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Dominación Mujeres, Fantasías / Parodias, Heterosexual

EMPECE A VER CON OTROS OJOS A LA MUCAMA III

Después de una larga espera, volvemos con la tercera parte de esta intrigante historia, en esta entrega veremos como la llegada de un individuo pondrá en peligro los objetivos de nuestros protagonistas..
EMPECE A VER CON OTROS OJOS A LA MUCAMA III

Después de una larga espera, volvemos con la tercera parte de esta intrigante historia, en esta entrega veremos como la llegada de un individuo pondrá en peligro los objetivos de nuestros protagonistas.

Para quienes no han leído los dos primeros capítulos, les dejo los enlaces correspondientes:

https://sexosintabues30.com/relatos-eroticos/dominacion-mujeres/empece-a-ver-con-otros-ojos-a-la-mucama/

https://sexosintabues30.com/relatos-eroticos/dominacion-mujeres/empece-a-ver-con-otros-ojos-a-la-mucama-ii/

 

Desde esa noche que pase con Ámbar no pude evitar cuestionarme si de verdad había oportunidad de lograr algo más con ella, sin embargo, mi mente divagada entre lo que quería, dudaba si deseaba una esclava sexual o una compañera para construir algo juntos.

Pasaron algunos días y noté que Ámbar rehuía de mí, le buscaba la mirada pero no quería hacer contacto visual, pensé que después del momento que compartimos ya no habría tensión entre nosotros, la confusión me acechaba, me preguntaba si tal vez todo había sido un sueño o si fue real pero ella albergaba las mismas dudas que yo.

Me obligué a mí mismo a no pensar en ello y dejar que me afecte, pensé en los proyectos personales que tenía pendientes, debía ponerme a trabajar cuanto antes y enfocar mi mente en algo productivo.

Como mencioné mi familia regenta un restaurante pero yo no quería quedarme anclado para  siempre al negocio familiar, quería emprender mi propio camino y llevar mi nombre a lo más alto. Así fue como arranqué  el proyecto que llevaba construyendo en mi mente desde hace bastante tiempo.

Trabajando en equipo con mi arquitecto Andrés comenzamos a hacer el diseño de mi futuro taller de cocina, en el ala izquierda de la casona había todo un área deshabitada, nos tomó un par de días desocupar y limpiar el área, cuando contemplamos el espacio no me quedaron dudas que era perfecto para instalar el taller que había soñado.

Conversando con Andrés me explico que había que contratar un maestro de obra, y un gasfitero electricista. Le consulte si tenía alguien que pudiera recomendarme para maestro de obra y me dijo que conocía una muy bueno pero vivía a dos horas de la ciudad.

Contacte al famoso maestro de obra y acordamos que vendría el fin de semana para conversar y ver si llegábamos a un acuerdo.

Por nuestra parte terminamos de pulir el diseño del taller y convoque al mejor gasfitero eléctrico de la ciudad, por suerte este si era conocido mío y de mi entera confianza.

Faltaba un día para la llegaba del maestro, mi mente y cuerpo habían estado tan ocupados que no había reparado que llevaba días sin tener contacto con Ámbar.

Ese noche me acerqué a su habitación, era muy tarde y quizás estaba dormida, toque suavemente un par de veces… no hubo respuesta, me vi tentado a entrar sin permiso pero no quería interrumpir su sueño.

Al día siguiente me levante temprano para tener todo listo previo a la llegada del maestro de obra.

Lo recibí en persona, nos dimos la mano y se presentó como el maestro Javier, haciendo reparo en su aspecto, le calculé unos 30 años, era bastante más bajo de lo que imagine, caucásico con barba y la vestimenta típica de un maestro de obra.

Nos reunimos en el gran comedor, le mostramos el diseño y conversamos sobre temas de materiales, presupuesto, mano de obra y duración del proyecto.

El proyecto tendría una duración aproximada de un mes, dado la lejanía, se le asignaría uno de los cuartos de visita para que pueda descansar.

Durante la reunión llame a Ámbar para que nos sirva unos refrescos y el maestro le agradeció con entusiasmo y la contemplo con más intensidad de la cuenta, la verdad no me sorprendía, siempre y cuando no se atreva a hacer nada estúpido podía mirar todo lo que quisiera, por supuesto que Ámbar es y seguirá siendo solo mía.

 

El proyecto arrancó sin más dilación, se hicieron los trazos, cortes y se empezó a cimentar la base donde iría la gran mesada de trabajo. En paralelo se fuero colocando los puntos de agua y luz. Habiendo pasado una semana el proyecto iba en un 30% aproximadamente.

Algo que había observado es que el maestro se mostraba muy caballeroso cuando Ámbar los  atendía, pensé en tal vez designar a alguien más para este trabajo pero lo cierto es que andábamos un poco justos de personal tanto en el negocio como en la casona.

Como era de esperarse hubo inconvenientes en el desarrollo del taller, tuvimos que romper zonas que no habíamos contemplado pero no era nada que no se pudiera solucionar.

Los días pasaban volando, se trabajaba duro y ya se había realizado más de la mitad del proyecto, estaba revisando algunos detalles de acabados con el maestro, cuando toco el tema de Ámbar.

 

MJ: Joven Pablo disculpe mi atrevimiento, ¿podría preguntarle algo sobre Ámbar?

P: ¿Qué ocurre con ella?

MJ: Me preguntaba si no tenía ningún compromiso sentimental, la verdad estoy interesado en ella.

P: Ella trabaja desde muy joven para ayudar a sus padres y no tiene tiempo para pensar en ese tipo de cosas.

MJ: Entiendo, no pretendía incomodarlo con mis preguntas.

P: Para nada me incomoda, pero aquí la hemos instruido desde pequeña y es una pieza valiosa para nuestra familia.

MJ: Comprendo que les incomode la posibilidad de perderla.

P: Nadie es irreemplazable mi estimado maestro, considere eso la próxima vez que quiera hacer ese tipo de interrogantes.

MJ: Lo tendré en cuenta, si me disculpa, seguiré con mis labores.

 

La conversación que tuve con el maestro solo reafirmo mis sospechas, este pelele estaba interesado en mi pequeña, al día siguiente fui a conversar con mi arquitecto para conocer un poco más sobre mi posible adversario.

Me comentó que se había desarrollado en el rubro de la construcción desde muy joven, vivía en el pequeño pueblo de Olmos y no tenía esposa ni hijos. No conocía detalles a profundidad sobre él pero siempre era recomendado para proyectos medianos de construcción.

Mi arquitecto me pregunto si había ocurrido algo y le manifesté que era simple curiosidad y que hasta el momento estaba contento con los resultados de su trabajo.

 

El proyecto entro en su etapa final, entre los dobles turnos en el restaurante y cuidar los detalles de la construcción del taller estaba fundido físicamente, sin embargo, era muy gratificante ver como estaba quedando todo.

Estábamos en la veintena de haber arrancado el proyecto, esa noche baje a la cocina y escuche unas voces familiares, se traba del maestro conversando con Ámbar, no quería fisgonear pero necesitaba saber si debía empezar a preocuparme por las intenciones de ese maestro.

Para mi tranquilidad, estaban conversando de temas banales, él se mostraba muy caballeroso y cordial, le dijo que estaba muy agradecido por todas las atenciones y que mi familia era muy afortunada de tener alguien tan hermosa trabajando para ellos.

Ámbar le dijo que no tenía nada que agradecer, se disculpó con él porque tenía que terminar con sus quehaceres y le dedico una sonrisa que me erizo la piel.

¿Acaso empezaba a sentir celos por el trato que tenía con el maestro ese?

No, no podía ser, además Ámbar no se fijaría en alguien tan insignificante.

 

ÁMBAR

Me tomó varias semanas despejar mis dudas y convencerme de que tenía que velar por mi familia y mis intereses.

En estos días de duda el joven Pablo se mostró expectante, acepte su trato a cambio de mi perdón pero no quiere que confunda las cosas, entre nosotros no puede haber nada sentimental.

Por fortuna se enfocó en la construcción de su taller y lo tuve alejado por varias semanas, con el inicio del proyecto contrataron a varias personas.

Yo estaba encargada de atender  a los trabajadores, entre ellos al maestro de obra.

Dicho maestro se llamaba Javier, desde el inicio se portó muy caballeroso conmigo, siempre me sonreía y se preocupaba por cómo estaba.

Sin embargo mis recientes experiencias me habían vuelto muy precavida, tal vez sus intenciones eran buenas pero no estaba lista para volver a confiar en un hombre.

Los días pasaron y la culminación de la obra estaba a la vuelta de la esquina, un miércoles por la noche me encontraba en la cocina terminando el mise en place para el desayuno de mis patrones cuando el maestro Javier se presentó ante mí.

Lucía un poco nervioso, entablamos una conversación trivial, pero parecía que estaba luchando por decir algo, cuando ya estaba por retirarme de la cocina me comento que le quedaban pocos días para concluir el proyecto y que le gustaría invitarme a cenar y conocernos un poco más. Me tomó por sorpresa, se sentía raro tener el poder de decidir y no estar sometida a una orden como estaba acostumbrada.

Le dije que si no le molestaba esperar a que terminara mis quehaceres estaría encantada de cenar con él, el maestro Javier se mostró muy entusiasmado con mi respuesta, coordinamos la cena para el día sábado.

Llegó el día de la cena y me apure en acabar temprano todos mis quehaceres, me di una ducha, me puse un vestido bonito, me peine y desempolve el perfume que me obsequio hace años el abuelo del joven Pablo.

Me miré al espejo y fui juiciosa conmigo mismo, era hermosa, eso lo sabía desde hace mucho tiempo, sin embargo, casi no reconocía a la persona que veía reflejada, en estos meses había cambiado mucho.

El maestro Javier me espero en la entrada con una rosa en mano, alabó mi belleza y me abrió la puerta del taxi.

El viaje al restaurante fue breve, fuimos a un restaurante llamado “Amatriciana”, pude observar que el restaurante se especializaba en pastas.

El mozo nos ayudó a elegir nuestros platos y el maestro Javier le pidió que nos recomendara un vino para acompañar la comida, el hecho de brindar y el ambiente íntimo que propinaba el restaurante me hizo acordar a aquella fatídica noche que estuve en la recamara del joven Pablo.

Me forcé a despejar esos recuerdos ya disfrutar de la velada, el maestro Javier era en verdad un hombre muy agradable, la conversación fluyo, conversamos de nuestras infancias, familia y aspiraciones, incluso llegó a preguntarme qué quería ser cuando era niña.

También me confesó que no había estado en muchas citas, vivía trabajando y no le quedaba mucho tiempo para relaciones sentimentales, me dio vergüenza admitir que yo no había estado en ninguna, al menos no de esto estilo, todo esto era nuevo para mí y se sentía diferente a lo que anteriormente había experimentado.

Ya habíamos terminado de cenar pero nos quedamos un rato más disfrutando lo que quedaba del vino, estaba bastante agradable y fácil de tomar. Cuando me levante sentí un ligero mareo, no estaba acostumbrada a beber y eso estaba pasando factura.

Para despejarnos un poco, decidimos caminar hacía la hacienda, después de todo, el trayecto era corto y disfrutar de las vistas nocturnas que nos regalaba las calles de Lambayeque hacía que valga la pena.

Una vez llegamos, el maestro Javier me tomó de las manos, me dijo que había disfrutado mucho de mi compañía y se despidió dándome un beso tierno en la mejilla.

 

PABLO

 

Llegamos a la fase final del proyecto, aquel día había sido agotador y estaba disfrutando de un trago mientras me quedaba absorto en mis pensamientos.

Uno de mis amigos más leales entro abruptamente en el comedor de la cocina, me dijo que había visto algo sumamente inquietante.

Le serví un trago y lo invite a contarme con copiosos detalles, me comentó que había visto a Ámbar cenando con un hombre en el restaurante de pastas de la ciudad.

No necesité que me describiera al sujeto para saber de quien se trataba, la sangre se me subió al rostro, estaba ardiendo de ira y tuve que reventar la copa para desfogar todo eso que me estaba abrumando.

Mi madre escucho el incidente y corrió a la cocina a preguntar que estaba pasando, le explique que había recibido una desafortunada noticia pero que no se preocupara. Me miro con dudas, me pidió que no me desvele y me deseo buenas noches.

Ya estando un poco más calmado, nos tomamos un par de tragos, le agradecí a mi amigo Christian y pase a mi recamara a trazar una estrategia para recuperar el terreno perdido.

El maestrucho parecía que iba en serio con mi pequeña Ámbar, no importa cómo, tenía que terminar de encadenarla a mi pasión y evitar que siquiera considere alejarse de mí.

Aquella noche tuve pesadillas, soñé muchas cosas disparatadas, entre todo ese barullo de sueños, borrosamente veía como mi Ámbar se iba con ese maestro ridículo y la perdía para siempre. Desperté sudado y confundido, me di un baño y ya con los pensamientos claros decidí que debía actuar cuanto antes.

Esperé a la noche y decidí practicar una receta que había desarrollado hace poco. Calcule la hora en la que estaba Ámbar en la cocina, mi intención era tener una conversación casual sin que parezca algo calculado.

Me encontraba haciendo el mise en place de mi plato cuando Ámbar ingreso en la cocina para realizar sus típicas labores para el día siguiente.

 

A: Joven Pablo, no sabía que se encontraba trabajando.

P: Bueno, no suelo cenar cosas muy pesadas pero hoy quiero consentirme un poco.

A: Entiendo, si gusta puedo regresar más tarde.

P: A mí no me incomoda tu presencia, pero si yo te incomodo puedes esperar que acabe.

A: No quise decir eso joven Pablo.

P: Lo digo porque es lo que siento, rehúyes de mí y no me has dado cara desde aquella noche que pasamos juntos.

A: No le guardo rencor por lo que me hizo, pero no sé qué más espera de mí.

P: Esperaba que pudiéramos conocernos un poco más, tal vez sea a través de la pasión pero esa noche conectamos de manera especial.

A: Usted solo me ve como un instrumento, no puedo confiar en usted, antes solo había sido tratada con autoridad y nadie me había tratado con respeto y cariño, pero ahora puedo ver la enorme diferencia.

P: Seguro te refieres al maestrucho ese que anda babeando por ti.

A: El maestro Javier tal vez no sea el heredero de una familia pudiente pero tiene buenos sentimientos.

P: Entonces intuyo que ha sido sincero contigo, cuéntame que pretende.

A: Me ha pedido que cuando concluya el trabajo me vaya con él.

P: Ósea que te está invitando a compartir su miseria.

A: Por lo menos quiere compartir algo conmigo.

P: Yo he compartido contigo muchas cosas, más que con ninguna otra mujer.

A: ¿Debería sentirme halagada?

P: ¿De verdad estás considerando irte con él? No puedes dejarnos, no puedes dejarme a mí.

A: Yo trabajo para ustedes pero no les pertenezco joven Pablo.

P: Hay una parte de ti que si me pertenece y espero que te des cuenta que no puedes ignorarlo.

A: …

P: Buenas noches mi pequeña.

 

No espere respuesta por parte de Ámbar y fui rápidamente a mi habitación, no sé si le haya sembrado dudas pero estaba satisfecho con cómo se dio la conversación.

Durante los últimos días estuve muy atento a los movimientos del maestro, lo lógico sería que hiciera un último intento de convencer a Ámbar.

Una noche que llegué exhausto de hacer algunas compras, escuche la voz del maestro Javier en la zona del comedor.

Me acerqué sigilosamente y pude escuchar gran parte de lo que platicaban. El maestro insistía con la idea de que acepte su propuesta, Ámbar refutaba explicándole que sus objetivos iban más allá de sus deseos personales y que para lograrlos debía permanecer con nosotros.

El maestro Javier prácticamente le rogó que cambie de opinión, le dijo que con él no le faltaría nada, que podía ayudar a sus padres si era necesario, pero Ámbar se mantuvo firme en su decisión, le dijo que si se iba con el terminaría lastimándolo y no quería hacerle daño.

Ya no necesitaba oír más, me retire antes de que notaran mi presencia, me tranquilizaba el hecho de que el maestrucho estaba fuera de la ecuación, me di una ducha caliente y esa noche pude dormir plácidamente y sin sueños que me perturben.

La fase de construcción  concluyó y entramos en la instalación de flotantes y muebles de melanina, por suerte mi arquitecto se encargaba de eso y podía decirles adiós a todos los obreros.

Cuando toco despedir al maestro lo observe ansioso, como si estuviera esperando a alguien, lo despedí con una sonrisa triunfante y me aseguraré que nunca más vuelva a pisar esta casona.

El proyecto se concluyó y todo volvió a la normalidad, estaba muy contento con el resultado, era incluso mejor de lo que imaginaba, quería celebrar este logro personal y ya tenía pensando cómo y con quien sería.

Espere que llegará la noche para acercarme a la habitación de Ámbar, cuando abrió la puerta no pudo ocultar su sorpresa al verme. Su aroma me embriagó por completo, deduzco que recién se había dado un baño.

Me preguntó que se me ofrecía y le dije que el sábado pensaba estrenar las instalaciones de mi nuevo taller y quería contar con ella. Me dijo que si necesitaba asistencia no tendría problema, le aclaré que quería su compañía, le expliqué que sería algo íntimo y quería que luciera un vestido que le había mandado a confeccionar con mi costurera de confianza, me miró un tanto extrañada pero aceptó mi invitación.

Llegó el sábado y no podía evitar pensar en lo que podría pasar esta noche, tenía que darle los últimos toques a la cena así que me aliste con estilo sport elegante, me perfume y fui al taller a esperar a Ámbar.

Ámbar llegó a la hora que habíamos acordado, lucía un escotado vestido negro con la espalda descubierta y unos tacos medianos a juego, como siempre tenía ese dulce aroma floral, mi abuelo me transmitió el gusto por los perfumes  y estaba seguro que él se lo había regalado.

Levantó sus espesas cejas mientras examinaba el taller finalizado, le dije que estaba pletórica con ese vestido y la invite a tomar asiento.

Para la cena escogí como protagonista el pichón, una proteína muy valorada y utilizada en alta cocina, conversamos mucho durante la cena, no se sorprendió cuando le dije que tenía conocimiento de su cita con el maestro Javier, me comentó que el maestro Javier era una persona muy agradable y que había demostrado un interés genuino por ella pero todavía tenía asuntos pendientes aquí y no podía desviarse de sus objetivos por un hombre que todavía no conocía bien. Esa respuesta me dejo un tanto  intrigado pero no rebusqué el tema, le hice saber que no lo culpaba por sentirse atraído hacia ella pero prefería no volver a mencionarlo, Ámbar asintió y pasamos a hablar de cosas triviales, nos reímos recordando vivencias de cuando estaba vivo mi abuelo y nuestros sentimientos resonaron en sintonía puesto que ambos lo extrañábamos mucho. Nunca había visto a Ámbar tan contenta y tan cómoda estando conmigo, tal vez yo también había cambiado un poco durante estas semanas que transcurrieron.

La charla estaba muy amena pero se hacía tarde y llegó la hora del postre, sé que Ámbar ama el chocolate, así que elegí un coulant de chocolate con helado de mascarpone y vainilla.

Ámbar se sorprendió cuando vio el postre pero me miro entrañada cuando solo serví un plato, le dije que mi postre favorito lo tenía aquí conmigo y se le escapó una leve sonrisa.

Tomé esta señal como un buen indicador y me aproxime a Ámbar, le pedí que cierre sus ojos y abra su boca, cuando saboreo el primer bocado soltó un gemido de placer, no era la primera vez que mis postres lograban ese efecto en las féminas.

Intencionalmente manché la comisura de su boca, le dije que yo me encargaba y la limpie con mi lengua, no hubo rechazo por su parte y nuestros labios se juntaron en un apasionado beso.

Nuestros labios se separaron y pero nuestros ojos permanecieron conectados, su mirada era seductora como una felina mira a su presa.

Le besé el cuello mientras le decía cosas sucias al oído, le arranqué el vestido y ataqué con fiereza esos pechos, intercalaba potentes succiones con suaves mordidas.

Subí a Ámbar a la mesada y le pedí que se ponga a cuatro patas, tenía puesta una tanga negra que bajé lentamente.

En esta ocasión repare mucho más en su cola, el fundillo se veía virginal, decidí estimular el área con mi lengua, el primer beso negro que le daba a mi pequeña.

Ámbar gemía cuando profundizaba mi lengua en su estrecho culo, comencé a jugar con mis dedos y a dilatarla poco a poco, es una tarea difícil porque requiere muchísima paciencia.

Ámbar estaba en modo sumisa y se dejaba llevar por mi pervertida mente, saqué un plug anal de talla chica y con un poco de lubricante se lo puse lentamente. Le pedí que se dé vuelta y que recoja las piernas, su vagina estaba totalmente depilada y lucía muy apetecible, me acerqué a su tesoro y pase mi lengua por su vagina mientras con mi mano jalaba suavemente del plug para aumentar la estimulación. Ámbar estaba con los ojos cerrados y tenía los dedos de los pies recogidos, todo producto del torrente de sensaciones que le estaba produciendo.

Decidí que era momento de atacar, me ensalive el miembro y sin sacar el plug anal penetré la vagina de Ámbar, estaba muy lubricada y caliente, era delicioso estar dentro de ella, comencé con unos vaivenes suaves y poco a poco fui subiendo la intensidad. Ámbar se revolcaba de placer, sacaba mi pene  de vez en cuando lo tallaba en su vagina, le metía unas nalgadas fuertes y se lo volvía a meter de golpe. Éramos como dos bestias en celo que habían estado en una larga abstinencia sexual, estaba a punto de venirme cuando Ámbar entro en un estado de trance y estalló en un potente orgasmo.

Me separé de ella antes de acabar y la observé, estaba muy estimulada y a mi entera disposición, esto no era parte del plan pero tuve una idea.

Lleve a ámbar a la silla de la barra me puse detrás de ella y con mucho cuidado le saqué el plug, gracia a la dilatación tuve una mejor visión interna de ese culo, todos los pliegues eran de un agradable color piel, le chupe el culo un buen rato y pase a hablarle al oído, le dije que tenía que confiar en mí y ser valiente, que esto iba a doler un poco al principio. Ella me miró un poco asustada pero asintió en señal de aprobación.

Puse una buena cantidad de lubricante en mi miembro y procedí a entrar lentamente.

A pesar de la dilatación el ajuste era tremendo, estaba súper erecto pero el culo de Ámbar me rechazaba, usaba mis dedos para dilatar más y volvía a intentarlo, después de varios intentos por fin pude entrar, ante la invasión de ese paraje prohibido Ámbar se ergio y se puso tensa. Le pedí que se relaje y avance un poco más, no puedo describir el torrente de sensaciones que viajaron a través de mi cuerpo hacia mi cerebro. Espere un poco para no venirme y dejar que su culo se acostumbre a mi verga, le hablaba sucio al oído y empecé con un vaivén lento.

Después de un par de minutos penetrando lentamente, Ámbar me suplico que ya acabe, le dije que abra su culito para mí y le metí un palmazo fuerte, empecé a descargar copiosas cantidades de leche caliente adentro del culo de Ámbar y fue posiblemente el orgasmo más intenso que he tenido en mi vida.

Cuando nos separamos ella no podía moverse, necesitó mi ayuda para ponerse de pie y tuve que ayudarle a limpiarse para que pueda vestirse, yo hice lo propio con mis atuendos.

Ordenamos el poco desorden que habíamos hecho y la acompañe hasta su habitación. Una vez frente a su puerta le dije que me encantaría quedarme con ella pero por el momento era muy arriesgado para ambos, nos dimos las buenas noches junto con un beso casto de despedida y observé como cerraba su puerta. Me quedé parado frente a su puerta procesando un momento todo lo que habíamos vivido esa noche, la verdad es que con Ámbar tenía más química que con ninguna otra mujer, eso me gustaba pero me empezaba a dar un poco de miedo, procedí a retirarme a mis aposentos cuando al voltear observe algo que me dejó helado, una figura que conocía muy bien me miraba con una mezcla de enfado y desaprobación.

Y así es como termina esta tardía pero esperada parte de Pablo y Ámbar, en la cuarta entrega descubriremos quien es la persona que descubrió besándose al joven heredero con la mucama de su familia. Gracias a todos mis lectores. Saludos para todos.

 

12 Lecturas/23 julio, 2026/0 Comentarios/por elbati
Etiquetas: amigos, anal, baño, dominacion, madre, orgasmo, recuerdos, viaje
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