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Bisexual, Gays, Incestos en Familia

Contrabando I

Su polla de 26 centímetros, blanca y venosa, entró en la vagina de la niña con gran resistencia. Solo bastó un leve empujón de pelvis, para romper la resistencia y que un hilo de sangre se escurriera de las piernas de la niña. Escuchando el quejido dormido de la menor, Ryu empezó su vaivén. .
Nero observó las jaulas con los niños adentro, quitándose el habano de la boca con su mano llena de tatuajes, y soltando el humo de entre sus labios.

Su mirada se fijó en cada uno, asegurándose que la mercancía estuviera bien.

Sus hombres estaban detrás de él, esperando sus órdenes.

Nero era su apodo, su nombre era Hyoum Seok, era un hombre joven corpulento de 18 años, de complexión coreana, ojos pequeños, labios rosas y nariz aguileña.

Su semblante daba miedo cuando estaba serio y su postura erguida, con sus músculos prominentes lo hacían un hombre de temer.

Tatuado desde los hombros, hasta la pelvis. Cada tatuaje manchando su piel blanca y dándole una apariencia endemoniada.

El hombre coreano intimidada con aquella apariencia, semi desnudo para arriba, usando pantalones militares negros y botas de igual color.

Volvió a calar el habano y soltar el humo por su boca.

Unas cuantas caladas más y dejó de mirar a los niños en la jaula, haciendo un ademán a sus hombres.

—Llevenselos. Al jefe le gustarán.

El camión que los transportaba se encendió y todos bajaron de la parte trasera.

Cerrando bien las puertas y todos fueron a sus vehículos. Estaban en medio de una carretera desierta, en las afueras de la ciudad.

Una vez en sus puestos, conducieron sus vehículos, cada quien a su lugar de descanso.

Nero miró por el retrovisor el camión que transportaba la mercancía y sonrió por primera vez en el día.

El jefe había pagado mucho por aquellos niños.

Cinco en total, 4 niños y una niña.

Un rubio escandinavo, un negro de África, un latino del Salvador, un árabe de medio oriente y una niña de pelo castaño de ascendencia china.

Cada uno de 6 a 8 años, siendo la menor, la niña.

Secuestrarlos no fue difícil, cada uno vivía en la calle, sin familia que los fuera a extrañar.

Drogados por sus hombres y llevados en avión hasta Corea, les tomo dos días.

Les habían dado de comer, pero no estaría bien hasta llegar a su nuevo hogar.

El harem de su jefe, Ryu.

Su apodo era Ryu, su nombre Myunk Soum Do, era un hombre de 36 años, jefe de la mafia coreana del norte en sucesión de su tío político.

Era un hombre reservado de cabello largo, siempre amarrado en una coleta baja. Su expresión indiferente y su aire de erudito le conferian el apodo del dragón durmiente del norte.

Su físico exuberante estaba marcado por músculos. Sin ningún tatuaje. Bronceado por pasar tiempo fuera y con un atractivo varonil muy marcado.

Principalmente su mandíbula cuadrada y perfil afilado. Cómo una estatua de mármol atractiva.

Cómo un hombre de su calibre, no tenía tiempo para una esposa y su único pasatiempo era buscar jóvenes y niñas para su disfrute.

Algunos pasaban a ser sus «esposas» y vivían en su mansión en la ciudad, o solo se volvían prostitutas que luego regalaba a sus subordinados cuando se aburría de ellas.

Nadie podía saber si se quedaría con ellas para su placer o las tiraría.

Sin embargo, Nero sabía algo. Estos cinco niños que llevaban, serían exclusivos del jefe, y difícilmente serían prostitutas para ellos.

Solo podía suspirar para sí. Le había gustado la niña y el chico africano.

Cuando llegaron a la ciudad, pasaron por las calles bulliciosas durante media hora, hasta entrar a la zona residencial más lujosa, dónde en la mansión más lejana, vivía su jefe.

Al entrar, pasaron el cateo de los guardias en el portón de entrada, solo mostraron sus identificaciones y no hicieron preguntas.

Mientras se adentraban en los jardines de la mansión, se podían ver sirvientas acompañando a niñas hermosas por el lugar.

Algunas desnudas y otras usando un vestido sin ropa interior.

El jefe le gustaba hacer las cosas rápido y quitar la ropa le restaba valor a su tiempo.

Por eso, ninguna de sus «esposas» llevaba ropa difícil de quitar, o ninguna en general.

No obstante, aunque tenía muchas niñas para su disfrute, no tenía sexo seguido. Talvez una o dos veces por semana, siempre cambiaba, y solo repetía cuando llegaba a la última de la lista.

En cierta forma, pensaba Nero, su jefe era imparcial con todas sus esposas.

Ninguna se quedaba sin las atenciones de su hombre.

En la puerta de entrada, una doctora y su jefe esperaban su llegada.

