Degeneración
En la pantalla que daba a la habitación se podía ver los movimientos certeros del hombre adulto embistiendo a su niño. Los vaivenes era pulcros, sin ningún error al moverse. Parecía ensayado hasta la perfección, golpeando con fuerza la próstata infantil, sacándole gemidos. .
El sonido metálico de bisagras moviéndose, el vapor incesante de las tuberías, el olor a tierra húmeda y los pasos intermitentes de los científicos, hacia de las instalaciones médicas subterráneas, un lugar lúgubre.
Los doctores observaban al feto en incubación en la capsula de líquido amniótico, a punto de terminar su desarrollo.
Al revisar los datos en la pantalla frente a ellos, anotaron la información en sus hojas de examinación.
—El #7549 está casi listo —dijo una doctora rubia.
—¿Trajeron al espécimen masculino #1089? —consultó un anciano de bata.
—Esta en la sala de espera. Cuando #7549 nazca, será llevado a él para iniciar las pruebas —contestó un doctor de lentes.
El sonido de un pitido hizo que los doctores se movieron.
La capsula de incubación empezó a soltar burbujas y el feto en su interior se estaba moviendo.
Rápidamente, se acercaron a la válvula de escape en forma de bulba, con esponjas negras que se asemejaban a la vagina de una mujer.
El líquido amniótico salía en chorros, seguido de los pies del infante.
Los doctores lo sacaron con cuidado, dando por terminado el experimento de ese día.
—Llevenlo a pesar y analicen su estado. Si todo está en orden, entregenlo a #1089 para su reproducción.
Con esas órdenes, los doctores se movieron rápido.
Pesaron al niño en una báscula especial, se aseguraron que diera respuestas satisfactorias a sus sentidos iniciales de recién nacido y una vez reportado ningún problema médico, fue llevado a la sala de espera.
Caminando a pasó rápido, la doctora miró al niño recién nacido.
Era pequeño, sus párpados cerrados le daban un encanto adorable. Su piel blanca con sus manitas rosadas, daban ganas de jugar con él.
Tenía la boquita abierta, respirando con lentitud.
Pasando por la ventana hacia la sala de espera, una figura imponente estaba sentada en el único mueble del lugar, una cama blanca enorme.
No había sábanas, ni almohadas, solo un colchón bien cuidado y un hombre de figura estoica.
Era de piel negra, de un oscuro profundo detallado. Como el carbón. Sus venas se abultaban en el contorno de sus músculos, masas de carne bien formadas que daban miedo. Sus bíceps parecían romper piedras, sus pectorales como murallas, sus abdominales reluciendo como joyas.
Sus anchas piernas, glúteos redondos y duros y sus hombros anchos, le conferian un encanto varonil abominable.
Su rostro era tosco, con la mandíbula cuadrada, pero ligeramente salida por la parte baja, con dos colmillos por fuera de sus labios. Una lengua bífida se podía vislumbrar al lamer sus labios y sus ojos eran oscuros, sin ningún rastro de la esclerotica.
Era un hombre, pero tenía el porte de una bestia.
—Especimen #1089. Retirate a una esquina.
El aludido escuchó la voz en el parlante interno de la habitación y miró en dirección del ruido.
Con un bufido grave, hizo caso, caminando lejos de la cama.
En ese momento, la puerta se habilitó con un pitido.
La doctora pasó y rápidamente dejo al bebé en sus brazos en la cama, dandole un último vistazo.
Al salir, la mujer fue directamente a la sala de observación.
Tomó su cuaderno de notas con su bolígrafo y junto a sus demás colegas, esperaban el inicio de la prueba.
—Intento #4228 del Experimento «Degeneración». Espécimen #1089 en la habitación a punto de iniciar la primera fase del proyecto, «Desarrollo» hacia el bebé genéticamente modificado #7549.
La voz mecánica del doctor puso a todos atentos.
Dió varios click a los botones en su consola, activando el sistema de grabación de audio y video.
—Puedes acercarte e iniciar #1089.
