• Link to X Link to X Link to X
  • Link to Telegram Link to Telegram Link to Telegram
  • Registrate
  • Entrar
ATENCION: Contenido para adultos (+18), si eres menor de edad abandona este sitio.
Sexo Sin Tabues 3.0
  • Inicio
  • Últimos Relatos
  • Publicar Relatos
  • Relatos Eróticos
    • Categorías de relatos
    • Buscar relatos
    • Relatos mas leidos
    • Relatos mas votados
    • Relatos favoritos
    • Mis relatos
    • Cómo escribir un relato erótico
  • Menú Menú
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (1 votos)
Cargando...
Fetichismo, Gays, Travestis / Transexuales

Secreto de clóset: La novia que Santiago necesitaba. (Parte 2)

Entre clases, Santiago y yo éramos amigos normales; en mi cuarto, éramos novios. Me tomé en serio el papel para hacerlo feliz..

Continuo con la anecdota.

A partir de ese día, la dinámica entre nosotros cambió de manera sutil pero irreversible. En la escuela seguíamos siendo Alejandro y Santiago, los dos amigos normales de siempre, pero por dentro mi perspectiva se había transformado; empecé a experimentar una sensación de sumisión hacia él que me resultaba tan nueva como desconcertante para mi carácter fuerte.

​Él continuó visitándome en casa. No siempre me tocaba «ser su novia»; no cada vez que iba me vestía de mujer. Sin embargo, el juego se volvió intermitente y, de manera progresiva, los besos pasaron de ser torpes a incluir lengua. Santiago empezó a besarme el cuello con un ritmo pausado y sus manos cobraron más seguridad, recorriendo mis piernas, mis muslos y mis caderas. A mí todavía me invadía la timidez, pero disfrutaba que mi amigo fuera más feliz y que ya no se quejara. Con el tiempo, la excepción se volvió costumbre: vestirme, abrazarnos y hablarnos como novios reales pasó a formar parte de nuestra vida oculta.

​Un día, ya en mi cierto, Santiago me miró con timidez y me preguntó si podía «ser su novia». Le dije que sí y me dirigí al cuarto de mi hermana, pero al revisar su cesto de ropa sucia, descubrí que estaba vacío. Yo siempre usaba las prendas sucias para no dejar rastro y evitar que se dieran cuenta.

​Desesperado por mantener la frialdad y resolver la situación, decidí ir al cuarto de mi mamá a buscar en su cesto. Al revisar, solo encontré ropa interior que nunca me había probado: puras tangas de encaje. Elegí una negra y me la puse; me quedaba bastante ajustada. Para cubrirme, saqué de su clóset un vestido blanco tipo sundress con pequeños puntitos. No encontré calcetines altos, por lo que tener las piernas y los pies completamente descalzos me hacía sentir extrañamente expuesto, pero no había más opciones.

​Regresé a mi habitación con paso tímido, disculpándome de antemano con la mirada por no traer el uniforme escolar de siempre.

​Santiago se me quedó viendo fijamente, asombrado.

​—Te ves hermosa, Alejandro —me dijo con esa devoción amorosa que tenía.

​Me senté a su lado en la cama, manteniendo mi rostro serio pero con las mejillas encendidas.

​—Tengo algo para ti —añadió, mientras abría su mochila con entusiasmo.

​Ante mis ojos incrédulos, sacó una peluca de cabello largo. Lo miré con mi clásica cara de pocos amigos, seria y confundida, un «¿pero qué te pasa?» silencioso. Sin embargo, cedí ante su mirada ilusionada. Tomé la peluca, me acerqué al espejo y me la acomodé lo mejor que pude. Me miré y luego me volteé hacia él.

​—¿Qué tal? —pregunté, inexpresivo.

​Santiago se quedó maravillado. Se acercó y comenzó a llenarme de halagos, repitiendo lo hermosa que me veía y diciéndome cosas tan bonitas que terminaron por derretir un poco mi coraza.