Nero bajó del auto apagando el motor e hizo una reverencia a su jefe.

El aludido solo le miró de soslayo antes de dar órdenes.

—Saquen la mercancía. La doctora Seo Yon los revisará para asegurarse que están bien de salud.

Nero y sus hombres hicieron caso.

Abrieron la puerta trasera del enorme vehículo, y sacaron a los niños de la jaula, uno por uno.

El jefe solo les dió un vistazo asintiendo en aprobación.

La doctora llevó a los hombres con los niños hacia el interior de la mansión.

Algunas niñas y sirvientes miraron la escena curiosos.

—Otro lote —dijo una niña de 8 años de pelo negro.

—Espero nuestro amado esposo no se distraiga mucho con ellos —dijo otra menor, de 6 años, cabello castaño.

—¿Tuviste sexo con él ayer y ya lo extrañas? Deja un poco para las demás —respondio la de 8 años.

Algunas niñas cercanas se rieron y la aludida se sonrojó.

—No sean malas —dijo la de 6 años apenada.

Todavía le dolía la vagina. Su amado esposo era enorme.

En la clínica interior, los niños fueron revisados por la doctora, anotando los datos en su laptop y enviando a los menores fuera una vez diagnosticados.

Luego de eso, le mandó los datos al teléfono de su jefe.

Ryu estaba sentado en una silla de la sala de estar de su mansión leyendo el diagnóstico, mientras Nero le chupaba la polla de rodillas.

—Parece que solo están deshidratados.

La voz ronca del jefe hizo que Nero sonriera.

Ryu tomó su cabeza, sacando su polla gorda de la boca de su subordinado.

—Puedes irte. Apestas chupando pollas.

Nero se limpió los labios llenos del presemen de su jefe y se fue feliz hacia la habitación contigua, donde le esperaban algunas prostitutas a sus servicios.

Escuchando los gritos de placer de las niñas y los resoplidos de su subordinado, el jefe se fue del lugar.

Pronto el olor a sexo y el ruido de piel chocando sonó por toda la habitación.

Ryu llegó a su cuarto, mirando a los cinco niños acostados en su cama.

Se desvistió lentamente, quitándose la camisa de tirantes y bajandose el pantalón deportivo negro.

Sin zapatos, camino descalzo hasta la cama, subiéndose encima de la niña y posicionando su polla húmeda en la vagina virginal de la pequeña.

—Es mejor que todavía estén dormidos. Podré desvirgarlos sin tanta resistencia.

Sus palabras fueron ahogados por el sonido de la carne húmeda siendo abierta.

Su polla de 26 centímetros, blanca y venosa, entró en la vagina de la niña con gran resistencia.

Solo bastó un leve empujón de pelvis, para romper la resistencia y que un hilo de sangre se escurriera de las piernas de la niña.

Escuchando el quejido dormido de la menor, Ryu empezó su vaivén.

Todo su cuerpo era tres veces más grande que los niños ahí presentes y por tanto, sus movimientos mecian la cama con tal fuerza que parecía a punto de romperla, sin embargo, los niños no despertaron.

Cada uno fue penetrado por su polla, abriéndoles sus agujeros virginales hasta hacerlos sangrar. Algunos se quejaron, otros gimieron, pero todos fueron llenados por el pene del hombre coreano.

Dejando trás de sí, culos rojos y abiertos, más una vagina hinchada con semen escurriendose de la punta inflamada.

El último en ser desvirgado fue el niño negro, quien terminó con el culo morado de tantas nalgadas que Ryu le dió.

Mirando el contraste entre su piel blanca bronceada y la del niño negro, el jefe no pudo evitar reír.

—Sabia que me gustaría follar un culito así.

Una vez todos fueron desvirgados, fueron llevados a sus habitaciones.

Cada uno recibió una sirviente personal para ser atendidos y cuidados mientras no estuvieran con su ahora esposo.

Mientras Nero salía desnudo de la habitación que tenía en la mansión, miró la procesión de los nuevos niños desvirgados. Un silbido provocativo salió de sus labios al verlos.

—Vaya espectáculo. El jefe los dejó bien abiertos.

Varias niñas que pasaban cerca, bajaron la cabeza apenadas, Nero las notó y se burló de ellas.

—Que tanto se sonrojan. Si ustedes quedaron igual que ellos cuando llegaron, o acaso han olvidado que su amado esposo las folla cada semana.

Con la cara roja, las niñas corrieron más rápido, alejándose de las palabras vulgares de Nero.

El aludido, solo soltó un resoplido de gustó, buscando a su jefe.

Mientras los hombres hablaban, los nuevos niños despertaron, desorientados.

Para evitar confusiones, cada sirviente asignada podía hablar su idioma natal, por lo que no fue difícil explicar la situación a los niños.

Y como se esperaba, lo primero que hicieron fue llorar.