El hombre bestia hizo caso a pasó rápido.
Llevaba rato observando a la figura pequeña en la cama.
Sus fosas nasales se llenaron con el aroma dulce de aquel bebé y su cuerpo reaccionó con gusto.
El pene entre sus piernas se hizo gigante en segundos, llegando a medir casi 30 centímetros.
Era negro, de punta plana, como la de un caballo, pero con el contorno de un glande humano. El largo daba miedo, pero el grosor era incluso incómodo. Solo un ano bien dilatado o una vagina preparada podía resistir aquel tamaño sin romperse.
Su bolsa de testículos peludos era enorme. Redonda como pelotas de béisbol y colgando de entre sus piernas con una pesadez grotesca.
Pesaban porque estaban llenas de semen.
El experimento se acercó primero al niño y lo olió con su nariz, aspiro su aroma hasta embriagarse de él antes de tomarlo en sus brazos y acercarlo a su pecho.
—Inicia en «Desarrollar» a #7549, por favor.
El hombre negro de gran tamaño miró agresivamente al altavoz en la sala y soltó un gruñido grave.
Llevó al bebé al centro de la cama y se puso encima de él, en cuclillas, con su enorme polla y testículos colgando por encima de la cabeza del menor.
Su pene fue puesto en la boquita del bebé, dejando que su orificio uretral se alineará con los labios del niño y pudiera comer.
Con una mano, el hombre masajeo sus testículos, moviendo sus bolas en su interior y estimulando su próstata.
Las venas se abultaron en su bolsa escrotal, su pene se hinchó y rápidamente convulsionó en descargas que hicieron gruñir al hombre.
El bebé reaccionó al sentir algo querer entrar a su boca y abrió los labios.
Semen se escurrió de la polla del adulto negro en gran cantidad.
Los espasmos de su polla negra eran sobrecogedores mientras el bebé tragaba cada disparo de leche.
Su garganta dejaba fluir aquella semilla con sabor salado y grasoso, soltando gemidos de gusto.
El hombre sonrió al ver al bebé comer su semen y hacer sonidos de placer.
Mientras el bebé comía, su cuerpo empezó a crecer. Su tamaño de recién nacido fue estirándose ante la mirada de los doctores, quienes anotaron el tiempo que transcurría en esa fase.
La cámara grababa el cambio con su lente y el sonido de los gemidos del niño fueron registrados en un expectro de sonido.
—El rango del niño es el correcto.
—La voz es grave. No hay indicios de volúmen agudo.
—La primera parte ha sido un éxito.
Cuando el niño dejó de alimentarse, su cuerpo era totalmente distinto.
De rostro adorable, ojos verdes, carita redonda, piel blanca y cuerpo ligeramente relleno.
Parecía un niño de 4 años recién cumplidos.
Se levantó de la cama cuando el semen dejó de llegar y miró a su alrededor con curiosidad.
El hombre a su lado se quedó quieto, con su cuerpo temblando y con una mirada de pánico.
El niño observó todo hasta detenerse en el hombre tosco enfrente de él.
Uno le miraba con miedo y el otro con curiosidad.
El niño sonrió y se subió encima del cuerpo del adulto, tocando sus músculos con deleite.
El hombre dejó de tener miedo y sonrió también.
—Asimilacion exitosa. Ambos especimenes se reconocen bajo la relación biológica «Padre e hijo».
Lo primero que hicieron ambos apenas dejaron de jugar fue besarse. Un beso que hizo a ambos, tanto al niño como al adulto, perderse en sus labios.
Los científicos suspiraron.
—Todavia hay problemas con el afecto.
El beso se prolongó hasta que ambos se separaron por aire.
Visiblemente agitados y excitados por el otro.
—#1089. Puedes iniciar la segunda fase «Reproducción».
Ante aquel permiso, ambos parecieron entender lo que significaba.
El niño se acostó en la cama, mostrando su abdomen. Su rostro estaba sonrojado mientras soltaba gemidos suaves. Invitando a su macho a tomarlo.