​No tardamos en volver a lo nuestro, pero esta vez el ambiente se encendió mucho más rápido. Nos sentamos en el suelo, apoyados cerca de la cama, y los besos y el cachondeo subieron de tono. Por primera vez, yo también tomé la iniciativa de manera contenida y comencé a acariciar su espalda y sus hombros fornidos. Al cabo de unos minutos de rozarnos, la evidencia de su excitación se volvió innegable: un bulto enorme se marcaba de forma pronunciada a través de su pantalón. Yo también estaba erecto, pero como mi pene siempre había sido peaueño—apenas alcanzaba unos cinco centímetros—, el grosor del vestido disimulaba mi situación.

​Aunque intentaba mantener mi mente fría, no podía dejar de pensar y de mirar ese bulto entre sus piernas. La intensidad era tal que Santiago tomó el control. Su mano derecha subió decidida por mi muslo desnudo, metiéndose por debajo de la falda del vestido. Con un movimiento ágil y firme, aprovechando su fuerza, me tomó por los muslos, me cargó ligeramente y me acomodó encima de él.

​Quedé sentado a horcajadas sobre su regazo, de frente a él en el suelo, mientras seguíamos besándonos. En esa posición, sus manos bajaron por debajo del vestido hasta apoyarse directamente sobre mis glúteos, apretándolos sobre la fina tela de la tanga negra. Con cada movimiento, era imposible no sentir su erección presionando directamente contra mi entrepierna. Sentir la firmeza de sus manos en mi trasero y su pene erecto picándome indirectamente hizo que me excitara tanto que mi seriedad se desmoronó por completo; simplemente me dejé llevar.

​Llevados por el impulso, Santiago me cargó de nuevo, levantándose con cuidado para depositarme sobre el colchón de la cama, colocándose inmediatamente arriba de mí. Empezó a besarme con desesperación en la boca, luego bajó por mi cuello y continuó hacia mi pecho.

​Poco a poco, su camino fue descendiendo. Sus manos guiaron el dobladillo del vestido blanco hacia arriba, levantándolo con lentitud hasta dejar expuesta mi entrepierna. Con un movimiento suave pero decidido, apartó la tela elástica de la tanga negra, dejando salir mi pequeña erección al aire libre de la habitación. No hubo dudas en sus ojos. Sin pensarlo mucho, se inclinó y la metió directamente en su boca.

​El choque y la sorpresa me hicieron reaccionar de golpe, rompiendo mi silencio.

​—¿Qué haces? ¡No! —exclamé, intentando mover la cadera hacia atrás.

​Él se detuvo apenas un milímetro, sin soltarme.

​— Es muy pequeña y huele algo raro… —alcanzó a decir Santiago con voz amortiguada. Yo sabía que era porque la tanga era de mi mamá y conservaba ese aroma ajeno del cesto de ropa sucia, pero a él no pareció importarle y siguió probándome.

​—Esto… esto ya es demasiado… ¡No! —articulé, pero la protesta se me ahogó en la garganta y se transformó en un gemido.

​Jamás en mi vida había experimentado una sensación de placer semejante. Era abismalmente diferente al roce de mi propia mano; la calidez y la succión me desarmaron.

​—Por favor, no… —suplicaba, aunque mis manos se hundieron en su cabello.

​No había pasado ni un minuto cuando sentí la oleada definitiva. Comencé a darle golpecitos desesperados en la cabeza, perdiendo la compostura por completo.

​—¡Espera, voy a terminar! —le grité.

​Santiago se apartó lo justo y se quedó mirando fijamente cómo mi pequeño miembro se estremecía y soltaba mi semilla.

​El golpe de realidad me devolvió la timidez de golpe. Superado por la pena, me senté en la cama a toda prisa para cubrirme con el vestido blanco.

​—¿Por qué haces esto…? —le reclamé, forzando un tono de enojo. Estaba molesto, pero en el fondo sabía que lo había disfrutado tanto que el enojo se me pasaría rápido.

​Santiago se incorporó despacio y me miró con una calma absoluta, desbordando esa ternura amorosa. Se sentó a mi lado y me tomó de la mano con delicadeza.

