Apestando a Hombre
Su axila estaba cerca de mi rostro y no pude evitar girarme para verla y olerla mejor. La otra mano del señor Min la puso sobre mi cabeza, empujándome a oler más y lo hice. Di fuertes inhalaciones antes de toser. La risa ronca del hombre me hizo sonrojarme. —Eres muy atrevido a tu edad. Me gusta.
Admiré con interés al hombre al otro lado de la cocina, ignorando la conversación que tenía con mi amiga.
El adulto estaba de frente, ligeramente recostado tomando una taza de café.
Su rostro alargado y ánguloso le daba una aire varonil. Con su barba y bigote en apenas crecimiento. Su pelo negro bien peinado en dos partes, corto a los lados. Sus dos cejas gruesas alineadas en sus párpados achinados.
Su nariz perfilada y labios rojos eran tan atractivos. Vestía únicamente un pantalón de pijama blanco, que estaba suelto de la pelvis, dónde una mata de pelo negro era visible en su pubis
Sus abdominales eran perfectos, como una tabla de chocolate. Y la musculatura de sus brazos y pecho eran magistrales, con una cadenita de oro colgando entre ambos montículos pectorales. Masas grandes y duras que parecían almohadillas. Su piel color canela y sus pezones redondos hundidos de un tono más oscuro me tentaban a besarlos.
Y mientras disfrutaba de la vista que me daba ese hombre, él me devolvió la mirada con una sonrisa burlona.
Lo ví jugar con el borde de su pantalón sin dejar de observarme, y bajar un poco de su ropa para mostrar más de su pubis peludo, casi exponiendo su pene.
Tragué saliva y observé sus ojos, ahora fijos en los míos, deleitándose por mi excitación.
—Damian.
La voz de mi amiga me hizo despertar de mi deseo sexual y presté atención a la situación.
Mi amiga se dió la vuelta y habló con su hermano de algo, antes de volver su atención en mi.
No pareció notar lo que estaba pasando y me sentí emocionado por eso.
—Voy a tener que ir por Sung Min. ¿Te importa quedarte en casa unos 15 minutos? Iré rápido y podremos empezar a estudiar.
La miré consternado y ella mal interpretó mi reacción.
—Sé que mi hermano da miedo, pero no te hará nada. Vuelvo rápido, gracias, Dylan.
Sin responder, la vi irse por la puerta de entrada, cerrando con fuerza.
Sentí una figura posarse detrás mío y un rostro descender hasta mi cuello.
—Debo diferir con mi hermanita en algo.
Su voz suave y ronca me hizo estremecer, su aliento soplaba mi piel con un regusto placentero y caliente.
—Me gusta hacerle cosas malas a sus amiguitos.
Con esas palabras, sentí sus manos en mis hombros.
En una habitación lejana a la sala de estar, con la puerta cerrada con llave, estaba yo recostado en una cama sucia.
Las sábanas estaban tiradas, la ropa usada estaba dispersa por todos lados y un penetrante olor a sudor masculino profanaba mis fosas nasales.
Traté de respirar aire limpio, pero unos labios carnosos atraparon los míos, ahogandome en el cálido aliento del hombre encima mío.
Sus vaivenes eran toscos y rápidos. No había paciencia en penetrarme y su cuerpo músculoso estaba encorvado de tal manera que me tenía apretado contra él, como un pretzel humano.
La pelvis de Damián se movía con soltura, su voz era un murmullo de jadeos roncos y su cuerpo sudaba profusamente.
Ante mi, el hermano de mi amiga, parecía una máquina sexual sobrecogedora.
Tan rápido, tosco y crudo.
Lo ví penetrarme hasta deslecharse y luego sentir su respiración en mi culo, chupando los restos de su semen en mi ahora desvirgado ano.
—Ahora me perteneces.
Su voz era baja, pero su tono grave era fácil de notar.
Hice un sonido de afirmación con la boca totalmente cansado.
Le escuché reir suavemente antes de levantarme y ponerme la ropa.
Me llevó en sus fuertes brazos hasta la mesa donde estaba sentado y me dejó dormir recostado contra la mesa.
Desperté al sentir a alguien moverme.
Sonreí adormilado y mi amiga negó con la cabeza.
Saludé a Sung Min y empezamos a trabajar.
Ambas me miraron de reojo.
—¿Ocurre algo? —pregunté.
Ambas se rieron.
—No es por ofenderte, pero apestas. Cuando me fuí olías bien y ahora hueles como a mi hermano.
Sonreí nervioso.
—Es lo que pasa con los niños cuando crecen, todos huelen igual —dije.
Sung Min, asintió ante mi afirmación.
—Es verdad. Mis dos papás adoptaron a mi hermanito hace un mes y no se despegan de él. Solo tiene 6 años, pero apesta como cualquier hombre adulto. Por eso, aunque me gustaría pasar tiempo con ellos, prefiero estar sola en mi cuarto y solo salir cuando todos están bañados.
Yo y mi amiga nos burlamos, pero algo en mi me hizo pensar de más.
Sentí la presencia de Damián detrás mío y me hizo preguntarme si había escuchado la conversación de antes.
Pasadas unas semanas, quedamos en la casa de Sung Min está vez.
