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Fetichismo, Gays, Voyeur / Exhibicionismo

Ordeñando al capitán de fútbol americano

El hombre se giró dándole la espalda al niño, mostrando su figura musculosa por detrás antes de agacharse y quitarse el suspensorio lentamente. Los glúteos dejaron de estar apretados, y al agacharse el adulto, estos pliegues de carne se abrieron, mostrando un agujero rosado arrugado y peludo..
El jugador de fútbol americano estaba transpirando con fuerza mientras levantaba su camisa y exponía sus poderosos pectorales y hermosos cuatro pares de abdominales.

Desabotonó su short deportivo blanco, mostrando parte de su pelvis peluda y el contorno de su polla gruesa.

El color blanco de tonos bronceados realzaban las grandes venas que se marcaban en la piel de sus bíceps y piernas.

Su rostro estaba cubierto por su casco deportivo, dejando entrever un ceño oscuro, una nariz aguileña y unos labios rojos.

Con aquel semblante sereno y sonrisa agotada, el hombre se quedó de pie en la zona de descanso disfrutando del frío golpeando su piel sudorosa.

El transpirar mojaba su camisa roja deportiva, cambiando su color de un tono claro a oscuro.

Con casi toda la camisa levantada hasta la altura de la clavícula, mostrando el esplendor de sus pechos, el contorno marrón de sus pezones hundidos y la línea de abdominales bien formados en su cintura estrecha.

Sus hombros anchos marcaban su espalda y sus bíceps prominentes eran aterradores.

Midiendo casi un 1,90, el hombre de corte italiano disfrutaba de su momento de descanso mientras un niño lo observaba desde un rincón.

Era el hijo menor del entrenador.

Un pequeño de piel lechosa, ojos grandes y cuerpo voluptuoso. Era gordito, con la carne marcandose en sus muslos y trasero de niño, a veces mostrando su pancita y pechos llenos de grasa.

Tenía una voz aguda, casi afeminada y caminaba con el semblante tímido.

Su rostro blanquito estaba rojo al ver al capitán del equipo de fútbol americano estar semi desnudo transpirando en la zona de descanso, sin nadie a la vista.

Era su lugar favorito. Su padre no decía nada de que se quedará viendo a los hombres adultos desnudarse y solo lo dejaba ahí hasta que tocaba irse.

El niño era consciente de que su actuar levantaba sospechas en los hombres e incluso algunos lo hablaban en voz baja.

—Debe ser gay.

—Con esa carita, lo creo.

—¿Está bien que esté aquí?

—Que importa. No es como que lo vayamos a coger entre todos. Es un niño.

A veces bromeaban con eso y el menor no podía evitar fantasear. Él creía que algo así sería increíble y aterrador.

Él era demasiado pequeño para hombres tan grandes.

Era como ser un pequeño borrego rodeado de lobos enormes y hambrientos.

Una vez el capitán dejó de sudar, empezó a desnudarse.

Iba a ducharse para irse. El partido todavía continuaba, pero el entrenador lo había sacado para reemplazarlo por otro. Y por lo que sabía, no volvería a llamarlo por esa noche.

Ignorando al niño que lo observaba desde su rincón.

El hombre se quitó la camisa sudada, dejándola en la banca. Sus axilas peludas dejaron caer gotas de sudor mientras se quitaba el shorts deportivo, mostrando su suspensorio rojo mojado.

Una polla gorda y gruesa pesaba en la tela, haciendo que cayera hacia adelante, como un pedazo de carne.

Las piernas musculosas del adulto eran firmes y la ropa interior marcaba los glúteos redondos y duros del hombre. Pelo negro adornaba la parte trasera como un jardín recién podado.

El mayor se giró dándole la espalda al niño, mostrando su figura musculosa por detrás antes de agacharse y quitarse el suspensorio lentamente.

Los glúteos dejaron de estar apretados, y al agacharse el hombre, estos pliegues de carne se abrieron, mostrando un agujero rosado arrugado y peludo.

El ano se contraía escupiendo y absorbiendo el sudor del cuerpo.

Una vez desnudo, el hombre dejó su suspensorio en la banca, terminó de quitarse el resto de ropa, incluido el casco y tomó su toalla del casillero para irse a duchar.

Lo único que vió el niño fue el pelo negro de la cabeza del adulto cubrirle el rostro.

Una vez solo y escuchando el agua caer, el menor corrió hacia donde está la ropa sudada y la tomó entre sus manos.

Sin controlarse, llevó primero la camisa a su nariz aspirando el aroma sucio y caliente de un hombre sudado.

Era picante, con un toque amargo y ligeramente templado.

Pasó su nariz por toda la camisa, mojandose de sudor.

Luego, tomó el short deportivo, disfrutando de la mezcla de aromas entre la pelvis y las nalgas.

La parte trasera olía a limpio con una mezcla agridulce, era un aroma que hacia hundir más la nariz por no ser tan asfixiante.

Mientras tanto, la zona de la pelvis era demasiado agrio, como la cebolla, pero con un aroma que hacia estornudar y llenando el aire de un hedor grotesco.

El niño no pudo evitar temblar al percibir tal aroma.

Por último, miró el suspensorio, pero no se atrevió a llevárselo a la cara. Solo agarró las dos ligas y se lo amarró a la cabeza. Dejando que el sudor mojara su pelo y el aroma le llenará desde arriba.

A pesar de no olerlo de frente, el hedor le hizo estremecer.

Era caliente, crudo y agrio. No era placentero, sino agresivo. Como el hedor de un depredador que lleva tiempo sin bañarse.

El niño se quitó rápido el suspensorio al no poder tolerar el hedor, incluso hizo una mueca.

—Te entiendo. Apesta a zorrillo.

El niño se sobresaltó al escuchar la voz adulta y se dió la vuelta asustado.

El capitán del equipo de fútbol americano estaba desnudo, con la toalla en su hombro y recién bañado.

Miraba al pequeño con diversión, mostrando una leve sonrisa en sus labios.

—Lo siento.

—No es necesario.

El adulto pasó al lado del niño, tomó su ropa y la guardó en su casillero.

El menor se sintió perdido un momento antes de reaccionar y alejarse unos pasos.

El hombre empezó a vestirse ignorando al niño, y una vez vestido, tomó sus cosas del casillero y las guardó en un bolso que tenía debajo de la banca.

Una vez listo, le dió un vistazo al niño.

—Buenas noches, Tom.

El niño se despidió con la mano.

—Adios, señor Grim.

El adulto se fue dejando confundido al menor.

Sin embargo, pronto sus dudas pasaron a ser ignoradas y se fue a buscar a su padre.

Días después, volvió a la zona de descanso donde los jugadores se arreglaban.

Varios le saludaron y otros bromearon con el niño.

—Oye, Dick. Ahí viene tu admirador número uno.

Varios hombres silbaron hacia un hombre negro.

Este sonrió sacándole el dedo a quien lo había llamado.

—Me halagaria si tuviera coño. Un culo talvez sea de tu talla.

Se escuchó la voz de varios hombres haciendo un sonido provocador a las palabras de su compañero.

—Dejen sus peleas de quién la tiene más grande para el juego —regañó el capitan Grim.

Los aludidos rieron y siguieron con lo suyo.

Tom se sentó en su rincón admirando a los hombres desnudarse y vestirse sin pudor alguno.

Su carita roja lo delataba, pero ya todos estaban acostumbrados.

Una vez vestidos, el entrenador entró y le hizo un gesto a su hizo para salir.

El niño corrió ante la atenta mirada de los hombres.

Con un carraspeó, le prestaron atención al entrenador.

—Si pueden ponerme atención en vez de verle el culo a mi hijo.

Vários se rieron.

—La jugada de hoy es la misma del partido anterior, a mitad Grim descansa y lo reemplaza Hope.

—Entendido —dijeron al unisono los jugadores.

Todos salieron corriendo al escuchar el llamado de los locutores y saludaron a Tom en la rampa de salida.

El menor estaba sonriendo observando a todos esos hombres despedirlo.

El último fue Grim, quién le guiñó el ojo.

Una vez todos fuera, su padre se acercó.

—Hijo. Hoy te irás más temprano a casa.

El menor miró a su padre sin entender.

—Le pedire a Grim que te lleve cuando sea reemplazado. Tu madre me pidió que está vez no llegarás tarde a casa.

Tom asintió decaído.

Su padre sonrió y le revolvió el pelo.

—Anda, la pasarás bien con Grim en el viaje de regreso.