​—Oye, tranquilo, Ale —me dijo, suavizando la voz—. No tienes por qué enojarte, ni mucho menos sentir vergüenza conmigo.

​—Es que cruzaste la línea… —murmuré, desviando la mirada.

​—No me arrepiento de nada —interrumpió con seguridad, apretando mis dedos—. Me encantó. Te lo digo en serio. Desde que te vi entrar con ese vestido y la peluca, no pude pensar en otra cosa. Te ves hermosa.

​Se acercó un poco más y me acomodó un mechón de la peluca detrás de la oreja.

​—Me gusta cómo me tratas cuando eres mi novia, y me gusta cómo me haces sentir.

​—Pero… no somos gay… no soy gay… —solté en un susurro, tratando de aferrarme a mi lógica seria.

​Santiago soltó un suspiro suave y me dedicó una sonrisa comprensiva.

​—Yo no estoy pensando en eso, ni me importa. Solo sé que cuando te vistes así y me tratas con esa ternura… me encantas. Me gusta el Alejandro de la escuela, mi mejor amigo, pero también me vuelve loco esta versión de ti. Para mí eres mi novia en estos momentos. No le des tantas vueltas.

​Al día siguiente en la escuela, todo quedó como si nada. Nos saludamos con el típico choque de manos y mantuve mi distancia seria frente a los demás. Pero ya en la casa, la rutina oculta se activó de nuevo cuando Santiago me pidió que fuera su novia. Esta vez, para mi alivio, el cesto de mi hermana sí tenía ropa: me puse sus bragas, el uniforme escolar que ahora sí estaba completo y me acomodé la peluca larga. Regresé al cuarto y el juego comenzó casi de inmediato con besos apasionados y caricias intensas.

​Pero mientras su boca buscaba la mía, mi mente seria seguía dándole vueltas a lo que había pasado la noche anterior. Había pasado horas intentando entender mi enojo. ¿Era porque no era gay? ¿O porque para mí esto era un juego? Al final, una idea diferente había cobrado fuerza: tal vez me molestó porque, en mi mente, yo era «la mujer» de la relación. Y si yo era la novia, el trabajo de complacer de esa manera me correspondía a mí. No había llegado a una conclusión definitiva, pero decidí pasar a la acción.

​Me armé de valor, rompí el beso y lo miré con fijeza.

​—Siéntate en la cama —le dije, con una voz firme y directa.

​Santiago obedeció, sorprendido. Yo me deslicé hacia el piso y me quedé hincada entre sus piernas. Con las manos decididas, bajé la bragueta de su pantalón y, por primera vez, deslicé mis dedos dentro de su bóxer para sujetar su miembro erecto y sacarlo.

​Ocupaba toda mi mano para poder agarrarlo; era grande, mucho más que el mío, y a diferencia de mi piel lampiña, la suya estaba cubierta de vello espeso.

​Santiago bajó la mirada, con la respiración agitada, y siendo el caballero de siempre, me puso una mano suave en el hombro.

​—No tienes que hacerlo si no quieres, Ale… —me dijo, dándome una salida por si me arrepentía.

​Lo ignoré por completo. Me quedé viéndolo unos segundos, asimilando la escala de lo que estaba a punto de hacer.

​Aquí voy, pensé.

​Me incliné y lo metí en mi boca. El impacto inicial fue fuerte. Ese día habíamos tenido clase de educación física en la escuela, por lo que su cuerpo estaba sudado: tenía un sabor espeso y fuerte, una mezcla de sudor, restos de orina y fluidos. El olor y el sabor eran objetivamente horribles, pero para mi propia sorpresa, la carga psicológica de la situación provocó el efecto contrario en mí: me excitaba de una manera desmedida. Era asumir el papel de novia llevado al extremo.

​Recordando los videos porno que veía, comencé a mover la cabeza de adelante hacia atrás, acomodando mi boca a su tamaño. El roce de su vello contra mi barbilla, vestida de uniforme y la peluca estorbándome un poco en la cara creaban una atmósfera perfecta.

