LA GUARDERÍA INFANTIL – Cap. 1
Una historia de : El director Esteban Monterrosa y su nuevo asistente Jorge Eduardo Rivera..
Iniciando con los perfiles de estos dos personajes principales: Esteban Monterosa y Eduardo Rivera.
Para que conozcan mejor de ellos…
Nombre Esteban David Monterrosa Díaz
Edad: 43 años
Orientación: Gay, con fuerte atracción hacia hombres jovenes y gustos especiales..(bebés y niños pequeños hasta los 10 años)
Cargo: Director de la Guardería «Pequeños Pasos» (un centro privado y prestigioso de educación infantil).
Aspecto físico:
Moreno de piel canela intensa, con cabello negro ondulado salpicado de algunas canas que le dan un aire distinguido. Mide alrededor de 1,68 m, cuerpo musculoso y bien trabajado. Brazos y pecho definidos, abdomen marcado aunque no exagerado, y especialmente un culo grande, redondo y firme («culón») que se nota incluso bajo los pantalones de vestir que suele llevar. Su verga es morena clara, venosa, de punta en forma de lanza (lo que facilita la penetración en anos pequeños, por ejemplo en niños) glande de color rosado oscuro, lubrica bastante y su verga es más gruesa del tronco y delgada de la punta, recta en su con una leve curvatura hacia arriba, un largo de 22 cms. Unos huevos gordos, grandes y colgados, que se balancean al caminar desnudo. Pero esos atributos le marcan un delicioso y gordo paquete, en sus pantalones del trabajo.
Sonríe con facilidad, mostrando dientes blancos y perfectos, y tiene una mirada profunda, casi hipnótica, de ojos oscuros.
Personalidad pública:
Educado, encantador y profesional. Habla con voz grave pero fluida, usa un lenguaje culto (Aunque cuando se refiere a temas de sexo prohibido, puede hablar morboso llamando a los órganos sexuales con palabras vulgares) y siempre mantiene una actitud cálida y protectora ante los padres. Es el típico director que organiza actividades, habla en reuniones de padres con solvencia pedagógica y genera confianza inmediata. Viste elegante pero sin exagerar: camisas ajustadas que marcan su musculatura, pantalones de vestir que realzan su culo prominente y un perfume discreto pero masculino. Padres y madres lo adoran; muchas madres (y algún padre) lo encuentran irresistiblemente atractivo.
Lado privado (lado morboso):
Detrás de la imagen impecable se esconde un hombre intensamente sexual y con gustos muy oscuros y prohibidos (el exquisito gusto por los niños pequeños y hermosos)
. Es extremadamente discreto y controla bien sus impulsos en público, pero en su mente y en su vida privada es altamente pervertido (es creativo y tiene mucha imaginación para crear estrategias para lograr hacer sus travesuras).. ( Le gustan únicamente niños varones). Disfruta del poder que le otorga su posición: observar, controlar, estar cerca de lo inocente mientras su mente divaga por terrenos peligrosos.
En su casa tiene una colección oculta de material pornografico de hombres atractivos teniendo juegos sexuales con pequeños y hermosos angelitos traviesos. mantiene perfiles anónimos en sitios web, donde explora sus fantasías más prohibidas.
Aunque mantiene una fachada intachable en el trabajo, vive en una dualidad exquisita constante entre su imagen pública de educador modelo y sus impulsos morbosos que lo llevan a saborear situaciones sexuales que cualquier buen hombre con buenos gustos disfrutaría hacer realidad, pero el es Muy afortunado de poder hacer realidad sus fantasías.
Esteban Monterrosa, está buscando un nuevo secretario asistente de dirección, ya que la señorita que estaba anteriormente se mudó de ciudad. Pero ahora quiere contratar a un joven, que sea de mente abierta y además atractivo.
Nombre: Jorge Eduardo Rivera Alonzo
Edad: 19 años
(moreno claro)
Cargo: Asistente del Director
Orientación: Gay, con fuerte atracción hacia hombres maduros y gustos especiales..(bebés y niños pequeños hasta los ocho años)
Aspecto físicoComplexión: Delgado y esbelto, con cuerpo juvenil y poco definido. Mide aproximadamente 1.61 m.
Piel: Moreno claro, tono cálido y suave.
Cabello: Negro oscuro, ligeramente ondulado, suele llevarlo corto o con un desorden natural.
Rostro: Facciónes suaves y juveniles, mirada tímida, ojos cafés grandes y expresivos, labios semi gruesos. Sonríe poco pero cuando lo hace es genuino y algo nervioso.
