Aprendiendo desde pequeño pt2.
Hector de 17 me enseña mucho a mis 6 años.
Al siguiente día me levanté con normalidad, tarde después salimos de pase a otro pueblo y nuevamente regresamos a la casa para después ir al río, ese era el entretenimiento principal que había allí. Llegado la noche, Héctor se me acercó nuevamente y me regaló un dulce porque no le había contado a nadie.
—¿quieres que juguemos otra vez? —, me pregunto en voz baja, pero ni me dejó responder cuando me llevó de la mano a un lugar apartado y oscuro, —no sabes cómo me muero de ganas de volver a jugar contigo —.
—pero yo no tengo ganas, lo de ayer me dolió —.
—anda, no seas malito será rapidito—. Pero me negué, —¿y si probamos otra cosa? —
Héctor se saca el pene, toma el dulce que me regaló y se lo echó en la punta de la verga, —lámelo—, y comienzo a mamarla, su verga estaba dura y cliente, además que la leche condensada le daba un gusto diferente que me hacía querer comerle la cabeza —uf… que bueno eres ¿ya lo habías hecho antes? —. a lo largo que continué mamando había un sabor diferente que se ligaba con el dulzor de la leche condensada, pero era casi imperceptible debido que el dulce lo opacaba casi por completo mientras tanto Héctor me miraba complacido tratando de regular su respiración a la vez que su verga se engrosaba más y parecía palpitar en mi boca, —uy si, lo haces de maravilla, un poquito más que ya casi—. Héctor toma el resto del dulce y se lo echa sobre la verga así que lamo el dulce desde la base de su pene hasta llegar a la punta, —trágatelo todo—, expresa Héctor a la par que sostuvo mi cabeza y siento el primer chorro caliente dentro de mi boca, en el momento que su leche tocó mi lengua me provocó escupir, no obstante, Héctor metió más su verga hasta alcanzar el fondo de mi garganta lo cual sin querer acabé tragando todo hasta casi ahogarme.
—eso estuvo buenísimo—, y me mira mientras toso y escupo, —¿estás bien? —.
—aún tengo eso que soltaste —.
—ten, pásalo con esto—, me da el tubo de leche de condensada prácticamente vacío, pero sí que ayudo a terminar de tragar lo que haya quedado de sus hijos en mi boca.
Los días posteriores hice lo mismo con Héctor, este me daba algún dulce y yo gustosamente le comía la verga con todo y cremita, no era algo que me gustara, pero Héctor no avisaba y luego de la tercera vez prefería tragarlo, aunque cuando lo hacía sin acompañamiento de algún dulce sí que era algo asqueroso, era mejor tragar sin saborear.
Lamentablemente las vacaciones no serían eterna, así que el último día todos fuimos al río e incluso prepararon comida en el lugar. Pasado las horas los adultos se fueron mientras que lo más jóvenes nos quedamos a excepción de unos amiguitos el cual sus padres no dejaron quedarse por lo que prácticamente me tocó jugar solo, el rio era hondo por lo que no podía apartarme de la orilla y explorar las cercanías, en esa Héctor se acerca y me acompaña un rato ya que los demás hablan y juegan aparte.
—lástima que mañana se van—. Yo afirmo lo mismo, —¿te gusta estar aquí? —.
—sí, aquí podemos ir al río y hay más niño para jugar—.
—yo si te voy a extrañar, sobre todo por lo sabroso que me la chupas—. Yo me río levemente junto con él, —¿qué me dice, una última? —. no sabía cómo responder a su pregunta, por lo que me quedé en silencio mirando alrededor por un breve instante, —¿dónde? —.
Hector se levanta con una sonrisa y me pide que lo siga ya que el conoce un lugar, el sitio donde me guio fue sinuoso y entretenido, inclusive gateando bajo unas matas hasta llegar a otra parte del río, era un pequeño claro en la orilla. El lugar era genial, era como una base secreta.
—aquí incluso te puedes desnudar sin que nadie te vea—, Héctor se quita el short dejando su mástil al aire libre, algo emocionado yo hago lo mismo y me meto al rio, Héctor me acompaña y se frota contra mí.
—estás duro—, menciono al momento que se la agarro y este hace que me meta bajo el agua y comience a mamársela, la sensación era completamente distinta, el flujo del agua entre mi boca y su pene daba una grata experiencia incluso su corrida pasó casi desapercibida.
Lo curioso fue que mientras estábamos en la orilla descansando el comenzó a mamarme mi pequeño pito, era algo raro, pero tampoco me iba a quejar ya que se sentía bastante rico por lo tanto me deje caer en la tierra y dejé que me comiera, era un momento demasiado estimulante que no me estaba dejando pensar en nada más, sobre todo cuando comenzó a lamerme el culo —que puerco eres—, digo entre risas mirando al cielo y luego siento que comienza a meter su dedo. Antes probablemente me habría rehusado, pero en esa ocasión estaba disfrutando que me metiera el dedo al mismo tiempo chupaba mis güebitas.
—creo que ya estás listo—. Yo estaba casi sin aliento cuando lo dijo e hizo que me diera vuelta levantando mi culo hacia él, pero no sé, creo que ya lo estaba esperando, —dale, ya sabes—, y comienza a penetrarme lentamente, —sí, así—, susurraba Héctor entre dientes mientras que yo aguantaba mis quejidos y es que, si bien todavía no me sentía cómodo, aun persistía un dolor muy dentro, pero al mismo tiempo quería que me lo metiera más, me estaba gustando en cómo se sentía que me estirara el culo.
—¿estás bien? —, y yo asiento mientras el mete y saca, —ya sabía que te gustaba mi verga putita—, así que acorde avanzaba el tiempo su ritmo también se aceleró al punto que ya no podía aguantar mi voz —ash, ay, ay—, era lo único que pronunciaba mi boca cada vez que sentía un dolor en la barriga y en la boca del estómago, —sí, si cógeme—. (ya había visto una escena porno, de modo que me provocó decirlo).
—¡ah…! ¿por qué te tienes que ir mañana? —, dice Héctor todo frenético y poco después puedo sentir como su verga palpita dentro de mi culo —uf…. si…. toma mi leche, ah…—. Héctor me alza desde el pecho y me besa la boca, no supe cómo reaccionar; su lengua jugaba junto a la mía mientras que su verga terminaba de ser exprimida y se sale por si solita como si la hubiera cagado.
Yo estaba en shock por el beso en tanto que abajo goteaba la leche que me habían dado, —¿por qué lo hiciste? —.
—te acabo de coger así que se me antojó, eres mi hembrita—.
—yo no soy ninguna hembra—.
—claro que sí, mira cómo se te sale mi leche—.
—pero no me gusta besar varones—.
—¿pero te gusta que te lo meta? —.
—no es lo mismo—.
—acéptalo, eres una hembrita que le gusta que le gusta la verga—. Al final no quise aceptar esas palabras, lo que era cierto fue que ahora me había quedado el culo abierto al punto que por un momento pensé que se me quedaría así.
De regreso parece que nadie sospechó de nada mientras que yo no pude quitarme la continua sensación de querer ir al baño. Al siguiente día mi cuerpo había vuelto a la normalidad y ese morbo salvaje que tuve parecía quedarse cuando nos fuimos, pero todos sabemos hoy en día que una vez que cruzamos ciertas líneas, es casi imposible regresar.



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