Las aventuras de dos morbosos… (1)
Conociendo a Julia.
Mi novia es una puta adicta. Desde muy chiquita que se droga y traga leche. Por lo que me contó, toda su familia la usaba: su abuelo, su papá, sus tíos, sus primos. Todos. Ya desde bebé le llenaban la mamadera con leche. A los 4 años su papá le rompió la conchita y de ahí no paró. Como toda pendejita violada empezó a drogarse para aguantar las pijas que no cesaban, y eso sólo hizo que su perversidad aumente.
La conocí en la casa de mi socio «Zeta», con el cual movíamos unos gramos, nada demasiado importante. Cuando llegué se la estaba cogiendo un amigo de mi socio. Nunca vi un culo tan abierto y lleno de leche como el de ella.
Yo: Ah bueno, se ve que la están pasando bien
Zeta: Si, la putita esta está desde el lunes (era Jueves si mal no recuerdo) Una faloperita que hace lo que sea por unos tiros, si queres usala, igual ya no siente nada.
Yo: Se la ve chiquita
Zeta: Tiene 12 la muy puta.
En ese preciso momento, cuando Zeta dijo su edad se me puso la pija dura como una piedra. Me acomodé, tome unos tiros, esperé a que el amigo termine de romperle el orto y seguí yo., Estuvimos toda la noche dándole pija, su mirada ya estaba perdida, solo recibía. Cuando descargué la ultima gota de leche, miré a Zeta muy seriamente y le pregunté si me la podía llevar a casa.
Zeta: Hace lo que quieras, ya está muy usada. Me da asco.
Yo: Ah me olvidé de preguntar. ¿Cómo se llama?.
Zeta: Julia, es la prima de un amigo, me dijo que es el juguete de la familia o algo así… no te vayas a enamorar eh.
Agarré unos gramos, saludé a los muchachos y cargué a Julia al auto, recuerdo que el olor de ella me hizo dar arcadas, se ve que como no paraban de cogerla se meo encima. La tiré en el asiento de atrás, me tomé otro tiro y fui a casa.
Cuando llegué le saqué los trapos que tenía como ropa, aún casi que no podía caminar y divagaba, se ve que Zeta le dio algunas pastas porque estaba en Narnia. La tiré en la bañadera y le saqué toda la suciedad. Seguro estaba hace un par de días en la calle, en ese instante me llevé una grata sorpresa, siempre tuve debilidad por las indefensas, tras esas capas de mugre había una hermosa nena de piel blanca casi transparente, ojos color miel y pelo castaño claro. Al instante me enamoré, obvio que la concha la tenía completamente destrozada y el culo estaba más usado que un diccionario, pero no me importó. Como aun no reaccionaba, le di unos cachetazos para que se despierte y me mire a los ojos.
Julia: Hago lo que me digas, no me pegues
Yo: A partir de hoy sos mi novia. Vas a vivir acá, vas a hacer todo lo que yo te diga. Soy tranza, así que falopa vas a tener. Lo único que quiero es que recibas mi pija. Solo la mía. Estamos?
Julia: Si.. como te llamás?
Yo: Federico, pero vos me decís papi. En casa no te extrañan, no?
Julia: No papi.
Yo: Bien, queres una raya?
Julia: Si papi
Yo: Primero, te voy a volver a coger ese culito abierto que tenes. Me encanta que estés tan violadita, naciste para esto.
Julia obediente, se dio vuelta, abrió sus cachetitos mostrándome ese orto roto y me dijo:
Julia: Si me das falopa y comida, soy tuya y me podes hacer lo que se te cante el culo conmigo.
Yo sonreí, no voy a mentirles, un poco de ternura me dio. Saque la pija que ya me estaba reventando el pantalón y le cogí el culito hasta que se quedó dormida. Así conocí a mi novia, a la puta drogadicta de mi novia, con la cual vivimos muchas historias que les voy a contar. No hay nada más lindo que la vida te ponga a una nena como estas en el camino, más cuando yo ya está rondando los 30 años.


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