Gritaron de dolor y miedo al estar en un lugar como ese, sintiendo sus culos y vagina abiertos, llenos de semen.

A pesar de sus esfuerzos, les tomó dos días a los niños acostumbrarse a su nueva vida.

Talvez, el consuelo de que no eran los únicos les hizo dejar de llorar, eso y que ahora tenían comida y refugio.

El dolor en sus agujeros desapareció después de un día y se sentían como antes, un poco incómodos por su nuevo hogar.

La más confundida era la niña china, quien se negaba a salir de su cuarto.

Al reportarlo al jefe, solo bastó una visita en la noche que le hizo Ryu a la niña, para que al día siguiente saliera de su cuarto con la cabeza agachada.

Sus piernas temblaban al caminar y le dolían tanto la vagina como el culo.

Su nuevo esposo no tuvo piedad de ella y la obligó a cabalgarlo hasta que dijera que saldría de su cuarto.

Fueron 4 horas de recibir su polla por detrás y adelante hasta quedar adolorida.

Ryu se fué ese día con una sonrisa satisfecha a trabajar, dejando a una agotada niña en la cama.

Con los otros cuatro niños, fue más fácil de tratar, siendo el niño latino y el niño negro, los más atrevidos.

Varias veces se escabullian al cuarto del jefe durante las noches y terminaban siendo follados y tirados al pasillo con el culo lleno de semen.

A pesar de la vergüenza de despertar desnudos en el pasillo a la mira de todos, ellos sonreían orgullosos moviendo sus traseros abiertos de manera pomposa.

El jefe se reía al escuchar a sus subordinados hablar de eso cada vez y le agarró el gusto a esos niños.

En cuanto al niño árabe y al niño escandinavo, ellos eran más tranquilos.

Salían de vez en cuando de sus cuartos, congeniaban con los demás y rara vez molestaban al jefe, pero solo él sabía lo atrevido que eran esos dos niños.

Si no fuera porque Nero se lo confesó una noche que lo obligó a chuparle la polla, no habría sabido que a esos niños les gustaba espiarlo mientras follaba con otras niñas, e incluso tenían sexo entre ellos a escondidas.

Con esa información, Ryu los castigaba cada que descubría lo que hacían, obligandolos a ser follados por él en cuatro durante horas.

Terminaban cansados y aunque redujeron la frecuencia de sus travesuras, de vez en cuando los descubrían, por lo que al jefe le empezó agarrar el gusto de castigarlos también.

En cuanto a su esposa china, ella ya había sido entrenada por él varias noches seguidas junto a sus demás esposas.

La pequeña había perdido la pena y se había vuelto una fiel devota de su polla.

A veces, cuando dormía con ella, podía despertar con la niña entre sus muslos, chupándole los testículos y la polla.

Incluso le dejó chuparle el culo mientras Nero le comía la polla una vez que estaba borracho.

Debía admitir que esa niña era un demonio del placer para Ryu.

Tanto que era la única que estaba con él cada que tenía sexo con otras de sus esposas.

Esa vida se mantuvo hasta que la niña cumplió 14 años y quedó embarazada.

Para Ryu, ese incidente no era novedad. Varias veces embarazó a sus esposas que ya estaban en edad fértil.

Para esos casos, las apartaba del grupo y eran bien cuidadas. A él le gustaba visitarlas a veces, para follarlas con el bebé adentro.

Había encontrado placentero tener a una embarazada siendo penetrada por él.

Debido a eso, los partos de riesgo para las niñas, eran menores.

Los cuidados eran rigurosos, lo que hizo que no hubiera muertes de ningún tipo.

Y los hijos del jefe eran enviados a guarderías cuando cumplían el año de edad.

Ahí, las madres tomaban la elección de si irse con sus hijos o quedarse.

Algunas se quedaban, otras se iban, aunque más que irse, solo pasaban a vivir en otro lado.

Vigiladas, y sin posibilidad de casarse.

De vez en cuando, el jefe las visitaba para follarlas, lo que terminaba en ellas volviendo a vivir en su mansión, para ser embarazadas de nuevo por él.

Los niños nacidos de ellas eran cuidados hasta la mayoría de edad, sin saber su origen real.

Las niñas vivieron sus vidas normales y los niños fueron reclutados por su padre biológico sin ellos saberlo.

De los trabajadores que tenía Ryu, el 30% de ellos eran hijos que tuvo cuando tenía 18 años.

Siendo su primer hijo y primogenito, Nero.

Continuará.

Gracias por leer. Deseo les haya el gustado relato tanto como a mi. Si desean charlar, estoy en telegram.

@Remaster64TL28.

Nos leemos luego.

7 Lecturas/5 agosto, 2026/0 Comentarios/por Remaster64
Etiquetas: culo, follar, hijo, mayor, padre, semen, sexo, vagina
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