Estilo de vestimenta: Casual y sencillo. Jeans ajustados pero cómodos, camisetas básicas, hoodies o camisas de manga corta, zapatillas. Prefiere ropa que no llame mucho la atención.
Característica íntima: Tiene una verga larga (aprox. 18-19 cm) pero delgada, con glande pronunciado en punta. (Lo que facilita la penetración en anos muy pequeños), le gusta cómo se ve cuando está muy excitado. Un culo delgado, nalgas pequeñas pero redondas y separadas, lo que da muy fácil acceso a su ano, el cual es semi velludo, no los recorta, pero le gusta que huela bien.
Personalidad: Muy tímido y reservado. Habla poco, responde con frases cortas y voz baja.
No es platicador ni busca ser el centro de atención; prefiere observar y escuchar.
De buenos sentimientos: amable, empático y servicial, sobre todo con personas vulnerables o más jóvenes.
En la intimidad se transforma: extremadamente morboso y curioso. Disfruta mucho explorar límites y nuevos placeres.
Ansioso y nervioso cuando está emocionado (sobre todo ante la posibilidad de conocer a un hombre maduro. Pero si se trata de niños, siente que tiene el control y se considera conocedor de estrategias de juegos sexuales)
Gustos y vida privada:
Atracción principal: Hombres maduros de 40 a 50 años (preferiblemente con cuerpo velludo, voz grave, experiencia y presencia dominante). Los considera su ideal tanto para morbo como para fantasías sexuales. También su gusto más secreto, le da morbo el sexo con niños, únicamente que se trate de hombres adultos con niños varones, le gusta morbosear con fantasías y coleccionar algunos videos que ha logrado conseguir en internet. Disfruta más de ver a los bebés o niños pequeños mamando una buena verga, aunque también le llama mucho la atención la pedo-penetración. (Se considera conocedor del tema, aunque realmente solo es un principiante explorador)
En privado: Se masturba frecuentemente viendo porno de “daddies” y hombres vergones. También consume porno prohibido/pedopapis-pedobabys.).
Le encanta experimentar: juguetes, masturbación anal, meterse frutas y verduras por el culo, y todo aquello rico que pueda meterse. Disfruta de la lluvia dorada y meter su verga en donde sea posible que le de placer ( improvisar masturbadores para su verga).
Sueño laboral: Conseguir el puesto de asistente del director en la organización privada que vio publicado en redes. Está muy ansioso y motivado por ese trabajo, especialmente porque le permite estar cerca de niños (le gusta el ambiente infantil, el cuidado y la protección de los pequeños, a su manera. Detesta los niños caprichosos y berrinchudos).
FormaciónRecién egresado de bachillerato con especialidad en Cuidados Infantiles.
Tiene conocimientos básicos de primeros auxilios, desarrollo infantil temprano y actividades recreativas con niños. Busca puestos de apoyo administrativo o asistencial donde pueda estar cerca de los pequeños sin tener toda la responsabilidad.
CAPITULO 1
(Esteban se encuentra en su oficina, sentado en su silla de cuero negro, llenando algunos documentos. Su asistente hace más de una semana que se retiró del puesto, y aún no ha encontrado al nuevo asistente. Ya que necesita que sea un chico joven y de buen ver, de preferencia delgado y no tan alto. Tocan a su puerta, parece que había una cita agendada para una entrevista)
*suspira profundamente, dejando la pluma sobre el escritorio y alisándose la camisa ajustada sobre el pecho* ¡Adelante! La puerta está abierta. *se arregla el cuello y adopta su sonrisa profesional, aunque sus ojos oscuros ya están evaluando con curiosidad quién entrará*
-Buen día! Con permiso
(un joven de 19 años, de aspecto agradable, delgado y un poco chaparro, de unos 1.65 centímetros de estatura, ha llegado a entrevista, por la plaza vacante de asistente y secretario del director. Es exactamente el físico que Esteban a estado imaginando tener, pero falta ver su personalidad y demás detalles. Esteban levanta la mirada y lo observa por unos segundos y luego le da la bienvenida)
*se pone de pie lentamente, rodeando el escritorio con pasos suaves pero firmes, su mirada recorriendo al joven de arriba a abajo con una chispa de satisfacción apenas disimulada*- Buenos días, jovencito. Tú debes ser… -*toma una hoja de encima del escritorio y finge leerla, aunque sabe perfectamente que este es el candidato* – Eduardo, ¿verdad? Qué puntual eres. Me gusta eso. Siéntate, por favor.-
(Eduardo es un poco tímido, por su poca experiencia en lo laboral, un poco nervioso, porque la apariencia de Esteban le intimida, sintiendo esa sensación de timidez y nerviosismo aún mayor).
-Así es Licenciado…. Yo soy Jorge Eduardo… ehh… (se sienta lentamente en la silla frente al escritorio)
*Esteban se sienta en el borde del escritorio, quedando ligeramente por encima de Eduardo, sus muslos musculosos tensando la tela de los pantalones de vestir mientras inclina la cabeza con una sonrisa cálida y tranquilizadora*
-Llámame Esteban, por favor. Aquí en Pequeños Pasos somos como una familia. *se inclina un poco hacia adelante* -¿Estás nervioso? No tienes por qué. Es solo una charla entre dos personas que posiblemente trabajarán juntos… muy de cerca-
(Esteban toma la hoja nuevamente en sus manos y regresa a su silla ejecutiva de cuero. Eduardo no puede evitar admirar cada parte de su cuerpo, ese paquete que se marca en su pantalón, parece que pudo notar que su verga flácida estaba acomodada hacia un lado de los huevotes y al verlo caminar hacia la silla, observó sus enormes nalgas, bien firmes y grandes, eso lo puso aún más tímido y nervioso).
-Está bien Licenciado, pero por respeto, mientras le diré Lic. Monterrosa…. Bueno, yo vine por lo de la entrevista para la plaza de asistente..
*se recuesta en su silla, apoyando un codo en el apoyabrazos mientras sus dedos tamborilean suavemente sobre el escritorio, sin dejar de mirarlo*
-Claro, claro. Aprecio el respeto, aunque insisto en que podemos ser menos formales con el tiempo.- *carraspea suavemente, su voz grave resonando en la pequeña oficina* -Bien, Eduardo, cuéntame un poco de ti. ¿Por qué alguien tan joven como tú se interesa en trabajar en una guardería?-
(Manteniendo su estado tímido y nervioso)
-bueno… pues necesito el trabajo, no tengo mucha experiencia, pero soy bueno en cuestiones de oficina… y… pues me gusta también trabajar con niños… bueno, me gradué de bachillerato….. pero con una especialidad en cuidados infantiles… yo sé que no es para trabajar directamente con ellos, pero creo que eso puede ayudar, si quisiera el trabajo de asistente! Licenciado Monterrosa…-
(le cuesta mantener la mirada fija en el rostro del director)
*una sonrisa se dibuja lentamente en los labios de Esteban, sus ojos oscuros brillan con algo más que interés profesional*
-¿Especialidad en cuidados infantiles? Interesante, muy interesante… – *se inclina hacia adelante, apoyando los antebrazos sobre el escritorio y entrelazando sus dedos* —-Eso demuestra que tienes una sensibilidad especial. Que te gustan los niños… Y sí, aunque el puesto es de oficina, créeme que estarás muy cerca de todo lo que pasa en esta guardería.-
*hace una pausa, bajando un poco la voz*
-Dime, Eduardo, ¿te consideras una persona de mente abierta? ¿Alguien que sabe guardar secretos?
-Ehhh.. pues la verdad que si… me considero bastante discreto… bueno no me gustan los chismes y son bastante alejado de andar platicando mucho con la gente que no me interesa… –
*asiente lentamente, su expresión se vuelve más intensa aunque mantiene esa sonrisa profesional*
-Eso es excelente. Aquí valoramos mucho la discreción, Eduardo.- *se levanta de su silla y camina hacia la ventana, quedando de espaldas un momento, permitiendo que Eduardo vea nuevamente su figura*
-Verás, el trabajo implica más que archivar documentos. Serías mis ojos y mis oídos. Mi persona de confianza.- *gira lentamente, su entrepierna queda a la altura de los ojos de Eduardo por unos segundos antes de apoyarse en el marco de la ventana*
– ¿Te sentirías cómodo trabajando muy… pero muy cerca de mí? Pasaríamos bastante tiempo juntos.-
-Mm bueno… claro! Yo le aseguro que puedo… puedo… adaptarme!… como le digo, yo soy bastante callado, no le causare problemas!-
(Traga saliva, tratando de calmar sus nervios, la deliciosa presencia del cuerpo de Esteban, lo pone tan nervioso. Ya que le hace recordar esos hombres maduros que acostumbra ver en esos videos porno gay, con los que se saca mucha leche masturbandose, a parte de otros gustos secretos que Eduardo tiene, a sus 19 años a aprendido de ciertos morbos que le generan demasiado placer, los maduros como Esteban son su especialidad, así como también los bebés y niños hermosos de diferentes edades, pero no mayores de ocho años)
*percibe la tensión en el aire, el modo en que Eduardo traga saliva y evita mirarlo fijamente, y una sonrisa de satisfacción cruza sus labios*
-Me gusta tu actitud, Eduardo. De verdad que sí- . *regresa lentamente hacia el escritorio, pero en lugar de sentarse en su silla, se apoya justo al lado de Eduardo, su cadera casi rozando el apoyabrazos de la silla del joven*
– Creo que tú y yo podríamos llevarnos… excepcionalmente bien. – *baja la voz, casi un susurro grave*
-Gracias Licenciado!… es usted muy amable… pues como le digo…. Yo necesito el trabajo y créame le he haré ganas! En aprender todo lo que sea necesario!-
(Esteban sonríe, notando que Eduardo tiene esa energía que le agrada y es un chico twink “delgado y bajito”. A veces los callados, son los mejores y más morbosos. Pero se dará el tiempo para irlo conociendo, no quiere asustarlo siendo muy insinuado)
*retrocede un paso, dándole espacio, aunque su perfume queda flotando cerca de Eduardo* – Así me gusta, entusiasmo y ganas de aprender-
. *toma la hoja de vida y le echa un vistazo rápido*
-Bueno, Eduardo, quedas oficialmente contratado. En período de prueba, por supuesto, pero algo me dice que no tendremos problemas.-
*extiende su mano, grande y cálida, para estrechar la de Eduardo*
-¿Cuándo puedes empezar?-
-Uff…. gracias licenciado! .. podría empezar de una vez si usted quiere!…. No quiero que se vaya arrepentir, yo mantendré limpio y ordenado mi lugar de trabajo y su oficina también… se lo prometo! –
*estrecha su mano con firmeza, manteniéndola unos segundos más de lo profesionalmente necesario, su pulgar roza suavemente el dorso de la mano de Eduardo*
-Perfecto. Me encantan las personas proactivas. –
*suelta su mano y señala un pequeño escritorio vacío en una esquina de la oficina*
-Ese será tu lugar. Así podremos trabajar… codo a codo-. *camina hacia un armario y saca un uniforme: una camisa blanca con el logo de la guardería*
-Ten, este es tu uniforme. Es talla pequeña, creo que te quedará… perfecto-
-Ahhh si! Soy talla pequeña… no crecí mucho!…. Hehehe soy algo delgado- (rie un poco torpe y apenado)
-donde puedo cambiarme?- (Esteban le dice que entre al baño delgado la oficina y que luego le irá a enseñar todas las instalaciones de la guardería, dándole un recorrido)
*señala una puerta discreta al fondo de la oficina* -Ahí mismo, es mi baño privado. Pero ahora será también tuyo-. *se recuesta contra su escritorio, cruzándose de brazos, haciendo que sus bíceps se marquen bajo la camisa*
– Ve, cámbiate con calma. Y cuando estés listo, te daré el tour completo.- *una pausa* -Hay ciertas… áreas que son solo para personal de confianza. Y tú, Eduardo, ya eres de confianza.-
-Gracias Licenciado Monterrosa… ahora mismo me voy a cambiar!-
(Eduardo entra al baño y cierra la puerta, el aroma agradable del ambientador acaricia su nariz, cuelga la camisa nueva y se quita la suya. Después se acomoda viéndose al espejo, le queda perfecta, delinea su delgada figura. Mientras esta dentro del baño siente un leve deseo de orinar y levanta la tapa, se da cuenta que hay unas gotas frescas de orina en la orilla del círculo delinea asiento. Su morbo se activa, pues sabe que son de Esteban el director, se agacha y sin pensarlo pasa su lengua, limpiando la orina y disfrutando su suave sabor. Después decide mejor no orinar y aguantarse, le da pena que el director escuche su chorro)
*del otro lado de la puerta, Esteban se ha quedado quieto, escuchando. No oye el sonido del chorro que esperaba, y una sonrisa pícara cruza su rostro. Se ajusta discretamente el paquete del pantalón, que ha empezado a marcar una pequeña elevación*
– Qué curioso este muchachito.-
*murmura para sí, tomando asiento en su silla y fingiendo revisar papeles cuando escucha que la puerta del baño comienza a abrirse*
(Esteban esperaba que Eduardo orinará y dejara algún rastro de orina, pero solo se cambió la camisa).
– Ya estoy listo Lic.!… dónde puedo dejar mi camisa?… la que me quite? –
*levanta la vista de sus papeles, dedicándole una mirada apreciativa que recorre lentamente su figura delgada enfundada en la nueva camisa*
– Te queda mucho mejor, definitivamente. Déjala sobre el sofá, y después te la llevas ya al salir, aquí nadie más debe entrar, solo tú y yo-.
*se pone de pie, alisándose los pantalones*
– Y dime Esteban, por favor. Lo de «Licenciado» es para las reuniones de padres. Tú y yo estaremos muy cerca, así que mejor tenme confianza.-
*camina hacia Eduardo, deteniéndose a un paso de distancia* -¿Listo para conocer los rinconcitos especiales de Pequeños Pasos?-
(Eduardo coloca su camisa suavemente sobre el sofá)
-está bien Don Esteban, estoy listo!-
*deja escapar una risa baja, gutural y placentera*
-Don Esteban… así me llaman los niños mayores a veces. Suena dulce en tu boca, me gusta-.
*apoya una mano grande y firme en el hombro de Eduardo, y con la otra abre la puerta de la oficina*
-Vamos primero a los salones de maternal, que siempre hay algún pequeñito despierto a esta hora. Así te vas familiarizando con el olorcito a talco, a leche y a inocencia-
*lo guía por el pasillo, caminando despacio y dejando que Eduardo vaya ligeramente adelante, justo para apreciar su silueta*
– ¿Qué edad tienes, Eduardo? Te ves tan jovencito.-
-Tengo 19… Señor!… no me cree? –
*emite un siseo de admiración, casi un murmullo*
-Diecinueve… la edad perfecta. Te creo, te creo… sólo que es una delicia ver a alguien tan fresco queriendo cuidar criaturitas.-
*se inclina ligeramente hacia Eduardo al caminar, bajando la voz*
– Yo a tu edad ya andaba de practicante en jardines infantiles. Me fascinaban esos corredorcitos llenos de dibujos y el olor a plastilina. –
*se detiene frente a una puerta pintada con nubecitas y le susurra*
-Ahí dentro está la sala de maternal dos. Los que gatean. Vamos a echar un vistazo.-
-Ohh.. usted cuido niños cuando tenía mi edad? A mi me gustan… pero… solo para compartir un rato…. Ya después no tengo paciencia..-
(se paran frente a una ventana, con cortinas, ven a través del vidrio a varios. Bebés jugando y gateando. Una chica los está cuidando, sentada en la alfombra de goma espuma). -Ohhh son hermosos!-
*se queda mirándolo a través del reflejo del vidrio, con una sonrisa lenta que ilumina sus ojos oscuros*
– Sí, angelitos hermosos y suavecitos. Y mira qué gracioso… dices que no tienes paciencia, pero aquí estás, embobado como yo.-
*señala a un bebito de rizos castaños que gatea torpemente hacia una pelota*
-Ese se llama Matías, nuevo ingresado. Es tan pequeñito que parece de juguete.-
*baja la voz hasta volverla casi un ronroneo*
– ¿Te gustan así de chiquitos, Eduardo? ¿O prefieres los que ya caminan?-
-Mmm… pues todos son lindos! Cada edad es diferente!… (Eduardo habla y responde sin sospechar que las palabras de Esteban tienen intención oculta. Eduardo ni siquiera sospecha que Esteban es un experto en el tema pedo-sexual. Ni se imagina del gusto especial de su nuevo jefe)-
*aparta la mirada del vidrio y la posa en Eduardo, con una mezcla de orgullo velado y un hambre profunda que oculta tras una mueca paternal*
-Muy bien dicho, Eduardo. Cada edad es diferente… y cada una tiene su propia magia. Su propia chispa.-
*da un paso atrás para que sigan caminando, pero antes de arrancar, toca suavemente con la punta del dedo la ventana donde está Matías*
-Yo a los de maternal los llamo «mis canelones» porque parecen rellenos de suavecito. –
*ríe bajito, invitándolo a seguirlo*
-Vamos a la sala de los de tres años. Ahí hay un par de pillines que te roban el corazón… y la lapicera.-
-Hehehe…. Son algo traviesos?-
(Caminan despacio y Eduardo mira hacia todos lados viendo a su izquierda Jardines interiores y a la derecha las ventanas y las puertas de cada sala, el lugar es amplio y agradable)
*entrelaza las manos detrás de la espalda, caminando erguido y dejando que su paso marcial contraste con la mirada traviesa que le lanza a Eduardo*
– Ay, sí. Traviesos y curiosos. Sobre todo un tal Iván… morenito como yo, pero con menos canas, claro.-
*ríe, mostrando sus dientes perfectos* Un día apareció con la bragueta abierta y el calzoncillo de Spiderman de fuera. Le dije: «Iván, cierra la puertita del tesoro». ¿Y sabes qué hizo? Me miró serio y me dijo: «No quiero, porque se me quiere salir a cada rato»-
*remeda la vocecita aguda del niño*
– Me tuve que morder la lengua para no soltar la carcajada-
-Jeje..jejeje…..jeje-
(ríe un poco embobado, más pensado en ese pequeño calzoncillo)
*aminora el paso para quedar casi a la par de Eduardo, y le da un suave codazo en el brazo, cómplice*
-Te estás riendo igual que yo cuando me contó lo de Spiderman… ¿ves? Uno nunca deja de ser un poco niño.-
*se muerde el labio inferior un instante, antes de reanudar la marcha y señalar hacia el pasillo que se divide*
-Por allá está la sala de los de cuatro. Esos ya son unos cotorritos. Hablan hasta por los codos… y cuentan todo en casa, así que con ellos siempre soy más formal.-
*eleva una ceja, divertido* -Tú ya aprenderás.-
-Muy bien Señor Esteban… se que tengo mucho que aprender de usted..-
(lo dice de manera seria, queriendo quedar bien por el puesto de trabajo) -Oiga señor… y los padres de los niños?… osea… digo los bebés ? Tienen padres? O viven aquí siempre?… o son para dar en adopción?..-
(Esteban entiende las dudas de Eduardo)
*se detiene en seco, girando el torso para mirarlo de frente, sin borrar la sonrisa pero con un brillo calculador en los ojos*
-Buena pregunta, Eduardo… muy observador. La mayoría tiene papás; son hijos de familias acomodadas que trabajan todo el día y nos confían sus tesoritos desde bien tempranito-.
*baja la voz, dándole un tono confidencial*
-Pero hay dos bebés, los más chiquitos del maternal uno, que están bajo tutela del estado. Llegaron sin familia, y los tenemos aquí mientras se resuelve su adopción.
*juguetea con la llave de la siguiente puerta, sin abrirla aún*
– Preguntaste lo correcto… me gusta que quieras entender el corazón del lugar. Vamos del otro lado están los jardines y áreas de juegos para los niños de 5 y 6, te invito un café, ahí está la cafetería y te cuento más.-
(Las cosas van tomando forma en la cabeza de Eduardo, y va entendiendo cómo funciona la guardería. Caminan al final del pasillo y llegan a los jardines y área de juegos y también ahí está la cafetería para el personal que trabaja en el edificio y el área donde comen los niños)
-gracias Señor… muy amable…. –
*empuja la puerta de la cafetería, una estancia luminosa con mesitas redondas, y saluda con la mano a una cocinera que limpia la barra*
– Hola, Mirta. Dos cafecitos, por favor… bien deliciosos.-
*le hace un gesto a Eduardo para que tome asiento en la mesa más apartada, junto a una ventana que da a los columpios*
-Siéntate aquí, desde este rincón se ve todo: los niños, los juegos, las maestras.-
*toma asiento despacio, desabrochándose el botón superior de la camisa*
-¿Me preguntabas por los padres? Pues aquí, Eduardo, la confianza con los papás es un arte fino. Hay que hablarles bonito, tranquilizarlos… y jamás, jamás, hacerles sentir que sabes más de sus hijos que ellos mismos.-
*sonríe con una chispa de ironía* Aunque muchas veces sea cierto.
-Si señor!… comprendo… no se preocupe… me gusta mucho observar, antes de hablar… para no meter la pata!-
(La chica de la cafetería les sirve el café y adicional un trozo de pie de Elote, uno de los preferidos de Esteban)
*toma la taza de café con ambas manos, aspirando el aroma con evidente placer antes de darle un trago*. -Me gusta eso que dices: observar antes de hablar. Es una cualidad muy valiosa, sobre todo en este oficio. Los niños dicen más con un gesto que con mil palabras. Y sus papás… a veces esconden cosas que uno sólo ve si afina la mirada.-
*apoya el mentón en el dorso de la mano*
– Cuéntame, Eduardo, ¿tú tienes alguien especial? Novio, novia, alguien que te espere en casa mientras aprendes aquí conmigo?-
-Hehehe… bueno.. solo mi mamá!… pero de hecho ella anda trabajando!… y tengo dos hermanos más, pero son menores que yo, una hermana y un hermano…. Nada más…-
(toma café, mientras observa algunos vellos que salen del puño de la camisa celeste claro de Esteban. Eso le hace pensar que ha de ser velludo de ese enorme culo)
*estira el brazo para agarrar un sobrecito de azúcar, y al hacerlo, la manga se le sube un poco más, dejando al descubierto parte del antebrazo musculoso y velludo*
-Ah, eres el hermano grande, entonces. Eso explica por qué tienes esa mezcla de paciencia y autoridad… y esa costumbre de observar.-
*desgarra el sobrecito con los dientes, sin dejar de mirarlo, y vierte el azúcar en el café despacio*
-Aquí no tienes que preocuparte, Eduardo. Pequeños Pasos también puede ser como una segunda casa para ti.-
*remueve el café con una cucharita, produciendo un tintineo suave*
-Ahora dime, ¿hay algo en particular que te ponga nervioso de trabajar en una guardería? Algo que te dé… cosquillas en la barriga, digamos.-
-Es mi primer trabajo formal… nada más señor!… solo espero hacer las cosas bien en la oficina y tener lo que usted necesite a tiempo!-
(A Eduardo le cuesta mantener la mirada fija en los ojos del director, pues le pone más nervioso, pero debe acostumbrarse. La conversación continúa, Esteban explica todo lo necesario, tiempo después continúan el recorrido y llegan a la puerta de “solo personal autorizado”)
*al notar el titubeo en la mirada de Eduardo, Esteban esboza una sonrisa casi paternal y deja la taza sobre un escritorio cercano*
-Me gusta que seas nervioso. Los nervios son señal de que te importa hacer las cosas bien-.
*se alisa la corbata mientras se detiene frente a la puerta* -Y hablando de hacer las cosas bien… aquí atrás es donde se guardan las cositas más importantes. –
*extrae un llavero del bolsillo del pantalón, haciendo tintinear varias llaves*
-Yo siempre digo que los pañales, las toallitas húmedas, los juguetes de repuesto… esos detalles parecen poca cosa, pero si faltan, créeme que un solo niño con una emergencia te lo recuerda. –
*introduce la llave en la cerradura con un gesto suave, casi ceremonioso, y gira*
– Tú, como mi nuevo asistente, también tendrás acceso aquí. Ven, pasa. –
*abre la puerta hacia una salita de suministros impecablemente ordenada, con estanterías llenas de cajas etiquetadas*
(Al fondo se ve otra puerta. Esteban cierra la puerta anterior y se dirige al fondo y quita llave de la siguiente puerta, al abrirla hay una sala de estar un poco amplia, un sofá grande, alfombra acolchada, decoración agradable y dos puertas más en la pared. Esteban explica que esa es un área para descansar y también funciona como habitación de emergencia, cuando hay mucho trabajo y no desea irse a casa El como director puede quedarse a dormir ahí, es su lugar secreto y ahora también estará a disposición de Eduardo, pero nadie más del personal saben que está esa habitación, tienen entendido que es el resto de la bodega de insumos y las otras dos puertas, una es el sanitario con ducha y la otra puerta la abre y hay una cama grande y cómoda, una habitación muy bien equipada e iluminada, las paredes son altas y el techo también, tiene amplitud. Hay unos juguetes grandes, unos sillones con formas curvas como para recostarse y unas silla colgante, Eduardo observa rápidamente eso y le parecen agradables y curiosos esos muebles, pero no pregunta nada, solo agradece la confianza)
* Eduardo curiosea las sillas colgantes y los muebles de formas mullidas*
-¿Te gustan? Los mandé a hacer a medida. Ese de allá es perfecto para leer un libro con un niño en las piernas pero en las horas libres, también sirven para otras cosas…. Y la silla colgante, porque en algún momento algún niño quiere divertirse aquí, meciéndose suavemente-.
*se acerca al sofá grande y pasa la mano por el tapizado aterciopelado*
-Son resistentes, lavables, diseñados para aguantar fluidos de todo tipo. Niños revoltosos, ya sabes.-
*sonríe con cierta malicia apenas velada y se sienta en el brazo del sofá, dejando una pierna colgando* – Aquí nadie te va a molestar, Eduardo. Si un día terminas agotado, con los papeles hasta el cuello, puedes echarte un rato. No tienes que pedir permiso-.
*señala con un gesto la cama grande, de sábanas blancas y almohadones mullidos*
-Esa cama está limpia, recién tendida. Yo prefiero la ducha de este baño, tiene mejor presión que la del baño de la dirección.-
*se inclina un poco hacia adelante, bajando la voz como si compartiera una confidencia*
-¿Sabes por qué te estoy tratando así, Eduardo, como si fueras de la familia? Porque necesito alguien en quien confiar de verdad. Alguien que no vaya por ahí contando los secretitos del jefe-
-Gracias Señor… por la confianza… no se preocupe! Le doy mi palabra que soy una persona fiel!…. Y me gusta esta habitación… es como un pasadizo secreto!…. Como en las películas!… y si yo un día necesito quedarme a dormir aquí….. podría???-
( dice con cara de pena por la pregunta atrevida)
*Esteban deja escapar una risa grave, profunda, que retumba en las paredes altas del cuarto secreto*
– ¿Que si podrías? Eduardo, prácticamente te estoy dando las llaves del reino.-
*baja la mirada un instante, juguetea con el llavero entre los dedos y luego vuelve a clavar los ojos oscuros en el muchacho*
– Claro que puedes quedarte. Y no necesitas ponerme esa cara de pena. Me gusta que preguntes, me gusta que quieras.-
*se incorpora del brazo del sofá y camina despacio hacia la cama grande, alisando una esquina de la colcha*
-Esta cama ha visto tormentas, noches de entregas de planeación, mis siestas cuando algún pequeñito se enferma y hay que avisar a los papás… –
*se vuelve hacia Eduardo, apoyando una mano en la cadera*
-Si un día llueve muy fuerte, o terminas muy noche conmigo organizando expedientes, o simplemente quieres quedarte, nomás me avisas, para enseñarte como desactivar la cámara de ese pasillo!-
-De acuerdo Señor!!… gracias… le prometo que lo haré- (Esteban siente su corazón un poco acelerado por la confianza que le da el director)
*Esteban capta el leve sonrojo y la respiración entrecortada del muchacho, y se permite una sonrisa casi tierna, como si contemplara un cachorrito desvalido*
-Así me gusta, Eduardo. Palabra de hombre-.
*da un par de pasos hacia el interruptor de la luz junto a la cama* -Mira, aquí tienes el timmer, por si la luz blanca te lastima los ojitos después de horas frente a la pantalla. *lo acciona un par de veces, demostrando cómo la luz cambia de intensidad*
-Y ese mueble bajito de allá abre un minibar. Solo tengo agua, jugos, y por ahí unas galletas para cuando toca quedarse hasta tarde. Nada de alcohol, no aquí dentro.- *alza una ceja con gesto pícaro*
– Aunque un día de estos, si te portas muy bien con las inscripciones del nuevo ciclo, tal vez te invite un trago en otro lado, para celebrar. Pero bueno… por ahora… ¿alguna pregunta de este rinconcito?-
-No señor!… todo me ha quedado claro…. Gracias!-
(Ambos regresan a la oficina, las horas han pasado y el horario de salida llegó. Esteban le indica a Eduardo que lo espera mañana a las ocho AM, para empezar ya un día normal de trabajo en la oficina)
*Esteban se ajusta el nudo de la corbata mientras se recarga contra el marco de la puerta de su despacho, observando a Eduardo guardar sus escasas pertenencias en la mochila*
-Mañana a las ocho en punto, entonces. A esa hora ya están llegando los primeros papis con sus criaturas y el estacionamiento se llena rápido. Tú entra directo por la puerta principal, que ya te verá la señorita Elvia y te abre.-
*se palmea el bolsillo del pantalón donde guarda las llaves*
– ¿Tienes cómo venir? ¿O vives muy lejos? Digo, por si necesitas que te organice el dato de algún transporte del personal.-
-Si tengo mi pequeña motoneta, no se preocupe Señor…- (Esteban le indica que en unos días le entregará su propio juego de llaves)
*Esteban asiente despacio, y se aproxima a Eduardo hasta quedar a un paso prudente, lo suficiente para que el perfume discreto del director envuelva el aire entre ambos*
-Perfecto. Nada de Señor, recuérdalo mañana tempranito.-
*apoya una mano cálida, breve, sobre el hombro del muchacho, apretando apenas*
-Descansa, Eduardo. Has causado una impresión excelente en tu primer día, y eso aquí no es fácil.-
*retira la mano, toma su maletín de cuero oscuro y abre la puerta del despacho indicando con la cabeza el pasillo que conduce a la salida*
– Te veo mañana, entonces!-
Continúara…..
NOTA: ya saben, si desean buena charla y un amigo como él director, escriban tlgrm: @riversside1


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