Aprendiendo desde pequeño pt.3
Un cuarentón llena el vacío que dejó Hector.
Una vez de regreso todo volvió a la “normalidad” donde Santiago descargaba su morbo en mí, no obstante, con el tiempo comencé a sentir que algo faltaba.
A pesar de cómo era usado constantemente eso no repercutía en mi rutina diaria; me iba bien en la escuela, hacía mi tarea al llegar y en las cosas más complejas o fastidiosas como dibujos, maquetas, entre otras cosas manuales Santiago era quien me ayudaba a fin de cuentas en la noche se terminaría cobrando. En la noche era su puta, su herramienta, su juguete y para cuando comenzó a desarrollarse que sintió su primera eyaculación se volvió aún más activo, pero con algunas diferencias, era más proactivo y dominante.
El sabor de su pene empezó a cambiar, las gotas de su temprana eyaculación le daban un gusto diferente y el que me cogiera activamente en la noche me hacía pensar en la verga que en más de una ocasión estiró el recto.
A mediados de ese mismo año mis actividades con Santiago prácticamente se acabaron luego de que este consiguiera novia, por mi parte no me afectó en nada ya que mientras no se me provocara no despertaba ningún deseo, bueno una que otras veces cuando me bañaba sí que acababa con mis dedos en el culo. La cosa es que mi lívido era mínimo, solo era un niño de 7 años por lo tanto tuve una buena temporada bastante normal.
Pero un día sucedió algo completamente inesperado. Todo inició un día de escuela en las horas de salida, cuando de pronto me saluda Guillermo (el tío cuarentón de un compañero de clase).
—¿has visto a Axel? —.
—Axel no vino hoy—.
—ah, qué raro. Me habían dicho que pasara por él, bueno él se lo pierde—.
—¿por qué? —, pregunto por curiosidad.
—pensaba llevarlo a comer helados en ***—.
—entonces me lo puede dar a mi—, digo entusiasmado, los helados de ese lugar eran caros grandes y muy buenos.
—¿y tus papás, no te vienen a buscar? —.
—no, vivo cerca—, aunque eso era que él ya sabía, no era la primera vez que hablábamos.
—está bien, tengo tiempo—.
Ambos nos montamos en su auto y vamos al lugar, mientras yo no paraba de hablar. Luego de llegar al lugar, comer el helado hasta acabarlo:
—¿quieres? —, me pregunta Guillermo sosteniendo una pequeña barra de chocolate y sin dudar respondo que sí. Guillermo sonríe y nos retiramos del lugar, pero al poco tiempo que el arranca me empiezo a sentir raro, el cuerpo me pesaba y todo comenzó a dar vueltas hasta que me quedé dormido. El tiempo que pasé inconsciente fue desconocido, pero cuando empecé a abrir los ojos pude notar que estaba desnudo en la parte de atrás del auto mientras sentía que algo se introducía en mi cola.
—ya despertaste, supongo que ya es hora de este —.
Aunque la realidad me sentía atontado y desorientado, mi cuerpo no respondía correctamente y estando allí recostado en el asiento trasero puedo sentir como se me abre el culo —quédate así un rato más—. Y su pene entraba dando una suave estocada hasta el fondo y lo sacaba, —sh… que culito más bueno—, entretanto yo jadeaba al ritmo que me penetraba, quizás era porque estaba mareado que me hacía sentir rico, —jajaja, con que te gusta —, y mientras me cogía, siento que un brazo abraza mi abdomen y otro pasa por mi pecho hasta el hombro e inmediatamente me saca del auto mientras todavía tenía el culo ensartado, —lindo ¿no?—, pregunta Guillermo mientras observamos el paisaje de la ciudad desde un mirador abandonado y allí entre monte y una linda vista mi interior fue reorganizado por la verga de Guillermo quien sosteniéndome por la cintura continuó dándome con mucho vigor hasta que me baja y hace que me ponga de pie y apoye mi espalda del auto para luego mirar como Guillermo mientras sostiene su verga comienza a rociarme su espesa leche, estaba algo sorprendido por la cantidad que caía sobre mí, fui bañado en esa cosa viscosa que salió del el.
—que aso—, eso dije, pero mis manos jugaban con ese fluido.
—eso dices, pero bien que te gusta—.
—se siente todo pegostoso, ¿no era mejor si me lo hubieras echado adentro’—.
— no sé ni para que te drogué, ya eras una mariquita y respondiendo a tu pregunta si me gustaría llenarte, pero luego mancharás tu ropa y eso sería malo—.
Allí mismo mientras continuábamos charlando la saca un pote de agua y me lava con mucho morbo sobre todo cuando pasó sus manos por mi retaguardia, mi ano estaba muy sensible, la siempre brisa me cosquilleaba.
Nuevamente en el auto pude ver el recorrido de regreso, no estábamos tan lejos pero el camino que daba hacia aquel mirador estaba prácticamente oculto.
—espero que otro día volvamos a dar un paseo, conozco un buen lugar —. ignorando su comentario continue mirando por la ventana.
Para cuando llegue a la casa me recibieron con unos buenos regaños, si no fuera por la explicación que dio Guillermo habría sido peor el castigo, aunque no me salvé del todo.




Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!