Dos horas después, se hizo el cambio de jugador y el niño esperó en su rincón la entrada del capitán.

El menor disfruto del ritual de acicalamiento del capitán hasta desnudarse e ir a ducharse.

Y como la última vez, corrió a oler la ropa sudada del hombre.

La camisa seguía apestando igual, los pantalones tenían ese hedor amizclado, pero está vez los suspensorios olían bien.

Era raro, el hedor era pesado, pero no amargo, intenso, pero sin ser agrio. Era como oler un perfume lleno de testosterona y afrodisíaco masculino, pero sin aquellos toques sucios tan característicos. En cambio, era reconfortante, como el aroma de su padre.

Incapaz de contenerse, el niño hundió su cara en el suspensorio, ignorando al hombre que lo llevaba observando desde hace minutos con su polla gorda erecta.

—Me halaga saber que te fascina mi nuevo aroma.

El niño está vez no se asustó, solo se dió la vuelta bajando sus manos y teniendo colgado el suspensorio en la nariz.

Grim soltó una risa y se acercó desnudo hacia el niño.

Se agachó a su altura y le quitó el suspensorio de la nariz.

Ambos rostros cerca el uno del otro.

—No quería incomodarte como la otra vez así que compré desodorante para mis genitales. ¿Te gustó mi regalo?

Tom asintió cohibido.

—Buen chico.

El adulto se levantó, dejando su polla a la altura del niño y abriendo su casillero para meter y sacar sus cosas.

El menor no dejaba de mirar aquella hombría masculina gorda balancearse en su cara.

El glande puntiagudo y pequeño chorreaba un presemen pegajoso, el tronco del pene estaba hinchado, siendo más grande que el glande y marcado por venas del tamaño de lápices de escribir.

La bolsa de testículos estaba colgando entre las piernas musculosas del hombre y de vez en cuando eran rascadas ante la mirada infantil.

Jadeando por estar tan cerca, el menor miró hacia arriba.

Grim lo estaba mirando. Había dejado de sacar cosas y se limitó a posar sus manos contra el casillero, teniendo su polla enfrente del niño.

Con un ligero vaivén de caderas, la polla adulta se balanceo de un lado a otro de cara al infante.

Tom abrió la boca deseando saber a qué sabría chupar ese pene tan gordo.

La punta del glande seguía supurando presemen que se veía delicioso y el color caramelo del pene adulto llenaba de fantasías al niño de lo rico que se sentiría en su boca.

—¿Lo quieres, Tom?

La voz de Grim hizo que el niño mirara hacia arriba.

Los ojos negros del adulto le miraban con burla.

—Yo…

—¿Quieres conocer que sabor tiene mi polla, Tom?

El niño tragó saliva ante la voz ronca de tono tentador.

El pene adulto seguía balanceándose ante el vaivén del adulto.

—Solo tienes que abrir la boca como antes y sacar la lengua.

El niño hizo caso.

—Buen chico. Ahora baja tu cabeza hasta tener tu boca a la altura del glande.

El menor hizo lo pedido.

—Niño bueno. Por último, acerca tu rostro hasta meter mi polla en tu boca. No la toques con tus dientes. Así, bebé.

El menor tenía la carne adulta entrando por sus labios, llenando su boca y saboreando la piel con su lengua.

Con sus ojos dudosos, el menor miró al adulto, el hombre hizo un suave vaivén, metiendo y sacando su gorda polla de los labios del niño.

El gesto fue suave, pero poderoso. Tan adictivo a la vista y lleno de morbo.

El glande se marcaba en una de las mejillas del niño mientras el hedor adulto se impregnaba en sus labios infantiles.

Era caliente, pesado y crudo. Un sabor de lo más pecaminoso y corrosivo.

Para el niño era como un dulce imposible de soltar.

Tom lo mojó con su saliva antes de tragarselo entero.

Con gula, el niño agarró la base grande el pene adulto con sus dos manos, incapaz de agarrarlo todo, y metió más de la mitad en su boca, llevando el glande a su garganta.

Se escuchó un gorgoteo y una arcada.

—Hey, tranquilo, Tom. Mi pene no ira a ningún lado. ¿Tu padre no te ha dicho que no metas más de lo que puedes comer a tu boca? Eres un niño muy goloso, ¿Lo sabías?

El menor hizo caso omiso a las palabras provocadoras del señor Grim. Su único deseo era seguir metiendo aquel delicioso pene en su boca.

Tragó cada centímetro de los 23 centímetros y 4 dedos de ancho de la polla de Grim, hasta que su garganta estaba inflamada, su nariz raspandose en el pubis del hombre y sus labios picando con los pelos de los testículos.

Grim jadeó en voz alta, soltando una exclamación de éxtasis.

Su voz ronca hizo eco mientras respiraba con rápidez.

La boca y garganta del niño se sentía apretada y su polla no paraba de hincharse, sin éxito. Era como estar siendo estimulado todo el rato, haciendo que el hombre soltará un gemido grave.

Su glande se hinchó, las venas se marcaron como gusanos, dejando pasar grandes cantidades de semen.

—¡No puedo más!

El adulto dejó salir un gruñido, seguido de un jadeó placentero.

De la boca del niño, chorros blanquecinos salieron, mientras su garganta llena de la polla adulta, tragaba con gran dificultad los chorros de semen que el hombre le estaba disparando.

El menor sentía ahogarse mientras la leche caliente y espesa del señor Grim bajaba por su garganta hasta su estómago.

El niño soltó un gemido lastimero y con fuerza, sacó la polla adulta de su boca.

Tosió varias veces, escupiendo el semen restante y jadeando en busca de aire.

El señor Grim le miró con el semblante excitado, dejando salir su aliento y formando nubes ante cada exhalación por el contraste del frio ambiental y su cuerpo.

Adulto y niño se miraron antes de escuchar la voz del entrenador llamarles.

Grim empezó a vestirse y Tom fue corriendo a su lugar designado.

Restos de semen todavía estaban en su cara y en el suelo.

El entrenador miró a ambos separados y cada quien en lo suyo y no le dió importancia.

—Grim. Te vistes como mi abuela. Muevete más rápido. Mi mujer va a matarme si no llevas a mi hijo antes de las 10 PM.

—Sí, entrenador.

El hombre hizo un sonido de afirmación y miró a su hijo antes de retirarse.

El pequeño se acercó cuando fue llamado por el adulto y este miró su rostro con una mirada imperturbable.

—Tienes restos de semen en la cara. Limpiate.

El hombre señaló los lugares que estaban sucios y el menor llevó sus dedos a esos lugares, recogió los restos de leche y se los llevó a la boca. Chupando sus dedos.

La polla de Grim volvió a ponerse erecta por la escena.

—Eres todo un goloso, Tom.

El niño sonrió pensando que era un cumplido.

—Adoro la leche de hombre. Sabe rica.

Grim sonrió agarrando su pene y testículos por encima del pantalón deportivo, apretandolos y agitandolos.

—Pues aquí me cargó leche suficiente para alimentarte por meses. No sabes cuánto semen soy capaz de producir al día.

El niño se emocionó por la respuesta.

—Entonces. ¿Puedo ordeñarlo? Así su leche me alimentara.

El adulto sonrió con morbo dejando de apretar su entrepierna con su mano libre.

—Ya veremos, Tom. Ahora vámonos.

Adulto y niño se fueron del estadio.

No hubo más conversación en el camino y el menor se despidió en la entrada de su casa.

Una vez en su hogar, el menor fue a su cuarto y no pudo evitar sentir náuseas.

Corrió al inodoro de su habitación, encendió la luz y vómito todo lo que traía en su estómago.

Bilis y una sustancia blanca salía entre arcadas hasta que el menor pudo respirar tranquilo.

Le bajó la palanca justo cuando su mamá vino a ver qué le pasaba.

—Hijo, escuché que vomitabas ¿Comiste algo en mal estado?

El niño negó.

—Solo estaba mareado por el viaje en auto.

Su madre asintió y se fue dejando a su hijo solo.

El menor miró el inodoro por dónde se había ido lo que había vomitado.

Es mejor no decirle al señor Grim que vomité su leche de hombre. No creo que le guste saberlo.

Con eso en mente, el niño se fue a dormir.

 

Gracias por leer.

Si desean charlar, estoy en telegram.

@Remaster64TL28.

Un saludo y nos leemos luego.

11 Lecturas/14 mayo, 2026/0 Comentarios/por Remaster64
Etiquetas: culo, gay, hijo, madre, mayor, padre, semen, viaje
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