​A los pocos minutos, Santiago dejó caer la cabeza hacia atrás en la almohada, soltando un gemido profundo y animado que me llenó de un extraño orgullo. Sus manos bajaron a mi cabeza, acariciando la peluca con desesperación amorosa, guiando el ritmo. Debajo de la falda escolar, mi pequeño miembro estaba completamente rígido.

​El ritmo se volvió más rápido. Sus caderas empezaron a elevarse levemente de la cama. Sabía que no faltaba mucho. Lo sostuve con fuerza de los muslos mientras continuaba, tragándome el calor de su cuerpo, hasta que él se tensó por completo.

​—¡Espera… voy, voy a…! —alcanzó a balbucear Santiago, ahogando un grito.

​No me aparté. Unos segundos después, sentí las intensas pulsaciones dentro de mi boca. Dejé que terminara ahí, experimentando por primera vez el sabor cálido de su esencia. Cuando finalmente se relajó, me aparté despacio, limpiándome la comisura de los labios con el dorso de la mano, inmóvil pero con el corazón saltándome en el pecho.

​Santiago se incorporó de inmediato, con los ojos brillantes. Me tomó de los hombros con delicadeza y me jaló hacia arriba para que me sentara a su lado en la cama. Me abrazó con una fuerza tremenda, pegándome a su pecho de manera protectora.

​—Eres increíble, Ale… de verdad, eres la mejor novia del mundo —me susurró al oído, llenándome la cara de besos cortos, completamente entregado y amoroso.

​Nos quedamos así un rato largo, abrazados en silencio. Después de limpiarnos y de que él se acomodara la ropa, pasamos el resto de la tarde jugando videojuegos como si nada, aunque de vez en cuando Santiago me pasaba el brazo por los hombros o me daba un beso rápido en la mejilla.

​Cuando llegó la hora de despedirse, me dio un beso tierno en los labios en la puerta. Al quedarse la casa sola, caminé hacia el espejo, me quité la peluca y miré el uniforme escolar de mi hermana. La confusión sobre mi sexualidad seguía ahí, oculta detrás de mi rostro serio, pero en ese momento dejó de importarme. Simplemente disfrutaba la extraña y adictiva doble.

4 Lecturas/20 junio, 2026/0 Comentarios/por Ale1995
Etiquetas: amigo, amigos, clases, escuela, gay, hermana, metro, novia
Compartir esta entrada
  • Facebook Facebook Compartir en Facebook
  • X-twitter X-twitter Compartir en X
  • Whatsapp Whatsapp Compartir en WhatsApp
  • Paper-plane Paper-plane Compartir en Telegram
Quizás te interese
Mi primera vez
LOS DOLORES DE MI ESPOSA !
Primos hermanos C-4 y final.
Francisco
MI ESTIMADA ALUMNA DE PRIMARIA II
Una MUjer Trans de Verdad
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.

Siguenos en X/Twitter
Únete a nuestro grupo en Telegram

Buscar relatos

Search Search

Categorías

  • Bisexual (1.496)
  • Dominación Hombres (4.627)
  • Dominación Mujeres (3.374)
  • Fantasías / Parodias (3.755)
  • Fetichismo (3.042)
  • Gays (23.168)
  • Heterosexual (9.058)
  • Incestos en Familia (19.571)
  • Infidelidad (4.796)
  • Intercambios / Trios (3.395)
  • Lesbiana (1.220)
  • Masturbacion Femenina (1.117)
  • Masturbacion Masculina (2.155)
  • Orgias (2.271)
  • Sado Bondage Hombre (493)
  • Sado Bondage Mujer (213)
  • Sexo con Madur@s (4.791)
  • Sexo Virtual (283)
  • Travestis / Transexuales (2.585)
  • Voyeur / Exhibicionismo (2.755)
  • Zoofilia Hombre (2.353)
  • Zoofilia Mujer (1.728)
© Copyright - Sexo Sin Tabues 3.0
  • Link to X Link to X Link to X
  • Link to Telegram Link to Telegram Link to Telegram
  • Aviso Legal
  • Política de privacidad
  • Normas de la Comunidad
  • Contáctanos
Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba