mi madre apareció. Llevaba un vestido corto de flores escotado, que dejaba al descubierto sus piernas blancas y torneadas. Al ver a Víctor, su respiración se detuvo por un segundo. Sus ojos recorrieron el cuerpo de mi primo de arriba abajo.

—Bienvenido, Víctor —dijo ella—. Pasa, ponte cómodo. llegaste justo a la hora de comer.

—Hola tia, sigues igual de hermosa, aun recuerdo los últimos encuentros… perdón quise decir las últimas ocasiones que nos vimos —Dijo mi promo sonriendo

—Creeme que yo también las recuerdo muy bien —Dijo mi mamá.

Mientras comíamos Víctor hablaba sobre su vida en los Estados Unidos, mientras mi mamá como despacio sin apartar la mirada de su plato, Yo intentaba mantener la conversación, pero mi atención se desviaba constantemente hacia mi mamá. Notaba cómo ella evitaba la mirada de Víctor incluso parecía no importarle lo que nos contaba.

Finalmente terminamos de comer mi mamá recogió los platos y se dirigió a lavarlos

 —Victor te quedaras en la habitación junto con tu primo —Dijo mi mamá sin voltear a verlo.

 —Iré a preparar una colchoneta para Victor —dijo mi mamá, una vez dejó de lavar los platos, subió las escaleras y fue hacia mi habitación, me quedé con mi primo.

Luego Víctor me preguntó por mi hermanito, le comente que estaba en la guardería y que mi mamá iría por él más tarde —Ya veo, tengo muchas ganas de conocerlo —dijo mi primo.

Más tarde mi mamá bajó — Ya está lista la colchoneta Victor, si gustas puedes subir a dejar tus maletas —dijo mi mamá, pasando de largo tomó sus llaves.

— Erick iré por tu hermanito —me dijo mi mamá, — Pero aún es muy temprano —Respondí.

— Es que quiero aprovechar para salir a caminar un poco —me dijo mi mamá, y salió de casa.

— Está comportándose algo rara mi mamá —le dije a mi primo — Justo te iba decir eso —respondió mi primo sonriendo — Pero no le des muchas vueltas nadie entiende a las mujer — dijo mi primo estirando los brazos — Si no te molesta iré a descansar un poco — Dijo Víctor levantándose, tomando sus maletas y se dirigió a mi habitación

Por la noche mi primo se levantó y yo estaba en la sala con mi hermano pequeño, mi mamá estaba terminando de limpiar la cocina, cuando vi que Víctor bajo le dije a mi hermanito que lo fuera a saludar pero mi mamá lo interceptó y lo levantó en brazos.

—Así que él es… —empezó Víctor, con una sonrisa, una que parecía buscar una reacción en ella.

—Él es solo  tu primo —lo cortó mi madre de inmediato. Su voz no fue suave; fue un latigazo. Sus ojos, usualmente dulces, brillaban con una intensidad desafiante mientras sostenía a mi hermano contra su pecho.

Mi madre apretó más al pequeño contra ella. El silencio que siguió fue incomodo, solo roto por el sonido del reloj de la pared. Ella no respondió. Simplemente se dio la vuelta, dándole la espalda a Víctor.

—Erick, ayuda a tu hermano a acostarse —dijo ella —. Ya es tarde ya debe ir a dormir.

—Sí, mamá —respondí, levantándome. 

Después de dejarlo en su cuna y arroparlo, regresé a la sala, Lo que vi me dejó sin aliento. Mi madre estaba contra la pared, con la espalda apoyada en la madera, y Víctor estaba frente a ella, con una mano apoyada sobre la pared, acorralándola. Su otra mano estaba hundida en el cabello de mi madre, obligándola a inclinar la cabeza hacia atrás. 

—Tengo el mismo derecho que tu a convivir con el pequeño — Dijo mi primo.

—Nadie tiene que saber lo que sucedió hace tres años Victor — Dijo mi mamá.

Mi mamá de inédito se dio cuenta de mi presencia —!Hijo! ¿Ya se durmió tu hermanito?— preguntó mi mamá con voz nerviosa mientras mi primo se alejaba de ella.

—Si en cuanto cerró los ojos se quedó dormido — respondí a mi mamá.

—Gracias, hijo — dijo ella, forzando una sonrisa —. Ahora ve con Víctor, lávense los dientes y luego váyanse a dormir. 

Víctor y yo entramos al baño, mientras él se lavaba los dientes, no podía dejar de mirarlo de reojo. Se veía tan tranquilo, como si no acabara de acorralar a mi madre en la sala hace apenas unos minutos.

No pude aguantarme.

—¿Pasa algo entre mi mamá y tú? — le solté de golpe.

Víctor con la espuma de la pasta dental cubriéndole los labios. Se giró para verme, me soltó una sonrisa de esas que no te dicen nada.

Escupió la pasta en el lavabo y se limpió la boca con la mano.

—Si, todo bien, primo — me dijo—. No tienes porqué preocuparte.

Me quedé callado, mirándolo fijamente —Vale — respondí, tratando de no parecer un detective —. Vamos a dormir.

Salimos del baño y nos fuimos directo a mi cuarto. Víctor se cambió rápido, se puso una pijama y se acostó en la colchoneta que mi mamá le había preparado. Se dio la vuelta y me dio la espalda.

Yo me acosté en mi cama, mirando al techo. El silencio de la habitación era extraño, casi pesado. Al final, el cansancio me ganó y el sueño me venció. En medio del silencio de la noche, unos susurros me despertaron. Eran voces, venían de la habitación de al lado, la de mi mamá.

Me senté en la cama, parpadeando con fuerza, todavía medio dormido y muy confundido.

—Víctor, ¿escuchaste eso? —le pregunté en un susurro, buscando su presencia en la colchoneta.

Pero no había nadie. La colchoneta estaba vacía.

Me levanté. La luz del pasillo estaba apagada, pero se veía un resplandor que venía de la habitación de mi mamá; la puerta estaba abierta y la luz de su cuarto estaba encendida.

No lo pensé mucho. Me acerqué con cuidado, tratando de no hacer ruido con mis pies sobre la madera. «¿Qué está pasando ahora?», me preguntaba mientras me acercaba a la puerta. 

Al llegar al umbral, me asomé por la rendija de la puerta… mi madre estaba sentada en su cama y mi primo de pie frente a ella, mi madre solo llevaba un short corto y una playera vieja la cual usaba para dormir.

Mi mamá estaba sentada en la cama. Solo llevaba un short corto y una playera vieja, de esas que usa para dormir. Víctor estaba de pie frente a ella.

—No pongas esa cara tan aterradora, tía —dijo Víctor. —. Solo decide: ¿quieres que le cuente la verdad a mi primo o mejor empezamos a divertirnos un rato?

Mi madre no se movió. Se quedó ahí, como si le hubieran dado un golpe en el estómago. Pero lo que me terminó de romper la cabeza fue lo que él soltó después.

—Después de todo… tú me quitaste la virginidad hace tres años tia, y teniamos sexo muy seguido y no te oponias como ahora —añadió él, clavándole la mirada.

—Eso no debió suceder —susurró mi mamá. Su voz sonaba rota.

Víctor soltó una risa seca. —¿Qué dices, tía? —la retó, con una sonrisa —. No te hagas la inocente. Después de todo, tú fuiste la que me lo propuso.

Me quedé ahí, pegado a la pared, sintiendo que me faltaba el aire. Las palabras de Víctor me golpearon como un balde de agua fría. Mi madre, la mujer que siempre ponía orden y reglas en la casa, ¿había sido la que propuso algo así con su sobrino?

—Además, siéntete tranquila —dijo Victor con una seguridad que me dejó helado—. Antes de venir para acá, pasé a comprar una caja de condones. Así que no hay peligro de que tengamos otro hijo.

El comentario me dejó mudo. Mi mamá se quedó sin palabras. Se quedó ahí sentada, con la boca entreabierta, mirándolo como si no pudiera creer lo que estaba escuchando. 

Mi madre se puso de pie de la cama. Se quedó frente a él, mirándolo directamente a los ojos.

—Tendré sexo contigo —dijo ella,—. Pero con un solo propósito: que no digas nada. Erick no debe saber que su hermanito es tu hijo. ¿Entendiste, Víctor?

Me quedé sorprendido porque mi madre me había engañado todo este tiempo.

Pero mi madre no se detuvo ahí. Con una naturalidad que me dejó mudo, empezó a despojarse de su ropa. Se bajó el short corto y se quitó la playera vieja, quedando frente a él con los senos desnudos y solo su pantaleta puesta.

—¿Entendiste? —repitió ella.

—Enterado, tía. seguirá siendo nuestro secreto —respondió Víctor.

Mi madre no perdió el tiempo. Se bajó la pantaleta y se la quitó de un tirón. Su mirada era dura, casi de piedra.

—Quiero que sepas una cosa: esto no me va a generar ni el más mínimo placer —sentenció ella, marcando una distancia emocional que intentaba desesperadamente mantener.

—Te prometo que te voy a complacer, tía —le contestó él, sin dejarse intimidar por su frialdad.

—¿Cuántas veces lo vamos a hacer esta noche? —preguntó, mientras ella se subía a la cama y se tumbaba, mirando al techo con una expresión vacía.

—Una es más que suficiente, Víctor —dijo ella, apartando la mirada para quedarse mirando la pared.

Víctor no perdió el tiempo. Se desnudó rápidamente y se subió sobre ella. Se inclinó y empezó a lamerle un pecho con intensidad.

—Extrañaba tus pechos, tía —susurró él.

Pero mi madre no respondió. Se quedó ahí, inmóvil, mirando la pared como si estuviera en otro lugar, tratando de desconectarse de lo que su cuerpo estaba viviendo.

Víctor bajó de sus pechos hacia su abdomen. No se detuvo; empezó a besar, a chupar y a lamer su piel con una intensidad que parecía no tener fin. Bajó y bajó hasta llegar a su entrepierna.

—Abre más las piernas, tía —le ordenó Víctor, con una voz que no aceptaba un no por respuesta.

Mi madre ni siquiera lo miró. Se quedó ahí, con la mirada perdida en la pared, pero simplemente obedeció y abrió las piernas para él.

Víctor se hundió entre ellas y empezó a lamer su vagina con hambre, era la primera vez que veía la vagina de mi mamá, está cubierta de vello, pero mi promo la abría para lamer dentro deja ver que era de un color rosado en su interior.

Mi madre seguía con esa cara de indiferencia, como si estuviera aburrida, pero su cuerpo decía otra cosa. Su respiración se volvía cada vez más rápida, más agitada, y sus músculos empezaban a tensarse sin que ella pudiera evitarlo.

Por mucho que ella intentara convencerse de que no sentía nada, su cuerpo estaba empezando a rendirse. El ritmo de mi primo era implacable y su piel ya no mentía.

Víctor se separó un segundo, solo para mirar directo a la vagina de mi mamá con una sonrisa de triunfo.

—Te estás poniendo bastante húmeda, tía —dijo  él, con la voz cargada de malicia—. Ya había olvidado que eres de esas mujeres que se mojan mucho.

Mi madre apretó los dientes. Sintió un calor que le subía por todo el cuerpo, una mezcla de vergüenza y una excitación que ya no podía ocultar. Quería decirle que se callara, que se detuviera, pero las palabras se le quedaban trabadas en la garganta.

Víctor se levantó y se sentó sobre ella, justo a la altura de sus costillas. El peso de su cuerpo la obligó a hundirse un poco más en el colchón.

—¿Pero crees que estás haciendo? —le dijo mi mamá—. Por favor, quítate de encima.

Pero Víctor no se movió. Al contrario, se acomodó —Solo quiero una rusa con tus tetas —dijo él sin rodeos.

Ya tenía el pene erecto y lo puso justo en medio de los pechos de mi madre.

—Vamos, aprieta tus tetas mientras intentas chupar mi pene —le ordenó.

A mi mamá le costó levantar la cabeza. Con mucho esfuerzo, logró alcanzar la punta de su miembro con la boca, mientras sus propias manos apretaban sus pechos para rodearlo. 

—Ni que fuera tan difícil —le dijo mi primo, con una sonrisa de suficiencia—. Hazlo bien.

—Quítate de encima para que te lo haga bien —le ordenó mi mamá.

Víctor no protestó. Se levantó de un salto y se puso de pie sobre la cama, mirándola desde arriba con una expresión de pura satisfacción.

—Quédate de pie —le dijo ella.

Él obedeció. Mi mamá se arrodilló debajo de él, justo entre sus piernas. Con un movimiento decidido, acercó sus pechos al pene de mi primo y volvió a apretarlos con fuerza, rodeándolo con su carne. Esta vez, ella inclinó la cabeza y empezó a succionar con ganas, envolviendo la cabeza del miembro de Víctor con su boca.

Se veía mucho más fácil para ella hacerlo así. Ya no parecía un esfuerzo forzado, sino un movimiento coordinado. Aunque seguía sin decir una palabra, el sonido de su succión llenaba el silencio de la habitación.

—Deja de usar tus tetas y abre bien la boca —le ordenó Víctor.

Él no perdió el tiempo. Introdujo su pene de golpe en la boca de mi madre, tomándola de la cabeza con fuerza para controlar el movimiento. Empezó a mover la pelvis hacia adelante y hacia atrás con una rapidez brutal, follando su boca sin piedad.

El sonido que se escuchaba en la habitación era único y perturbador: un glu, glu, glu constante, rítmico, que llenaba todo el espacio.

Mi mamá no hacía nada. Se quedó ahí, completamente quieta, con la boca abierta mientras el pene de Víctor entraba y salía con fuerza. 

Cuando Víctor terminó de follarle la boca, sacó su pene. Mi mamá solo escupió al suelo para limpiarse la saliva que se le había quedado en la comisura de los labios.

—Acuéstate y abre bien las piernas —le ordenó Víctor sin perder el tiempo.

Él se colocó entre sus piernas y empezó a rozar su entrada con el pene, jugando con ella. Al notar que lo hacía sin protección, mi madre reaccionó de inmediato.

—¡Ponte un condón! —le dijo, señalando la caja que él había mencionado antes—. Ni se te ocurra metérmelo sin protección — dijo mi mamá.

Víctor no le discutió. Se bajó de la cama, agarró la caja y sacó un condón. Se lo puso rápido y volvió a posicionarse sobre ella, con la mirada cargada de deseo.

—Bueno, ahí va… te lo voy a meter todo de una vez —dijo mi primo.

En cuanto la penetró, mi mamá perdió los papeles. No pudo aguantar más y soltó un gemido que retumbó en toda la habitación.

—¡Está dentro! —exclamó, con la voz entrecortada—. ¡Tu cosa está dentro de mi vagina! — dijo mi mamá

—Qué suerte tengo, tía, de poder follarte —le respondió Víctor mientras movía la cadera con un ritmo constante y brutal.

—Es mucho más grande de lo que recordaba… —susurró ella, ya sin poder contener los gemidos. Intentaba taparse la boca con las manos para no hacer tanto ruido, pero era inútil; el placer la estaba dominando por completo mientras él la follaba en posición de misionero.

—Tía, no hagas tanto ruido —le dijo Víctor, mientras le daba una estocada profunda—. Vas a despertar a nuestro hijo, o peor aún, a Erick.

Él no dejó de mover la cadera; al contrario, lo hizo con más fuerza, como si el riesgo de que los pillaran le diera más ganas.

Mi mamá intentó contenerse, pero era imposible. Cada vez que él entraba en ella, su cuerpo se arqueaba y un gemido le escapaba de la garganta. Se tapaba la boca con la mano, pero sus ojos estaban muy abiertos, llenos de puro deseo.

—Y decías que no ibas a sentir placer —le dijo con malicia, disfrutando de cómo ella intentaba contener los gemidos.

Mi madre no pudo responder. Solo pudo apretar los ojos con fuerza, sintiendo cómo cada estocada de Víctor la llevaba más cerca de perder el control por completo.

—Entonces, pasemos al siguiente nivel —añadió él, sin darle tiempo a reaccionar, Víctor la agarró de las piernas las colocó en sus hombres y comenzó a embestirla más fuerte clavándosela más profunda.

—No tan fuerte… no puedo más… detente —suplicaba mi mamá, con la voz rota.

Pero Víctor no iba a parar. Al contrario, parecía que sus súplicas le daban más cuerda. La embestía con más ganas que nunca, buscando sacarle hasta el último suspiro.

—Parece que estás muy excitada, ¿verdad, tía? —le dijo Víctor con una sonrisa de triunfo, sin bajar el ritmo.

De repente, el cuerpo de mi mamá se tensó de una forma violenta. Sus ojos se pusieron en blanco y soltó un gemido largo, un grito ahogado que parecía venir desde lo más profundo de su ser.

—¡Mierda, me voy a venir! —exclamó ella, perdiendo el control por completo.

Aunque todavía tenía el pene de Víctor clavado dentro, su cuerpo empezó a convulsionar. Empezó a correr con tanta fuerza que un líquido empezó a brotar de ella, dejando una marca húmeda sobre el colchón. 

—Increíble… ya había olvidado que tener sexo contigo era así de bueno —soltó mi mamá, con la voz temblorosa y la respiración agitada.

Se quedó ahí, con el cuerpo temblando, todavía sintiendo el pene de Víctor clavado dentro de ella. Pero él no tenía intención de dejarla descansar.

—Mi pene todavía está muy duro, tía. Sigamos —dijo Víctor con una mirada de hambre.

Sin esperar, se lo sacó de un tirón. Mi mamá, en lugar de quejarse, se dejó llevar. Víctor la obligó a chupárselo durante unos minutos, una sesión intensa que la dejó casi sin aliento.

Luego, sin darle tiempo a recuperarse, la giró bruscamente. La puso en cuatro patas sobre la cama, con el trasero levantado y expuesto. Víctor se posicionó detrás de ella y, con un movimiento seco y profundo, volvió a ensartárselo en la vagina.

—Se siente tan bien… es increíble —dijo  mi mamá, con la voz quebrada mientras sentía cómo Víctor la penetraba con fuerza desde atrás.

Ya no intentaba fingir que no le gustaba; la verdad era que estaba disfrutando cada embestida. Agarró una almohada mordiéndola con fuerza. Lo hacía para intentar ahogar sus propios gemidos, para que el sonido de su placer no se escapara de la habitación.

Mi mamá estaba perdida en el placer, concentrada únicamente en intentar silenciar sus propios gemidos. Estaba tan sumergida en la sensación de la penetración que no se dio cuenta de algo muy grave.

Después de que ella le chupara el pene, Víctor no se había vuelto a poner un condón.

Él la estaba follando a pelo, sin ninguna protección.

La ignorancia de mi madre era total; Victor estaba entrando en ella con toda su fuerza sin ninguna protección.

No fue hasta que Víctor empezó a correrse que mi mamá se dio cuenta de la verdad.

—¡Víctor! ¡Te estás corriendo dentro! —gritó ella, con la voz entrecortada—. ¿Dónde quedó el condón? ¡Me estás llenando el coño con tu semen!

Pero ya era tarde. Víctor, con unos últimos empujones profundos y salvajes, terminó de venirse dentro de ella. En cuanto se la sacó, mi mamá se levantó de la cama de inmediato. Se metió los dedos en la vagina y los sacó empapados de leche.

—¡Mierda, Víctor! —dijo ella, claramente molesta—. Me habías dicho que usarías condón.

A mi primo le dio igual. Se encogió de hombros.

—Se me olvidó ponerme otro —soltó él, como si nada.

Mi mamá se sentó en la cama y se cruzó de piernas, tratando de recuperar la compostura.

—Mañana tendré que comprar la píldora del día después —dijo ella, con la mirada perdida.

—Iré a mear —dijo Víctor, sin darle importancia al asunto mientras se ponía de nuevo su pijama.

—Está bien, aquí te espero —respondió mi mamá, tumbandose de nuevo en la cama.

Pero antes de que él se alejara,Visctor se giró —¿Como para que? dijiste que solo lo haríamos una vez — preguntó él.

—Me acabas de follar… al menos pasa la noche a mi lado —le dijo mi mamá, tratando de suavizar la tensión.

Víctor se giró y se rió, una risa corta y seca.

—No te confundas, tía. No somos pareja como para que me duerma contigo. Si no es para follar, no pienso pasar la noche aquí.

—Entonces ya, lárgate a dormir —le respondió ella, dándole la espalda.

En cuanto Víctor salió de la habitación de mi mamá y se dirigió al baño, yo aproveché para regresar a mi cuarto lo más rápido que pude, con el corazón a mil y la cabeza dándole vueltas a todo lo que acababa de presenciar.

Por la mañana, mi mamá ya estaba impecable. Parecía que la noche anterior nunca había existido. Estaba en la cocina, recién bañada,con un vestido largo, preparando el desayuno como si fuera un día cualquiera.

Cuando entré, me saludó con una sonrisa tranquila.

—Buenos días, hijo. ¿Cómo dormiste? ¿Qué tal tu noche? —me preguntó, sin que se le notara ni un rastro de cansancio.

—Muy bien, mamá. Dormí bastante —respondí.

Me senté en la mesa, tratando de que no se me notara la tensión en el cuerpo..

—Hijo, de casualidad… ¿no escuchaste nada raro anoche? —me pregunto.

—No, mamá. No escuché nada —respondí 

Me cambió el tema rápido.

—¿Y qué tienes pensado hacer hoy? —me preguntó, mientras servía el desayuno.

—Aún no lo sé, ¿por qué? —le dije, mirándola de reojo.

—Por nada, hijo. Solo para saber dónde vas a andar —contestó ella, con esa calma de madre que parece que lo sabe todo.

—¿Y tú tienes algo que hacer hoy, mamá? —le pregunté, tratando de que mi voz sonara casual, como si no tuviera ninguna intención oculta.

Ella no dejó de moverse en la cocina.

—En realidad, saldré a comprar algo de comida y de paso iré a la farmacia —me respondió, sin mirarme.

Sentí un cosquilleo en el estómago. Sabía perfectamente para qué iba ir. Era la oportunidad perfecta para acorralarla.

—¿A la farmacia? ¿Para qué, mamá? —le dijo.

Me quedé mirándola fijamente, esperando su reacción. Quería ver si se ponía nerviosa, si evitaba la mirada o si simplemente me daría una respuesta genérica.

Se le notó en la cara. Se puso nerviosa de inmediato y su mirada se desvió hacia un lado, evitando la mía. Se le había escapado la verdad sin pensar.

—¿A la farmacia? —repitió, y su voz sonó extraña, como si estuviera tratando de recuperar el aire—. Perdón, hijo… quise decir a la lavandería. No sé ni dónde tengo la cabeza.

En ese momento, escuchamos los pasos de mi primo bajando las escaleras. Apareció en la cocina con una carpeta en la mano.

—Víctor, siéntate un momento. Te sirvo el desayuno —le dijo mi mamá, con un tono serio.

Pero Víctor ni siquiera la miró.

—No voy a desayunar —soltó él, cortante—. Comeré algo fuera. Tengo que ir a arreglar mis papeles.

Sin esperar respuesta, pasó de largo, caminando directo hacia la puerta. Mi mamá se quedó ahí, de pie, siguiéndolo con la mirada, se le veía claramente molesta, como si le hubiera dado un golpe de orgullo.

—¡Haz lo que quieras! —le gritó ella, con la voz cargada de rabia.

No era solo un berrinche de madre. Se le notaba en la cara que estaba furiosa con él por haberla follado de esa manera y, acto seguido, negarse a pasar la noche a su lado. Para ella, el sexo y la compañía iban de la mano, pero para Víctor, parecía que solo se trataba de satisfacer un deseo y listo.

Por la tarde, mi mamá regresó de sus compras. Estábamos todos sentados frente al televisor: mi hermanito, ella y yo. Habíamos pedido unas pizzas porque, claramente, ella no tenía ánimos de cocinar.

En eso, llegó Víctor.

Mi mamá ni siquiera lo miró. Actuó como si no hubiera llegado nadie, manteniendo esa barrera de hielo que había puesto desde la mañana. Pero mi primo no tenía intención de dejar las cosas así.

—Tía, podemos hablar —soltó él, rompiendo el silencio de la sala.

Mi mamá lo miró, todavía con la cara de pocos amigos.

—¿Qué quieres, Víctor? —preguntó ella, cortante.

—Ven un momento —dijo él, extendiendo la mano para invitarla a levantarse.

Ella lo miró con desconfianza, como si no estuviera convencida, pero terminó aceptando y se puso de pie.

—Vamos arriba para hablar —propuso Víctor.

—No —le cortó ella de inmediato—. Lo que me quieras decir, dímelo aquí mismo.

Pero Víctor no se dejó vencer. La tomó de la mano con firmeza.

—Perdón, tía, pero es algo personal —le dijo, y antes de que ella pudiera protestar más, la llevó de mala gana hacia el centro de lavado de la casa.

Yo ya lo sabía. Sabía que las intenciones de mi primo con mi mamá eran sexuales, y por eso empecé a sospechar cuando vi que tardaban tanto en regresar.

Dejé a mi hermanito viendo la tele y me levanté. Necesitaba saber qué estaba pasando. Caminé hacia el centro de lavado y, al llegar, me asomé por la ventanilla. 

Víctor tenía a mi mamá abrazada por detrás. Sus brazos rodeaban su abdomen con fuerza mientras le besaba el hombro, que se le había quedado al descubierto porque el vestido se le había bajado un poco.

—Sabes que nuestra relación es solo de placer, tía… ¿por qué te complicas tanto? —le soltó Víctor con una voz cargada de deseo.

Sin esperar respuesta, subió sus manos y empezó a apretarle los pechos con fuerza. Con un movimiento rápido, le bajó más el escote del vestido, dejando sus senos al descubierto y mostrando un sexy brasier rosa.

Luego, la empujó contra la lavadora. No perdió el tiempo: empezó a masajearle las nalgas con ganas y, de un tirón, le subió el vestido. Metió las manos por debajo y le bajó la pantaleta hasta las rodillas, dejando el camino libre para empezar a manosear su vagina.

Sin perder el tiempo, Víctor empezó a dedearla, metiendo sus dedos con fuerza en su interior.

—Víctor, espera… no es el lugar apropiado para esto —protestó mi mamá, aunque su voz ya no sonaba tan firme.

Pero él no se detuvo; al contrario, aceleró los movimientos.

—Te quería llevar a tu habitación, pero te negaste —le soltó él con frialdad—. Ahora no hay vuelta atrás.

Víctor no paraba y la intensidad fue tanta que mi mamá no pudo aguantar más. Al llegar al orgasmo, su cuerpo se sacudió con violencia. Los chorros de su propio fluido salieron de ella con tanta fuerza que empaparon su vestido, dejando una marca húmeda que bajaba por sus piernas.

—Abre más las piernas —le ordenó Víctor, sin darle respiro.

—Espera, Víctor… todavía me tiemblan las piernas —suplicó ella, intentando recuperar el aliento.

Pero él ya no quería esperar. Se sacó el pene de los pantalones y empezó a masajearlo él mismo hasta que estuvo bien erecto. Sin más preámbulos, se lanzó sobre ella.

—¡Víctor, espera! ¡No me lo metas sin protección! —dijo  ella, desesperada—. ¡Maldita sea, Víctor, haz caso!

Pero a él le importaba poco. Solo quería hacer lo que tanto deseaba: follársela de nuevo, metió su pene dentro de mi mamá.

—¡Esto es una locura, Víctor! —exclamó mi mamá, pero sus palabras pronto se transformaron en gemidos profundos.

No tardó mucho en rendirse. La resistencia se esfumó y se entregó por completo al placer. Ya no le pedía que se detuviera, ni le reclamaba el condón. El deseo era más fuerte que su preocupación.

—Tienes un pene grandioso… —gemía ella, completamente perdida en la sensación.

—Eres una tremenda puta, tía… por eso me encantas tanto —le respondió Víctor, dándole una estocada que la hizo arquear la espalda.

—¡Dame más duro! ¡Eres el único que puede satisfacer mi lujuria! —dijo mi mamá, completamente fuera de sí.

Ya no había rastro de la mujer seria y dedicada que yo conocía. Solo quedaba una mujer entregada a sus instintos más básicos.

—Claro que te daré muy duro —le respondió Víctor, con la voz ronca de tanto esfuerzo y deseo.

El ritmo de las embestidas se volvió frenético —¡Te voy a dejar preñada otra vez! —le dijo Víctor.

Mi mamá, entre jadeos y gemidos que ya no intentaba ocultar, le respondió con una locura que me dejó helado:

—¡Sí, sí, sí! ¡Folléame hasta dejarme preñada!

—Es bueno verte siendo tan honesta —le dijo Víctor, con una sonrisa cargada de malicia y deseo—. Voy a llenarte el vientre con mi semen. Te voy a follar todos los días que siga aquí, hasta embarazarte.

—Espero que estés lista… voy a disparar mi leche dentro de ti —sentenció Víctor.

La agarró con fuerza por la cintura y, con un par de estocadas lentas pero profundas, llegó a su límite. Víctor soltó un gemido ronco y se corrió todo dentro de ella. Mi mamá se quedó quieta, con los ojos entrecerrados, recibiendo la semilla de mi primo en silencio.

Cuando él se retiró, ella se quedó jadeando, todavía muy excitada, pero el miedo empezó a ganarle al placer.

—¿Crees que nos escucharon? —susurró ella, mirando hacia la puerta con nerviosismo.

—No lo creo —respondió Víctor con calma—. Con el ruido de la tele, es imposible que nos hayan oído.

En ese preciso momento, sentí un tirón en mi pantalón. Me sobresalté y giré la cabeza hacia abajo. Era mi hermanito.

—Erick, dame agua —me pidió.

Lo tomé en brazos y me alejé rápido de la ventana para no levantar sospechas. Mientras le servía el agua en la cocina, vi que Víctor regresaba a la sala. Venía justo detrás de mi madre.

Ella caminaba con cuidado, pero la mancha húmeda en su vestido era imposible de ignorar. Al verme fijamente, se puso roja como un tomate.

—Hijo… me mojé con la manguera de la lavadora —dijo ella, tratando de sonar normal—. Voy a subir a cambiarme.

Y subió deprisa, casi huyendo hacia su habitación. Víctor, por su parte, se sentó en el sofá con una tranquilidad desesperante. Agarró un pedazo de pizza y se quedó mirando la televisión.

Mi primo se quedó con nosotros cuatro días más. Fue una semana extraña, llena de sexo, pero al final, se fue de nuevo a Estados Unidos.

Mi mamá se quedó sola. Al principio, parecía que se iba a conformar con la soledad y con la idea de volver a estar embarazada, pero se equivocaba. La mujer que yo conocía se había quedado atrás.

Su soledad no duró mucho.

De pronto, la casa empezó a tener un movimiento distinto. Mi mamá ya no solo trabajaba y cuidaba de nosotros, ahora tenía una vida secreta y vibrante. Empezó a tener amantes, y no uno solo, sino varios a la vez.

A veces los traía a la casa, a escondidas, y otras veces se escapaba con ellos a hoteles de la ciudad. Lo más increíble era que, a pesar de que su vientre empezaba a crecer por el embarazo, ella no se detenía. Al contrario, parecía que el embarazo le daba más ganas. Se entregaba a distintos hombres con una intensidad que nunca antes había visto, disfrutando de su cuerpo y de su libertad como si no hubiera un mañana.

6 Lecturas/22 junio, 2026/0 Comentarios/por lordlunatico
Etiquetas: amigos, hermano, hijo, madre, mayor, padre, sexo, tia
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