El adulto gruño al ver aquella muestra de sumisión y dirigió su polla al ano del niño. El penecito del menor temblaba ante sus espamos, soltando un líquido transparente .
El ano del niño de 4 años empezó a dilatarse ante la presencia de la polla adulta de 30 centímetros.
El agujero rosado tierno se abrió en forma de cóncavo, dejando entrever una pared cilíndrica de carne de tono rosa. Baba brotaba de la piel, lubricando y dejando ver el final de la pared anal, un pequeño agujero donde sería depositado el semen.
El hombre soltó un resoplido y de una embestida, penetró al menor.
Un gruñido alto y un gemido agudo retumbó en la sala.
El menor empezó a llorar sintiendo aquella masa gigante de carne perforarlo hasta el fondo.
Su ano especialmente dilatado hizo su trabajo, evitando el daño, pero el pene era demasiado largo, rompiendo el agujero donde iría el semen y alojando la punta del glande plano, casi sin espacio.
El estómago del menor estaba abultado y de su boquita salía saliva ante la estimulación.
—La cavidad reproductiva de #7549 está respondiendo de acuerdo a los estímulos —dijo una doctora fascinada.
—Aumentar los nervios ligados al placer ha mejorado su recepción a ser penetrado y lo ha vuelto dócil al tamaño promedio de #1089 —respondió el anciano con una sonrisa.
En la pantalla que daba a la habitación se podía ver los movimientos certeros del hombre adulto embistiendo a su niño.
Los vaivenes era pulcros, sin ningún error al moverse. Parecía ensayado hasta la perfección, golpeando con fuerza la próstata infantil, sacándole gemidos.
Aquellos ruidos de placer solo aumentaban el libido del hombre negro. Su bolsa escrotal empezó a hincharse, llenándose de semen.
—#1089 responde adecuadamente a los gemidos de #7549.
—¿Podría deberse al rango de voz? Tampoco veo que haya respuesta olfativa al aroma afrodisíaco.
—Las feromonas no parecen funcionar durante el sexo, habrá que corregirlo.
—Señores, eso no importa. El paso crucial está apunto de ocurrir.
En la habitación, el hombre y el niño cambiaron de posición.
El adulto estaba de pie, inclinado hacia atrás, con su espalda acostada en la pared, encima de la cama. El niño lo montaba de espaldas, subiendo y bajando de su polla con facilidad.
Los gemidos del menor eran secundados por los gruñidos del hombre.
No parecía haber nada más que el instinto animal en ambos.
Los golpes de piel eran duros. Sonoros y bruscos.
El lubricante chorreaba en las piernas del hombre y el niño, mojando el colchón.
El sudor perlaba sus cuerpos y empezaron a soltar un hedor nauseabundo de sus cuerpos, una mezcla de semen y axila.
El niño babeaba, llorando ante el vaivén. El pene adulto lo penetradaba hasta hundir su polla en su totalidad, deformando su vientre y sin dejar espacio para su zona de recepción de semen.
Los nervios en su ano fueron sobreestimulados, no podía evitar que le temblaran los pies, recibiendo descargas de placer en su ingle.
Su penecito temblaba ante cada embestida, chorreando líquido en cada sacudida. Los testículos peludos del hombre estaban llenos, redondos como pelotas y moviéndose pesadamente ante sus golpes de piel.
Parecían listos para explotar en cualquier momento.
Los vaivenes se hicieron más rápidos y los gemidos fueron apagados por los gruñidos graves.
El adulto parecía una bestia en celo descargando su furia.
El niño solo podía temblar a merced de él. Siendo sujetado con una mano del adulto de las caderas, arrastrándolo a su pelvis en cada penetración, como su juguete.
—#1089 ha entrado en su rango de celo.
—No parece muy útil ahora que #7549 tiene mayor disposición a ser follado por su mejora en la estimulación anal.
—Habra que quitar eso también en las siguientes pruebas.
La etapa del celo solo duró unos minutos, los suficientes para someter a gusto a su potencial pareja.
Las pupilas del adulto dejaron de estar negras mostrando un poco de la esclerotica.
Debido a eso, el vaivén pasó de rápido a lento, los gruñidos pasaron a gemidos roncos de tono grave como un tenor.
El suave vaivén fue predecible para los doctores.
—La etapa «Reproducción» ha sido completada. #1089 y #7549 pueden iniciar la última fase: «Fertilización»
La voz del doctor llegó a oídos de ambos, el niño y el hombre.
El niño cerró los párpados, estimulando su ano, apresando la polla adulta y obligandole a detenerse.
El adulto hizo caso de mala gana, dando una última embestida cruel que hizo gimotear al niño de 4 años.
Ambos se quedaron quiedos, mientras sus cuerpos hacían el trabajo.
La polla adulta se hinchó, los testículos empezaron a vaciarse, llenando de semen, el pequeño agujero en el interior del ano del niño.
Mientras el adulto y el menor soltaban exclamaciones de gusto ante la culminación de su placer, los doctores hicieron anotaciones.
—No hay problemas con el cambio de semen. Se hizo correctamente durante el sexo.
—Fue difícil calibrar eso. Hacer dos tipos de semen, uno para nutrir y otro para fecundar tomó meses.
—Pero una vez hecho, casi no hubo que hacerles cambio.
Los doctores miraron la «Fertilización» del niño.
El semen era abundante, pero debido a lo fuerte que estaba cerrado el ano alrededor de la polla adulta, ni una gota se desbordó. Todo quedó adentro, causando que el ya abultado abdomen creciera más, ante el constante aumento de volumen de semen espeso y crudo.
Fueron varios chorros que hicieron temblar las piernas del hombre y quejarse al niño por la hinchazón.
Cuando se detuvieron, estaban sudando a borbotones.
—Todavia hay un gasto considerable de energía en la Fertilización.
—Lo arreglaremos. ¿Cómo están los signos vitales?
—Normales.
Los doctores estaban nerviosos, la última parte del proyecto era está.
Miraron con espectación al niño, viendo si había algún cambio.
Pronto, lo notaron gemir en voz alta, balbuceó algunas palabras mientras su abdomen abultado se hinchaba en forma de esfera.
El ano liberó la polla negra del hombre de una sacudida, dejando que está golpeara el muslo del adulto, haciéndole gruñir molesto.
Una cascada de semen chorreo del culo del niño y ante la mirada de todos, algo blanco y redondo, intentaba salir del ano del menor.
Era esférico, de textura dura, de un tono blanco beige con manchas negras.
Con un gemido alto, el menor liberó aquel objeto.
Cayó pesadamente en el colchón rebotando suavemente sin romperse.
El estómago del niño dejó de estar redondo, manteniendo su abultez por el semen todavía en su interior.
La expresión del niño era de cansancio, pero aún así, tanto él como el hombre miraron al huevo con curiosidad.
Los doctores celebraron en el laboratorio.
—¡Ha sido un éxito!
—¡Finalmente! ¡La Fertilización ha funcionado!
—¡Rapido, agarrenlo antes de que lo rompan!
Un guardia entró a la sala y tomó el objeto redondo ante la curiosidad de los dos especimenes.
El niño y el hombre dejaron de prestar atención cuando se llevaron el objeto.
Se miraron mutuamente y empezaron a tener sexo de nuevo.
Los doctores dejaron de grabar hablando entre sí.
—Un huevo humano. Finalmente tenemos un huevo humano.
El guardia llevó el huevo hacia ellos y lo metieron en una incubadora.
La información se registró y mandó a sus celulares.
—Hay vida. A un bebé en el interior. Es un éxito total.
Estaban tan felices que ignoraron lo que hacían los experimentos en la otra habitación, follando como animales y soltando gemidos más altos.
El anciano sonrió y pensó en algo.
—Ahora que sabemos que podemos crear huevos humanos con vida adentro, toca averiguar cuántos se pueden producir de esta manera y si cumplen con el estándar que deseábamos.
Ante la primera pregunta, uno de los doctores miró el monitor, y llamó a sus colegas.
—Han tenido otro huevo. Está vez es negro con manchas blancas.
Los doctores se sorprendieron.
Miraron el monitor y corroboraron la información.
Al mandar a un guardia a sacar el nuevo huevo, los especimenes volvían a su placer personal de follar.
—Parece que es rápido y constante.
—Los demás debemos preparar el informe a los jefes. Alguien se quedará a vigilar y recoger los huevos junto al guardia. Debemos registrar cuántos huevos pueden tener antes del agotamiento.
El más joven se quedó y los demás se fueron.
Mientras veía lo que hacían los experimentos, leyó la información de la investigación.
«Proyecto Degeneración»
Debido a la caída de natalidad y el aumento de mortalidad en el país. Estados Unidos de América ha iniciado un proyecto secreto de crianza humana para fines militares.
La idea es modificar el ADN de humanos incubados artificialmente y hacerlos aptos para cumplir una sola función, reproducirse.
Los primeros intentos se hicieron con mujeres, y hombres modificados. No sé obtuvieron los resultados esperados.
Eran muy lentos.
Se intentó modificar su comportamiento dándoles rasgos animales, pero esto solo derivó en peleas territoriales.
Para evitarlo, se optó por una medida todavía más extrema.
En vez de usar mujeres, elegirían niñas.
El espécimen masculino distingue a los menores como sus hijos, así activando el gen protector del hombre, evitando las peleas territoriales. Después de algunos ajustes, se orrilló a que cometiera «incesto».
Sin embargo, la edad de las niñas y su desarrollo las hacía inviables para procrear.
Aún mejorando sus cuerpos para concebir, la tasa de mortalidad en cada parto era del 90%.
Debido a eso, se optó por cambiar el método de concebir hijos.
Modificando el ADN, restauraron el gen capaz de convertir la bolsa amniótica en un huevo, permitiendo a los humanos nacer de ellos.
Sin embargo, después de incontables fracasos, se desistió de las niñas. Sus cuerpos tenían un umbral de procreación que no se podía cruzar sin causar deformaciones tanto a la madre como al feto.
Por eso, se optó por usar niños. Cómo no tenían predisposición a concebir, fue más fácil modificar su ADN sin causar deformaciones.
Los hicieron más dóciles, adorables y tiernos. Receptivos a estímulos visuales y sonoros relacionados a los hombres y con un deseo sexual inmenso a ellos.
Sin embargo, apesar de tener a una máquina sexual perfecta, todavía era difícil que concibieran.
A diferencia de las niñas que podían quedar embarazadas fácilmente, los niños les costaba más.
Con prueba y error, descubrieron que el niño no era el único que debía modificarse, sino también el adulto procreador.
Las muestras iniciales eran buenas, pero por solicitud de los doctores, se obtuvo la muestra del ADN masculino más alto que había en ese momento en el país.
Debido a eso, a los experimentos hombres se les puso el apodo de «Constantine» y a los experimentos incubadores, el nombre de «Damián», en honor al hijo de Constantine, un soldado razo de extensos honores y la muestra anterior que habían usado para crear a los hombres.
Con todo listo, desarrollaron algunos rasgos extras para facilitar el interés sexual y la conexión entre experimentos.
Se modificó el pene de los hombres para hacerlos más parecidos a los caballos, sus testículos se volvieron bolsas perfectas de conservación de semen. Sus cuerpos rebosaban músculos debido al exceso de testosterona, lo que también los hacía calvos.
Con los niños, se cambió sus anos para poder aguantar penes grandes, siendo el promedio 30 centímetros.
Y la zona de semen era el punto de creación de los huevos.
Durante varios intentos no sirvió de mucho, pero gracias al intento actual, sus esfuerzos habían tenido éxito.
El doctor dejó de leer cuando miró que el hombre y el niño se quedaban dormidos en la cama. El menor encima del adulto, totalmente bañado en semen y con una sonrisa feliz.
El hombre también tenía una sonrisa de satisfacción, abrazando con cariño a su hijo.
Se recogió el último huevo y se apagaron los dispositivos, dejando descansar a ambos.
46 huevos tuvieron antes del agotamiento.
Mientras se iba el doctor, el último párrafo del documento se vislumbró en la luz del pasillo antes de que la puerta se cerrará.
«Nuestros valores persisten, pero nuestra especie debe crecer. Talvez para muchos el sacrificio sea muy alto, pero para que la humanidad florezca, tendrá que caer en la perversión de sus valores, en su Degeneración» Presidente de los Estados Unidos de América.
Relato extra.
Constantine estaba hablando con un científico en una sala médica.
Los especimenes hombres caminaban desnudos a sus anchas, mientras los niños incubadora correteaban detrás de ellos.
Todos estaban ahí para un chequeo de rutina.
Dos niños se detuvieron al ver a Constantine.
Por su figura imponente de hombre negro y su porte varonil, los niños lo confundieron con uno de los experimentos hombres.
Se acercaron a él y le hicieron gestos.
Constantine les miró con interés.
El niño asiático de 4 años empujó a su otro compañero asiático, ambos apenados y mirándole con caras suplicantes, señalando la entrepierna del hombre negro.
—¿Quieren que los fertilice con mi polla, niños?
Los dos parecieron entender y asintieron.
Constantine sonrió y miró al doctor a su lado.
—¿Hay alguna habitación disponible que me presten?
El doctor dudó un momento antes de llevarlo a otro lado.
Dos horas después, su secretaria lo estaba buscando para la reunión a la que habían venido.
—¿Ha visto al General?
La mayoría le respondieron que no, hasta que se topó con un doctor quien le señaló una sala apartada.
—Se encuentra ocupado.
La secretaria negó con la cabeza.
—Que más da. La reunión es más importante.
Con esas palabras, abrió la puerta.
La mujer tosió y dió un paso atrás.
La habitación apestaba a semen y axila. Un aroma potente solo digno de una larga sesión de sexo.
Uno de los niños asiáticos estaba tirado en el suelo, con espamos en su cuerpo, dejando salir un huevo de su culo relleno de semen.
Varios huevos estaban tirados en el piso alfombrado, todos de color negro.
Mientras tanto, el otro niño asiático era embestido contra la pared por el hombre negro de gran tamaño. Toda la masa de músculo dominante demoliendole el ano con su polla monstruosa.
—Very. Perdona que veas esto. Ya casi termino.
—Señor, ¿puede darse prisa?
Constantine empujó su polla una última vez, llenando de semen el culo del niño asiático.
El cuerpo del hombre negro tembló ante el éxtasis, soltando un gemido gultural.
Sin tener que moverse, su pene fue expulsado del año del niño, y luego, todavía en el aire, sujeto por Constantine, el pequeño dejó salir un huevo totalmente blanco de su culo.
Constantine tomó el huevo antes de que tocará el suelo y dejó al menor en el piso con cuidado.
El pequeño se retorció igual que su compañero antes de sacar otro huevo, está vez totalmente negro, de su culo.
Constantine dejó el huevo blanco al lado de otro en el piso, se puso su traje militar, todavía apestando y sudando.
—Diles que incuben esos huevos y me los entreguen cuando estén listos. Los quiero conmigo.
La mujer iba a decir algo, pero Constantine le interrumpió.
—Después de todo, son mis hijos.
La secretaria asintió mirando a los niños en el suelo, dormidos y sonrientes.
Constantine le siguió la mirada y sonrió.
—Tambien haz los papeles para que me pueda llevar a esos dos. Los quiero conmigo al irme.
La mujer hizo una mueca, pero aceptó a regañadientes.
Constantine se fue dejando un hedor crudo por dónde pasaba.
Su secretaria le siguió tapando su nariz con una mano y cerrando la puerta con la otra.
Fin.
Gracias por leer. Deseo les haya gustado el relato tanto como a mi.
Si desean charlar, estoy en telegram.
@Remaster64TL28.
Nos leemos luego.

Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!