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Gays, Zoofilia Hombre

Continuación con mi perro (paraguay)

Después de esa primera vez que me anudó de verdad, algo cambió. Ya no era solo curiosidad ni excitación pasajera. Se volvió una necesidad. Cada vez que la casa quedaba vacía, él ya sabía. Se quedaba pegado a la puerta de mi pieza, jadeando bajito, con esa mirada fija y esa pija roja ya empezando a s.

Después de esa primera vez que me anudó de verdad, algo cambió. Ya no era solo curiosidad ni excitación pasajera. Se volvió una necesidad. Cada vez que la casa quedaba vacía, él ya sabía. Se quedaba pegado a la puerta de mi pieza, jadeando bajito, con esa mirada fija y esa pija roja ya empezando a salir. Yo solo tenía que abrir y él entraba como si fuera lo más natural del mundo.

Las semanas siguientes fueron un aprendizaje mutuo. Aprendí a arrodillarme de la forma que a él le resultaba más cómodo para montarme, a abrir las piernas lo suficiente y a empujar hacia atrás cuando sentía que el nudo empezaba a inflarse. Las primeras veces todavía dolía un poco al principio, pero ese dolor se convertía rápido en una presión profunda y caliente que me hacía temblar las piernas. Cuando por fin quedaba trabado, yo me quedaba quieto, respirando agitado, sintiendo cómo su cuerpo pesado se acomodaba sobre mi espalda y cómo su lengua me lamiaba el cuello o la oreja. A veces me giraba lo suficiente para poder lamerle el hocico mientras me llenaba. El sabor de su saliva mezclado con el mío

Empezamos a probar otras posiciones. Una que nos funcionó muy bien fue yo de costado, con una pierna levantada. Así él podía montarme con menos peso encima y yo podía tocarle el nudo mientras latía dentro. Otras veces me arrodillaba frente a él y le chupaba hasta que el nudo estaba completamente hinchado, y después me daba la vuelta y lo dejaba entrar. Me encantaba sentir cómo empujaba con fuerza, cómo su cuerpo temblaba cuando se corría, y cómo el nudo me sujetaba sin posibilidad de escapar. Cada eyaculación era muchisimo; después de unos minutos sentía el semen caliente escapándose por los lados del nudo y resbalando por mis muslos.

Con el tiempo dejé de preocuparme tanto por el “qué pasaría si alguien llega”. La casa era grande y ellos siempre avisaban cuando volvían. Además, él era discreto: cuando terminábamos se iba a su cama como si nada hubiera pasado. Yo me duchaba, limpiaba el piso y seguía con mi vida. Pero por dentro estaba completamente enganchado. Empecé a buscar videos y foros de gente que hacía lo mismo. Leer que no era el único, que había otros que también sentían esa conexión y ese placer tan intenso, me tranquilizó. Dejé de sentir que estaba “mal” y empecé a verlo como algo mío, algo que simplemente funcionaba entre nosotros dos.

Un día, después de una sesión particularmente intensa en la que me había anudado dos veces seguidas, me quedé tirado en el piso con él todavía encima, esperando que el nudo bajara. Le acaricié la cabeza, le hablé bajito y él me respondió lamiéndome la cara con esa lengua grande y húmeda. En ese momento pensé: esto ya no es solo sexo. Es una relación rara, sí, pero es real. Él me buscaba, me esperaba, se excitaba conmigo, y yo lo mismo. Nadie más sabía, y no necesitaba que nadie más lo supiera.

Las semanas se convirtieron en meses. Cada vez que podía, repetíamos. A veces solo me lamía hasta correrme; otras veces yo lo chupaba hasta que se vaciaba; y las mejores eran cuando me montaba y me dejaba trabado el tiempo que hiciera falta. Empecé a notar cambios en mí: me volví más flexible, más tolerante al tamaño, más adicto a esa sensación de plenitud y a ese “pop” final cuando el nudo salía. También noté que él se volvía más insistente cuando olía que estaba caliente. Era como si nos hubiéramos sincronizado.

Y así seguimos. En secreto, con cuidado, pero sin culpa. Porque para mí ya no había nada que defender frente a nadie: simplemente era lo que nos gustaba, a los dos.
si quieren hablarme, estoy en telegram como @sibaraki

1 Lecturas/1 septiembre, 2026/0 Comentarios/por kaiterr
Etiquetas: pija, primera vez, semen, sexo
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