Sin embargo, Yung Wo no pudo ir por una pelea con su hermano, que se negaba a llevarla.
Al final, solo fui yo, siendo recibido por ambos padres de Sung Min.
Ambos eran hombres altos y fornidos, pero de musculatura moderada. Lo suficiente para estar en forma, pero no tan exagerados como Damián, el hermano de Yung Wo.
Ambos se parecían en apariencia y ninguno era más atractivo que el otro. Pero para mí, ambos eran igual de calientes.
Fuí recibido con amabilidad y pasamos las primeras tres horas estudiando sin distracciones.
A mitad de un respiro, mi amiga fue al baño, y yo me quedé solo en la sala de estar.
Uno de los padres de Sung Min salió de su cuarto usando una truza negra nada más.
Cuando miré hacia arriba para saber quién era, me quedé momentáneamente quieto, sorprendido por lo bien que se conservaba uno de los padres de mi amiga.
—Ya puedes cerrar la boca, nene. Sé que estoy caliente.
Sonreí apenado mirando hacia otro lado, y el señor Min se sentó junto a mi revisando la tarea que hacíamos.
Su olor a afrodisíaco masculino era fuerte y parecía sudado.
Al notar mi incomodidad, sentí su brazo en mi hombro apegandome a él.
—Perdona, Dylan. Sé que apesto, pero disfruto hacer ejercicio en la tarde con mi esposo y mi nuevo hijo. ¿Quieres venir a saludarlo? Antes estaba dormido y no pudo verte.
Embriagado por el aroma y calor del hombre, hice caso siguiéndole con su brazo todavía en mi hombro.
Su axila estaba cerca de mi rostro y no pude evitar girarme para verla y olerla mejor.
La otra mano del señor Min la puso sobre mi cabeza, empujándome a oler más y lo hice.
Di fuertes inhalaciones antes de toser.
La risa ronca del hombre me hizo sonrojarme.
—Eres muy atrevido a tu edad. Me agradas.
Justo con esas palabras, entramos a su cuarto.
Lo primero que ví, fue a un niño blanquito y desnudo bocabajo en la cama.
Estaba ronroneando de gusto con su rostro escondido en la almohada de la cama, mientras su padre le comía el culo con su boca y lengua.
El señor Min acercó sus labios a mi oreja, mordiendola suavemente.
—Como ves. Adoramos a los niños como tú. Y nos gusta ejercitarnos con ellos.
Su lengua pasó por mi rostro e incapaz de resistirme, giré mi cabeza para besarla, sintiendo como el adulto me apresaba en sus brazos y piernas, metiendo su larga lengua en mi boca.
El sonido de nuestros labios chocando y la saliva hizo que mi cuerpo se excitara, temblando de la emoción.
Sin embargo, nos detuvimos minutos después.
Yo con la respiración agitada y el señor Min visiblemente erecto.
Con su pene grande presionando sobre su truza.
Miré en dirección de la cama donde estaban el otro adulto y su hijo, ambos estaban ocupados besandose y follando.
Con la cama meciéndose en cada embestida del adulto hacia el niño.
Ambos gimiendo y dándose placer con gusto.
—Dile a mi hija que te quedarás a dormir.
Con esa orden, el señor Min me sacó y cerró la puerta, dejándome con su saliva todavía mojando mis labios.
Mi amiga regresó en ese momento y al verme parado frente a la puerta de sus padres, me miró raro.
—¿Ocurre algo, Dylan?
Me giré y sonreí.
—Buscaba el baño.
—Es por aqui, sígueme.
Mientras lo hacía, las palabras del señor Min llegaron a mi cabeza.
—Sung Min, me gustaría quedarme a dormir.
Aquella noche, con la luz de la madrugada apenas presente, fuí sometido por dos hombres en su cama.
Una doble penetración que me había abierto el ano hasta casi desgarrarmelo.
Ambos hombres fueron duros conmigo, a diferencia de su hijo que lo trataban con mimo.
El aludido estaba dormido a mi lado, cansado después de ser usado por sus padres toda la tarde.
Mi rostro sudado y sonriente estaba nublado, incapaz de entender la resistencia de esos hombres.
A pesar de follar desde temprano, todavía tenían energía para penetrarme.
Ambos se turnaron al principio, luego lo hicieron juntos, abriéndome el culo a su gusto y dejándomelo rojo e hinchado.
Gemí ante las embestidas duras y el semen escurriendose de mi boca y culo.
Escuché los gemidos roncos de ambos hombres, ambos moviéndose en sincronía.
Parecían máquinas del sexo bien entrenadas.
Moviendo sus pelvis en perfecta armonía y haciendo que el ardor en mi ano fuera placentero.
Estuve con ellos hasta el amanecer y luego fui dejado en el cuarto de huéspedes, sin bañar, solo con la ropa de ayer puesta.
Al despertar, todos estaban desayunando y mi amiga hizo una mueca al olerme.
—Apestas a ellos —diji en broma.
Miré a sus padres y su hermanito y sonreí.
Definitivamente me estaba gustando esto.
A apestar a hombre.
Fin.
Gracias por leer. Deseo les haya gustado el relato. Si desean charlar, pueden encontrarme en telegram.
@Remaster64TL28.
Nos leemos luego.



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